«La sed se va con el río», de Andrea Mejía: naturaleza vista, sentida, soñada y compartida
El español es un territorio compartido y en permanente transformación, un espacio donde conviven voces diversas que amplían los límites de la literatura. Desde esa mirada surge Mapa de las Lenguas, la iniciativa de Alfaguara y Random House que cada año identifica y proyecta las narrativas más significativas escritas en nuestro idioma. En su edición 2026, el mapa se compone de ocho libros que atraviesan géneros, estilos y geografías: del testimonio a la distopía, de la fábula a la crónica. Ocho propuestas que dialogan con el presente y desafían fronteras literarias y simbólicas. Aquí, Andrea Mejía escribe sobre «La sed se va con el río» (Alfaguara).
Por Andrea Mejía

Andrea Mejía. Crédito: Archivo personal de la autora.
Esta novela narra la vida en un lugar aislado en las montañas, a orillas del río Nauyaca, donde la naturaleza domina por completo y lo humano parece quedar en segundo plano. En este entorno misterioso y casi irreal, desaparece Jeremías, un hombre clave para la comunidad porque guarda el secreto del aguardiente de bejuco, una bebida que ofrece visiones a quien lo bebe y da sentido a la vida solitaria de los paisanos.
A partir de la desaparición de Jeremías, la historia muestra a un pueblo perdido, marcado por la soledad, la búsqueda de sentido y una sed constante, no solo física sino también espiritual. Los personajes se mueven entre lo cotidiano y lo extraño, en un ambiente donde la realidad se mezcla con lo mágico y lo onírico.
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Es también la historia de una misteriosa estatua de una virgen que se convierte en una presencia tutelar en el pueblo. Algunos pueden verla y otros no, aparece y desaparece y se mete en los sueños de la gente. Los campesinos le llevan aguardiente, flores, maíz y se emborrachan a los pies de la virgen.
No solo en la novela, donde la naturaleza entera parece haber bebido el famoso aguardiente de Jeremías, sino en la experiencia que podemos tener de ella en la vida real, la naturaleza se nos presenta como un conjunto de visiones. Es al verla, al soñarla, o al sentirla, que podemos percibirla.
Mucho antes de Thoreau y del romanticismo, mucho antes de que el término nature writing se acuñara, en los poemas que escribían solitarios monjes errantes en sus cabañas perdidas en el bosque, y antes, mucho antes, en los truenos y en el viento, en los movimientos del mar y del cielo en las épicas homéricas, era ya la naturaleza la que escribía a través nuestro, a través de nuestra capacidad para recibir sus imágenes en diversos estados de conciencia, de atención y de pureza. Debe existir una relación profunda entre la naturaleza y la imaginación humana, no solo porque la imaginación se alimenta de ella, o porque, después de todo, es la naturaleza la que sostiene nuestro cuerpo y nuestro espíritu y cada una de las facultades humanas, sino porque son los poderes visionarios de la imaginación los que pueden comunicarse con esa la vida que colma la naturaleza de manera vívida, no de manera intelectual, conceptual o teórica.
A esa vida he intentado ser fiel en mi escritura. No he hecho más que obedecer al sentimiento nítido de una presencia, de una serenidad, a veces feroz y sin medida, que no solo los seres que hemos clasificado como vivos pueden comunicar, y que es perceptible en ciertos momentos, por ejemplo, antes del amanecer, cuando con la mente muy despejada podemos sentir el carácter de un árbol, de un enramado, de un bejuco.
La sed se va con el río es un libro que disfruté enormemente escribiendo. Se le debo por completo al gozo de estar viva y a la confianza en los regalos de la intuición, que aparecen solo cuando las ataduras del ego se aflojan un poco. Espero ahora poder compartir ese gozo y la alegría de esa confianza con ustedes.
El español es un territorio compartido, un espacio diverso habitado por múltiples voces que lo transforman cada día. Desde esa mirada nace Mapa de las Lenguas, una iniciativa conjunta de Alfaguara y Random House que, cada año, traza una cartografía de la mejor narrativa escrita en nuestro idioma.
Cada país selecciona las obras más prometedoras, relevantes o singulares de su escena literaria: títulos que merecen ser leídos más allá de sus fronteras. Mapa de las Lenguas es la plataforma que les permite expandirse y ser publicados de manera simultánea en todo el ámbito del español. Una colección que refleja la temperatura de lo que está ocurriendo en la literatura de cada país.
En 2026, ese mapa se dibuja con ocho libros que revelan la amplitud y la diversidad de la narrativa contemporánea: del testimonio histórico a la distopía, de la fábula poética a la crónica de lo real. Cada uno de estos libros es una forma de resistencia: contra el realismo, contra el olvido, contra las fronteras.
Desde Argentina, Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores de Roberto Chuit Roganovich combina el terror ecológico y la ciencia ficción para crear una criatura que atraviesa la historia y las entrañas del planeta; mientras que en México, Soñarán en el jardín de Gabriela Damián Miravete convierte la fantasía especulativa en un acto de resistencia y esperanza.
En España, Presentes de Paco Cerdà reconstruye la memoria desde la no ficción con la intensidad de una novela, y Laura Chivite, con El ataque de las cabras, transforma la rareza de crecer en una celebración del humor y la imaginación.
Desde Colombia, Andrea Mejía deja fluir en La sed se va con el río una prosa poética que une lo humano y lo natural, mientras Antonio García Ángel mezcla sátira y vértigo en Que pase lo peor, una fábula brillante sobre el desorden contemporáneo.
En Chile, Alfredo Andonie irrumpe con Serpiente, una novela queer y nocturna que captura el deseo y la historia en los años setenta; y desde Perú, Dany Salvatierra imagina con Criaturas virales una Lima distópica donde la belleza se abre paso en medio del colapso.
Mapa de las Lenguas no busca fijar una geografía, sino mostrar su movimiento: el idioma como materia viva, la literatura como territorio en expansión.
Te damos la bienvenida a nuestro MAPA DE LAS LENGUAS 2026.

