Arta Game 6 - ARTA en la lava máxima

Arta Game

Fragmento

cap-1

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¡Nos estamos teletransportandoooooo!

Todo a nuestro alrededor desaparece, ¿o desaparecemos nosotros? No tengo ni idea, ¡eso lo tienen que saber los científicos que han preparado el invento para salvar la Tierra, no nosotros! Puede dar la impresión de que mis amigos Alma, Pablo, Charlie y Enzo… y yo, Arta, solo somos unos PRINGADOS en medio de todo este lío cósmico espacial, ¡pero también somos los únicos que podemos detener el caos y salvar el mundo, parece ser!

Estamos agotados de luchar contra aliens, de viajar por el espacio, de movernos entre dimensiones… ¡Por
fin vamos a regresar a nuestro mundo! El cacharro de los científicos rusos para revertir el apocalipsis por fin está acabado, ¡y allá vamooosss!

—¡Artaaaaaa! —grita Charlie—. ¡Esto es una pasada!

Es como cuando estábamos en el espacio y no había gravedad, ¡todo flota! ¡Nosotros también flotamos! ¿Sabéis esa sensación cuando se te empieza a quedar dormido un brazo o una pierna, y notas como si los músculos vibrasen o tuvieran electricidad por dentro? ¡Pues esto es igual, pero elevado a un millón! ¡Como si los píxeles de mi cuerpo se estuvieran separando unos de otros! ¡O los átomos! ¡O los electrones y los neutrones! ¡O yo qué sé!

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—¡Chavales, ha sido un honor salvar el mundo con vosotros! —grito—. ¡Ahora, a casa! ¡A descansar! ¡A nuestras vidas normales, por fin!

—¡Por fiiiiiinnn! —exclamamos todos al unísono.

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El mundo brilla, tuerce y se retuerce; el suelo ya no está bajo nuestros pies, o nuestros pies ya no están sobre el suelo, y no existe el tiempo ni el espacio, ni arriba ni abajo, ni dentro ni fuera… ¡Solo estamos nosotros y nuestra alegría de celebrar la victoria! ¡Volvemos a casaaa!

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Una losa de piedra dura, negra y fría me golpea. ¡Ha aparecido de la nada!

—¡Aaaaaaggg! —grito—. Pero ¿qué…?

¡No veo! ¡Está todo a oscuras! ¡Y me duele todo el cuerpo, que tengo pegado contra la roca! Estoy mareadísimo…

Tengo un pitido constante en los oídos y no puedo escuchar nada más, es como si estuviera bajo el agua. Los brazos y las piernas me pesan como si estuviesen hechos de plomo, ¡no entiendo nada!

—… ta…

¿Eh? ¿Qué es eso que se oye por debajo de los pitidos? Empiezan a desaparecer poco a poco; si respiro hondo y suelto el aire despacio, oigo mejor…

—Arta…

¡Mi nombre! ¿Quién me está llamando? Conozco esa voz. La conozco muy bien, pero el cerebro no me funciona. ¡Me va a estallar la cabeza!

¡Arta! ¡Arta, levanta! —insiste—. ¡Levántate! Te necesitamos…

¡Abro los ojos! ¡Es verdad, yo tenía ojos! ¡Y estaban cerrados!

Al otro lado de mis párpados sigue habiendo oscuridad, pero veo algunas formas, intuyo siluetas, a medida que se me acostumbra la vista.

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¿Que me levante, dice? ¡Estoy tumbado en el suelo! La losa negra que ha chocado conmigo era en realidad
el suelo de piedra, húmedo y frío, ¡y he sido yo el que se ha estampado contra él! Por eso me pesaba el cuerpo, ¡porque ha vuelto la gravedad!

Maldita sea, me duele todo… Consigo alzar un brazo. Alguien o algo me agarra de la mano y tira de mí, me zarandea. Reconozco esa mano, esa voz, esa cara. ¡Es Alma! ¡Alma y mis amigos! ¡Me acuerdo de ellos!

—¡Arta! ¿Estás bien? —dice Alma—. ¡Tranquilo, sujétate a mí! Te has dado un golpe muy fuerte con el suelo al caer…

Poco a poco, voy recuperando la vista del todo y también el resto de los sentidos, ¡sobre todo la capacidad de pensar qué demonios pasa y dónde narices estoy!

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Tengo las rodillas y las palmas de las manos apoyadas sobre piedra fría. Todo está oscuro, aunque llega algo de luz desde algún sitio. Las paredes también son de piedra, y se curvan hacia el techo, como una cueva subterránea, alrededor de nosotros. ¡Nosotros! Estamos todos: Alma, Enzo, Pablo, Charlie, yo… ¿Y estamos en una cueva? ¿Qué es este sitio? ¿Ha fallado el teletransporte?

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—Alma —consigo mascullar—. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos?

—No lo sé —contesta, ayudándome a que me levante, haciéndome de apoyo para que me pueda poner de pie—. No tengo ni idea, Arta. Hemos aparecido aquí de golpe y porrazo, creo…

—Bueno, sobre todo tú, Arta, ¡ja, ja, ja! —se ríe Charlie—.

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—¡No te rías, tío! —le dice Pablo—. ¡Que le podría haber pasado algo

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