La sabiduría de los arcanos menores y su alquimia elemental

Víctor Leni Cordero

Fragmento

La sabiduría de los Arcanos Menores y su alquimia elemental


INTRODUCCIÓN

Mi primera incursión con el Tarot fue a los catorce años, con el mazo de Marsella. Recuerdo las provocaciones sensibles que me generaban las imágenes. Cuando veía El Mago con ese traje que le quedaba grande, sentía mucha aflicción y tristeza; cuando veía La Templanza, sentía alivio; cuando veía El Emperador, sentía frialdad y evasión. Lo que desde mi estructura psíquica de niño no comprendía era que todo lo que veía en esas cartas era un espejo sensible de cómo me percibía y que, sin esas imágenes, esas sensaciones corrían el riesgo de quedar adormecidas en mi mundo interior, sin posibilidad de expresión.

El Tarot siempre me pareció inmenso, inabarcable. El hecho de tomar el mazo de cartas era una experiencia intensa. Se movía muchísima energía en mí y a mi alrededor. Y si bien yo tenía catorce años, recuerdo que siempre alguien de mi familia me pedía que le adivinara el futuro o los números de la lotería. Me quedaba horas sentado intentando descubrir los números del premio. Incluso, un par de veces estuve bastante cerca de acertar. Pero un día me frustré y dejé de hacerlo, me sentía un esclavo de las personas y sus demandas ansiosas.

Todos los que comenzamos a leer el Tarot en el siglo XX fuimos empujados a la adivinación. Y eso se debe a que el Tarot es una herramienta que dialoga con los contextos genealógicos, que siempre dan cuenta de momentos socioculturales.

Los tiempos cambiaron y hoy el Tarot está en otro momento, como si pudiera aggiornarse a las necesidades actuales con gran maestría. Como una herramienta camaleónica que se transforma en terapia en manos de un terapeuta, en poesía en manos de un poeta o en estafa en manos de un estafador. Por eso, todavía existe este tipo de uso. También se transforma en un espejo de nuestro entramado psíquico y energético en manos de quien se busca a sí mismo.

Lo misterioso que trae es que sabe hacernos jugar desde nuestro punto ciego, desde el lugar que no podemos ver. Al integrarlo, amplía algo en nosotros. Es ese compañero que nos lleva de la mano hacia una comprensión que no es intelectual, sino más bien sensible y que abarca nuestras distintas maneras de percibir.

Cuando algo nos interpela de un modo profundo, significa que estamos abrazando nuestra integridad. La integridad es la unión de las partes que se muestran, en apariencia, separadas. Sin embargo, sabemos que nada está separado de nada y por eso el Tarot podría ser el juego de la integración elemental que trata de ayudarnos a volver a la fuente de la unidad, aparentemente extraviada.

Muchas veces, el Tarot puede abrir un nivel de sensibilidad intensa, con un alto nivel de belleza, que puede ser incómodo y un tanto inquietante. Eso me pasaba a mis catorce años. Sin embargo, esa incomodidad es un tesoro: nos permite ponernos en acción, buscar vías de movimiento para desterrar fuerzas que viven dormidas o anestesiadas en nuestra psique. La necesidad de salir de la incomodidad nos mueve a buscar en nosotros esas partes que sabemos que existen, pero que muchas veces necesitamos recordarlas, concientizarlas y devolverlas a nuestra realidad.

Últimamente observo en mis consultantes las nuevas necesidades y cuestionamientos humanos, ya sea tanto por las temáticas que están apareciendo y que nos tienen reinventándonos, como por el contexto pospandémico global que ha dejado muchas incógnitas sobre nosotros y sobre el devenir colectivo. Pareciera que habitamos un mundo que desconocemos por completo. Si el mundo es un mundo nuevo, ¿dónde podemos encontrar las claves para vincularnos con él?

ABRIR LOS SENTIDOS A LA INMENSIDAD DEL TAROT

Cuando veía mi mazo de Marsella, al principio solo conectaba con las 22 imágenes de los Arcanos Mayores. Dejaba a un lado a los Arcanos Menores, que representan la mayor parte del juego. Al no comprender nada de estos, los separaba pues su presencia me generaba un vacío enorme. Era un verdadero enigma que no podía ni quería descifrar. Sabía que más adelante llegaría el momento en que esas cartas me darían un entendimiento mayor. Nunca apuré el proceso, pues esas cartas numeradas no me hablaban a priori.

A veces tomaba mi mazo de Tarot de Marsella y observaba los ornamentos o los arreglos florales de las cartas numeradas, intentaba sentir cosas al verlas, pero seguía percibiendo un vacío que me agradaba, pues me parece muy seductor toparme con algo inmenso que no conozco, una metáfora de algo que iré develando de mí mismo.

Intenté aprender los Arcanos Menores con distintos libros, pero ninguna lectura me conformaba. Me resistía a aprender de memoria cartas que en sus imágenes abstractas me proponían apertura y sentidos abiertos, mientras que los libros ofrecían una simplificación conceptual que no me representaba en absoluto.

También intenté aprenderlos con el Tarot de Rider Waite Smith, pero las imágenes no me resonaron, más aún viendo que muchas de las cartas de Rider eran escenas un tanto desesperanzadoras. Por eso nunca leí Rider, me parecía dramático en un sentido trágico. Igualmente, tiempo después logré hacer un paralelismo entre ambos mazos y encontré muchísimos puntos conceptuales de conexión. Así leamos Rider o Marsella, todos los tarotistas evolutivos deberíamos repensar los Arcanos Menores no como una representación de una situación sino como la apertura a los múltiples sentidos que pueden abrirse cuando accionamos a través de un Arcano Menor.

Los Arcanos Menores del Tarot de Marsella son una herramienta sin condicionamiento previo pues no hay ninguna situación representada ni impuesta. Al estar dibujados de manera abstracta, tenemos la posibilidad de abrir nuestros sentidos, desde las profundidades de nosotros mismos hacia el mundo exterior.

En este libro describiré el viaje de los Arcanos Menores con el Tarot de Marsella y con el Tarot de Fulgor, para que podamos aproximarnos a la lectura desde un sentir lo más genuino posible. Los Arcanos Menores nos enseñarán a comprender desde qué punto de vista estamos interpretando un suceso, o desde dónde estamos parados observando o actuando frente algún contexto o situación. Si los Arcanos Mayores son la situación, el contexto, la temática, etc., los Arcanos Menores son el lugar donde nos ubicamos para percibir y actuar frente a estos. Los Arcanos Menores se vuelven una posibilidad concreta de reconocernos para poner en movimiento muchos de nuestros puntos de vista que permanecen cristalizados a través del tiempo.

Cada uno de nosotros construye su propio enfoque basado en resonancias y prácticas empíricas, pero lo que sostiene nuestro enfoque son los hallazgos que nos regala el Tarot cuando lo utilizamos como herramienta de autoconocimiento. Nos regala un registro de lo que nos ocurre con la toma de conciencia, con sus luces y sombras, pero sobre todo con la aceptación de nuestros límites.

El registro terapéutico es lo que nos acerca a la humanidad al tiempo que la nutre. La dimensión terapéutica del Tarot tiene que ver con lo que dijo Jung: “Maneje todas las herramientas, domine todas las teorías, pero a la hora de conectar con un alma humana, simplemente, sea otra alma humana”. Para devenir terapeutas, primero tenemos que devenir en seres humanos.

Lo terapéutico es un espacio que se construye. De los terapeutas que más admiré en la vida, siempre obtuve la misma respuesta sobre la práctica: trabajar desde el corazón para que el otro pueda encontrar sus recursos internos y reconocerse en ellos. El terapeuta acompaña, no sana. El que sana o se transforma es el consultante a través de su propia maestría interna que, al lograr el reconocimiento y la aceptación de sus fuerzas humanas y al llevarlas al campo de la acción, generan la alquimia elemental que todos buscamos en una lectura de Tarot.

Por eso, este libro no se propone ser una guía terapéutica, sino más bien poética y lúdica, donde lectores y lectoras podrán recorrerlo con distintos fines: ya sea para aprender más del Tarot y usarlo a modo de oráculo, como también para iniciar un viaje hacia el autoconocimiento. Después cada uno podrá poner en práctica estos contenidos en sus consultas de Tarot, o si son principiantes, acompañar sus primeros pasos por estos arcanos fascinantes.

LOS ARCANOS MENORES Y LOS ELEMENTOS DE LA NATURALEZA

Mi primer acercamiento conceptual con el trabajo del Tarot y los Arcanos fue a través de Alejandro Jodorowsky. Verlo en su espectáculo, Cabaret místico, me dejó maravillado, tanto por su potencia y confianza en escena como por su capacidad de canalizar para tanta gente y de manera tan genuina. Leí La vía del Tarot y comencé mi nuevo camino. En ese libro, el apartado de Arcanos Menores es más breve que el de Arcanos Mayores (en general, en todos los libros de Tarot ocurre este fenómeno). Sin embargo, ahí descubrí dos puntos clave.

El primero es que cada palo o centro energético es equivalente a un elemento de la naturaleza. Inmediatamente comprendí y sentí el Tarot y sus Arcanos Menores más cercanos de lo que pensaba, dado que las copas son agua, la espada es el aire, el basto es el fuego y el oro es la tierra. Fue así que empecé a hacerme preguntas acerca de mi vínculo con esos cuatro elementos, que siempre están muy presentes y cercanos en nuestra vida.

El segundo punto fue que ninguna de las 78 cartas del Tarot está separada del resto del mazo. Todo está sutilmente relacionado y existen coherencias y correlaciones internas que hacen que para entender una carta debamos hacerlo a través del encuentro con otro arcano del mazo.

Esto nos lleva a afirmar con más fuerza que no habría que aprender el Tarot basándose en significados o ejercicios de memoria. Más bien es una herramienta reflexiva que se apoya en el nivel de las vinculaciones internas y externas que el mazo nos propone. Y, por supuesto, el vínculo más importante que nos invita a contemplar es con nosotros mismos.

EL TAROT ES UNA HERRAMIENTA REFLEXIVA, QUE INVOLUCRA LA IMAGINACIÓN, LA INDAGACIÓN PERSONAL, NO LA MEMORIA.

Incluso si pensamos en términos de una sesión de Tarot, la clave está en la manera en que se pone en juego la multiplicidad vincular: nuestro vínculo con el consultante, el vínculo del consultante consigo mismo, y el vínculo entre las cartas, pero también el vínculo entre los Arcanos Mayores y los Menores, el vínculo entre los temas o preguntas del consultante y los arcanos que aparecen como energía disponible, el vínculo entre el consciente y el inconsciente, etc. Todo en el Tarot es vincular. La vida y los ecosistemas también son vinculares. Tal vez el Tarot nos invita a reconocernos a través de los vínculos entre los fenómenos, como manera de salirnos de nuestros puntos de vista sesgados y abrirnos a la diferencia como una apertura hacia lo esencial.

Después de esas primeras nociones, comencé a jugar y experimentar con el mazo completo y empecé a integrar poco a poco los Arcanos Mayores con los Arcanos Menores. Al principio había algo que no me funcionaba. Con el tiempo empecé a entender un par de claves que no encontré en ningún libro, pero que fueron construyendo la columna vertebral de mi trabajo actual con el mazo, y que expondré en este libro como un mapa de nociones conceptuales y empíricas para vincularse con el mazo completo del Tarot.

A través de los encuentros con Marianne Costa en los que participé en 2011, aprendí que en el mazo de Tarot existen tres unidades internas y cada una de estas funciona de manera independiente y con su propia lógica. Entonces entendí que las Figuras de la Corte tenían una función particular; las cuarenta cartas numeradas, otra, y los Arcanos Mayores estaban en otro lugar del campo tarológico.

Lo que nadie me dijo, y fue fascinante descubrir, es que los Arcanos Menores había que vivirlos y reconocerlos en nuestro espacio humano personal para recién comenzar a comprenderlos y aplicarlos. Así como los Arcanos Mayores representan simbólicamente un espejo de nuestro inconsciente, los Arcanos Menores dan cuenta de un lente interno devenido motor íntimo, desde donde vemos y accionamos hacia y con el mundo. Y esos lugares que representan son siempre personales, no son colectivos como pueden ser los Arcanos Mayores. Por ende, son una herramienta preciosa y precisa para el autoconocimiento.

No es posible integrar y aprender los Arcanos Menores del Tarot desde un abordaje solamente intelectual.

Si en los libros siempre se los describe de forma acotada es porque son inabordables desde ese lugar, ellos nos están haciendo un pedido implícito: vivir la vida, tocar la vida, sentir la vida, disfrutarla, reflexionar y amarla, y solo así comenzar a desmembrarla, reconociendo nuestra naturaleza humana para evolucionar en conciencia.

Esa cercanía de los Arcanos Menores demostraría que nuestra vida cotidiana humana carece del valor que les atribuimos a los procesos complejos de la conciencia. Pero, paradójicamente, es en nuestro despliegue cotidiano donde los estadios de los Arcanos Mayores del Tarot dan cuenta de una sabiduría práctica. Los Arcanos Menores son el devenir de la noción de espiritualidad en espi-ritualidad porque, finalmente, lo que hacemos es más importante y decisivo de lo que creemos saber. Los Arcanos Menores dan cuenta de este anclaje de nuestra percepción y nuestras tomas de conciencia hacia la realidad, por eso son tan importantes.

SI LOS ARCANOS MAYORES SON UN ESPEJO DE NUESTRO INCONSCIENTE, LOS ARCANOS MENORES NOS PERMITEN MIRAR EL MUNDO EN TODOS SUS DETALLES.

Si me remonto a mis catorce años con el mazo de Tarot en mis manos, puedo ver que ese no era el momento para comprender los Arcanos Menores porque solo desde la vida adulta podemos empezar a entender nuestra naturaleza humana y aceptar la responsabilidad de elegir desde dónde nos ubicamos ante las situaciones de la vida. Esas situaciones son contextos y cada contexto, como un campo fenomenológico, nos pide situarnos y constelar desde un punto u otro.

Sin desestimar ningún mazo ni enfoque, agradezco no haber tomado el Tarot de Rider Waite Smith como la vía más fácil de comprensión de los Arcanos Menores. Creo profundamente que una imagen abstracta hoy nos invita a encontrar la autoría personal en el mapa de la vida.

El Tarot de Marsella, como el único mazo de Tarot que no posee autor, puede ser el lienzo en blanco para comprender los recorridos que surgen en nuestra vida cuando tenemos que enfrentar los desafíos de la impermanencia. Sin embargo, no quisiera excluir del recorrido de este libro a las personas que trabajan el Tarot con un mazo de Rider Waite Smith, pues también es parte de un proceso de búsqueda y no se trata de definir cuál es el Tarot real y cuál no, el Tarot es uno solo y posee muchísimas versiones. Comenzar desde Rider puede ser bueno para desandar los conceptos encriptados de libros del siglo XX que han quedado como verdades absolutas y que piden nuevas miradas, nuevos aires y desafíos. Un mazo de Tarot es arte y magia, sea el Tarot que sea.


PROPUESTA DE LECTURA

Puedes recorrer este libro de muchas maneras y puedes utilizarlo con distintos fines, ya sea para aprender los Arcanos Menores del Tarot, para aplicarlos y articularlos con tu conocimiento de los Arcanos Mayores, para nutrir tus lecturas y conocimiento sobre ellos. También lo puedes recorrer como una forma de autoconocimiento a través de estas energías, sin la pretensión de aprender Tarot per se.

No es una condición imprescindible que sepas de Tarot, simplemente tienes que estar dispuesto a transitar el proceso de reconocimiento de estos 56 estadios de la conciencia. Estos momentos nos aportan claridad para identificar los procesos que vivimos, tanto para el trabajo del autoconocimiento como para el acceso de nuestro trabajo con un consultante.

En las primeras páginas encontrarás un recorrido teórico y filosófico que ayudará a entender dónde nos ubicamos para leer el Tarot. Luego, vas a encontrar un paseo simbólico y conceptual de las 40 cartas ordenadas por elemento, de forma ascendente según su ciclo numerológico. Estas 40 cartas son las mismas que están presentes en la baraja inglesa (trébol, pica, corazón y diamante) o en la española (basto, oro, espada y copa). ¿Por qué menciono estos otros mazos? Porque no es necesario que tengan un Tarot de Marsella ni otro Tarot, puedes usar un mazo de naipe inglés o español para jugar y descubrirte a través de ellos.

Más adelante, encontrarás un capítulo dedicado a las figuras o personajes del Tarot, con una propuesta para jugar con esos arquetipos, a modo de integración. Y, por último, me referiré al quinto elemento, ese espacio de disponibilidad y entrega que hace posible la confluencia de los cuatro elementos.

Por último, hay otra manera de recorrer este libro, que es la que más me seduce en lo personal y es a través del juego oracular. ¿Qué quiere decir esto? Que para empezar a integrar estos arcanos numerados puedes tomar un mazo con estas 40 cartas y sacar una por día, tal vez intencionando algo en particular y luego leer el desarrollo simbólico conceptual de esta energía disponible. Al final de cada capítulo, encontrarás preguntas y palabras disparadoras que pueden ayudar a interpretar la carta que sacaste en relación con la intención que te propusiste y, tal vez, puedan servir para reflexionar o crear tu propia bitácora tarológica. También puedes compartirlo en grupos de reflexión colectiva, pues a través de la mirada de los otros se genera una toma de conciencia mayor, que habilita el diálogo que tanto nos nutre.

Parte I
La danza elemental

¿QUÉ SON LOS ARCANOS MENORES?

Los Arcanos Menores son una parte dentro de un mazo de Tarot. No cualquier mazo de cartas es un Tarot; de hecho, últimamente se pusieron de moda mazos de Tarot que no son propiamente un Tarot, sino más bien oráculos de autores de libre estructura. Lo interesante del Tarot es que siempre posee la misma estructura, como una partitura perfecta.

Un Tarot siempre será un cuerpo de 78 cartas compuesto por 22 Arcanos Mayores y 56 Arcanos Menores. Los Arcanos Mayores son los más conocidos, con sus arquetipos. Generalmente, son aquellos con los que aprendemos a vincularnos en una primera instancia. De las 56 cartas que componen los Arcanos Menores, 40 corresponden a los arcanos numerados y 16, a

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