Un conocido proverbio de Confucio afirma: “Lo único permanente es el cambio”. La causa de esta incesante transformación es que todo cuanto existe en el universo tiene una conciencia que está inmersa en un proceso de ampliación, el cual no transcurre en forma lineal, sino en ciclos que incluyen etapas de avance y de retroceso, pero que van conformando una espiral ascendente que marca la evolución de la conciencia, lo mismo de las partículas del átomo que de las grandes galaxias o de la especie humana.
Pretender un análisis de los diferentes ciclos que atañen al proceso de la evolución de la conciencia de la humanidad rebasa los propósitos de la presente obra, por lo que nos concretaremos a mencionar tan sólo algunas consideraciones de carácter general, lo que nos permitirá comprender cuáles eran los antecedentes que habían llevado a la situación prevaleciente en el mundo y en México en 1967.
Los ritmos de los ciclos a través de los cuales la humanidad ha venido transformando su conciencia son básicamente tres. El primero es el ritmo del ciclo de las Edades de Predominio de la Inteligencia racional, del Predominio de la Intuición emotiva y del Equilibrio entre la razón y la intuición. El segundo es el ritmo de las cuatro etapas relativas al surgimiento, crecimiento, decadencia y muerte de cualquier cultura. El tercero es el ritmo en que se suceden las Eras Astrológicas.
Atendiendo a diversos testimonios contenidos en los textos de historia sagrada de algunas religiones, así como en el Diálogo sobre la Atlántida de Platón, existió una época muy remota en que los seres humanos alcanzaron profundos conocimientos que ahora calificaríamos de científicos, señal evidente del predominio de la Inteligencia racional para la obtención de dichos conocimientos. Al parecer el final de esta edad histórica sobrevino —hará unos doce mil años— como consecuencia de una catástrofe ocasionada por el mal uso de las poderosas energías que se habían logrado desarrollar.
Tras de un largo periodo de retroceso en el transcurso del desarrollo de la conciencia de la humanidad, se reinició el avance, utilizando ahora la Intuición emotiva como el principal instrumento para la obtención de conocimientos. Egipto, el Cercano y el Medio Oriente, México, la Región Andina, China y la India fueron los chakras del planeta donde surgieron y florecieron durante varios milenios elevadas culturas.
Para completar este triple ciclo, antes de que las culturas sustentadas en el desarrollo de la Intuición emotiva iniciaran su decadencia, surgió en Grecia una cultura basada en el Equilibrio de la razón y la intuición. Igual camino siguieron las otras tres culturas que la precedieron: Bizantina, Árabe, y Occidental.
El segundo ritmo, que es necesario tomar en cuenta para comprender los actuales acontecimientos, es el relativo a las cuatro etapas por las que atraviesa cualquier cultura. En varias tradiciones sagradas se utilizan los términos de Oro, Plata, Bronce y Hierro para designar a dichas etapas. Otros autores prefieren utilizar las denominaciones de Sagrada, Heroica, Humana y de Rebaño.
Etapa Sagrada es aquella en la que la mayor parte de los integrantes de una cultura tienen como principal misión en la vida elevar su espiritualidad, para lo cual no sólo participan en frecuentes y solemnes rituales, sino que tratan de sacralizar todas sus actividades cotidianas como sembrar, preparar e ingerir alimentos o construir una casa. Los personajes más representativos de esta etapa son los altos iniciados, santos o como quiera que se designe a los seres humanos que han logrado ya una ampliación de conciencia que les permite trascender el plano material y actuar permanentemente en una dimensión sagrada, pudiendo así realizar actos que son calificados de milagrosos, como curar a los enfermos con la simple imposición de sus manos, calmar la furia de una tempestad con unas cuantas palabras o poder dialogar con los seres que moran en los planos invisibles.
Etapa Heroica es aquella en que la mayor parte de los integrantes de una cultura tienen como principal misión establecer un orden, tanto personal como colectivo, que esté armonizado y acorde con el orden cósmico. Los personajes más representativos de esta etapa son los héroes, guerreros sagrados, o como quiera que se designe a los seres humanos que, tras de alcanzar el dominio de sí mismos mediante una gran disciplina, actúan para que las sociedades funcionen ajustadas al orden cósmico y para lograr esto utilizan diversos medios como marchas rituales, danzas y música sagrada. En ciertas ocasiones se ven obligados a tener que combatir, lo que hace que los encuentros en los que participan y en los cuales pueden perder la vida se conviertan en combates rituales, cuyas consecuencias son muy diferentes a las resultantes de un convencional conflicto armado.
Etapa Humana es aquella en la que la mayor parte de los integrantes de una cultura intentan llevar una existencia basada en una elevada escala de valores, pero sólo lo consiguen en cierta medida, pues quienes están a cargo de implementar su aplicación no saben ya cómo lograr la correcta armonización entre la acción humana y la divina. Los personajes más representativos de esta etapa son los filósofos, los intelectuales y en general los directivos de las principales actividades profesionales: sacerdotes, militares, abogados, doctores, ingenieros, arquitectos, etcétera. En esta etapa es muy común la práctica de sacrificios humanos, entendiendo por éstos no sólo los efectuados por los aztecas, sino los realizados en todos los continentes por aquellos que consideran que es la voluntad de Dios exterminar a cuantos no profesan su misma percepción de lo sagrado. Son también sacrificios humanos los que realizan quienes por implantar una ideología política, que a su juicio traerá grandes beneficios, justifican dar muerte a cuantos no tengan su misma ideología. En esta etapa se da todavía muy buena producción de obras de arte.
Etapa de Rebaño es aquella donde la mayor parte de los integrantes de una cultura carecen de una escala de valores que norme su conducta y actúan teniendo como únicos móviles la satisfacción de sus instintos más elementales, la adquisición de bienes materiales y la posesión de un poder político o económico que les permita dominar y explotar a los demás. Los personajes más representativos de esta etapa son los principales dirigentes políticos, los grandes empresarios y los más destacados delincuentes. Las sociedades se degradan, corrompen y masifican, proliferando toda clase de vicios. El número de santos, héroes y filósofos se vuelve casi inexistente. Las obras artísticas son de pésima calidad. Los gobiernos fluctúan entre la tiranía y la anarquía. Se genera una destrucción del medio ambiente que adquiere proporciones de suicidio colectivo. Inesperadamente empiezan a surgir personas dotadas de una elevada espiritualidad, que laboran incansablemente por formar grupos y organizar movimientos que reviertan por completo la situación prevaleciente, mediante un retorno a lo sagrado que dé inicio a una nueva edad histórica.
Finalmente, en lo que se refiere a los ritmos de los principales ciclos que hay que tomar en cuenta para comprender el proceso de ampliación de la conciencia de la humanidad está el relativo a las influencias que provenientes del cosmos predominan en nuestro planeta. Atendiendo a la astrología europea (heredera de los conocimientos que sobre esta materia desarrollaron los caldeos, los persas y los árabes) dichas influencias pueden clasificarse básicamente en doce, o sea, las provenientes de las doce constelaciones que predominan alternativamente en nuestro planeta, tanto año con año, como en un ciclo mucho más prolongado que comprende periodos de dos mil años, a los cuales se les da el nombre de Eras.
La anterior fue la de Piscis, que concluyó el 21 de marzo de 1948, fecha en que inició la Era de Acuario. El signo de Piscis pertenece al elemento agua y sus regentes son Júpiter y Neptuno, lo cual favorece la emotividad, la intuición y la inspiración. Es en estas influencias donde podemos encontrar la causa de que prevaleciese en esa Era una religiosidad basada en la fe, así como que se diese frecuentemente un divorcio entre la ciencia y la religión. Quienes supieron aprovechar las tendencias positivas alcanzaron elevadas metas en el arte y el misticismo. Los que se sintonizaron con los aspectos negativos adoptaron conductas fanáticas y sectarias, lo mismo en la religión que en la política. El signo de Acuario pertenece al elemento aire y sus regentes son Saturno y Urano, todo lo cual favorece el desarrollo de la inteligencia lógica y racional, así como la inventiva en la ciencia y los afanes libertarios.
¿Cuál era la situación prevaleciente en 1967 en lo relativo a los tres mencionados ciclos?
Como ha quedado dicho, desde finales del siglo XIX la humanidad estaba en los umbrales del inicio de una edad histórica de Predominio de la Inteligencia racional, lo que propiciaría un acelerado avance en materia de ciencia y tecnología. En lo concerniente al ciclo de las cuatro etapas por las que atraviesan las culturas, desde el siglo XVI todas las culturas existentes en el mundo estaban en etapas humanas que en el siglo XX derivaron en etapas de Rebaño, con la consiguiente masificación de las sociedades, pérdida de valores espirituales, predominio del materialismo y suicida destrucción del medio ambiente. A su vez el final de la Era de Piscis y el inicio de la Era de Acuario el 21 de marzo de 1948 produjo un desplazamiento del principal centro de percepción de energías cósmicas del planeta, que en la Era de Piscis lo habían sido las más altas montañas del centro de Asia y en la Era de Acuario serían las más altas montañas del continente americano.
Desde luego, este desplazamiento —consecuencia del cambio de eras astrológicas— es resultado de un proceso cósmico del todo ajeno a la intervención humana, pero tal y como ocurre con el cambio que se opera en la naturaleza con la llegada de la primavera, como cuando si se quiere producir una cosecha es necesario preparar y sembrar la tierra, en igual forma, para poder aprovechar en el proceso de ampliación de conciencia las energías cósmicas de su nuevo centro de concentración, se requería iniciar primero un cambio en el nivel de conciencia de las altas montañas de América.
Alcanzar lo más pronto posible esta adecuación en la conciencia de las montañas constituía una urgente necesidad, pues estaba en juego la sobrevivencia misma de la especie humana. Si el avance científico no se realizaba simultáneamente con una elevación de la espiritualidad humana, se producía el riesgo de que el mal uso de las poderosas energías que este avance estaba logrando (como la energía atómica) ocasionase una catástrofe semejante o incluso mayor a la desaparición de la Atlántida. La denominada crisis de los misiles de octubre de 1962 había estado a punto de iniciar una guerra nuclear entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, lo que habría generado una hecatombe de dimensiones planetarias. La rivalidad entre ambas potencias continuaba en 1967, por lo que el peligro de una contienda atómica seguía siendo una amenaza. La inconciencia del rebaño mundial en que estaba convertida la humanidad generaba la destrucción de los ecosistemas y la contaminación de la tierra, el agua y el aire. Ciega y alegremente los seres humanos habían tomado un camino que sólo podía conducir a una catástrofe universal. Al finalizar el año de 1967 no se avizoraba señal alguna, en ninguna parte del planeta, que pudiese evitar el nefasto porvenir que aguardaba a la especie humana.
Tomando en cuenta que a partir de los sucesos que tuvieron lugar en México en 1968 la importancia de esta nación en el acontecer mundial ha cobrado una especial relevancia, resulta conveniente mencionar en forma muy sucinta algunas de las particularidades distintivas del ser y de la historia de esta nación.
La primera y ya mencionada es que México forma parte de uno de los siete chakras del organismo del planeta, chakras en donde han surgido las culturas cuyo desarrollo ha permitido el gradual proceso de la ampliación de la conciencia de la humanidad.
Aun cuando el cataclismo que puso término a la anterior edad histórica de Predominio de Inteligencia racional borró casi todo vestigio de lo realizado en esa época, existen por lo menos dos testimonios que permiten concluir que México participó activamente en el avanzado desarrollo científico alcanzado en esa edad. Uno de ellos se encuentra en el Valle de Tepoztlán, cuyas talladas montañas revelan a través de combinaciones de luces y de sombras que sólo pueden ser captadas en determinadas fechas, mensajes que ponen de manifiesto un profundo conocimiento de índole astronómica y matemática. Igual ocurre con las pirámides de Teotihuacan que, así como las de Egipto, son mucho más antiguas de lo que suponen los arqueólogos y cumplen otras funciones de las que éstos les atribuyen, pues por muy increíble que pueda parecer son máquinas para el manejo de energías cósmicas.
En la edad histórica de Predominio de la Intuición emotiva en el chakra de México surgieron y florecieron cuatro elevadas culturas:
La cultura Olmeca, cuya característica distintiva está contenida en la palabra clave “callar”. Significa que un grupo de altos iniciados realizó la proeza de nulificar su ego y alcanzar un silencio interno, lo que les permitió percibir la voz de lo sagrado indicándoles lo que debían hacer: La creación de una cultura madre, que constituiría un modelo arquetípico para las culturas que habrían de sucederle. Al iniciarse el siglo XVI la cultura Olmeca tenía ya más de un milenio de haberse extinguido, subsistían tan sólo unos cuantos Guardianes encargados de preservar la valiosa herencia que constituían los conocimientos alcanzados por esta cultura.
La cultura Maya, cuya característica distintiva está contenida en la palabra clave “saber” y cuyos integrantes alcanzaron conocimientos matemáticos y astronómicos, superiores a los de cualquier otra cultura que haya existido, a grado tal que sus centros ceremoniales constituían reproducciones a escala de algunas constelaciones, lo que les permitía poder sintonizarlos con las energías cósmicas provenientes de dichas constelaciones. Profundos conocedores de cuanto se refiere a la ciencia de los ciclos, los mayas pudieron predecir que su cultura, tras llegar a la cúspide de su esplendor, iniciaría su inevitable decadencia. Optaron por no transitar por ésta y abandonaron sus centros ceremoniales y sus escuelas de altos estudios, quedando tan sólo algunos escasos Guardianes a cargo de preservar la memoria de lo esencial de sus asombrosos conocimientos.
La cultura Zapoteca, cuya característica distintiva es la palabra clave “amar”, propició que el amor fuera el eje central de todas las actividades de sus integrantes. Se trata desde luego de un amor muy elevado que inicia por un amor a lo Divino, para luego abarcar cuanto existe, desde las estrellas hasta los animales y las plantas. En lo tocante a la práctica del amor a sus semejantes, los zapotecas no se limitaron a manifestarlo a través de poesías, danzas y canciones, sino que realizaron la proeza de edificar Monte Albán, una gigantesca máquina de curación de la psique, que es donde se encuentra la verdadera causa de múltiples enfermedades físicas. Aun cuando al declinar esta cultura sus integrantes no fueron ya capaces de mantener funcionando tan sofisticada maquinaria, hasta la fecha sus Guardianes continúan teniendo profundos conocimientos en materia de herbolaria y de distintas técnicas curativas.
La cultura Náhuatl, cuya característica distintiva es la palabra clave “osar”. Erróneamente los historiadores oficiales han clasificado como tres culturas diferentes a lo que fueron tres etapas de una misma cultura. Las denominadas culturas teotihuacana, tolteca y azteca, son en realidad las Etapas Sagrada, Heroica y Humana de la cultura Náhuatl.
Durante la etapa sagrada de la cultura náhuatl, que tuvo como centro a Teotihuacan, sus integrantes lograron reconstruir y que volviera a funcionar gran parte de la maquinaria del manejo de energías cósmicas construida milenios atrás y que llevaba mucho tiempo de estar en el más completo abandono.
La Etapa Heroica de la cultura Náhuatl tuvo como centro la ciudad de Tula. El personaje más destacado de esta etapa fue Ce-Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, el último emperador tolteca, quien tuvo que abandonar su reino ante el acoso de las invasiones de tribus chichimecas provenientes del norte. Su exilio en la zona maya propició un renacimiento cultural en dicha zona. Profetizó su retorno. Todos los pueblos del área náhuatl consideraron que este personaje había sido el último gobernante que poseía por sí mismo una legítima autoridad y que, por tanto, quienes después de él gobernasen lo harían en su representación, pero que tendrían que renunciar a sus cargos cua
