Sorprendida (El affaire Blackstone 3)

Raine Miller

Fragmento

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Prólogo

 

 

 

Londres, julio de 2012

 

 

La observo. Recuerdo cómo era sentirla. Cómo se movía y los sonidos que emitía. Todo; recuerdo todo de ella.

Sin embargo, ella no me ve. Al principio me molestaba, pero ahora sé que no importa porque lo hará. Dentro de poco me verá.

El destino la puso en mi camino hace muchos años y el destino volvió a hacer de las suyas cuando aquel accidente de avión. Nunca me he olvidado de la dulce Brynne Bennett. Nunca. He pensado en ella durante años y nunca imaginé que nos volveríamos a ver. Sabía que se había ido de Estados Unidos y se había mudado a Londres, pero hasta que no vi las fotos de ella posando no me di cuenta de lo mucho que deseaba volver a verla.

Ahora lo he hecho.

Los astros se han alineado. Se ha producido todo a la vez. Puedo conseguir lo que quiero y tenerla a ella mientras tanto. Brynne se lo merece. Ella es un tesoro. La única joya de la corona. Algo para saborear y disfrutar todo el tiempo que quiera.

Todos somos peones. Ella lo es tanto como yo. Peones en un juego que yo no inventé, pero al que desde luego puedo jugar. Estoy luchando por hacer justicia. Esta es la oportunidad de mi vida y no voy a dejar que se me escape, igual que no voy a dejar que Brynne se me escape de las manos. Ella es un valor añadido y estoy deseando que llegue el día en el que pueda demostrarle lo mucho que la he echado de menos, a ella y al tiempo que pasamos juntos.

En mi defensa he de decir que intenté que ella me ayudara directamente. Me la hubiera ganado y habría sido maravilloso. Ella se hubiera alegrado de verme. Sé que lo hubiera hecho. Esos cretinos no la merecen, y desde luego que se han ganado su merecido. Sin embargo, ahora eso no importa. Están fuera de la ecuación y eso mejora las cosas para mí. En cualquier caso, al final yo seré el único beneficiario.

Ahora bien, Blackstone es otra historia. Ese capullo ha aparecido y se la ha llevado a su vida. Sé que ha conseguido que ella se fije en él con su aspecto y su dinero, y es una maldita pena, porque sin él todo habría ido sobre ruedas.

Blackstone ha echado a perder mis planes originales, pero no del todo. Lo cierto es que tiene buenos instintos, lo admito. Pensé que ella era mía cuando él salió a fumarse un cigarro a la parte trasera del edificio durante esa gala benéfica. No podía creerme la suerte que tenía. Él estaba fuera; ella dentro. La alarma saltó puntual como un reloj. Mi único fallo fue no darme cuenta de que él tenía su móvil. Eso fue una sorpresa tremenda. Pero, aun así, quería que supiera de mi existencia. Debería saber quién soy. Antes que él yo tuve a Brynne durante años.

Entonces sucedió algo a su favor. No estoy seguro de qué pasó, pero Brynne no estaba donde debería haber estado y no salió a la calle como se suponía que haría. Si hubiese tenido el teléfono con ella cuando le mandé el mensaje estoy seguro de que ahora estaríamos juntos, retomándolo donde lo dejamos hace siete años.

La perdí con la multitud… y con ella, mi oportunidad de oro. Eso me desagrada mucho. Alguien deberá recibir su castigo para que todas las cosas recuperen su equilibrio y su posición correcta en el mundo. Pero eso no es un problema. A la larga todo saldrá como yo quiero.

Ahora Blackstone la tiene bien protegida, pero también me voy a ocupar de él. Él no tiene todas las respuestas, y me aseguraré de darle unas cuantas pistas más para confundirle. Mi especialidad.

No, no me voy a rendir. Todavía guardo cartas en la manga y puedo ser muy paciente. Todavía hay tiempo más que de sobra para mi jugada, y cada vez estoy más cerca.

Más cerca.

Entonces no lo sabía, pero cuando esos imbéciles eligieron esa canción dieron en el clavo. Es perfecto. Simplemente perfecto.

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Capítulo
1

 

 

 

Los ojos de Ethan se posaron en mí mientras tomaba el control de mi cuerpo, con sus manos firmes en mis caderas, su grueso sexo llenándome y moviéndose dentro de mí. Su boca por todo mi cuerpo, sus dientes en mi piel.

Todo eso del hombre que había atravesado los muros que yo misma construí y que me había capturado. Eran demostraciones de caricias y placer, un medio para consolidar la conexión entre nosotros, de mantenerme cerca. Él era así. Sin embargo, no necesitaba preocuparse. Ethan me tenía.

A pesar de todo el caos de esta noche, me tenía en sus brazos y debajo de su cuerpo y su virilidad controladora se hacía cargo de mí tal y como había sido desde el principio. Me mantenía a salvo. Aquella noche en la calle cuando me persuadió para que me subiera a su coche y a continuación me llamó por teléfono exigiendo atención, fue solo el principio de mi relación con Ethan Blackstone. Ese hombre escondía muchas más cosas de las que pude imaginar entonces. No me iba a ir a ninguna parte. Estaba enamorada de él.

—Quiero mi polla dentro de ti toda la noche —dijo con voz ronca mientras sus ojos azules brillaban bajo la luz de la luna a la vez que se movía. Estaba encima de mí y tenía el control, manipulaba mi cuerpo de todas las maneras posibles a medida que la luz que entraba por la ventana del balcón iluminaba nuestros cuerpos desnudos. Manos, boca, sexo, lengua, dientes, dedos…, él lo usaba todo.

Ethan me hablaba durante el sexo. Me decía palabras inesperadas que me excitaban muchísimo, que fortalecían mi confianza y que me demostraban lo mucho que él me deseaba. Era justo lo que necesitaba. Ethan era mi respuesta y él sabía exactamente lo que yo anhelaba. No sé cómo me conocía tan bien, pero no cabía duda de que así era. Esa noche me lo confirmó alto y claro. Creo que por fin puedo admitir que necesito a otra persona para ser feliz.

Esa otra persona era Ethan.

Había dejado que alguien entrara en mí. La dura corteza que rodeaba mi corazón se había visto comprometida y además de forma plena. Ethan lo había hecho. Me había dedicado tiempo, me había presionado y exigido mi atención. Él nunca se rindió y siempre me quiso a pesar de mi maraña de problemas emocionales. Ethan hizo todo eso por mí. Y ahora podría regodearme en el hecho de que me amaba un hombre al que yo también amaba.

—Mírame, nena —me ordenó con un jadeo ahogado—. ¡Sabes que tienes que tener tu mirada fija en mí cuando te poseo! —Su mano había subido hasta mi cabello para agarrarlo y tirar de él. Sin embargo, nunca me hacía daño. Ethan sabía cuál era la presión justa y era totalmente consciente de que me volvía loca. Yo no sabía que tenía esa necesidad de que le mirara y me aferré a sus feroces ojos azules con todo mi ser.

Pero Ethan sabía más cosas de mí que yo de él.

—¡Vas a ser la primera en correrte! —gruñó al tiempo que embestía hondo y con fuerza y daba con el punto sensible dentro de mí que necesitaba encontrar para que yo cumpliera su orden.

A medida que sentí que la presión aumentaba me dejé llevar a un perfecto estado de éxtasis, sujeta bajo el cuerpo de Ethan, el cual estaba entrelazado con el mío, y tenía sus ojos azules a escasos centímetros de mí. Se dirigió a mi boca y me besó justo cuando el orgasmo me rasgaba, llenando otra parte de mí, haciéndome entenderle más, uniéndonos de una manera más profunda.

Su orgasmo siguió al mío en cuestión de segundos. Siempre sabía que estaba cerca por la inhumana dureza de su sexo cuando estaba a punto de correrse. La sensación se alejaba de este mundo y era intensa y fortalecedora. Que pudiera suscitar esa reacción en él y despertar ese tipo de sensaciones en otra persona me hacía consciente de muchas cosas. Cosas que me curaban poco a poco cada vez que ocurría; gracias a Ethan y su modo de demostrarme su amor hacía que las cosas dentro de mi cabeza siguieran mejorando. Tenía ciertas esperanzas de que al fin pudiera ser feliz y vivir una vida normal.

Ethan me había dado eso.

—Dime, nena —farfulló en un susurro seco, pero podía oír la vulnerabilidad que acompañaba la seguridad en sí mismo. Ethan también tenía sus propias inseguridades, era un simple mortal igual que el resto.

—¡Siempre seré tuya! —dije sintiendo cada una de mis palabras mientras notaba cómo entraba dentro de mí.

Cuando abrí los ojos un poco más tarde me di cuenta de que debía de haberme quedado dormida un rato. Ethan nos había recolocado en la cama y ahora estábamos más o menos de lado, pero seguíamos unidos. Le gustaba quedarse enterrado dentro de mí durante un tiempo después del sexo. A mí no me importaba porque era algo que él deseaba y a mí me encantaba hacerle feliz.

Simplemente me gustaría que me contara más cosas sobre su pasado y sus lugares oscuros. Sin embargo, él tenía miedo de compartirlo conmigo y, aunque me molestaba, entendía su miedo. Me preguntaba si los motivos de necesitar tocarme todo el tiempo y poseerme de tal manera durante el sexo, y después también, tenían algo que ver con el tiempo que estuvo prisionero. Le torturaron y atemorizaron y le hicieron daño. Solo el recordar cómo se había sentido esa noche cuando sus pesadillas le despertaron presa del pánico me dolía.

Le recorrí el hombro y la espalda con los dedos. Imaginé las alas del ángel de su tatuaje y las palabras debajo de ellas. Y también sentí las cicatrices. Ethan abrió los ojos y me embistió con fuerza.

—¿Por qué alas? Son preciosas, ya sabes.

—Las alas me recuerdan a mi madre —dijo después de un segundo o dos de silencio—, y cubren la mayoría de las cicatrices. —Me incliné hacia delante, besando sus labios con dulzura. Le puse las manos en la mandíbula y decidí arriesgarme. No quería espantar a Ethan y más si estaba enfadado, pero pensé que tenía que intentarlo de nuevo en algún momento.

—¿Y la frase? ¿Por qué esa?

Él se encogió de hombros y susurró:

—Creo que esa noche morí un poco.

Significaba mucho para mí que se abriera y compartiera cosas. Él no estaba dispuesto a hurgar más en su pasado. Me daba cuenta.

—¿Qué quieres decir con que moriste un poco?

—Cuando no te podía encontrar después de que llegara ese mensaje a tu móvil. —Me acarició la mejilla con el dedo y a continuación los labios; fue un roce ligero y sentí que me invadía un escalofrío por todo el cuerpo.

—Bueno, al final me encontraste, y que sepas que no está permitido morir, señorito. Eso sería un problemón. —Traté de bromear para que se alegrara un poco, pero no parecía funcionar. Cuando Ethan se ponía serio no desconectaba así de fácil.

—Me alegro de que te encuentres mejor —hizo una pausa y apretó las caderas contra las mías con una nueva erección hasta hundirse dentro de mí—, porque necesitaba estar así contigo, me moría de ganas.

—Estoy aquí y me tienes —murmuré contra sus labios mientras me ponía las piernas sobre sus hombros y tomaba el control de otra ronda de placer. Una sola ronda casi nunca era suficiente.

Ethan me hacía sentir deseada. Me hacía sentir guapa y sexi, desde las palabras que salían de su boca hasta el roce de su cuerpo con el mío cuando me hacía el amor. Y después, cuando me sujetaba contra su pecho como si fuera importante.

Alguien me deseaba, a pesar de todo lo que me había sucedido en el pasado. Alguien estaba dispuesto a luchar por mí. Yo era importante para otra persona. Para Ethan lo era. Saber eso me cambiaba la vida.

La atención de Ethan era extrema y al principio resultaba difícil de aceptar, pero conmigo funcionaba. Ethan y yo funcionábamos. Él podía mostrarme lo mucho que me deseaba, y por primera vez tenía esperanzas de que pudiéramos hacer que esta relación funcionara. La parte «tomémoslo con calma» que habíamos acordado la primera vez que nos conocimos no se había cumplido. Pero si hubiéramos ido con calma, dudo muchísimo de que en este momento estuviera desnuda en la cama con él en la costa de Somerset, en una casa solariega inglesa digna de un rey y que resultaba ser de su hermana, y de que me estuviera follando hasta el borde de otro magnífico orgasmo. Una chica tiene que aceptar las cosas como vienen.

Me llevó un rato espabilarme después de la segunda ronda de sexo salvaje, pero conseguí escabullirme de sus brazos y dirigirme al baño para asearme y prepararme para dormir. Me encantaba cómo me tocaba todo el rato. Lo necesitaba, así de claro, y Ethan lo sabía. Era otra cosa en la que éramos compatibles.

Llené un vaso de agua y me tomé la pastilla que me había mandado la doctora Roswell para los terrores nocturnos. Tenía mi propia rutina. La píldora y vitaminas por la mañana y la pastilla para dormir por la noche, siempre y cuando fuera a dormir. Sonreí al espejo del elegante baño que parecía salido del palacio de Buckingham y me di cuenta de que cama y dormir casi nunca eran sinónimos cuando estaba con Ethan. Pasábamos una gran parte del tiempo en la cama sin dormir, pero no me quejaba.

No esperaba encontrármelo despierto cuando salí del baño, pero tenía los ojos abiertos y me recorrió con la mirada a cada paso hasta que volví a la cama. Alargó la mano y me sujetó la cara, algo que solía hacer cuando estábamos así de cerca.

—¿Cómo es que sigues despierto? Debes de estar muerto después de un viaje tan largo —hice una pausa para darle énfasis— y después de un sexo tan increíble.

—Te amo y no quiero soltarte nunca —interrumpió.

—Pues no lo hagas. —Le miré a sus ojos azules, que me abrasaban bajo la luz tenue.

—Nunca lo haré —dijo con cierta contundencia, y sentí que iba en serio.

—Yo también te amo, y no voy a irme a ninguna parte. —Me incliné para besarle en los labios y el roce de su barba ya se había convertido en algo muy familiar. Me devolvió el beso pero me di cuenta de que tenía más cosas que decirme y podía notar su nerviosismo, lo que resultaba sorprendente teniendo en cuenta la de orgasmos que me acababa de dar.

—La cosa es que nece… necesito algo más serio. Necesito que estés conmigo todo el rato para poder protegerte y poder estar juntos todos los días… y todas las noches.

Sentí que el corazón me empezaba a latir a toda velocidad y me invadía el pánico. Justo cuando estaba a gusto con un aspecto de nuestra relación, Ethan me presionaba y me pedía más.

Él siempre ha sido así…

—Pero ahora estamos todo el día juntos —le dije.

Frunció el ceño y entrecerró los ojos una fracción de segundo.

—No es suficiente, Brynne. No después de lo que ha pasado esta noche y de la mierda del mensaje ese que a saber quién te lo mandó. Tengo a Neil trabajando en el rastreo de tu móvil en este momento y llegaremos al fondo del asunto, pero necesito algo más formal que le haga ver al mundo que estás fuera de su alcance y que eres intocable sea lo que sea que tengan planeado para ti.

Tragué con dificultad, mientras sentía cómo sus pulgares empezaban a moverse por mi mandíbula mientras trataba de imaginar adónde quería llegar con todo esto.

—¿Qué quieres decir con formal? ¿Cómo de formal? —Dios, me temblaba la voz y sentía como si el corazón se me fuera a salir del pecho en cuestión de segundos.

Me sonrió y se inclinó para darme un beso suave y dulce que me calmó un poco. La verdad es que Ethan siempre me calmaba. Si estaba intranquila o asustada, él sabía consolarme y acabar con el estrés del momento.

—¿Ethan? —le pregunté cuando por fin se apartó.

—No pasa nada, nena —respondió con suavidad—, todo va a salir bien y yo cuidaré de ti, pero sé lo que necesitamos hacer, lo que necesito que suceda.

—Ah ¿sí?

—Mmm, mmm. —Me dio la vuelta y me sujetó la cara de nuevo, apoyado en sus codos y atrapándome debajo de su cuerpo escultural, fuerte y suave contra mis partes más íntimas.

—Estoy seguro de eso, de hecho. —Sus labios bajaron a mi cuello y me besaron en la oreja y luego en la mandíbula y la garganta, para volver a subir a la otra oreja—. Muy, muy seguro —susurró entre dulces besos—. Me he dado cuenta esta noche en cuanto llegamos aquí y vi que llevabas eso puesto. —Me besó en la parte hueca de la garganta, donde pendía el colgante de amatista que me había regalado.

—¿De qué estás tan seguro? —Mi voz era débil, pero cada palabra resonó en el poco espacio que nos separaba y parecía que le estuviera gritando.

—¿Confías en mí, Brynne?

—Sí.

—¿Y me quieres?

—Sí, claro. Y lo sabes.

Volvió a sonreírme.

—Entonces está decidido.

—¿El qué está decidido? —imploré a su preciosa cara, la cual me había fascinado desde el principio, y vi cómo la comisura de su bonita boca se levantaba con confianza mientras me tenía bien sujeta debajo de él de la manera posesiva tan típica de Ethan.

—Casémonos.

Le miré fijamente, segura de que las palabras habían salido de su boca y no de una escena de una novela romántica. Quizá estaba soñando. Ojalá.

Ethan se movió encima de mí y su idea me dejó por los suelos. ¡Santo querido!

—Tiene todo el sentido del mundo —dijo mientras esbozaba una sonrisa—. Haremos un comunicado que pegue fuerte, que explique que estás conmigo de manera oficial, y dejamos saber a todo el mundo que tu prometido se dedica a la seguridad.

—¿Estás loco? —le corté, y vi cómo con su mirada me recorría el rostro, estudiando mi reacción a sus palabras—. Ethan, no puedo casarme. No quiero hacerlo. Estoy empezando a acostumbrarme a tener una relación. Es pronto, prontísimo para siquiera considerar algo así entre nosotros.

Él sonrió, totalmente tranquilo y seguro.

—Lo sé, nena. Es muy pronto, pero el mundo no tiene por qué saber eso. Para ellos parecerá que estás a punto de ser la mujer de un antiguo miembro de las fuerzas de seguridad y del importante presidente de Blackstone S. A. Quien sea que esté ahí fuera con intenciones ocultas recibirá el mensaje alto y claro. Ya pueden mantenerse alejados de ti porque no serán capaces de ponerte la mano encima de ningún modo, manera o forma, ni serán capaces de acercarse lo bastante a ti como para pestañear y mucho menos para soltarte amenazas como la mierda esa de anoche. —Me besó con suavidad y parecía muy orgulloso de sí mismo—. Es un plan brillante.

Seguí mirándole fijamente, segura de que era producto de algún sueño fantástico que estaba teniendo en ese momento.

—También es deshonesto, Ethan. ¿Has pensado siquiera en lo que me estás pidiendo que haga? ¿Mentir? ¿Engañar a nuestras familias y amigos para que se crean que después de dos meses nos vamos a casar?

Se puso rígido y apretó la mandíbula.

—Si se trata de protegerte haré lo que sea. Contigo no voy a correr ningún riesgo, es demasiado tarde para eso. Te dije que todo o nada y eso no ha cambiado en las últimas horas.

Su mirada penetrante era más que un poco intimidatoria incluso a pesar de la tenue luz. Traté de explicarme.

—Bueno, no, mis sentimientos tampoco han cambiado, pero eso no significa que tengamos que…

Mis palabras se fueron apagando mientras trataba de procesar lo que acababa de decirme con tanta seguridad: que casarse sería una buena idea, del mismo modo que lo era comer más verdura o ponerse crema para el sol. Me pregunté si el virus estomacal de esta noche me estaba haciendo alucinar.

—No hay ninguna razón que nos lo impida. —Ethan parecía un poco dolido mientras me estudiaba con detenimiento, y sentí una punzada de arrepentimiento, pero solo durante unos segundos. Lo que me estaba proponiendo era una absoluta locura. Apenas podía asimilar el hecho de estar enamorada de un hombre que había irrumpido así en mi vida, de manera atrevida y sin miramientos, hacía dos meses. ¿Cómo narices iba a aceptar que nos casáramos únicamente para protegerme de una misteriosa amenaza anónima con motivaciones desconocidas?

—E… estoy…, ¡se te ha ido la cabeza por completo! Ethan, ¿te das cuenta de lo que me estás proponiendo?

Afirmó con la cabeza, con la cara a pocos centímetros de la mía. Lo cierto es que en este momento yo tampoco sabía lo que estaba pensando exactamente. Él quería las cosas a su modo, eso lo sabía, pero lo que más me sorprendía eran sus razones. Sabía que él me quería. Se aseguraba de repetírmelo a menudo. Y yo sabía que mis sentimientos hacia él eran los mismos…, pero… ¡¿matrimonio?! Estaba segura de que no podía haberme sugerido algo más impactante que esto teniendo en cuenta mi pequeño y frágil estado emocional. Era evidente que Ethan no quería una esposa. Era demasiado pronto.

—Sí, Brynne, sé perfectamente lo que te acabo de decir. —Mantuvo la cara neutral pero firme, de forma inexpresiva.

—Quieres casarte conmigo, una chica que conociste hace solo ocho semanas, que tiene fobia a las relaciones y…, y… un pasado de mierda.

Me calló con un beso controlador que no dejaba la menor duda de la seriedad de su propuesta. ¡Dios! ¿Estoy en el mundo bizarro? Dejé que su boca saqueara la mía durante unos segundos y a continuación me llevó la mano detrás de su cabeza. Yo también tiré de él y le acaricié la mejilla, buscando de nuevo sus ojos.

—Nena…, lo de esta noche me ha asustado —susurró—. No tenía nada de esto planeado; simplemente sé lo que creo que es lo correcto. Quiero tenerte a mi lado. Ya no necesitarás ningún visado de trabajo. Tendrás tiempo para encontrar el trabajo perfecto sin la presión de tener que lidiar con las leyes de inmigración, y lo más importante: podremos estar juntos. Eso es lo que quiero. Puedo protegerte si soy tu marido. Puedo asegurarme de que siempre estés protegida. No hay nada que no hiciera para mantenerte a salvo. Te quiero. Y tú me quieres a mí, ¿no? ¿Cuál es el problema? Es la solución perfecta. —Inclinó la cabeza y entrecerró los ojos como si estuviera siendo una tonta insensata.

—Ni de lejos estoy preparada para esto, Ethan, independientemente de lo que sienta por ti.

—Yo tampoco y el momento es horrible, pero creo que es la única opción que tenemos. —Me apartó el cabello de la cara con cuidado—. Yo estoy dispuesto… y creo que deberías al menos considerarlo. —Me miró con las cejas arqueadas—. No voy a tolerar otro episodio como el que hemos vivido esta noche en la Galería Nacional.

Empecé a protestar pero me acalló con otro beso controlador tan típico de él. Me tenía sujeta debajo, apretándome contra el suave colchón y acariciándome la boca con su habilidosa lengua. Permití que me besara y durante unos segundos me dejé llevar, tratando con todas mis fuerzas de procesar lo que acababa de decirme.

—Antes de que te pongas a la defensiva y te preocupes más, quiero que por ahora solo pienses en ello. Podríamos estar comprometidos durante mucho tiempo, pero el comunicado es lo que hará que la gente reaccione y tome nota. Hemos tenido una noche dura y hay millones de cosas que solucionar, pero al final lo importante es que estamos juntos y que eso no va a cambiar. —Me besó en la frente—. Y tú te vienes a vivir conmigo. —Me quedé mirándole mientras asimilaba sus palabras—. La última parte no es una pregunta, Brynne. Lo que ha pasado esta noche ha sido una verdadera locura y no podemos vivir en dos sitios diferentes.

—Dios, ¿qué voy a hacer contigo? —Reprimí un bostezo y me di cuenta de que la pastilla me estaba dejando grogui. Sabía que no sería capaz de continuar esa conversación durante mucho más tiempo. Se me pasó por la cabeza la idea de que quizá Ethan estuviese utilizando todo eso a su favor. Por eso Ethan era bueno al póquer.

—Estás muerta, y para ser sinceros yo también.

Volví a bostezar y le di la razón.

—Sí…, pero sigo sin saber qué decirte a lo que estás sugiriendo —le dije, mirándole a los ojos, que estaban a tan solo unos centímetros de los míos.

Me acurrucó sobre él para prepararnos para dormir y enterró la cara en mi cuello.

—Vas a dormirte ahora mismo y a pensar sobre el tema… y a confiar en mí… y a mudarte conmigo de manera oficial.

—¿Así de fácil? —pregunté.

—Sí, así de fácil. —Sus labios se deslizaron por mi nuca—. Es tal y como tienen que ser las cosas. —Sentí cómo me raspaba la piel con la barba a medida que apretaba—. Te quiero, nena. Ahora duérmete.

Que los fuertes brazos de Ethan me rodearan me producía una sensación maravillosa aunque pensaba que se le había ido la cabeza. Pero saber que haría algo así de drástico para protegerme, que me quería tanto, me hizo esbozar una pequeña sonrisa que me sentó jodidamente bien, por citar las palabras militares de mi amor.

Entonces me dormí a salvo en sus brazos.

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Capítulo
2

 

 

 

Cuando salíamos a patrullar veíamos todo tipo de mierdas horribles. La democracia es algo que la mayoría de la gente en realidad nunca tiene la oportunidad de apreciar. Supongo que para gran parte del mundo eso es algo bueno, pero aun así les da que pensar a aquellos que ni siquiera saben lo que tienen en la vida. Lo que más me molestaba es la enorme pérdida de potencial. La gente reprimida y aterrada pierde todo su potencial, tal y como les gusta a los dictadores del tercer mundo.

Ya la habíamos visto pidiendo por las calles de Kabul antes, pero nunca con el niño. Los militares tenían prohibido interactuar con las mujeres afganas. Era demasiado peligroso, y no solo por las tropas, los hombres excitados son las criaturas más predecibles y estúpidas del planeta. Buscan sexo y se meten en líos casi todo el tiempo. Tenía sentido asumir que era una prostituta. No es común en Kabul pero existen burdeles, aunque yo nunca he estado en uno. Sin embargo, algunos hombres corrieron el riesgo, así de estúpidos que son, pensando con la polla. Yo me apañaba con el porno y con algún polvo a escondidas con alguna «colega» del ejército cuando se podía hacer en secreto. Despertaba el interés de las mujeres del ejército y tenía bastantes ofertas. La discreción era la clave para tener sexo en la base. Las soldados tenían motivos para ser precavidas, pues los hombres las superaban ampliamente en número.

El nombre de la mujer era Leyya y murió de forma inhumana. Los talibanes la ejecutaron en mitad de la plaza de la ciudad por sus delitos. El principal delito era trabajar para dar de comer a su hijo. Los gritos del niño nos alertaron. Tenía unos tres años y estaba sentado entre la sangre de su madre en medio de la calle. Más tarde me pregunté si alguien de esa ciudad lo habría recogido, o si le habrían dejado morir ahí junto al cuerpo ultrajado de su madre. En realidad no tenía sentido preguntárselo.

Me ponía enfermo dejarle ahí cuando habían descartado la posibilidad de una bomba suicida. Joder, tardaron siglos en darnos permiso. Fui yo quien salí a apartarle del cadáver. Fui corriendo y le cogí en brazos. Él no quería separarse de ella y agarró con fuerza el burka, arrastrándolo por la cara de su madre mientras le levantaba. Le habían rajado la garganta de oreja a oreja y tenía la cabeza casi colgando. Deseé con todas mis fuerzas que fuera lo bastante pequeño para no recordar a su madre así.

Tuve un presentimiento terrible casi de inmediato. Una sensación heladora me invadió mientras le sacaba de ahí corriendo. Y de repente dejó de llorar. Oí un silbido y entonces… sangre. Demasiada sangre para un niño tan pequeño. Un segundo más tarde todo se volvió un caos…

 

 

—Cariño, estás soñando —me dijo una voz con suavidad al oído. Me giré hacia la voz, tratando con dificultad de encontrarla. El sonido me calmó como nada antes lo había hecho. Quería esa voz. Y entonces de nuevo—: Ethan, cariño, estás soñando.

Abrí los ojos, cogí aire mientras la miraba y asimilé sus palabras.

—Ah, ¿sí?

—Sí, murmurabas y te movías de un lado a otro. —Me puso una mano en la nuca y me miró fijamente—. Te he despertado porque no quería que soñaras algo terrible.

—Joder, lo siento. ¿Te he despertado? —Seguía sintiéndome desorientado, pero estaba despejándome rápidamente.

—No pasa nada. Quería despertarte antes de que se volviera… peor. —Sonaba triste y sabía que intentaría que le hablara sobre este sueño como hizo la última vez.

—Lo siento —repetí. Me sentía avergonzado por molestarla otra vez con esta mierda.

—No tienes que disculparte por soñar, Ethan —dijo con firmeza—. Pero me encantaría que me contases de qué se trata.

—Oh, nena. —La acerqué más a mí y le acaricié la cabeza y el cabello con la mano. Posé los labios en su frente e inhalé. Solo respirar su aroma me ayudaba muchísimo, al igual que el tacto de su pecho contra mi acelerado corazón a medida que la sujetaba cerca de mí. Era real, estaba aquí, ahora. A salvo conmigo.

Estaba excitado. Excitado y empalmado contra su suave piel.

—Sigo sintiendo mucho haberte despertado —dije pegado a ella cuando mis labios encontraron los suyos. Adentré la lengua en su boca, hondo y con fuerza, decidido a conseguir más. En este momento solo me podía ayudar Brynne. Ella era la única cura.

Y lo lamentaba, pero esto ya me había sucedido antes con ella. Despertarme en mitad de la noche necesitando sexo para quitarme la hiperansiedad o lo que fuera que me hubiera sucedido esa noche en mis sueños.

—Todo está bien —me consoló con voz ronca contra mi boca.

Su respuesta me volvió loco. Casi todo lo que hacía me excitaba. Me gustaba ser controlador, pero me encantaba cuando Brynne me demostraba que era receptiva y que me deseaba del mismo modo que yo la deseaba a ella. De forma instintiva supe que le atraía. Era otro ejemplo de la gran comunicación que teníamos. Ojalá todos los aspectos de nuestra relación fueran así de fáciles. La parte del sexo la habíamos resuelto muy rápido, desde el principio. Sí, el sexo siempre había sido salvaje y maravilloso entre nosotros.

Le di la vuelta, la coloqué debajo de mí y le separé bien las piernas con las rodillas, abriéndola mientras agachaba la cabeza. Aparté las mantas y bajé los ojos a su precioso y receptivo cuerpo, en el que iba a estar enterrado muy hondo en cuestión de segundos. Joder, gracias, Dios.

 

 

—Bien, porque necesito follarte hasta que te corras diciendo mi nombre —afirmó de ese modo tan característico suyo—. Entonces voy a sacar la polla de tu precioso coño y voy a follarte tu bonita boca. Y a observar tus dulces labios envolverla y lamerla hasta que me dejes seco. —Sus ojos se encendieron y su torso escultural se movía mientras respiraba entrecortadamente a medida que se colocaba—. Sí, nena, voy a hacer todo eso.

Ethan y su sucia boca. Era una locura, pero esas palabras obscenas provocaban algo en mí.

Me excité por la expectación de lo que haría conmigo y gemí cuando embistió contra mí fuerte y hondo, llenándome tanto, acercándonos tanto, que mi mente volvió a pensar en lo que me había dicho antes. Casémonos. No era una pregunta, sino una orden que solo Ethan podría dar y salirse con la suya, tal y como había hecho tantas otras veces desde que nos conocimos.

Ethan tenía mis muñecas sujetas con una mano y me recorría el cuerpo con la otra mientras cabalgaba sobre mí con fuerza. Lo hacía a un ritmo frenético, casi enfadado. Sin embargo, sabía que no estaba enfadado conmigo. Luchaba contra su sueño. Necesitaba sacárselo de la cabeza. Entendí perfectamente lo que pasaba. No me importaba. Era una participante completamente entregada en esta forma de autodisciplina.

Me tenía abierta del todo y ahondaba en mi dulce sexo con su pene con una perfección tal que no tardé mucho en forcejear contra un orgasmo, sintiendo mis músculos contraerse listos para la explosión que me llevaría al paraíso en una supernova de calor y luz.

Me pellizcó el pezón, que estaba mucho más sensible de lo normal, y el dolor me cegó durante un instante. Grité cuando el clímax empezaba a recorrer mi cuerpo. Calmó la zona delicada con su lengua y dijo:

—¡Di mi nombre! Tengo que oírlo.

—¡Ethan, Ethan, Ethan! —coreé contra sus labios mientras él sumergía la lengua en mi boca y se tragaba mis palabras. Me estremecí y contraje los músculos internos alrededor de su sexo, inmovilizada y totalmente entregada. Y más satisfecha que nunca. Él tomaba el control de mi placer y nunca me soltaba. Pero él no había terminado. Recordaba lo que me había dicho antes.

Ethan gruñó un sonido muy primitivo y se separó de mí. Protesté por la pérdida pero agradecí que me tirara en la cama y sentir el calor de su pene llenando mi boca a medida que él reajustaba el lugar de penetración. Podía sentír el sabor de mi esencia mezclada con la suya y el erotismo fue enorme. Le agarré las caderas y le empujé más hondo hasta el final de mi garganta. Justo después de que mis labios acariciaran su sexo sentí salir la explosión de semen. Los sonidos que emitió eran carnales y extrañamente vulnerables para ser así de controlador. Siempre me sentía poderosa cuando Ethan se corría. Lo conseguí.

Él me estaba mirando, observándolo todo tal y como él quería, nuestros ojos conectados mucho más allá del acto físico.

—Oh, Dios —susurró mientras salía de mi boca y volvía a acercarse a mí para abrazarnos con fuerza. Me envolvió de nuevo, esta vez con cuidado, se deslizó dentro de mí hasta encajar a la perfección ambos cuerpos antes de que su erección desapareciera. Podía sentir los latidos de su corazón fundiéndose con los míos.

Me sujeté a él y dejé que siguiera. Me besó y me tocó durante un buen rato, con la necesidad de seguir dentro de mí más tiempo, diciéndome que me quería y haciéndome sentir amada. Entendía tanto a este hombre y su modo de pensar… Tanto… excepto por una cosa que quería saber de él y que desconocía por completo.

El pasado de Ethan seguía siendo un misterio para mí tal y como lo había sido siempre.

—Me encanta que me hayas traído aquí. —Volví a sentir que me invadía el sueño, y estaba decidida a hablar con él de sus pesadillas al día siguiente, pese a ser consciente de que no le gustaría, pero que le den, iba a hacerlo de cualquier modo. Me pregunté si él sentía lo que yo. Ethan tenía la asombrosa habilidad de predecir mis intenciones.

—Y a mí me encantas tú.

Me colocó entre sus brazos y me acarició el pelo. Inhalé su olor a clavo, sexo y colonia y me dejé llevar, sabiendo que estaba en los brazos del único hombre que había conseguido que me quedara ahí.

Al amanecer me desenredé con mucho cuidado del cuerpo que estaba envuelto en mí. Ethan tan solo suspiró en su almohada y se enrolló entre las mantas. Debía de estar agotado del estresante altercado de la Galería Nacional de anoche y de las tres horas posteriores al volante rumbo a la costa. Y no podía olvidar el tiempo dedicado al sexo una vez que llegamos aquí. O su pesadilla. Y el sexo de después. Su mirada y su naturaleza controladora fueron igual que cuando tuvo la pesadilla la otra vez. Yo sabía lo que me decía. La reacción no había sido tan extrema como la anterior, pero sentí que Ethan se había esforzado mucho en controlarse para no dejarse llevar tanto como la última vez. Mi pobre pequeño… Nunca se lo diría, pero me dolía verle herido; sobre todo porque no podía hacer nada al respecto, ya que él se negaba a compartirlo conmigo. Los hombres eran muy pero que muy frustrantes.

Me enjaboné la piel con fuerza con el gel de ducha y me apresuré para terminar, dispuesta a vestirme y salir de la habitación sin despertar a Ethan de su

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