Introducción
Contarnos a nosotros mismos nuestra propia historia. Recorrer uno a uno los aprendizajes y las heridas que dejaron marcas en la piel durante el camino de hacernos un lugar en la vida, concretar nuestros primeros logros, diseñar un trayecto de crecimiento y responsabilidades. ¿Cuántas veces lo hacemos? ¿Cuántas veces lo verbalizamos y cuántas veces, de verdad, nos detenemos a escucharnos? ¿Cuánto resuenan en los demás las historias individuales contadas de puño y letra, (casi) sin filtro y a corazón abierto?
A las mujeres nos cuesta aún más proyectar la voz —dependiendo de las circunstancias, por prurito, por resistencia o por temor—, especialmente en el mundo del trabajo y a la hora de emprender batallas por conquistar espacios. Y en esa dinámica todos nos perdemos de conocer verdades reveladoras en primera persona; puntos de vista, formas de hacer las cosas, micromundos insospechados, lecciones grabadas a fuego, mitos y miradas empáticas.
Este libro se compone de 27 cartas que mujeres con diversas trayectorias se han escrito a sí mismas, en un ejercicio de sinceridad y con el deseo de transmitir las lecciones aprendidas.
Les pedimos que se situaran en un momento clave y fermental de su vida. Probablemente, el primer día de trabajo o alguna instancia en que cayeron en la cuenta de que estaban entrando en las canchas de las responsabilidades fuertes. La primera vez que tuvieron que enfrentar una reunión importante, o cuando advirtieron que la tarea ya no era un ensayo ni un juego, al menos en el sentido estricto del término.
Las palabras que callaron, las batallas que perdieron, las ilusiones que empeñaron… Quizás fue duro. Y después de todo este tiempo, después de tanto esfuerzo, después de tanta experiencia acumulada, acceso a tanta información y tantas personas conocidas, reflexiones, pruebas superadas, lecciones aprendidas… todavía así siguen doliendo algunas espinas, aunque probablemente sabemos cómo podarlas.
¿Qué le diríamos a aquella yo acerca de sus primeros pasos? ¿Le habrían resultado más fáciles si hubiese visto por una hendija el futuro? ¿Cómo sería si hubiéramos recibido una carta de nosotras mismas, hablándonos con la experiencia acumulada? Una carta que dijera todo lo que vendría, una explicación sincera acerca de qué hay por delante, qué es ser mujer en el mundo del trabajo; que hablara sobre los esfuerzos, las conquistas, los dolores, mitos y verdades; sobre las cosas a las que no deberíamos temer, cosas que no valen la pena, cosas que podríamos haber hecho distinto. Una carta desde una perspectiva nueva sobre liderazgo, sobre emprendedurismo, maternidad, desigualdad, aceptación. O sobre todo aquello de lo que quisiéramos hablar, las palabras que nos hubiera gustado escuchar, los atajos que hubiéramos deseado conocer.
“¿Y si juntas construimos el libro que nos gustaría haber leído?”, fue la premisa. Pasar por la experiencia de escribirse a sí mismo genera relatos únicos. En ese sentido, es un aporte invalorable. El otro vector es el de la transferencia. Puede llegar a tiempo para otras mujeres que están hoy —o mañana, o pasado— paradas ante el desafío de abrirse camino en la vida. Por último, confiamos en que este podría ser un aporte para todo lector, para invocar a la empatía.
Ese es, precisamente, el enfoque que le damos a esta obra, el de transformarnos a nosotras en narradoras de nuestras propias historias, tal como las sentimos. Este no es un libro de verdades absolutas porque tales verdades no existen. Es, en cambio, un trabajo construido a muchas manos y muchas miradas sobre experiencias personales en el mundo de las responsabilidades. Cada historia es única, pero todas están claramente interconectadas, como cuentas de un collar.
Este libro tiene como propósito ampliar la conciencia sobre el entramado de roles, liderazgos y responsabilidades que afronta la mujer en esta sociedad. Pone foco en el aspecto laboral, pero deja claro que son múltiples los planos —social, familiar, parental, personal, aspiracional, entre otros— que conviven, y que unos no se explican sin los otros.
Pretende contribuir a evidenciar el largo camino que resta recorrer para lograr que todas las organizaciones públicas y privadas cuenten con el talento femenino, puedan retenerlo y potenciarlo. Asimismo aspira a alentar a los hombres todos a involucrarse en la cocreación de sus familias y a participar en la cadena de cuidados, de igual a igual. Ellos tienen mucho para ganar en este terreno tan fundamental de la vida de las personas. Si lográramos hacer visible esta ganancia, estaríamos dejando un gran legado para las nuevas generaciones.
Dar espacio al desarrollo pleno de las mujeres también genera un mayor bienestar, tanto en lo económico como en lo emocional, para la sociedad. Dar visibilidad a diferentes historias de mujeres reales, con trayectorias únicas, llenas de logros y fracasos, como la vida misma, tiene por objetivo contribuir a generar nuevos modelos de rol en toda la sociedad y en sus diferentes ámbitos: el campo, la ciudad, la política, las empresas, el deporte, la cultura, la comunicación, la educación, entre muchos otros. Cada uno desde su lugar puede generar un cambio hacia una integralidad más rica y más justa.
Estas páginas tienen como antecedente una propuesta similar realizada en Brasil en el 2020 y organizada por Lanna Collares y Winnie Bueno, con la participación de más de 30 mujeres. Titulada Aquelas cartas: que as mulheres gostariam de ter recebido antes de entrar no mercado de trabalho, tuvo la misión de traer a la luz distintas perspectivas sobre el mercado de trabajo, a partir de una narrativa femenina. Lo más lindo fue entender que era posible crear espacios de escucha, de apreciación y de intercambio de recorridos entre mujeres, en una gran corriente de valentía, aunque no fuera fácil colocarse en este lugar tan alejado de nosotras: el de tener voz para contar nuestras historias.
Para este libro realizado en Uruguay seleccionamos a mujeres protagonistas en diversas áreas, para que pudieran dar fe del camino ensayado. Algunas son referentes consolidadas, otras tienen un perfil bajo; todas se sumaron a la propuesta con el mismo entusiasmo. Es un reto que, en lo personal, tampoco quisimos eludir, por eso incluimos también nuestro propio testimonio y el de nuestra editora. Después de todo, este quiere ser también un libro que invite a cada uno de los lectores a hacer su propio ejercicio —por cierto, sanador— de escribirse: por nosotros, por los otros y por los que vendrán, para leernos, escucharnos y aprendernos.
A todas las mujeres que abrieron su corazón en estas páginas, un gracias inmenso: fueron muy generosas y voluntariosas.
Este proyecto es filantrópico: la totalidad de los derechos de autor será donada a la organización Ceprodih (enfocada en reducir la pobreza, promoviendo equidad y generando empleo para la mujer, en clave de “economía circular”).
Ojalá que estas páginas se propaguen.
GUILLERMINA CABRERA Y LANNA COLLARES
Querida Adriana:
Superá los miedos:
Mirando 25 años atrás, qué puedo decirte, primero y más importante: ¡no tengas miedo!
No voy a engañarte diciéndote que va a ser fácil (la vida resulta bastante complicada), pero sí que la nuestra ha sido una aventura maravillosa y digna de vivirse al máximo.
No permitas que el miedo te paralice ni busques “seguridad”. Esta es una de las grandes tentaciones que tendrás a lo largo del camino, y si sucumbieras, correrías el riesgo de arruinar tus sueños. Más vale pobre pero plena que esclava de un trabajo que no te permita crecer y te robe la alegría.
El único miedo permitido ha de ser desperdiciar tu vida. En mi juventud sentía verdadero pavor a desperdiciar mi vida en algo que no valiera la pena, y si iba a darlo todo, no sería por dinero: esa era una meta demasiado baja para los pocos años de vida en esta tierra.
Muchas veces me sentí al borde de un precipicio… podía ver desplegarse delante de mí un universo de posibilidades, pero también existía el miedo a la caída, a equivocar el camino, a fracasar. Si bien es necesaria la prudencia, no hagas caso de los comentarios de gente que intentará frenarte; el noventa por ciento de las veces solo te confunden y te hacen perder tiempo. Aunque parezca cliché, me gustaría decirte: abrí las alas y lanzate a tus sueños; yo lo hice, a pesar de que me decían que la carrera elegida arruinaría mi vida, o que no debía perder aquel trabajo “seguro”. Sin embargo, acepté el riesgo con coraje y hoy no me arrepiento.
Reconocé tus talentos:
Todos tenemos talentos, dones que no elegimos, sino que vinieron “de fábrica”. Es importante tomarte el tiempo para descubrir para qué fuiste “diseñada”, lo que te gusta, te apasiona y harías gratis si fuera necesario. Cuando hacés lo que te gusta, realmente todo fluye, no hay esfuerzo ni cansancio que te detenga; al contrario, se disfruta a pleno del camino.
Como dice el refrán: “A quien Dios le da un don, le da una misión”; lo que tú estás llamada a hacer en este tiempo y lugar, y no hagas, nadie lo hará por ti. El secreto está en no enfocarte tanto en lo que te falta (que es mucho), sino en desarrollar al máximo aquello en lo que eres “buena”, aunque sea poco. En eso centrate y concentrate; para todo lo demás sí buscá a alguien que pueda hacerlo por ti.
Cualquier otra opción, aunque te resuelva algunos problemas, no va a llenar tu alma. Siempre estará ese hueco, ese sentimiento de vacío, de una extraña nostalgia por lo que debió haberse hecho y no se hizo...
Estate atenta al llamado:
Sin duda, junto a formar una familia, lo más importante en la vida es desarrollarnos plenamente a través del trabajo. Trabajar nos eleva a alturas insospechadas, es lugar propicio para servir y amar. La gran pregunta es: ¿en qué?
Si bien el origen nos condiciona, no nos determina. De niña, al ver tantas mujeres que no lograban concretar sus sueños, me decía a mí misma que no repetiría la misma historia. Yo tomaría las riendas de mi propia vida.
Decidir cuál es el rumbo es una tarea propia de la juventud. Este es un gran desafío, porque justo en el momento en que estamos más dispersos y atolondrados debemos tomar las dos grandes decisiones de la vida: la dirección que le daremos a nuestra nave y quién será el compañero en este viaje. Cuando se comete un error en esto, después es difícil maniobrar la vuelta atrás, recomenzar implica demasiada energía. ¡Nosotras tuvimos suerte!
Si hubo algo que en la juventud me impulsó a ser quien soy hoy fue el anhelo de saber hasta dónde podía llegar, cuál era mi cien por ciento. Sabiéndome hija de Dios, si había un “plan” para mi vida, quería descubrirlo y vivirlo al máximo. No supe hasta tiempo después cuál sería ese plan, pero sin duda fue muy bueno y superó todas mis expectativas.
Puedo asegurarte que, con fe, no hay “techo”. Tenemos un “Jefe” que no falla. Pronto comenzarás a percibir que los “milagros” serán los compañeros de tu viaje. Momentos únicos que tejieron nuestra historia, capítulo tras capítulo. Para algunos serán simples casualidades, para quienes creemos sabemos que no, y con esa mirada vivirás toda tu vida en un estado de constante asombro.
La fe que heredé de mi madre, el sentido de solidaridad que heredé de mi abuela y una vida intensa de comunidad me llevaron a estudiar Trabajo Social. Además, en mi ADN comenzaba a asomar el espíritu emprendedor de mi padre (aunque marcado toda su vida por el fracaso).
En una de esas tantas “diosidencias” —en el lugar y momento justo— alguien descubrió mi perfil emprendedor. Eso me permitió conocer experiencias maravillosas del mundo, desarrollar mi idea, y me impulsó a abrir mi propia organización.
Dejar la seguridad de trabajos formales para emprender fue, sin duda, la gran aventura. Me di cuenta de que tenía el don de ver lo que otros no veían, pero no solo el problema, sino especialmente la solución. Ahí entendí que “hacer lo que no hay” tiene un nombre: innovación, y que esa cuota de “locura” se llama ser emprendedor social.
Cuando todo tu ser y tus potencias se enfocan en una misión y no solo en un trabajo, esa tarea se vuelve un imán que atrae a otros. Detrás de ti y de tu idea te seguirán la familia, los amigos, incluso desconocidos, personas, grupos, empresas, etcétera. De a poco irás desarrollando tu capacidad de liderazgo para influir positivamente en otros y llevarlos hacia un objetivo mayor en sus vidas, salir de sí mismos para ir en ayuda de otros. El verdadero líder es aquel que impulsa a otros a desarrollarse: a compañeros, voluntarios, colaboradores y, por supuesto, a las personas para quienes trabajamos.
Enfrentá las tormentas:
Tener fe no será un seguro contra problemas, pero sí te dará la convicción de que no estás sola llevando la carga. Vas con “Alguien” que puede lograr mucho más de lo que podrías pedir o incluso imaginar. Nosotros vemos el telar desde abajo, solo nudos e hilos que se cruzan sin ninguna lógica, pero Él está viendo el telar desde arriba, y el paisaje es hermoso. Te puedo asegurar que cuando veas tu propia
