Ovnis sobre Chile

Marcelo Moya Sanhueza
Rodrigo Fuenzalida Herrera
Rodrigo Bravo Garrido

Fragmento

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Un ovni, tal como su nombre lo indica o, mejor dicho, como resume su acrónimo, es un «objeto volador no identificado», o sea, algo que aparece en el cielo y cuyo observador no logra establecer qué es. Esta definición es del famoso Proyecto Libro Azul, creado por el capitán de la Armada de Estados Unidos Edward Ruppelt, y que surge el año 1952.1

Esta fue la denominación que se encontró para un fenómeno que se popularizó en Estados Unidos a fines de la década del cuarenta y que la prensa, el cine y la cultura popular hicieron crecer cada vez más. Hoy se le llama, de manera más correcta, Fenómenos Anómalos no Identificados (UAP, por sus siglas en inglés), y para que se verifiquen debe haber una observación que, una vez reportada, se convierta en información que sea analizada y se transforme en el objeto de la investigación de la ufología.

Esta rama es un estudio informal, pseudocientífico y autodidacta que ha intentado explicar el origen causal, o más bien el inicio del fenómeno originario y que, hasta ahora, además, no ha podido ser determinado, estableciendo como explicaciones teorías o hipótesis que no han sido demostradas. En este estudio participa un importante número de personas, e incluye desde el testigo denunciante, el o los investigadores (los ufólogos) y quienes se encargan luego de difundir esta información, que pueden ser tanto los medios de comunicación, que considera el mundo editorial y las redes sociales, así como los llamados «divulgadores del misterio».

Ante la pregunta de por qué no hay explicación a los casos de ovnis, hablamos de apenas un tres por ciento que los organismos oficiales de investigación promedian como la cifra que no posee un esclarecimiento convencional. Además, la respuesta para esa interrogante es muy compleja y, en consecuencia, el punto en donde se debe separar la temática abordada en dos grandes líneas: los fenómenos observados, denunciados y comprobados, por una parte, y las posibles explicaciones que se les otorgan.

La primera vertiente, y que comenzó con la propuesta de Richard Haines en 1999, es un estudio de las manifestaciones registradas y sin explicación, sobre las que debe realizarse un trabajo mancomunado, interdisciplinario, objetivo y sin ningún tipo de interpretación de los hechos por parte de quienes analizan la documentación. Para ello, se requiere una restrictiva base de datos —limitada a reportes que tengan información mínima para iniciar un examen en profundidad—, donde los casos sean estandarizados gracias a los antecedentes que se obtengan, sumado a una flexibilidad en el proceso de investigación para llegar, o al menos intentar hacerlo, a los aspectos más profundos del acontecimiento indagado.

Luego están aquellas corrientes ya establecidas en la ufología y que aluden a alguna explicación, sin tener cómo demostrar las conjeturas planteadas. Esta dinámica de ensayo-error nace al mismo tiempo que la «era moderna de los ovnis», en 1947. Aquí es necesario insistir en que las manifestaciones anómalas están presentes desde los albores de la humanidad y en ellas se sustenta parte importante de las tradiciones del hombre, ya que estas anomalías, tengan explicaciones o no, han sido el germen de los fenómenos de la cultura más refractarios de nuestra sociedad, a saber, el mito y la religión primitiva.2 Por ende, la revisión de los orígenes del pensamiento mágico, mítico y, en especial del pensamiento esotérico, nos acerca a la historiografía de este fenómeno, con el cual se han intentado esclarecer los misterios del universo, al menos los que nuestros sentidos y el intelecto nos permiten distinguir.

La ufología utilizó herramientas provenientes de todas las áreas del conocimiento con tal de comprender el porqué de los ovnis. Al persistir las interrogantes, comenzaron a desarrollarse propuestas teóricas, llamadas hipótesis, entre las cuales hoy son tres las que predominan y se encuentran en casi toda la literatura sobre el tema:

  • HIPÓTESIS EXTRATERRESTRE. Sostiene que los ovnis son naves de alta tecnología provenientes desde cualquier parte del universo y tripuladas por seres inteligentes.
  • HIPÓTESIS PARAUFOLÓGICA. Los ovnis y todo lo que provenga del tema obedecen a realidades inaccesibles para la razón y percepción humana.
  • HIPÓTESIS PSICOSOCIAL. Los ovnis y sus derivados son malinterpretaciones de estímulos externos o internos humanosy corresponden a una construcción psicosociológica que se arrastra en la mente y las experiencias individuales. Son la consecuencia/derivación de experiencias colectivas.

Ajeno a estas tres corrientes, el verdadero interés popular por mirar más allá de las estrellas se originó en paralelo con la llamada «carrera espacial», iniciada por la extinta Unión Soviética el 4 de octubre de 1957, cuando fue lanzado el Sputnik 1, marcando con ello un masivo interés por otro tema que por esos años también estaba en evolución: los ovnis.

Es necesario tener presente que esta materia posee una esfera indescifrable que se impone a los conocimientos convencionales de las llamadas ciencias (duras o blandas), y que dicha dicotomía ha permitido la asociación con otras áreas que, para los apegados al positivismo, son solo sabidurías y folclore; mientras que para un grupo no menor se trata de tópicos que incursionan en los planos más profundos del ser humano, supeditados hasta nuestros días al llamado ocultismo, o hermetismo (entre otros), los cuales, de forma reduccionista y apasionada, por darle una descripción fácil a este irresponsable accidente teórico, fueron aglutinados en el movimiento New Age a inicios del siglo XX. Este sincretismo fue el que comenzó con los llamados contactados y la emulación de antiguas líneas de pensamiento esotérico que tuvieron un nuevo auge un siglo antes de la «era moderna de los ovnis» y su estudio.

El impulso que promovió la interpretación de estos fenómenos hacia el llamado esoterismo lo provocó Carl Gustav Jung, quien definió los ovnis como un rumor visionario. Y no contento con ello, agregó que se trataba de fenómenos físicos que debían tener una causa psíquica. En realidad, esa indicación, en vez de aportar en su esclarecimiento, lo complicó más, estimulando a otros pensadores de la temática ufológica y creando así la paraufología.

FENÓMENOS ANÓMALOS

Dos reportajes del New York Times, uno de 2017 y otro de 2019, dejaron al descubierto una organización secreta que operó en el Pentágono entre 2005 y 2012. Se trata de AATIP (Advanced Aviation Treat Identification Program o Programa de Identificación Avanzada de Amenazas Aéreas), lo que obligó a que los miembros del Congreso de Estados Unidos solicitaran un documento oficial a las autoridades militares de ese país, informe que se publicó el 25 de junio de 2021.

El año 2022 fue de ajustes, con una serie de disposiciones que incluyeron la creación de la AARO (All-domain Anomaly Resolution Office u Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios), la que designó a los UAP como fenómenos anómalos transmedia, es decir, objetos que son observados y/o registrados en transición entre el espacio y la atmósfera, o entre la atmósfera y masas de agua, y que no son identificables de inmediato.

La AARO tiene como misión evaluar los vínculos entre fenómenos anómalos no identificados y gobiernos extranjeros adversarios o actores no estatales. Está claro que el interés por estudiar las anomalías aéreas tiene que ver con la posibilidad de que se trate de tecnología foránea a Estados Unidos. En un punto del informe se destaca la elaboración de un plan para desarrollar y probar, dentro de lo posible, teorías que expliquen las características y el desempeño de fenómenos anómalos no identificados que excedan lo conocido en ciencia o tecnología, incluso en las áreas de propulsión, control aerodinámico, estructuras, materiales, armas, electrónica y generación de energía, entre otras. El objetivo es proporcionar la base para posibles inversiones futuras, y de esa forma replicar o comprender mejor dichas características y rendimiento avanzado.

Llama bastante la atención la indiferencia por parte de la comunidad ufológica en general frente a estos informes y a sus reales implicancias, lo que se hizo mucho más notorio con los incidentes aéreos dados a conocer a principios de 2023.

Ya con esa información UAP extendida en toda la opinión pública, la primera semana de febrero de 2023, los fenómenos aéreos anómalos se tomaron la agenda noticiosa con cinco eventos que dieron la vuelta al mundo. Estos todavía se mantienen dentro del misterio, a pesar de que el tema ya no es un «secreto» como lo era antes del informe de junio de 2021.

El 4 de febrero del 2023 fue derribado el primer UAP, identificado como un globo espía chino. Dicho aparato, una vez reconocido, fue abatido por un misil lanzado desde un avión F-22 Raptor.

Asimismo, el viernes 10 de febrero fue abatido, sobre los cielos del estado de Alaska, un segundo UAP a gran altitud, declarado un objeto cilíndrico del tamaño de un auto. Al día siguiente, sábado 11, fue derribado un tercero por aviones norteamericanos, pero en el espacio aéreo de Canadá, sobre el estado de Yukón, a petición de las propias autoridades de ese país. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, publicó en su cuenta de Twitter la confirmación del derribo, el diálogo sobre el tema con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el agradecimiento al Norad (North American Aerospace Defense) por proteger los cielos norteamericanos. También agregó en un segundo mensaje, que las fuerzas canadienses recuperarían y analizarían los restos del objeto derribado, aspecto del cual no se tuvo más información.

El domingo 12 de febrero fue destruido un cuarto UAP, esta vez sobre el lago Hurón en Estados Unidos, en el estado de Michigan y muy próximo a la frontera con Canadá. De este último evento, tanto como el de Alaska y del estado canadiense de Yukón, no se tienen mayores detalles, informaciones o imágenes que respalden los derribos, así como la recuperación de los restos de las supuestas aeronaves anómalas. En este sentido, si las propias autoridades reconocen de manera pública los incidentes, declaran la veracidad de los hechos y se activan los protocolos de defensa antiaérea, basados en todos los informes UAP emitidos desde el 25 de junio de 2021, hay evidencia suficiente para teorizar que superpotencias como Estados Unidos, por ejemplo, han utilizado el tema de los no identificados como una cortina de humo.

UN NUEVO PARADIGMA

En los primeros días del mes de enero de 2023, fue publicado el Informe Anual 2022 sobre Fenómenos Aéreos No Identificados por parte de la Oficina del director nacional de inteligencia de Estados Unidos.

Este compendio de doce páginas reveló interesantes antecedentes que sorprenden por la manera explícita en que se comunican. Indica que fueron recibidos un total de doscientos cuarenta y siete casos desde el 5 de marzo de 2021, de los cuales ciento setenta y uno corresponden a fenómenos no explicados. Algunos de ellos demostraron características de vuelo o capacidades inusuales, por lo que requerirían un análisis más detallado. Por otra parte, también señala que algunos fenómenos UAP plantean un peligro de colisión y seguridad para las aeronaves convencionales en vuelo, debido a que operan fuera de los estándares e instrucciones del control de tránsito aéreo.

Otro factor excepcional es el planteamiento de los esfuerzos concentrados con tal de mitigar los eventuales efectos de estos fenómenos, reconociendo, además, los riesgos potenciales que se plantean, tanto como un peligro para la seguridad del vuelo como también una posible actividad militar o tecnológica adversaria. Estos informes anuales culminan el 31 de octubre de 2026, por lo que será relevante ir despejando dudas o complementando toda la información sobre los UAP hasta esa fecha, lo que amerita un análisis ufológico mucho más profundo en todos los sentidos o áreas del conocimiento.

Como antesala al informe, y para ir entendiendo el contexto, el 6 de diciembre de 2022 fue publicada la Ley Defensa Nacional para el año fiscal 2023 en Estados Unidos, en donde se entregaron las disposiciones a la AARO, es decir, se otorgaron las misiones, visión y funciones a la oficina que realizará los estudios de todos los reportes de fenómenos anómalos, a los que en este documento de diciembre también se les agrega la condición de «transmedia».

En otros términos, se crea, financia y otorga las facultades al organismo encargado del análisis de todas las manifestaciones no identificadas que sean detectadas y/o denunciadas, en los diferentes escenarios de la defensa: tierra, aire y mar, añadiendo el espectro electromagnético (solo detectables con sistemas electrónicos). Esto significa que hoy existe una total transparencia respecto del estudios de los fenómenos no identificados. Tanto así que la AARO posee hasta una cuenta en la plataforma X (@DoD_AARO).

Dentro de los asuntos de inteligencia, queda dispuesta la conformación de un grupo de estudios de fenómenos aeroespaciales-submarinos no identificados, con la intención de analizar en conjunto este tipo de manifestaciones, incluyendo los que se encuentren en el mar (también llamados osnis, «objetos submarinos no identificados»).

El texto de la ley indica:

La identificación, la clasificación y el estudio científico de los fenómenos aeroespaciales y submarinos no identificados es un problema intrínsecamente desafiante entre agencias, que requiere un enfoque integrado, o en conjunto, de la comunidad de inteligencia y el Departamento de Defensa. La nueva oficina seguirá siendo dirigida por el Departamento de Defensa, con un director adjunto nombrado por la comunidad de inteligencia. La definición formal del Departamento de Defensa y la comunidad de inteligencia de los términos utilizados por la oficina se actualizará para incluir espacio y áreas submarinas, y el alcance de esta oficina incluirá esos dominios adicionales con énfasis en abordar tecnologías sorpresa y desconocidas. Los objetos temporales no atribuidos, o aquellos que se identifiquen positivamente como hechos (fabricados) por el hombre, después del análisis, pasarán a las oficinas correspondientes y no deben considerarse bajo la definición de fenómenos aeroespaciales-submarinos no identificados.

Llama la atención que se permita un estudio para los fenómenos que no puedan clasificarse como artefactos o fenómenos fabricados por el hombre. Es decir, parte de los UAP son asumidos, a priori, con la posibilidad de que «podrían» tener una manufactura no humana, considerando además algunos fenómenos que provengan del mar u osnis.

AGENDA SECRETA

Desde 1947, Estados Unidos realizó parte del disfraz mediático —y todavía lo hace— de las pruebas de sus sistemas de armas, ya que muchos de los prototipos de aeronaves de combate, o aviones espías, necesitaban ser probados antes de concretar su manejo y uso en los campos de batalla o territorios hostiles.

Así queda de manifiesto en el libro Ovnis: la agenda secreta, del pe

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