Mediado ya el camino de la vida

Dante Alighieri

Fragmento

cap-1

EL LEOPARDO, EL LEÓN Y LA LOBA

Y ahí estaba, no tuve que andar mucho:

un leopardo ligero y todo presto

que de piel tachonada se cubría;

plantado me miraba sin moverse,

y de tal modo me cerraba el paso

que estuve por volverme varias veces.

Era muy pronto, apenas clareaba,

el sol trepaba el cielo con los astros

igual que el día en que el amor divino

movió por vez primera aquellos cuerpos.

Y a pesar del leopardo moteado,

me hicieron concebir buenos augurios

la hora pronta y la estación tan dulce,

mas no al punto que no me amedrentase

la vista repentina de un león.

Parecía venir derecho a mí,

la testa erguida y con rabiosa hambre,

hasta el aire temblaba en apariencia.

Y una loba, que toda la avidez

congregaba en sus carnes consumidas,

devoradora de un montón de gente,

me redujo a un estado lamentable

con solo dirigirle la mirada,

y ya no confié en llegar arriba.

Y como aquel que goza acumulando,

y cuando la fortuna le desprecia,

solloza y se lamenta amargamente,

igual hizo conmigo la insaciable,

que viniendo a mi encuentro poco a poco

me fue empujando donde el sol se calla.

Infierno, I, 31-60

APARECE VIRGILIO, EL PRIMER GUÍA

«¿Así que eres Virgilio, aquella fuente

de que mana infinita la elocuencia?»,

le contesté con frente avergonzada.

«Oh luz y honor de los demás poetas,

válgame ahora el gran amor y estudio

que siempre he dedicado a tu poema.

Virgilio es mi maestro y mi modelo,

de ti y de ningún otro yo he tomado

el alto estilo que me ha dado fama.

Mira la bestia por que yo me he vuelto,

líbrame de ella, sabio renombrado,

que me estallan las venas y los pulsos».

Infierno, I, 79-90

RUEGO DE BEATRIZ A VIRGILIO

«Oh generoso corazón mantuano,

cuya fama en el mundo aún se celebra

y durará mientras el mundo dure,

el que es mi amigo, y no por un acaso,

ve su camino en la desierta cuesta

tan negro, que recula horrorizado.

Lo que temo es que esté ya tan perdido

que mi intento de auxilio llegue tarde,

por lo que de él he oído allá en el cielo.

Así que ve, con tu palabra clara

y cuanto se precise, a socorrerle.

Sálvale, y yo me quedaré tranquila.

Yo soy Beatriz, Beatriz es quien te ruega.

Vengo de allí donde volver deseo.

Amor me manda y mueve mis palabras».

Infierno, II, 58-72

DINTEL DEL INFIERNO

«Yo llevo a la ciudad de los lamentos.

Yo llevo al sufrimiento inacabable.

Yo llevo con la gente condenada.

El alto autor me hizo por justicia.

Yo soy el fruto del poder divino,

del saber sumo y el amor primero.

A mí me precedieron solo cosas

eternas, mas eterno yo perduro.

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