Lo que he aprendido en la vida

Fragmento

Lo que he aprendido en la vida

Introducción

imgcaps

Contaré una historia que no es nueva pero, al menos para este libro, creo que vale la pena narrarla otra vez. Corría el año 1998 y estaba dando una entrevista en vivo para la televisión, promocionando la película Beloved. Todo iba bien, hasta que llegó el momento de la conclusión. Allí, el gran crítico de cine del Chicago Sun Times, Gene Siskel, me preguntó: —Ahora dime, ¿qué has aprendido en la vida?

Debo decir que ésta no era la primera vez que me encontraba en un dilema. A lo largo de los años he hecho y me han hecho un montón de preguntas. No es frecuente que no encuentre las palabras adecuadas, sin embargo Siskel se las arregló para pararme en seco.

—Hmmm, ¿acerca de la película? —tartamudeé, sabiendo muy bien que buscaba algo más, profundo y complejo, pero traté de esquivar el tema, hasta que se me ocurriera una respuesta más o menos coherente.

—No, —me dijo—. Sabes lo que quiero decir, acerca de ti, de tu vida, de cualquier cosa, de todo…

—Hmmm, he aprendido… hmmm… he aprendido, necesitaré tiempo para pensarlo un poco más, Gene.

Bueno, dieciséis años más tarde y tras pensarlo mucho, esta pregunta se ha vuelto el centro de mi vida. Al final del día, ¿qué he aprendido en la vida?

He sondeado esa pregunta en cada número de la revista O. De hecho, “Lo que he aprendido en la vida” es el título de mi columna mensual y créeme que todavía hay muchas veces en las que no encuentro una respuesta con facilidad. ¿Qué he aprendido en la vida? Que si otro editor me llama, me envía un correo electrónico o siquiera me envía señales de humo preguntándome dónde está la entrega de este mes, ¡me cambio el nombre y me mudo a Timbuktú!

Pero justo cuando estoy lista para izar la bandera blanca y gritar, “¡suficiente!, ¡me rindo!, ¡no sé nada!”, me encuentro paseando los perros, preparando una taza té de chai o remojándome en la bañera… Y entonces, de la nada, un instante de perfecta claridad me trae de vuelta a algo que mi cabeza, mi corazón y mis entrañas saben bien, sin la menor sombra de duda.

Debo admitir que me sentía un poco inquieta por volver a leer todas las columnas publicadas en los últimos catorce años. ¿Sería como ver mis viejas fotografías otra vez? ¿Aquellas en las que tengo cortes de cabello y ropa que de verdad deberían quedarse en el archivo de “en-esa-época-era-buena-idea”? Es decir, ¿qué haces si lo que sabías con certeza en aquellos días ahora se convierte en un qué estaba pensando?

Entonces, tomé una pluma roja, una copa de Sauvignon Blanc, respiré hondo, me senté y empecé a leer. Y, a medida que leía, volvían los recuerdos de lo que estaba haciendo y dónde estaba en mi vida cuando escribí esos artículos. De inmediato, recordé cómo me devanaba los sesos y buscaba dentro de mi alma. Me sentaba a escribir hasta tarde y me levantaba temprano. Todo para entender qué comprendía acerca de las cosas que importan en la vida, cosas como la alegría, la adaptación, la conexión, la gratitud, la posibilidad, el asombro, la claridad y el poder. Me siento feliz de poder informar que lo que descubrí durante aquellos catorce años de columnas es que cuando sabes algo, cuando en verdad sabes algo, tiende a resistir el paso del tiempo.

No me malinterpretes. Vives y, si estás abierto al mundo, aprendes. Así que, mientras el núcleo de mi pensamiento sigue siendo bastante sólido, terminé utilizando la pluma roja para tocar, retocar, explorar y ampliar algunas verdades viejas y otras enseñanzas aprendidas por el camino difícil. ¡Bienvenido a mi propio libro de las revelaciones!

Aquí leerás sobre todas las lecciones con las que he lidiado, que me han hecho llorar, de las que he huido, a las que he regresado, con las que he hecho las paces, de las que me he reído y de las que, al final, tengo la certeza de saber algo. Mi esperanza es que te empieces a preguntar lo mismo que Gene Siskel me cuestionó hace tantos años. Sé que descubrirás algo fantástico a lo largo del camino… porque te encontrarás a ti mismo.

Oprah Winfrey

Septiembre de 2014

Lo que he aprendido en la vida

Alegría

imgcaps

“Siéntate. Celebra tu vida”.

—Derek Walcott

Lo que he aprendido en la vida
elementocaps

La primera vez que Tina Turner apareció en mi programa, quería huir con ella, ser una de las coristas y bailar toda la noche en sus conciertos. Bueno, el sueño se hizo realidad una noche en Los Ángeles, cuando The Oprah Winfrey Show salió de gira con Tina. Después de ensayar un día completo para una sola canción, tuve mi oportunidad.

Fue la experiencia más estresante y vigorizante de mi vida: me temblaban las rodillas. Durante 5 minutos y 27 segundos tuve la oportunidad de sentir cómo se hace rock&roll en un escenario. Nunca había estado más fuera de mi propio elemento, fuera de mi cuerpo. Recuerdo que contaba los pasos en mi cabeza, intentando mantener el ritmo, esperando el gran inicio. Me sentía muy cohibida.

Entonces, de repente, caí en la cuenta: chica, esto va terminar muy pronto. Y si no me relajaba, me perdería de toda la diversión. De modo que eché la cabeza hacia atrás, me olvidé del paso, paso, giro, patada y solo bailé. ¡SÍÍÍÍÍÍÍÍ!

Varios meses después recibí un paquete de mi amiga y mentora, Maya Angelou, decía que enviaba el regalo que desearía que cualquier hija suya tuviera. Tras arrancar la envoltura del paquete, encontré un CD con una canción de Lee Ann Womack que, hasta la fecha, es difícil que la escuche sin derramar una lágrima. La canción, un testimonio de la vida de Maya, incluye este verso como estribillo: “Cuando puedes escoger entre sentarte o bailar, espero que elijas bailar”.

Lo que he aprendido en la vida es que todos los días traen la oportunidad de respirar, quitarse los zapatos, salirse de la fila y bailar: de vivir sin remordimientos y rebosante de toda la alegría, diversión y risa que puedas soportar. Puedes bailar de manera audaz sobre el escenario de la vida y vivir como tu espíritu te impulse, o puedes sentarte sin hacer ruido junto a la pared, retrocediendo hacia las sombras del miedo y de la falta de confianza en uno mismo.

En este preciso instante, la elección es tuya y es el único momento que tienes en realidad. Espero que no estés tan involucrado en cosas secundarias como para olvidar lo que de verdad te divierte, porque este momento está a punto de terminar. Deseo que mires hacia atrás y recuerdes que hoy fue el día en el que decidiste hacer que cada instante cuente, disfrutar cada hora como si no existiera otra más. Y cuando tengas que elegir entre sentarte o bailar, espero que bailes.

Lo que he aprendido en la vida
elementocap

Me tomo mis placeres con mucha seriedad. Trabajo duro y juego bien; creo en el yin y el yang de la vida. No se necesita mucho para hacerme feliz porque me satisfacen todas las cosas que hago. Por supuesto, algunas de estas satisfacciones están por encima de otras. Y como intento practicar lo que predico (vivir el momento), la mayor parte del tiempo estoy consciente de la cantidad de placer que recibo.

¿Cuántas veces me he reído tanto hablando por teléfono con mi mejor amiga, Gayle King, que me empieza a doler la cabeza? Algunas veces pienso, a media carcajada, “¿acaso esto no es un regalo, después de tantos años de llamadas nocturnas, contar con alguien que me dice la verdad y reírnos?”. Eso para mí es un placer cinco estrellas.

Estar consciente de crear experiencias de cuatro y cinco estrellas es como una bendición. Para mí, el simple hecho de despertarme “arropada en mi sano juicio”, ser capaz de colocar mis pies sobre el suelo, caminar hacia el baño y hacer lo necesario, es una experiencia de cinco estrellas. He escuchado muchas historias de personas que no gozan de la salud suficiente para poder hacer lo mismo.

Una taza de café cargado con el sustito perfecto de crema hecho con avellanas: cuatro estrellas. Salir a caminar por el bosque con los perros sin correa: cinco estrellas. Hacer ejercicio: una estrella… todavía. Sentarme debajo de mis robles y leer los periódicos del domingo: cuatro estrellas. Un libro excelente: cinco estrellas. Pasar el rato en la mesa de la cocina de Quincy Jones y hablar acerca de todo y de nada: cinco estrellas. Poder hacer cosas buenas por otras personas: más de cinco estrellas. El gozo proviene de saber que quien lo recibe comprende el espíritu del regalo. Todos los días, me esfuerzo por hacer algo bueno por alguien, no importa si conozco o no a esa persona.

Lo que he aprendido en la vida es que el placer es una energía correspondida: recibes lo que das. La manera en que ves tu vida como un todo, determina tu nivel base de placer.

Tu visión interna es más importante que una vista perfecta de 20/20. Es tu propio y dulce espíritu susurrándote consejos y bendiciones, durante toda la vida. Eso sí que es un placer.

Lo que he aprendido en la vida
elementocap

La vida está llena de tesoros deliciosos, si nos damos el momento para percibirlos. Yo los llamo los momentos “ahhh” y aprendí cómo crearlos para mí misma. Pongamos un ejemplo que viene al caso: mi taza de té chai masala de las 4 p.m. (muy condimentado, caliente, cubierto con espuma de leche de almendras; es refrescante y me da un empujoncito para el resto de la tarde). Lo que he aprendido en la vida es que momentos como ese son poderosos. Pueden ser tu oportunidad de recargarte, tu espacio para respirar, tu ocasión de reconectarte contigo mismo.

Lo que he aprendido en la vida
elementocap

Siempre me ha encantado la palabra delicioso. La manera en que se desliza en mi lengua me llena de placer. Y aún más encantadora que una comida deliciosa es una experiencia deliciosa, rica y con muchas capas, como un exquisito pastel de coco. Hace algunos cumpleaños, me sucedió algo así y me refiero tanto al pastel como a la experiencia. Fue uno de esos momentos que yo llamo un guiño de Dios: algo sale de la nada y todo se alinea a la perfección.

Estaba pasando el rato con un grupo de amigas en Maui. Acababa de regresar de la India y quería celebrar mi 58 cumpleaños con un retiro y spa en mi casa.

Tal y como hacen las amigas, aún a esta edad, nos sentamos alrededor de la mesa y hablamos hasta la medianoche. La madrugada anterior a mi cumpleaños, cinco de las ocho todavía seguíamos sentadas a la mesa a las 12:30 de la noche. Estábamos rendidas, después de una conversación de cinco horas, que había pasado de los hombres a la micro-dermoabrasión. Muchas risas, algunas lágrimas. La clase de charla que las mujeres tenemos cuando nos sentimos seguras.

En dos días tenía programada una entrevista con el famoso maestro espiritual Ram Dass y, por coincidencia, comencé a tararear un verso de una canción que invocaba su nombre.

De pronto, mi amiga María me preguntó:

—¿Qué estás tarareando?

—Oh —respondí—, es solo el verso de una canción que me gusta.

—La conozco —me contestó—, la escucho todas las noches.

—No puede ser —le dije—, es una canción poco famosa del álbum de Snatam Kaur.

—¡Sí! —aseguró María—. ¡Sí! ¡Sí! ¡Snatam Kaur! La escucho todas las noches, antes de irme a dormir. ¿Cómo conoces su música?

—Peggy —otra amiga que estaba con nosotros—, me regaló un CD hace dos años y desde entonces lo he escuchado. Lo pongo a diario antes de meditar.

En este punto, ambas gritamos y reímos:

—¡No puede ser!

—Incluso pensé en traerla a cantar para mi cumpleaños —comenté cuando pude darme un respiro—. Entonces me dije “Nah, es mucho lío”. De haber sabido que también te gustaba hubiera hecho el esfuerzo.

Más tarde, esa noche, acostada en la cama, pensé “¿No es increíble? Hubiera hecho el esfuerzo por una amiga, pero no por mí. En verdad necesito practicar lo que predico y valorarme un poco más”. Me fui a dormir deseando haber invitado a Snatam Kaur a cantar.

Al día siguiente, en mi cumpleaños, tuvimos una “bendición de la tierra” con un cacique hawaiano. Esa tarde, nos reunimos en el porche para tomar unos cócteles mirando la puesta de sol. Mi amiga Elizabeth se puso de pie y yo creí que iba a recitar un poema o a pronunciar un discurso. En cambio, dijo:

—Lo querías y ahora se te cumplirá—. Hizo sonar una campanita y de pronto comenzó la música.

Apenas se escuchaba un rumor, como si las bocinas no estuvieran funcionando. Pensé “¿qué está pasando?”. Y entonces apareció, caminando hacia mi porche delantero… Snatam Kaur, con su turbante blanco ¡y sus músicos! ¿Cómo ocurrió esto? Lloré y lloré y lloré. María estaba sentada a mi lado con lágrimas en sus ojos. Tomó mi mano y sólo asintió.

—Tú no lo hubieras hecho por ti misma, así que nosotras lo hicimos por ti.

Después de haberme ido a la cama la noche anterior, mis amigas hicieron llamadas para averiguar dónde estaba Snatam Kaur, investigaron si era posible que llegara a Maui en las siguientes 12 horas. Sólo Dios sabe cómo ella y sus músicos se encontraban en un pueblo a 30 minutos de distancia, preparándose para un concierto. Y se sentían “honrados” de venir a cantar.

Fue una de las sorpresas más maravillosas de mi vida. Una sorpresa con tantas capas de significados que aún hoy estoy intentando descifrar. Lo que he aprendido en la vida es que fue un momento que saborearé para siempre: el hecho de que haya ocurrido, la forma en que pasó, que haya sucedido en mi cumpleaños. ¡Todo… fue tan… delicioso!

Lo que he aprendido en la vida

No account? Create one here
Añadido a tu lista de deseos