Ever After High. El cuento de Hunter Huntsman

Shannon Hale

Fragmento

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HUNTER HUNTSMAN COMENZABA SU SEGUNDO año de internado en Ever After High al día siguiente, así que se disponía a hacer las maletas.

Abrió un cajón de su armario y vació su contenido en una bolsa.

—Ya —dijo heroicamente—. Maletas hechas.

Terminada aquella tarea, agarró su hacha y fue a desayunar. La cabaña era pequeña, así que, cuando hacía buen tiempo, la familia solía comer fuera.

—Buenos días —dijo su madre cuando Hunter salió de la casa. Era tan alta como él, y sus espaldas se adivinaban anchas bajo la camisa de franela a cuadros y el peto vaquero. Llevaba la melena castaña recogida en un moño.

—¿Maletas hechas?

—Sí, señora —respondió él.

Hunter colocó su hacha junto a la de su madre en el colgador de hachas.

—Buenos días —dijo su padre mientras guardaba su propia hacha. Se parecía muchísimo a su mujer, solo que un poco más alto, más ancho y más barbudo—. ¿Maletas hechas?

—Sí, señor —respondió Hunter.

—¿Maletas? —dijo su hermana pequeña, Fern, mientras golpeaba su pequeña hacha de juguete contra la trona—. ¡Maletas, maletas, maletas!

—Por supuesto que sí —dijo Hunter, haciéndole cosquillas en el cuello y hablando con voz aguda—. ¡Cosita linda y preciosa!

Fern rio. Los padres de Hunter se aclararon la garganta, como diciendo: «Ningún cazador debería poner voz de bebé». Hunter se irguió y empezó a comer.

Engulló tres cuencos de gachas mientras trataba de apartar la mirada del plato de chisporroteantes salchichas de pollo. Cada vez que las miraba, lo único que conseguía ver en su lugar era un pollito adorable.

—¿Salchicha de pollo? —le preguntó su madre.

—No, gracias.

En la cafetería de Ever After High había siempre un montón de fruta y verdura, carne de soya y sa

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