Las historias de amor de la Biblia nos hablan

Shannon Bream

Fragmento

Las historias de amor de la biblia nos hablan

Introducción

Siempre lloro en las bodas… y mucho. No influye cuánto conozca a los novios; más bien me maravillo al ver el salto de fe que dan dos personas que se prometen la vida y el corazón el uno al otro. Recuerdo que, mientras caminaba hacia el altar, rebozaba de emoción porque estaba profundamente enamorada de Sheldon y entusiasmada por el futuro que imaginábamos juntos. Antes de que mi padre y mi padrastro caminaran a mi lado hacia el altar, mi padre me miró y empezó a llorar. Su emoción me confundió un poco, porque yo estaba lista para ir saltando de gozo hasta el frente de la iglesia y dar comienzo a la fiesta.

A la mitad de la ceremonia, el pastor nos pidió a Sheldon y a mí que nos diéramos vuelta y miráramos a nuestros familiares y amigos. Lo que vi me sorprendió. Sus tres hermanas lloraban tanto que me llegué a preguntar si estaban en contra de que su hermano se casara conmigo. Es probable que las pobres parejas también sientan esa confusión al verme llorar durante toda su boda.

Es una cuestión de perspectiva. En la boda, todos piensan en ese ingrediente mágico que el corazón desea: amor. El amor ha inspirado cautivantes poemas y magníficas sinfonías, gestos importantes y sacrificios extremos. Pero también está presente en las decisiones triviales, como darle a otra persona el último pedazo de pastel de cumpleaños o cuidar sus heridas, tanto físicas como emocionales. Cada una de las personas que están en la ceremonia pueden pensar en distintas facetas del amor. A menudo, la joven novia, como lo era yo, desborda de optimismo y pensamientos de romance (aunque definitivamente habíamos sorteado algunos incendios antes de ingresar a la iglesia aquel día). Otros pueden recordar sus desilusiones amorosas, ya que saben a partir de su experiencia que el camino por delante pondrá a prueba cada sílaba de los votos que los novios están por pronunciar y que la comunidad que los rodea marcará la diferencia. Algunos invitados recordarán el día en que dijeron “Sí, acepto” y se preguntarán cómo se convirtieron tan rápido en abuelos, una bendición que pareció haber llegado de la noche a la mañana.

Lo importante es que el amor es mucho mayor que los meros sentimientos románticos. Incluso en las bodas, en las que nos reunimos para celebrar lo que muchos consideramos la forma más directa de romance, podemos apreciar cuánto más grande y más variado es el amor para cada persona que forma parte de la congregación. De la misma manera, en la Biblia hay distintos tipos de historias de “amor”, como el romance de Cantares, la amistad de Pablo y Bernabé y el amor de Cristo por nosotros.

El amor es fundamental para la vida cristiana y, en especial, es importante conocer la manera en que Dios, y no el mundo, lo define. Hace un tiempo, volví a leer 1 Corintios 13 y todos estos temas me impactaron. Si has asistido a bodas cristianas, es probable que lo hayas escuchado varias veces, ya que es el pasaje más frecuente de todos los tiempos en estas ceremonias. Un conocido nos dio un hermoso cuadro con este pasaje escrito en caligrafía como regalo de boda. Es un recordatorio inspirador y desafiante de cómo debe ser el amor y cómo debemos representarlo en nuestra vida.

Los primeros cuatros versículos comienzan diciéndonos que, sin amor, prácticamente todo lo demás no tiene valor, validez ni sentido. Olvídate del poder, el dinero y la fama ―todo aquello que el mundo valora― porque, en la economía del cielo, el amor es la única moneda que importa. Esa es la primera lección: el amor no es opcional.

Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios; si poseo todo conocimiento, si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, si entrego mi cuerpo para tener de qué presumir, pero no tengo amor, nada gano con eso.

1 Corintios 13:1-3

En resumen: puedes tener las mejores habilidades de oratoria, puedes tener la capacidad de ver el futuro y comprender los acertijos más complicados del universo, puedes tener una fe inquebrantable, puedes dar todo a quienes están en necesidad y sacrificar tu propia vida, pero, sin amor, todo eso no tiene ningún sentido.

Estos versículos deberían llamarnos la atención. Podemos hacer, ser e intentar muchas cosas, incluso cosas completamente positivas, pero si actuamos a partir de una motivación diferente del amor más puro, podríamos habernos quedado en el sofá de casa comiendo chocolates. Es muy importante que aprendamos a amar de la manera que describe Pablo:

En efecto, toda la Ley se resume en un solo mandamiento: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Gálatas 5:14

En ese mismo pasaje, Pablo nos exhorta a que nos sirvamos “unos a otros con amor” (Gálatas 5:13b). Entonces, sabemos que el amor debe ser la base de todo lo que hagamos en esta vida y que la definición de esa palabra fija un estándar increíblemente alto.

Esto nos lleva a la segunda lección. ¿Qué es el amor? No es lo que el mundo o nuestras emociones nos dicen. Solo podremos comprender y compartir el amor de verdad y en su forma más pura si permitimos que Dios nos muestre el camino. Como verás en las próximas páginas, todo amor verdadero está arraigado en Dios. No es tan solo la fuente de amor, sino que Él es amor. Creó a Adán y Eva a su imagen y semejanza para que estuvieran en una comunión eterna con Él. Derramó su corazón en el aliento de nuestros pulmones y continúa haciéndolo.

A menudo ruego que Dios me permita ver los verdaderos motivos por los cuales llevo a cabo algunas acciones y, a veces, me avergüenzo cuando me muestra el espejo. ¿Hice los mandados de ese conocido para ayudarlo en su necesidad o porque deseo que me quiera más y piense que soy una buena persona? ¿Me motiva el amor por los demás o por mi autoimagen? Para ser honesta, con frecuencia las buenas obras son más egoístas de lo que parecen desde afuera.

También nos encontramos con este problema: hallar el equilibrio para “hablar desde el amor”. Sabes cómo es: ves a alguien que está en dificultades y sabes que, si ordenara su vida y dejara de autosabotearse, su camino sería mucho más fácil. Es decir, ¡mira lo bien que va tu propia vida! Decides que ha llegado la hora de confrontarlo ―tú sabes― por su propio bien. Aprieta el botón de pausa por un momento. Examina tu corazón. ¿Estoy ignorando la viga que está en mi ojo para hacerle notar la paja que está en el suyo? ¿Lo estoy haciendo con aires secretos de superioridad, como si me estuviera dignando a estirarme para sacarlo del lodo sin haber mirado las manchas sobre mis zapatos? No cabe duda de que el amor verdadero se acercará a los demás y los ayudará, pero debemos recordar cómo lo hizo Cristo. Ya hablaremos más al respecto.

Aquí se complica el asunto.

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni presumido ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue.

1 Corintios 13:4-8a

No mentiré: siento una profunda convicción mientras leo esa lista. Muchas veces estuve por debajo de estos estándares. Por cierto, ¿se supone que debemos amar a los demás conductores? Porque, en ese contexto, parece difícil cumplir con las cualidades “paciente” y “no se enoja fácilmente”.

Pero ahora vienen las buenas noticias.

El amor de Dios por cada persona que lee esta página o escucha estas palabras es perfecto e invencible. No tiene límites ni manchas ni condiciones. No importa dónde hemos estado ni qué hemos hecho; su amor por nosotros no se desvanece. No tienes que hacer nada para ganar su amor y nadie te lo puede quitar.

Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

Romanos 8:38-39

¿Existe algo que pueda dar más tranquilidad y esperanza que eso? El Dios del universo te ve, te conoce y te ama sin dudarlo.

A medida que crecemos en Él y permitimos que su bondad llene nuestra alma y nuestra vida, nuestra capacidad para amar a los demás también aumenta. En este lado del cielo, jamás alcanzaremos la perfección, pero si estamos dispuestos a seguir su ejemplo, Él nos dará lo que necesitamos para hacer las paces con ese familiar irritante, con ese compañero de trabajo traicionero o con aquel vecino que se compró un gallo. A veces, oro que Dios me dé la voluntad para intentar caminar ese camino, luego veremos si efectivamente avanzo.

Su amor nos cubre y nos rodea; nos compele a ser mejores y está allí para sanarnos cuando nos equivocamos. También nos capacita para que hagamos todo aquello que Él modela para nosotros.

La Biblia está llena de historias acerca de personas que no llegan a cumplir los estándares de Dios. Vemos interpretaciones impías del amor en las relaciones tóxicas de la Biblia, como en la imprudencia de Sansón, la arrogancia de Asuero y la cobardía de Adán y Eva. Sin embargo, también vemos cómo Dios extiende su misericordia a sus hijos perdidos.

Por otro lado, en Cantares, vemos el gozo y el deseo de dos personas que no ven la hora de casarse. Esto nos recuerda que Dios nos creó con todos esos anhelos de pasión y conexión. Tenemos el privilegio de ser testigos del amor desinteresado de Rut por su suegra, Noemí, cuando podría haberse alejado de una situación desesperante. Era tal la devoción de Jonatán por su amigo David que le juró lealtad a él, en lugar de jurársela a su padre asesino, el rey Saúl. Y, a lo largo de todo el Nuevo Testamento, presenciamos las numerosas amistades de Pablo en sus viajes misioneros, que sirvieron como fundamentos para la iglesia primitiva.

De alguna manera, estas historias confirman nuestras suposiciones culturales acerca del amor y, de otra manera, las desafían. Al estudiarlas, comenzaremos a comprender cómo amar de la manera en que Dios ama.

Cada uno de nosotros está en su propio camino que lo llevará a darse cuenta de cuán profundo es el amor de Dios por él y aprender a amar a los demás de la manera en que Dios los ama. En estas páginas, leeremos sobre todo tipo de historias de amor: romance, amistad, comunidad y mucho más. Algunas son puras, como Dios lo diseñó. Otras son un caos devastador. Si has leído alguno de mis libros anteriores, ya sabes que creo que el Señor puede obrar en ambos escenarios. Ansío transitar esta aventura contigo.

Amor romántico

Cantar de los cantares

El regalo del amor

Cantares

Se trata de la historia de amor más conocida de la Biblia, pero no mentiré: en varias ocasiones me he sentido intimidada por el Cantar de los Cantares (también llamado Cantar de Salomón). Es un hermoso libro, que está lleno de descripciones floridas, momentos íntimos y sentimientos efusivos. Como es un poco atrevido, no lo enseñaban en las lecciones de la escuela dominical y eso hacía que lo hojeáramos en medio de pícaras risas mientras intentábamos comprender de qué se trataba. Hace poco, visité una iglesia con unos amigos y noté que el sermón sería sobre este misterioso libro. Lo primero que pensé cuando vi que la congregación consistía mayormente en veinteañeros fue “¡Qué incómodo!”. No escuché a muchos pastores que hablaran sobre Cantares desde el púlpito y me intrigaban las lecciones profundas y prácticas que este pastor compartió elocuentemente con nosotros.

Los principios entretejidos en este libro romántico marcan un fuerte contraste con lo que la sociedad moderna nos dice acerca de las relaciones. Nos muestran la verdad sobre el diseño de Dios del romance, el amor y el sexo. ¡Son su creación! En Cantares, tenemos una perspectiva interna de unos novios que desean estar juntos, pero están comprometidos con la virtud de esperar hasta el momento correcto para despertar el amor. Se cubren con elogios, respeto y admiración, así como con su evidente atracción física. Una y otra vez, vemos su deseo por unirse en matrimonio y su respeto por los límites que los distancian.

Cuando encuentras a tu amado, la espera puede parecer eterna. Recuerdo que, el día de mi boda, mis damas de honor y yo nos juntamos alrededor de las pequeñas sillas y mesitas del lugar para los niños de la iglesia mientras terminábamos nuestro maquillaje y mirábamos cómo la aguja del reloj avanzaba lentamente hasta marcar la hora en que me encontraría con Sheldon en el altar. Pude echar un vistazo por las ventanas y vi a mis familiares y amigos caminando por el estacionamiento y entrando a la iglesia. Sentía la emoción y la impaciencia latir en mi pecho. No me daba miedo caminar hacia el altar. Parecía un caballo de carreras enardecido que está atrapado detrás de la puerta de salida. ¡Que comience la fiesta, amigos! Al igual que la novia de Cantares, sabía que había encontrado a un hombre realmente íntegro que me volvía loca.

A lo largo de los siglos, ha habido mucho debate (y aún lo hay) acerca de si Cantares es una alegoría más amplia sobre el amor de Dios por Israel o el amor de Jesús por la iglesia. Creo que siempre es posible que las palabras de las Escrituras señalen hacia el panorama completo del amor incondicional de Dios y su plan de redención para la humanidad, pero muchos estudiosos consideran que Cantares es una historia de amor literal; una que está repleta de enseñanzas prácticas sobre cómo debemos valorar nuestra relación y a nuestro cónyuge. Y, aunque no menciona el nombre de Dios, su sabiduría siempre está presente en la historia. Al igual que el libro de Ester, en el cual tampoco se menciona directamente a Dios, Cantares contiene verdades acerca de Él. En Ester, presenciamos el cuidado de Dios por su pueblo por medio de Ester y Mardoqueo y vemos cómo salva al pueblo. Aquí, vemos el regalo del matrimonio conformado de acuerdo con los planes de Dios.

Este libro está lleno de poemas intensos y honestos, y contiene algunas de las expresiones más profundas de amor y devoción que se hayan escrito en el mundo antiguo. En el diálogo entre Salomón, el “amado”, y su novia retumba el amor y el deseo que tienen uno por el otro. También nos muestra la belleza y el poder de nuestros anhelos naturales. Como el fuego, que puede destruir sin límites, la pasión por sí sola puede ser desastrosa. Pero, al igual que una llama contenida y encausada es un recurso para preparar comidas deliciosas, crear una calidez acogedora o refinar metales valiosos, la pasión también puede ser increíblemente beneficiosa, como el cemento de un compromiso de por vida. Ese es el contexto de Cantares: una celebración del cortejo y el matrimonio.

Uno de los nombres del libro nos indica cuán significativo es. Salomón era conocido por su sabiduría y se le atribuyen más de mil canciones. Pero esta se consideraba la más importante: una canción para superar a todas las demás. Suele creerse que el rey Salomón era tanto el autor como el novio de la balada. Él y su esposa, una sunamita, están enamorados. La redacción es tan colorida que algunos estudiosos creían que era mejor que quienes eran tentados por la lujuria no lo estudiaran. Orígenes, un escritor cristiano de la antigüedad, en su libro Comentario al Cantar de los Cantares advertía:

Aconsejo y recomiendo a quienes aún no son libres de las vanidades de la carne y la sangre y no han dejado de sentir la pasión de su naturaleza carnal que se abstengan de leer este libro y lo que se dirá acerca de él.1

Eso no disuadió a los teólogos que, a lo largo de los años, sabían cuán útiles podían ser las amorosas palabras de este libro para quienes buscan la ayuda de Dios en el ámbito del romance, así que metámonos de lleno en él.

La novia

Desde el comienzo, vemos que la novia deja en claro su deseo por Salomón.

Ah, si me besaras con los besos de tu boca…

¡Mejor es tu amor que el vino!

La fragancia de tus perfumes es placentera;

tu nombre es bálsamo aromático.

¡Con razón te aman las doncellas!

Cantares 1:2-3

La novia no era tímida para expresarle a su amado exactamente cómo se sentía. Todo acerca de este hombre revoluciona sus sentidos. La novia también elogia su buen nombre, es decir que su reputación y su carácter son agradables para quienes lo observan. Entiende por qué tantas otras mujeres quisieran ser su novia y no le avergüenza compartir estas palabras de admiración.

Continúa describiendo su propio aspecto y luego celebra el de su novio.

Soy morena y hermosa,

hijas de Jerusalén;

morena como las tiendas de campaña de Cedar,

hermosa como las cortinas de Salomón.

No se fijen en mi tez morena

ni en que el sol me bronceó la piel.

Mis hermanos se enfadaron contra mí

y me obligaron a cuidar las viñas;

¡y mi propia viña descuidé!

Cantares 1:5-6

Es importante recordar que, para la novia y su contexto cultural, la referencia a la tez morena significaba que no había tenido el lujo de quedarse dentro de su casa. Había trabajado afuera en vez de vivir una vida más privilegiada. Sus hermanos “se enfadaron” y la obligaron a trabajar en el campo. Este versículo insinúa que tuvo que dejar a un lado su propio cuidado para hacerlo.

La novia también declara abiertamente que quiere estar con su novio.

Cuéntame, amor de mi vida,

¿dónde apacientas tus rebaños?,

¿dónde al mediodía los haces reposar?

¿Por qué he de andar como mujer con velo

entre los rebaños de tus amigos?

Cantares 1:7

Quiere saber dónde está el novio para encontrarlo. Es probable que la referencia a una “mujer con velo” aluda a una mujer con valores morales cuestionables. Esta novia no quería que la confundieran de esa manera, sino que quería mostrar su rostro con orgullo en presencia de su hombre. Los novios intercambian cumplidos sinceros en el primer capítulo y dejan sus intenciones en claro. Veremos la perspectiva de Salomón más adelante.

En el capítulo 2, la novia se autodenomina “una rosa de Sarón, una azucena de los valles” (v. 1). No parece ser una declaración presuntuosa, sino una manera de reconocer cómo se ve a sí misma gracias al novio. Estas flores eran adorables, pero se las veía en abundancia. Es decir, no se pone por encima de las demás mujeres. Salomón la ve como una mujer pura y adorable, y responde:

Como azucena entre las espinas

es mi amada entre las doncellas.

Cantares 2:2

Desde la perspectiva del novio, ella es excepcional. El amor que la novia recibió y dio hizo que su belleza floreciera; las hijas de Jerusalén la llaman “la más bella de las mujeres” (Cantares 1:8, 5:9).

Las palabras de elogio del novio hicieron que la novia se sintiera confiada y atractiva. Piensa acerca del poder de las palabras entre los cónyuges. En medio de un argumento o una cadena de frustraciones, es fácil atacar con palabras que hieren profundamente y dejan cicatrices en el otro. Todos tenemos tiempos de conflicto en nuestro matrimonio, pero la manera en que los enfrentemos fortalecerá o erosionará los cimientos de nuestra relación. Cuando hay mucha tensión, evitar la crítica y la culpa puede exigir muchísimo autocontrol. Sheldon y yo hemos estado en desacuerdo, como cualquier pareja, pero desde el comienzo tomamos la decisión de no cruzar la línea de convertir nuestras palabras en armas. Si eso significa que saldremos enojados de la habitación o gritaremos en un almohadón, que así sea. En ocasiones estuve tan enojada que sentía como si una bomba nuclear acabara de estallar dentro de mí, pero no quiero vivir lamentándome por haber dañado nuestra relación sagrada con palabras venenosas.

En lugar de eso, con el pasar de los años, Sheldon ha hecho que creyera en mí misma gracias a su ánimo y aliento constantes. Esto no quiere decir que nunca nos equivoquemos, sino que nos hemos propuesto intentar hacer las cosas bien casi siempre. No quiero que nadie compita conmigo para ser la admiradora número uno de mi marido. ¡De ninguna manera! Esa soy yo y estoy dispuesta a luchar por ese puesto. Quiero que mis palabras lo animen y lo desafíen para hacerle saber que me asombra su integridad y que estoy agradecida por su personalidad. También creo que es increíblemente apuesto, y ¿qué marido no quisiera escuchar eso? Salomón y su novia nos muestran la belleza de prodigar reafirmaciones positivas.

La novia sigue elogiando al novio:

Cual manzano entre los árboles del bosque

es mi amado entre los jóvenes.

Me encanta sentarme a su sombra;

dulce a mi paladar es su fruto.

Cantares 2:3

Esto me hace pensar que mis intentos por escribir notas de amor son muy poco profesionales. Cabe destacar que no es común encontrar un manzano en un bosque tradicional. ¿Estará insinuando que Salomón se destaca entre todos los hombres? ¿Y recuerdas que se lamentó por haber tenido que trabajar bajo el sol abrasador? Ahora, elogia a su novio porque en él halla un lugar con sombra, lo que sugiere que encuentra seguridad y comodidad.

En este capítulo, también vemos frases que se repetirán más adelante en el libro. En el versículo 7, la novia insiste:

Yo les ruego, doncellas de Jerusalén,

por las gacelas y cervatillas del bosque,

que no desvelen ni molesten a mi amada

hasta que quiera despertar.

Cantares 2:7

Presta atención al consejo de no despertar el amor de la amada aún. Esta pareja todavía no se ha unido en matrimonio, pero tiene muchas ganas de hacerlo.

Además, entre sus palabras de admiración por el novio y su creciente emoción por hallar el camino para encontrarse, descubrimos otra frase que se repetirá: “Mi amado es mío y yo soy suya” (Cantares 2:16). Siente seguridad en lo que ha encontrado en su novio. El amor de Salomón le ha dado a la novia confianza en su relación. La expresión de amor y seguridad mutua es tan poderosa que, en la tradición judía, se inscribe la frase hebrea ani l’dodi v’ dodi li en las alianzas y en los certificados de matrimonio, como máxima representación de su compromiso.

Luego, vemos a la novia en la mitad de la noche, en lo que pareciera ser un sueño.

Por las noches, sobre mi lecho,

busco al amor de mi vida;

lo busco y no lo hallo.

Me levanto, voy por la ciudad,

por sus calles y mercados,

buscando al amor de mi vida.

Lo busqué y no lo hallé.

Me encuentran los centinelas

mientras rondan la ciudad.

Les pregunto:

“¿Han visto ustedes al amor de mi vida?”.

Cantares 3:1-3

En este sueño, el corazón de la novia se envalentona para buscar por la ciudad al hombre que ama. Parece destrozada por estar separada de él, pero qué gozo experimenta cuando lo encuentra.

No bien los he dejado,

cuando encuentro al amor de mi vida.

Lo abrazo y, sin soltarlo,

lo llevo a la casa de mi madre,

a la alcoba donde ella me concibió.

Cantares 3:4

No solo sueña que encuentra a su amado, sino que también lo lleva con su familia, algo mucho más duradero. Desea entablar esta relación, pero quiere hacerlo con la aprobación de su madre. En la antigüedad en el Medio Oriente, la madre solía encargarse de los preparativos de la ceremonia de la boda y las celebraciones. No se trataba de una aventura pasajera, sino de una imagen que representa que la novia quería que este amor siguiera los límites y las tradiciones de la pureza y la permanencia.

La novia cierra el capítulo 3 con una descripción del glorioso cortejo de una boda.

¿Qué es eso que sube por el desierto

semejante a una columna de humo,

entre aromas de mirra e incienso,

entre perfumes de mercaderes?

¡Miren! ¡Es el carruaje de Salomón!

Viene escoltado por sesenta guerreros,

escogidos entre los más valientes de Israel.

Todos ellos portan espadas

y han sido adiestrados para el combate;

cada uno lleva la espada al cinto

por causa de los peligros de la noche.

Salomón mismo se hizo el carruaje

con finas maderas del Líbano.

Hizo de plata las columnas

y de oro los soportes.

El asiento lo tapizó de color púrpura

y su interior fue decorado con esmero

Cantares 3:6-10a

Habiendo leído este pasaje, lo primero que pensé fue que representaba la llegada del novio. Sin embargo, algunos teólogos reconocidos afirman que podría representar la llegada de la novia en un carruaje y el cortejo que Salomón había preparado para ella. En la pregunta “¿Qué es eso?”, la traducción del hebreo de “eso” hace referencia al femenino singular. Esto implica que el novio se había asegurado de que la novia tuviera una entrada majestuosa, sobre un carruaje espectacular, rodeada de nobles guerreros comprometidos con su protección.

Después, la novia insta a las mujeres de Jerusalén a acercarse para ver al novio.

¡Salgan, doncellas de Sion!

¡Contemplen al rey Salomón!

¡Lleva puesta la corona que le ciñó su madre

el día en que contrajo nupcias,

el día en que se alegró su corazón!

Cantares 3:11

Si has leído Las madres e hijas de la Biblia nos hablan, ya sabes todo acerca de la madre del rey Salomón, Betsabé, quien luchó para asegurarse de que Salomón asumiera el trono. Por lo tanto, tiene sentido que esté presente para compartir el jubiloso día de su boda.

En el capítulo 5, vemos que la novia sueña de nuevo con el novio y lo desea. ¡Pide a las hijas de Jerusalén que, si lo encuentran, le digan que está “enferma de amor”! (Cantares 5:8). Como respuesta, preguntan qué lo hace tan especial y, entonces, vemos una maravillosa descripción del novio al que tanto desea.

Mi amado es apuesto y trigueño,

y entre diez mil hombres se le distingue.

Su cabeza es oro fino;

su cabellera es ondulada

y negra como un cuervo.

Sus ojos parecen palomas

posadas junto a los canales de agua,

bañadas en leche,

montadas como joyas.

Sus mejillas son como lechos de bálsamo,

como cultivos de hierbas aromáticas.

Sus labios son azucenas

por las que fluye mirra.

Sus brazos son barras de oro

montadas sobre topacios.

Su cuerpo es pulido marfil

incrustado de zafiros.

Sus piernas son pilares de mármol

que descansan sobre bases de oro puro.

Su porte es como el del Líbano,

esbelto como sus cedros.

Su paladar es la dulzura misma;

¡él es todo un encanto!

¡Tal es mi amado, tal es mi amigo,

doncellas de Jerusalén!

Cantares 5:10-16

¡Esa sí es una descripción!

No me imagino a muchas de nosotras describiendo a nuestro marido así, hablando de sus labios como azucenas o sus brazos como barras de oro. Esas chispas iniciales de atracción pueden consolidarse en los primeros años de u

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