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Sobrevivir a un mundo gordofóbico

Jesica Lavia

Fragmento

Sobrevivir a un mundo gordofóbico

Antes de empezar

Luego de escribir Pese lo que pese. Contra la hegemonía del cuerpo ideal, en el que desde una perspectiva feminista reflexionamos sobre cómo el culto al “cuerpo ideal” y la obsesión por el peso disparan dilemas, despliegan un ejército de dietas e instalan una “dictadura de la belleza” de la cual parece difícil escapar y cuyas víctimas principales y más visibles somos las mujeres, el objetivo de este segundo libro es continuar revisando la mirada sociocultural hegemónica y heteronormativa sobre los cuerpos en forma global y sobre el discurso biomédico en singular. Entender la salud como un concepto que abarca mucho más allá que el tamaño de los cuerpos; analizar qué elementos de nuestra cultura exacerban y cronifican el problema de la malnutrición y demostrar que se puede alcanzar un estado saludable integral lejos de los estereotipos, repensando la alimentación en particular y la nutrición en general, con una perspectiva menos pesocéntrica. ¿Realmente sabemos qué estamos comiendo? ¿Entendemos cómo repercute esa alimentación en nuestro bienestar más allá de la balanza? ¿Decidimos conscientemente nuestra alimentación o lo hace la industria?

Siguiendo la línea de Pese lo que pese, me pareció importante tener en cuenta tres factores al sentarme a escribir. Primero, quise que este sea un texto con teoría, pero sin un tono académico. Aunque me sorprendió gratamente que el libro anterior haya sido tomado como referencia por mis colegas, y claro que me encantaría que vuelva a suceder en esta ocasión, creo que el diálogo y la reflexión no pueden darse solo entre profesionales, porque el sistema de salud también lo conforman las personas que demandan de él. Mi objetivo no fue escribir únicamente para un nicho de especialistas, sino que este sea un material de apoyo y de consulta y, pecando de optimista, que se convierta en una herramienta más con la cual plantarnos ante esta cultura horrible que necesitamos romper y reconstruir desde un lugar mucho más inclusivo y respetuoso de las diversidades. Por supuesto que jamás podría lograrlo sola. Además de mi mirada, opinión y voz, se sumaron las experiencias de siete mujeres que respeto y admiro y que se especializan en las distintas áreas abordadas.

Segundo, esta obra está dirigida a profesionales de la salud, a estudiantes que aún deben aprender con textos binarios y cargados de sesgos que no respetan la diversidad, y, sobre todo, a quienes han sufrido algún tipo de daño por el simple hecho de existir y ser parte de una cultura que busca estandarizarnos y expulsa a quienes no seguimos la norma. Como mencionaba más arriba, el sistema de salud lo conformamos todas las personas y no solo las que trabajamos en él. Por eso, antes de ponerme a escribir, realicé una encuesta online que respondieron 9631 participantes y que con sus aportes han enriquecido este proyecto. Los resultados fueron utilizados para demostrar a mayor escala muchas de las temáticas planteadas.

Tercero, hablar de nutrición de manera global y no desde la cultura de las dietas es un desafío muy grande. Y acá es donde deseo resaltar que no vengo con una mochila llena de verdades absolutas. Es más, mi mochila sigue llena de preguntas y desafíos a futuro. Lo que van a leer es mi postura frente a la salud integral y mi análisis de situación luego de haber ejercido y estar en constante formación como licenciada en Nutrición desde hace dieciséis años. Esta es mi mirada ante la necesidad de un cambio de paradigmas urgente, que deje de estigmatizar, oprimir y patologizar a las personas por el tamaño de sus cuerpos. Un cambio que nos invita a celebrar y respetar la diversidad corporal lejos de la discriminación y cerca del derecho a la salud del que deberíamos poder gozar porque es algo básico, pero que en la práctica no

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