Corrupcionario mexicano

Gustavo Rivera Loret de Mola

Fragmento

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Primera edición digital: septiembre, 2016

D. R. © 2016, Opciona la corrupción A.C.

Coordinadores: Alejandro Legorreta y Gustavo Rivera Loret de Mola

Diseño de portada e interiores: Pico ADWords S. A. de C. V.

D. R. © 2016, derechos de edición mundiales en lengua castellana:

Penguin Random House Grupo Editorial, S.A. de C.V.

Blvd. Miguel de Cervantes Saavedra núm. 301, 1er piso,

colonia Granada, delegación Miguel Hidalgo, C.P. 11520,

Ciudad de México

www.megustaleer.com.mxISBN: 978-607-314-835-1

D. R. © 2016, Diego Luna, por el prólogo

La corrupción de ellos, de nosotros y de todos

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© 2016, Opciona, A. C.

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Conocí a Alejandro hace poco y de inmediato hubo una empatía mutua. Comenzamos a platicar sobre México, el lugar donde vivimos y somos padres, y de lo mucho que quisiéramos transformarlo. Al poco rato empezó a contarme sobre el proyecto de Opciona y el Corrupcionario mexicano, y ambas ideas me parecieron oportunas y muy pertinentes.

Hace unas semanas me encomendó la tarea de escribir este prólogo y acepté gustoso. Ha resultado un ejercicio de autocrítica interesante. Es un trabajo muy bien logrado y que trae “jiribilla”. Me reconozco en este libro y no si me encanta la idea.

La primera vez que ojeé una maqueta de este trabajo me reí mucho y me encontré disfrutando con la ironía y el sarcasmo de las definiciones de términos y frases que llevo escuchando toda mi vida. Pero ahora que me acerco a este material otra vez, la resonancia y el eco que me deja me producen una frus-tración y una suerte de desaliento. Esto con-firma el exitoso resultado de este libro.

El humor y la sátira han sido siempre el mejor vehículo para la crítica y la reflexión, como aquellos aforismos dolorosos e ingeniosos que se encuentra uno siempre en el trabajo del maestro Monsiváis, o los cartones penetrantes y puntiagudos de Rocha y Helguera, que decían todo lo que no se podía poner en palabras sobre los lamentables años noventa en nuestro país. Qué decir de Trino y sus Fábulas de Policías y Ladrones. Siempre ha sido efectivo abordar a través de la sátira los temas penosos y bochornosos de nuestra historia. El teatro de carpa es otro buen ejemplo. Siempre la risa como ablandador de carne para que entre el cuchillo.

Hablar de corrupción no es cosa fácil. Es imposible no terminar alarmados y has-ta ofendidos cuando nos damos cuenta de cómo hemos asimilado este concepto; cómo lo hemos hecho parte de nosotros, al punto que cuando hablamos de México, la corrupción parece pieza fundamental para definirnos y entender cómo funcionan las cosas en nuestro país.

Buscando el significado de la palabra “corrupción” en el Diccionario de la Real Academia Española, encontré: “Corrup-ción: acción y efecto de corromper o co-rromperse [depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar]”. Siempre me he considerado “pervertible” pero no un pervertidor; un poco depra-vado, quizá, pero eso de hacer daño me preocupa. La palabra proviene del latín y se compone de la combinación de dos pa-labras: “romper” y “corazón”. Poniéndonos románticos, esto resulta muy grave. Reco-nocer que somos corruptos equivale a acep-tar que estamos rotos por dentro y que hay que enmendar nuestro corazón para poder relacionarnos otra vez con el prójimo.

Hace no mucho un amigo decía en una cena: “Ya basta de quejarnos de los políti-cos y de hablar de ellos como si pertene-cieran a otra especie. Hace falta hacer política para cambiarla desde adentro”. Me quedé pensando y creo que tiene toda la razón: hay que involucrarse y ejercer la “ciudadanía”, que a mi forma de entender

Prólogo

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también es hacer política y es pieza clave para que la cosa funcione.

Pero ¿cómo ejercerla si no estamos dis-puestos a medirnos con la misma vara que medimos a la clase política? Coincido con los que dicen que la corrupción es un problema sistémico, un problema deriva-do de las acciones y decisiones diarias de millones de mexicanos. Si bien el presidente Peña se equivocó al llamarlo un problema cultural —grave cosa, porque habría que acabar con nuestra cultura para erradicar el problema—, creo que es un asunto de educación y convivencia; la igno-rancia y la indiferencia se manifiestan una vez más como las enfermedades sociales más peligrosas que nos aquejan.

Hemos llegado incluso al punto de justifi-carnos (nosotros que no somos políticos), diciendo que nuestras acciones de corrup-ción son un acto de venganza y justicia en respuesta a las estructuras corruptas que hoy rigen en nuestro país. Cuántas veces no han escuchado o dicho ustedes mismos: “Yo

no pago impuestos, ¿para qué? ¿Para que se los roben?”. Hace falta actuar en nuestro día a día como nos gustaría ver a nuestros políticos trabajando, sólo así sentaremos un precedente y podremos exigir que nuestros representantes lo hagan también.

Leyendo el Corrupcionario entre risas agridulces, me encuentro pensando en esas dos palabras: “corazón” y “romper”. Es hora de empezar esa nueva relación entre nosotros utilizando las herramientas que tenemos para recuperar nuestro país, para reencontrarnos ya con el corazón en-mendado y para vivir en una sociedad más incluyente: Una sociedad donde podamos dejar de hablar de respeto y empecemos a hablar de convivencia, donde celebre-mos al prójimo y su existencia, donde la desigualdad y la impunidad no sean términos que utilicemos todos los días. Hoy debemos comenzar por lo que po-demos controlar, por lo que está a nuestro alcance (que es mucho). Nuestro ejemplo en casa es vital, así como la solidaridad que mostramos con nuestros compañeros

de trabajo, nuestra relación con el vecino y la vecina, cómo manejamos en el tráfico, cómo tratamos a la gente que nos brinda un servicio… En fin, me entiendes.

Las palabras y el lenguaje son un refle-jo social. Busquemos un reflejo que nos haga sentir más orgullosos. Alejandro y el equipo de Opciona dedicaron meses de trabajo e investigación para entregarnos este libro. Deja que las definiciones y las ilustraciones que encontrarás aquí te ha-gan reír y, sobre todo, reflexionar, para entonces empezar a actuar. Ojalá nues-tros hijos (aunque, siendo realista, serán nuestros nietos) abran el Corrupcionario para ver cómo hablaban sus abuelos en las épocas donde la corrupción se encontraba en todos lados. Ojalá ellos vean esto como parte de un pasado que ya no los represen-ta, un reflejo que ya no es el suyo.

¡Sírvete a disfrutar pues, del Corrupciona-rio mexicano!

Diego Luna

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Prólogo

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Querido lector, ¿alguna vez sentiste la impetuosa necesidad de co-locar en el buró un solemne y pesado diccionario para devorar antes de dor-mir páginas de vocablos acomodados alfabéticamente? Nosotros tampoco. De ahí que ahora te estés preguntando: ¿por qué, entonces, tengo en mis manos esta obra cuando podría estar hojeando 100 años de soledad o ya de perdida El Libro Vaquero? La razón es sencilla. A diferencia de las rebuscadas palabras de las enciclopedias que nadie dice nunca, las que hemos seleccionado para ti en este Corrupcionario mexicano son de un uso tan cotidiano que hasta ponen la piel chinita.

Hicimos un compendio de 300palabras asociadas a un fenómeno tan internalizado en nuestra sociedad como lo es la corrupción, para ponerles nombrey apellido a situaciones, personajes yacciones terribles que, maquillados porla cotidianidad, nos parecen normales.Llamarle pan al pan, vino al vino y corrupto

al corrupto es, a la vez, el primer paso para desnormalizar y borrar la resignación con la que permitimos la corrupción en lasaltas esferas de la política y la vida pública —“corrupción de ellos”—, pero también la que generamos, toleramos y fomentamos en nuestra vida diaria, de este lado de la barda —“corrupción de nosotros”—, y la que hacemos en conjunto —“corrupciónde todos”—. La corrupción —la de ellos, denosotros, de todos— no “la hacemos todos”ni es cultural; es un problema sistémico que se construye sobre la base de conduc-tas repetidas y cotidianas.

Obviamente, dada nuestra legendariatradición nacional de reinventar ellenguaje, el Corrupcionario mexicano no pretende agotar ni monopolizar (¡nique fuéramos Pemex!) todo el palabrerío relacionado con la corrupción en México.Habrá sin duda muchas expresiones o situaciones que no aparezcan aquí, por lo que te invitamos a colaborar con nuevas palabras en nuestro sitio web: <www.corrupcionario.mx>.

Antes de comenzar —perdonarás, lector, la burocracia—, es importante aclarartres asuntos.

Primero, las definiciones del Corrupcio-nario mexicano no son una larga lista de ocurrencias surgidas durante horas bebiendo con amigos, sino el productofino, bien pensado y acabado de unainvestigación que incluyó 16 grupos deenfoque, un análisis de gabinete, unainvestigación etnográfica y una encues-ta representativa a escala nacional querealizamos con el objetivo de entender bien a bien la manera en que los mexi-canos vivimos, entendemos y hablamos de corrupción cotidianamente (véase laficha metodológica).

Segundo, el Corrupcionario mexicano no es un intento de reinterpretar concep-tos, sino de definirlos en el contexto de la corrupción en México. Por tanto,hallarás términos que en principioson neutros (por ejemplo, burócrata yespacio público) o positivos (democracia

Introducción

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electoral y desarrollo social), así como otros que contienen derechos de todoslos mexicanos (aguinaldo y presunciónde inocencia). Nuestro objetivo es des-cribir y evidenciar su relación conla corrupción en México, no sugerir que son ejemplos o referencias de corrupción en este país.

Tercero, el Corrupcionario mexicano no está exento de errores y omisiones ni pretende ser la verdad absoluta. Sin embargo, lo que es un hecho incontro-vertible es que depende de nosotros, los ciudadanos, exigirle al gobierno que combata la corrupción en sus entrañas, al tiempo que cumplimos con nuestras obligaciones, trabajamos para fortalecera las instituciones y fomentamos lahonestidad en círculos inmediatos, como la familia, la escuela y el trabajo.

Así que pásele a lo barrido, a este bestiariode objetos, rituales y predicamentostratados con un enfoque informal,desenfadado y —esperamos— divertido,

Introducción

como todas aquellas cosas que nosmatan de risa porque son tremenda-mente ciertas en esta inagotable fuente de surrealismo que es nuestro querido México. Recordando que una sociedad informada, organizada y participativaes la base de la democracia y el motorde la libertad.

Alejandro Legorreta


Presidente de Opciona


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La corrupción de Ellos

Capítulo 1:

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