Libro de estilo de El País

El País

Fragmento

Índice

Portadilla

Índice

Prólogo a esta edición

Prólogo a la decimosexta edición, revisada

Prólogo a la tercera edición

Prólogo a la segunda edición

Introducción

Manual

1. Principios éticos

Las fuentes

Injurias y calumnias

Conflictos de intereses

Tratamiento de la información

Singularidades informativas

Tratamiento de la publicidad

Imágenes

Entrevistas

Encuestas

Expresiones malsonantes

Correcciones de errores y derecho al olvido

2. Normas de escritura

Criterios generales

3. Géneros periodísticos

Nota explicativa

Normas generales de la noticia

Normas para la noticia en ‘elpais.com’

Documentación

Entrevista de declaraciones

Reportaje informativo

Crónicas

La entrevista perfil

La entrevista en suplementos

Reportaje interpretativo

Análisis

Crítica

Cartas al director y comentarios

Artículos, columnas, tribunas, blogs, editoriales

4. Fotos, vídeos, infografías, narración multimedia

Normas generales para las imágenes

Fotografías

Vídeos

Gráficos

Ilustraciones y dibujos

Sintaxis multimedia

5. Elementos de titulación

Los titulares

Otros elementos tipográficos

Los titulares en el diario impreso

Los titulares en el ‘elpais.com’

6. Tipografía

Normas comunes

Cursiva

Negra

7. El uso de la firma

8. Tratamientos y protocolo

Normas generales

Familia real española

Protocolo

9. Nombres

Nombres catalanes, gallegos y vascos

Nombres en latín

Nombres alemanes

Nombres árabes

Nombres chinos

Nombres rusos

Nombres italianos

Cabeceras de periódicos

Nombres de juegos y aplicaciones informáticos

10. Abreviaciones

Abreviaturas

Iniciales

Símbolos

Siglas

Acrónimos

11. Números

Normas generales

Horas

Porcentajes

Medidas

Números de teléfono

Símbolos y fórmulas

Moneda

12. Signos ortográficos

Coma

Punto

Punto y coma

Dos puntos

Comillas

Paréntesis

Raya

Corchetes

Guion

Barra

Interrogación y exclamación

Apóstrofo

Puntos suspensivos

Asterisco y cedilla

Acentos

Mayúsculas y minúsculas

Partición de palabras

Prefijos juntos o separados

13. Normas gramaticales

Adverbios

Adjetivos

Preposiciones

Concordancia

Condicional

Errores gramaticales

14. Errores más frecuentes

Diccionario

Advertencias de uso

Palabras A-Z

A

B

C

D

E

F

G

H

I

J

K

L

M

N

O

P

Q

R

S

T

U

V

W

X Y Z

Índice de palabras

Siglas y acrónimos A-Z

A

B

C

D

E

F

G

H

I

J

K

L

M

N

O

P

R

S

T

U

V

W - Z

Apéndices

1. Pesos y medidas

2. Estatuto de la Redacción

I. De la naturaleza del estatuto

II. De los principios de la publicación y su observancia

III. Del cambio de la línea de publicación y de la cláusula de conciencia

IV. Del secreto profesional

V. De la dirección de la publicación

VI. Del comité de redacción y las reuniones de éste

Anexo. Declaraciones del presidente de Prisa en la junta general de marzo de 1977

3. Estatuto del Defensor del Lector

4. Signos de corrección

Nota de conversión

Créditos

Grupo Santillana

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Prólogo a esta edición

Aparece ahora la vigesimosegunda edición del Libro de estilo de EL PAÍS, seis años después de que lo hiciera la anterior, en mayo de 2008. El motivo de este lapso tan dilatado cabe encontrarlo en la irrupción de Internet en el ecosistema de la producción y distribución de información que, en sus esencias, había cambiado solo de forma muy marginal en las últimas décadas. La edición digital de EL PAÍS nació en mayo de 1996, pero hasta fechas recientes no había adquirido la ambición, la autonomía narrativa o el volumen y la velocidad de publicación que maneja en la actualidad.

Las normas del Libro de estilo son de obligado cumplimiento para todos los cargos del periódico, y “nadie estará exento de esta normativa”, según establece con admonitoria firmeza una nota situada antes del inicio del manual en sí. Entendimos por ello que nuestro trabajo en Internet quedaba cubierto y regulado (al menos por un tiempo) por aquellos preceptos. Pronto el trabajo diario y la incorporación masiva de la redacción a los menesteres digitales, sin embargo, nos abocaron a problemas nuevos para los que el Libro de estilo ofrecía escasa guía, cuando no orfandad absoluta, por lo que comenzó a consolidarse la idea de una reedición cuya ampliación a Internet viniera a solventar las faltas en este terreno.

Todo ello era ya evidente pocos años después de la aparición de la edición anterior, difícil o imposible de encontrar por entonces en las librerías. El tradicional éxito de ventas del Libro de estilo de EL PAÍS indica que muchos otros colectivos y personas ajenas al oficio han hecho buen uso de él, o al menos han mostrado un interés en las propuestas que contiene, un acervo cuyo atractivo se verá acrecentado por la facilidad que las nuevas tecnologías otorgan tanto a quehaceres editoriales de tipo individual (blogs o bitácoras personales) como colectivo, en España y en América. Y pese a ello, decidimos esperar. Se nos ocurrió que las nuevas normas de tráfico que habríamos de establecer debían ser fruto de la experiencia de varios años de trabajo en la edición digital, que era empresa fútil fijar reglas antes de conocer a fondo el juego o dictar soluciones sin haber experimentado aún los problemas.

Resultado de todo ello es esta edición, corregida y mejorada en aspectos parciales, como todas las anteriores, pero que por primera vez incorpora un amplísimo conjunto de normas específicas (y sí, también de obligado cumplimiento) para nuestras ediciones digitales. Me atrevo a decir que la espera valió la pena. Una vez más (el lector encontrará esta misma observación en los prólogos de los directores anteriores), Álex Grijelmo ha desempeñado una tarea fundamental a la hora de asegurar el éxito y la corrección del desempeño.

En aquel ínterin nos sucedieron más cosas. Lanzamos primero la edición América (marzo de 2013), destinada al creciente número de lectores en aquel continente, y posteriormente la de Brasil, esta vez en idioma portugués, en noviembre de ese mismo año. El periódico ha tenido desde su nacimiento una decidida vocación latinoamericana, pero es ahora, gracias a la tecnología, cuando estamos en condiciones de llevar esa llamada a su plenitud. Estas transformaciones tienen su correlato en las páginas que siguen, con el objetivo de asegurar al español de América, mayoritario entre los hispanohablantes, el lugar que le corresponde en estas páginas. Ya la primera edición establecía que no deben emplearse expresiones como ‘en nuestro país’, puesto que el periódico se lee también fuera de España, o en España por personas extranjeras. El adjetivo posesivo ‘nuestro’ —prosigue el punto 2.17— incluye en este caso al lector y al informador, las dos personas que se comunican, y el lector no tiene por qué ser español (y en algunos casos tampoco el periodista). Con redacciones recientemente establecidas en Ciudad de México, São Paulo, Washington y un elevadísimo porcentaje de lectores proveniente del continente americano, así como de otras partes del mundo, la recomendación anterior no sólo cobra más fuerza, sino que revela la profunda transformación que nos ha llevado del lema del periódico en 1976 (‘diario independiente de la mañana’) al de 2007 (‘el periódico global en español’), y de éste al actual (‘el periódico global’).

En este viaje a la globalidad ofrecemos a nuestros lectores en todo el mundo, especialmente a aquellos en las sociedades a las que nos dirigimos en España y en el continente americano, un proyecto de modernización y progreso social, de consolidación de los derechos ciudadanos y avance económico, de equidad y respeto a las minorías que es en esencia el que hemos compartido con los españoles desde hace décadas. Las normas de este Libro de estilo —y el resto de instituciones que rigen la vida profesional de EL PAÍS, como el Estatuto de la Redacción o el Defensor del Lector— ayudan de forma notable en ese empeño mediante la producción y distribución de la información que los ciudadanos necesitan en un sistema democrático. Pero, por desgracia, no pueden reemplazar otros elementos quizá más principales para el correcto funcionamiento de la prensa, aquellos que en verdad constituyen las cuadernas del buque del buen periodismo y de cualquier sociedad democrática avanzada: la libertad de expresión, la independencia profesional, los principios éticos o la integridad moral de los que nos dedicamos a este oficio. Este volumen compendia aquellas. A los propios periodistas y especialmente al conjunto de la sociedad corresponde la inmensa y necesaria tarea de garantizar estos últimos. De ello depende más de lo que, quizá, nos atrevamos a imaginar.

 

JAVIER MORENO

Director de EL PAÍS

Marzo de 2014

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Prólogo a la decimosexta edición, revisada

Esta nueva edición del Libro de estilo —la decimosexta desde noviembre de 1977— incorpora algunas novedades que merecen ser destacadas. El capítulo primero, que trata de los principios deontológicos, desarrolla de forma más precisa las obligaciones de los periodistas en situaciones de conflicto de intereses, sean éstos económicos, políticos o ideológicos. La Redacción del periódico, que expresa sus puntos de vista a través del Comité Profesional, comparte con la Dirección el empeño por profundizar y desarrollar estos principios, como garantía de una información independiente, veraz, no sometida a ninguna presión externa. En este sentido, seguiremos con atención el desarrollo que este sistema de garantías para el lector está teniendo durante los últimos años en otros periódicos internacionales de referencia.

Hemos simplificado, por el contrario, algunos capítulos referidos a normas tipográficas de carácter efímero, que están vinculadas a decisiones de diseño y que en algunos casos estaban en desuso o ya habían sido modificadas. Con ello tratamos de evitar que el manual pueda confundir a los lectores de EL PAÍS con instrucciones excesivamente prolijas.

El capítulo que ha experimentado mayores cambios es el diccionario, sobre el que han trabajado intensamente durante casi un año Clara Lázaro y Álex Grijelmo, con el propósito de facilitar a los redactores de EL PAÍS normas unitarias sobre el léxico relacionado con las nuevas tecnologías de la información, que en ocasiones se están imponiendo frente a las alternativas que ofrece la lengua castellana. En otros casos, se trata de estabilizar una grafía no del todo normalizada.

Por lo demás, esta nueva edición del Libro de estilo, que pronto cumplirá 25 años, no altera sustancialmente ni los principios ni los criterios generales que establecía la primera versión del año 1977, que se debió en gran medida al incansable trabajo de Julio Alonso, continuado luego con especial dedicación y acierto por Álex Grijelmo. Entonces, como ahora, con su publicación tratamos únicamente de ofrecer a los lectores de EL PAÍS una herramienta útil para que puedan medir cada día la calidad de su periódico. Este texto nos compromete a todos cuantos hacemos EL PAÍS, y el lector está en su derecho de demandarnos un cumplimiento riguroso.

 

JESÚS CEBERIO

Director de EL PAÍS

Abril de 2002

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Prólogo a la tercera edición

Presentamos por fin la tercera edición del Libro de estilo de EL PAÍS, mucho tiempo después de haberse agotado las dos primeras ediciones, correspondientes a los años 1977 y 1980. Siempre es más fácil efectuar otra versión de algo que ya existe, por muy corregida y aumentada que esté, que partir de cero y elaborar algo completamente nuevo, como hicieron los pioneros de este periódico hace casi trece años, entre ellos, en especial, Juan Luis Cebrián (hoy consejero delegado del mismo) y Julio Alonso. En cualquier caso, este Libro de estilo supone un gran esfuerzo sobre el anterior.

Desde noviembre de 1977 —fecha en la que se publicó la primera edición— muchos lectores se han interesado por poseer este instrumento de trabajo de la Redacción de EL PAÍS, sin que hayamos podido satisfacer su demanda; en el archivo del redactor jefe de Edición y Formación del periódico, Álex Grijelmo (sin cuyo tesón y conocimiento habríamos tardado mucho más en publicar el texto), hay una verdadera montaña de peticiones del Libro de estilo, y lo curioso es que una buena parte de ellas no tiene nada que ver, a priori, con ciudadanos relacionados con el mundo de la comunicación y sus aledaños. Son lectores curiosos con los modos de hacer de un diario de las características de EL PAÍS. Por ello es por lo que hemos decidido comercializar el libro por vez primera y ponerlo al alcance de quien quiera adquirirlo.

Además, la enorme movilidad del periodismo en España, la incorporación masiva de nuevas generaciones de profesionales a los medios de comunicación y el propio crecimiento de la Redacción de EL PAÍS hacían imprescindible una nueva edición del Libro de estilo, ya que las dos anteriores eran inencontrables. Entre otras cosas —y es preciso recordarlo—, porque las normas que en él figuran son de obligado cumplimiento para todos los redactores de EL PAÍS, con la recomendación estricta a los colaboradores de que procuren atenerse a las mismas. El acatamiento de estas normas no acabará con los errores que todos los días se cometen en las páginas de nuestro periódico, pero ayudará a mitigarlos y, desde luego, a concretarlos, lo que evitará su multiplicación.

Desde que se fundó, en EL PAÍS se ha considerado que son los lectores los propietarios últimos de la información, y los periodistas tan sólo los mediadores entre aquéllos y ésta. Por ello entendemos que han de existir unas directrices que comprometan al periódico con sus lectores, una especie de control de calidad que defina quiénes somos y cómo trabajamos. Aunque no hemos elaborado todavía un código deontológico en sentido estricto, tenemos las reglas de conducta muy precisas, unas internas y otras que nos enlazan con el exterior. Las primeras están contenidas en el Estatuto de la Redacción —incluido por primera vez en este libro—, un instrumento de trabajo inédito en España, aprobado por la Junta General de Accionistas del diario; este estatuto ordena las relaciones profesionales de la Redacción de EL PAÍS con la dirección y la propiedad del mismo, con independencia de los vínculos sindicales y laborales. El estatuto, en vigor desde el año 1980, regula aspectos tales como la cláusula de conciencia y el secreto profesional, y ofrece al colectivo de periodistas una serie de garantías ante un posible cambio en la línea editorial del diario. Por ejemplo, en su artículo séptimo se indica que, “cuando dos tercios de la Redacción consideren que una posición editorial de EL PAÍS vulnera su dignidad o su imagen profesional, podrán exponer a través del periódico, en el plazo más breve posible, su opinión discrepante”. El estatuto sirve asimismo para que la Redacción vote los nombres de sus cargos rectores, incluido el del director del periódico, como sucedió en mi propio caso.

Las dos normas externas son el Libro de estilo del periódico y el Ombudsman o Defensor del Lector. El Libro de estilo, además de los condicionamientos metodológicos que uniforman lo que aparece escrito desde el punto de vista formal, incluye al menos tres cláusulas que pueden considerarse como de conducta: la primera, que los rumores no son noticia; la segunda, que en caso de conflicto hay que escuchar o acudir a las dos partes, y, por último, que los titulares de las informaciones deben responder fielmente al contenido de la noticia. Estas tres reglas, además del uso honesto de las fuentes de información y la separación tajante entre información, opinión y publicidad, forman parte del equipaje básico que nos esforzamos en aplicar a diario.

El Ombudsman también tiene recogido su estatuto de actuación, en el que se estipula que garantiza los derechos de los lectores, y atiende sus dudas, quejas y sugerencias sobre los contenidos del periódico. También vigila que el tratamiento de las informaciones sea acorde con las reglas éticas y profesionales del periodismo. El Ombudsman, que es nombrado por el director del periódico entre periodistas de reconocido prestigio, credibilidad y solvencia profesionales, interviene a instancias de cualquier lector o por iniciativa propia. El puesto de Ombudsman de EL PAÍS tiene cuatro años de experiencia y por él han pasado tres extraordinarios profesionales (José Miguel Larraya, Jesús de la Serna y el pionero, el inolvidable Ismael López Muñoz).

La libertad de expresión y el derecho a la información son dos principios esenciales para la existencia de la prensa libre, que es una de las instituciones básicas del Estado de derecho. Tanto es así que no se puede hablar de democracia en ausencia de una prensa que no tenga las garantías suficientes para desarrollar su labor. Los periodistas ejercemos estos dos derechos esenciales en nombre de la opinión pública, de nuestros lectores. Ello nos obliga ante la sociedad en una medida más amplia que el estricto respeto a las leyes, que debemos acatar como el resto de los ciudadanos. Cuando los periodistas exigimos información en nombre de la opinión pública o criticamos a personas o instituciones de la Administración o de la sociedad civil, contraemos una responsabilidad moral y política, además de jurídica. Es decir, que se puede abusar del derecho a la libertad de expresión o del derecho a la información sin infringir la ley. De vez en cuando, la prensa española ofrece ejemplos que demuestran cómo el periodismo puede ser puesto al servicio de intereses ajenos a los lectores; cómo se desarrollan a la luz pública campañas de opinión que responden a oscuras pugnas financieras o mercantiles; cómo a veces la caza y captura de ciudadanos se disfraza de periodismo de investigación. Convertir los medios de comunicación en armas del tráfico de influencias al servicio de intereses que no se declaran es una práctica de abuso que crece a la sombra de la libertad. Por eso hemos procurado que las opiniones de EL PAÍS —equivocadas o no— hayan sido siempre nítidas; sus dueños, conocidos; sus cuentas, auditadas desde el comienzo, y sus motivaciones, públicas.

La defensa de la libertad de expresión pasa por el establecimiento de mecanismos de transparencia en el ejercicio de esta profesión, a fin de no arruinar el único patrimonio de nuestro oficio: la credibilidad. Entre esos mecanismos figura por propios méritos este Libro de estilo, que servirá —si somos capaces de utilizarlo bien— para defender a los lectores del sensacionalismo, el amarillismo y el corporativismo de los profesionales. Porque a veces ocurre que en la mención abusiva de la libertad de información y de expresión se escudan sus enemigos para negar las críticas legítimas y la labor de control del poder, incluido el de los propios periodistas.

 

JOAQUÍN ESTEFANÍA

Director de EL PAÍS

Abril de 1990

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Prólogo a la segunda edición

Un libro de estilo no es una gramática ni un diccionario al uso. Es simplemente el código interno de una Redacción de cualquier medio informativo, que trata de unificar sistemas y formas expresivas con el fin de dar personalidad al propio medio y facilitar la tarea del lector en el caso de los periódicos. Por eso nadie debe ver en esta segunda edición del Libro de estilo de EL PAÍS un intento de aportaciones novedosas al campo de la lingüística o de la gramática, ni se debe asombrar de las lagunas evidentes que para un lector de la calle el libro ofrece.

La redacción del Libro de estilo de EL PAÍS es el fruto de la experiencia de casi cuatro años de periódico y ha sido elaborada por un amplio equipo de periodistas responsables de las áreas informativas del diario. No sería de justicia, sin embargo, no mencionar aquí la tarea ímproba de Julio Alonso, redactor jefe de EL PAÍS, que ha coordinado los trabajos, ordenado y sintetizado el diccionario y aportado numerosas sugerencias.

Este manual ofrece aún, sin duda, numerosos defectos —aunque se han corregido muchos de los que se apreciaban en su primera edición de 1977— y de ninguna manera creemos por eso que pueda considerarse un texto definitivo. A la postre, la propia dinámica del periódico seguirá indicándonos fallos y proponiendo nuevas soluciones a los problemas con que nos encontremos. Pero, en tanto la edición no sea revisada, el libro es de obligado cumplimiento para todos los redactores de EL PAÍS, y se recomienda a los colaboradores que no desprecien las normas en él establecidas. Por lo demás, creemos también que este trabajo, destinado exclusivamente a facilitar la tarea de los periodistas de nuestro diario, puede ser de alguna utilidad en las facultades de Ciencias de la Información y en los centros de preparación de profesionales y de investigación sobre la prensa.

El libro se compone de dos partes claramente diferenciadas. Una primera donde se exponen las normas de redacción, tanto en lo que se refiere a sistemas de trabajo como a la preparación y presentación de originales. Nuevamente es preciso señalar que no pensamos que las convenciones o soluciones a las que se ha llegado para resolver problemas concretos —formas de titular, puntuar, etcétera— sean las mejores, en abstracto, ni sienten tipo alguno de doctrina. Son, en cambio, las que nos han parecido más adecuadas a las características de nuestro periódico y más útiles para nuestros lectores.

La segunda parte está compuesta básicamente por un diccionario de siglas, palabras de significado dudoso o ambiguo y un gran número de expresiones en idiomas distintos al castellano, con las que no pocas veces tienen que lidiar los periodistas, sin más ayuda que los diccionarios de uso común, poco familiarizados con las técnicas y la jerga del periodismo y llenos de lagunas en lo que se refiere a nombres de organismos extranjeros o internacionales. Se incluyen también, en un apéndice, tablas de equivalencias de medidas, los signos de corrección más usuales y otros datos de utilidad.

Por último, debemos aceptar que, aun siendo el libro de obligado cumplimiento para la Redacción de EL PAÍS, el error humano y nuestros propios defectos de organización ocasionarán, sin duda, dificultades y fallos en ese mismo cumplimiento. Pensamos, no obstante, que una aplicación rigurosa del libro eliminará un altísimo porcentaje de los errores cometidos por EL PAÍS, y no sólo no rechazamos, sino que anhelamos vivamente la colaboración de cuantos en este terreno quieran ayudarnos.

 

JUAN LUIS CEBRIÁN

Director de EL PAÍS

Marzo de 1980

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Introducción

La vida del periodista ha cambiado mucho desde que en 2004 apareció la anterior revisión del Libro de estilo de EL PAÍS. Los redactores conviven ahora con tecnología que les capacita para acelerar la comunicación y que se ha convertido en herramienta clave de su trabajo en un universo de información instantánea. Los redactores ya no son sólo personas dedicadas a elaborar una información para un formato de papel. Son profesionales enfocados sobre todo a conseguir y editar información de calidad que adoptará después distintas salidas: en la ciberpágina, en aplicaciones móviles, en redes sociales y también en papel. Pueden considerar en un instante si una información requiere texto, o vídeo, o foto, o audio; y, por si fuera poco, se han modificado multitud de palabras y de normas ortográficas: gentilicios, topónimos, trasliteraciones, acentuaciones, mayúsculas y minúsculas, femeninos y masculinos, abreviaturas, denominaciones científicas, lenguajes informáticos...

Por tanto, se hacía necesaria una actualización profunda de estas normas que EL PAÍS se da a sí mismo y que ofrece a los lectores como contrato ético y estético. Ahora bien, los pilares deontológicos se mantienen edición tras edición: el rigor informativo, la verificación de los datos, el contraste de las noticias, la consulta a la persona perjudicada, la exposición de posturas divergentes, el respeto al honor, la intimidad y la propia imagen, la pluralidad de opiniones, el uso correcto del idioma, la coherencia en el léxico.

Las principales novedades de fondo en esta nueva edición quizá se hallen en la detallada exposición de los géneros periodísticos que se usarán en el diario impreso y en el diario digital. Esa división formal se presenta como una garantía para el lector. Sí, una garantía porque los códigos tipográficos, el estilo del titular y el formato de la firma del autor, además del epígrafe orientativo, le permitirán saber qué grado de presencia del periodista se encontrará en cada uno de ellos, para que tenga la oportunidad de filtrar el tipo de subjetividad que pueda encontrarse en cada caso. La presencia del periodista debe ser ínfima en la noticia, pero va aumentando en la crónica, el reportaje, el análisis, la crítica... hasta llegar al grado máximo de subjetividad en el artículo de opinión o el editorial. En cada uno de esos pasos se establecen unos límites que el lector puede conocer gracias a esta pequeña Constitución que se promulga con este libro.

En cualquier caso, conviene recordar que estamos ante un libro de estilo, y que de estilo se habla; no de una norma general para todos los hablantes, sino del criterio que un periódico decide darse a sí mismo de entre varios posibles. Sabemos que incluir es excluir, y viceversa. Pero aquí no se incluyen unas palabras para reprobar otras, sino que simplemente se eligen para determinar un estilo. Lo cual no significa que aquellas formas o posibilidades desechadas se consideren inaceptables para el uso general del idioma español o para otros medios informativos. También, a veces, se escogen algunas palabras por razones tan arbitrarias como la brevedad de su escritura, con el objetivo de hacer más fácil la cuadratura del titular y de que en un mismo texto no se empleen, por ejemplo, dos gentilicios o dos topónimos igualmente válidos pero que pueden desconcertar al lector.

Asimismo, hemos de recordar que la obra está concebida como un manual, encaminado a que el periodista y el público interesado encuentren rápidamente lo que busquen. Por tanto, algunas normas y definiciones aparecen repetidas. Eso sucede porque se han situado en los dos o tres lugares en que podrían suponerse, a fin de que no se produzcan intentos infructuosos.

Conviene advertir también de que en los ejemplos se han empleado las comillas simples (‘ ’) para enmarcarlos, con la intención de que quede claro dentro de ellos, cuando proceda, el uso de las comillas dobles (“ ”).

El presente Libro de estilo hereda de las versiones anteriores el trabajo de la filóloga Clara Lázaro, aumentado ahora con muy numerosas propuestas y correcciones suyas en la parte de léxico, así como la colaboración de los expertos en nuevas tecnologías y lenguaje José Antonio Millán y Xosé Castro. Esta edición final (y nunca definitiva) es deudora también de personas como los periodistas Julio Alonso (el primer responsable del Libro de estilo, cuya edición original data de 1977), Jesús de la Serna, Miguel Ángel Bastenier, Soledad Gallego-Díaz y Camilo Valdecantos. Todos ellos, junto con el equipo directivo del periódico y el Comité Profesional, han contribuido a este trabajo en grupo, para el que también hemos consultado (entre otros) los diccionarios y normas de la Real Academia, de María Moliner, Julio Casares, Manuel Seco, Manuel Alvar Ezquerra, diversas obras de Leonardo Gómez Torrego, el diccionario Collins (inglés-español), la enciclopedia Larousse, el Diccionario geográfico universal, del académico mexicano Guido Gómez de Silva, el Diccionario LID empresa y economía, dirigido por Marcelino Elosua; el Manual de español urgente y el Libro del estilo urgente, de la agencia Efe, y numerosas guías profesionales de periódicos españoles y de América. Hemos de reseñar también la minuciosa y erudita labor de los correctores de pruebas, Miryam Galaz, Carlos García, Javier Olmos y Ángeles San Román. A la editorial Aguilar, a su director, Pablo Álvarez, y al resto del equipo.

A todos ellos nuestra gratitud.

 

ÁLEX GRIJELMO

 

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MANUAL

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1
PRINCIPIOS ÉTICOS

1.1. EL PAÍS se define estatutariamente como un medio independiente, nacional, de información general, con una clara vocación global y especialmente latinoamericana, defensor de la democracia plural según los principios liberales y sociales, y que se compromete a guardar el orden democrático y legal establecido en la Constitución.

En este marco, acoge todas las tendencias, excepto las que propugnan la violencia para el cumplimiento de sus fines.

 

1.2. EL PAÍS se esfuerza por presentar diariamente una información veraz, lo más completa posible, interesante, actual y de alta calidad, de manera que ayude al lector a entender la realidad y a formarse su propio criterio.

 

1.3. EL PAÍS rechazará cualquier presión de personas, partidos políticos, grupos económicos, religiosos o ideológicos que traten de poner la información al servicio de sus intereses. Esta independencia y la no manipulación de las noticias son una garantía para los derechos de los lectores, cuya salvaguardia constituye la razón última del trabajo profesional. La información y la opinión estarán claramente diferenciadas entre sí.

 

1.4. El medio informativo ha de ser el primero en subsanar los errores cometidos en sus páginas, y hacerlo lo más rápidamente posible y sin tapujos. Esta tarea recae de manera muy especial en los responsables de cada área informativa. Véanse los apartados 1.51 y siguientes.

 

 

LAS FUENTES

 

1.5. Las informaciones de que dispone un periodista sólo pueden ser obtenidas por tres vías: su presencia en el lugar de los hechos, la narración por una tercera persona o el manejo de un documento. El lector tiene derecho a conocer cuál de las tres posibilidades se corresponde con la noticia que está leyendo. Para ello, se citará siempre una fuente cuando el periodista no haya estado presente en la acción que transmite. Si la información procede de una sola persona, se hablará de ‘fuente’ en singular.

 

1.6. En los casos conflictivos hay que escuchar o acudir siempre a las partes en litigio. Aquellos dudosos, de cierta trascendencia o especialmente delicados han de ser contrastados por al menos dos fuentes, independientes entre sí.

 

1.7. Siempre que no se haya podido localizar a una persona a quien se supone perjudicada por una información, se hará constar mediante esta fórmula u otra similar: ‘este periódico intentó ayer, sin éxito, conversar con Fulano de Tal para que ofreciera su versión’.

El periodista debe evitar la argucia de ofrecer la apariencia de que ha intentado localizar a alguien sin conseguirlo.

Para ello, deberá detallar además cuáles fueron sus gestiones.

Caso de no localizar a una de las partes, y tras explicarlo, el periodista deberá hablar con alguien de su entorno que pueda ofrecer una versión de contraste o contrapeso.

 

1.8. Si una información recoge hechos radicalmente distintos según los narre una fuente o los explique otra enfrentada con la anterior, y el medio no se define en el texto por ninguna de ellas, los distintos elementos del titular procurarán equilibrar las diferentes versiones.

 

1.9. En casos que supongan un ataque al honor o el prestigio de una de esas personas enfrentadas, y en los cuales la versión del acusado siembre suficientes dudas sobre la veracidad del relato de la primera fuente, se debe considerar también la posibilidad de no publicar la noticia.

 

1.10. El periodista tiene la obligación de no revelar sus fuentes informativas cuando éstas hayan exigido confidencialidad. Excepcionalmente, y por causas que afecten a su honor o al prestigio profesional, podrá hacerlo, con autorización previa del director, tras escuchar el parecer del Comité Profesional. Del mismo modo, y ante informaciones especialmente importantes, el director del periódico podrá conocer las fuentes informativas de un redactor, con el compromiso expreso de no revelarlas.

 

1.11. La petición de anonimato por parte de algún protagonista de una información que colabora en ella debe respetarse, pero hay que procurar que figure alguna indicación del porqué de tal exigencia: por temor a represalias, por estar obligado a mantener la confidencialidad del asunto que revela u otros análogos. Tal mención habrá de hacerse de forma que no ponga en peligro el anonimato del personaje.

 

1.12. Cuando no se pueda citar el nombre del informante, conviene huir de expresiones genéricas como ‘fuentes fidedignas’, ‘fuentes competentes’ o ‘dignas de crédito’ (se sobreentiende que lo son; en caso contrario, no deben utilizarse). Pueden emplearse, no obstante, fórmulas que, sin revelar la identidad de la fuente, se aproximen lo máximo posible a ella; por ejemplo, ‘fuente gubernamental’, ‘parlamentaria’, ‘judicial’, ‘eclesiástica’, ‘sindical’, ‘empresarial’ o ‘diplomática’. El periodista puede permitir que la propia fuente elija el término adecuado mediante el cual considere que no va a ser identificada, siempre y cuando ese término no resulte falso.

 

1.13. Hay que evitar el recurso de disimular como fuentes informativas (‘según los observadores...’, ‘a juicio de analistas políticos...’) aquellas que sólo aportan opiniones. En este supuesto, deberá identificarse a la persona consultada. En otro caso, no resulta interesante conocer una opinión si no se sabe quién la avala.

 

1.14. Cuando en un relato se haga imprescindible omitir el nombre de alguna persona y cambiarlo por otro, esta circunstancia se advertirá al lector al comienzo del texto.

 

1.15. Las relaciones con las fuentes habituales habrán de mantenerse con la distancia suficiente para que no condicionen la imparcialidad del trabajo periodístico. La independencia del periodista es un valor esencial que debe preservarse con el máximo cuidado.

 

1.16. Los redactores del periódico no deben hacer el vacío a un personaje o a una institución sólo porque hayan tenido problemas para informar acerca de determinada noticia. Cualquier acción de protesta al respecto debe ser autorizada por la dirección. El derecho a la información es sobre todo del lector, no del periodista. Si se encuentran trabas, se superan; si éstas añaden información, se cuentan; si no es así, se aguantan. Los espacios del periódico no están para que el redactor desahogue sus humores, por justificados que sean.

 

1.17. El hecho de que una información haya sido facilitada por una fuente con la petición de que no sea difundida (en la jerga, una información off the record) no impide su publicación si se obtiene honradamente por otros medios. De otra manera, esa confidencialidad supondría una censura externa para una información que está al alcance del periodista.

 

 

INJURIAS Y CALUMNIAS

 

1.18. La calumnia consiste en acusar a alguien falsamente de un delito. La injuria es un agravio o ultraje de obra o de palabra, así como la imputación de hechos que desacrediten la fama o la estimación de alguien.

La atribución de la noticia a una fuente o fuentes no exime al periodista de la responsabilidad de haberla escrito, sobre todo si se trata de fuentes anónimas que transmiten informaciones calumniosas o injuriosas.

Sin embargo, la reproducción de documentos judiciales o policiales para sustentar esas acusaciones puede exonerar al redactor, que, no obstante, está obligado a ofrecer todos los ángulos posibles sobre los hechos. El periodista queda protegido, pues, si las informaciones injuriosas o calumniosas están atribuidas a fuentes identificadas con claridad y puede demostrar ese origen.

Las informaciones que afecten al honor y la intimidad de las personas sólo se publicarán si se puede acreditar su veracidad, están contrastadas y responden al interés público (no confundir con la curiosidad del público).

Algunas circunstancias pueden exigir una mayor diligencia profesional en la comprobación y contraste: las características de la fuente original (anónima, oficial, identificada, etc.), la diferente gravedad de los hechos denunciados y la persona a quien se adjudiquen.

De este modo, una nota policial no obliga a mayor comprobación por el periodista (si bien en EL PAÍS se deben contrastar en la medida de lo posible los datos oficiales), mientras que una denuncia anónima precisa todo tipo de confirmaciones y contrastes.

Una declaración dicha en público por un político y dirigida contra otro se puede difundir con rapidez en elpais.com sin esperar a que se disponga de la otra versión, pues se trata de un hecho de relevancia pública y de fuente identificada (todo lo cual no impide que el periodista busque cuanto antes la versión de la persona a quien se acusa).

Sin embargo, no debe difundirse una acusación contra una persona sin relevancia pública y en su ámbito privado y procedente de fuentes cuyo nombre se oculta. Quienes desempeñan cargos públicos están más sometidos en su actividad profesional y personal al escrutinio periodístico que quienes actúan solamente como personas privadas (aunque siempre teniendo en cuenta la relevancia pública de lo que se publique).

El periodista habrá de extremar la diligencia, por tanto, cuando maneje fuentes anónimas que acusan a otra persona, con mayor razón si imputan un delito y aún más si el acusado no es un personaje público.

 

 

CONFLICTOS DE INTERESES

 

1.19. El interés del lector, de acuerdo con el apartado 1.3, prevalece sobre cualquier otro. La mejor forma de evitar el conflicto de intereses es la transparencia interna que EL PAÍS se compromete a mantener.

 

1.20. En las informaciones relevantes de contenido económico o financiero referidas a cualquier empresa integrada o participada por el Grupo Prisa se hará constar que se trata del grupo editor de EL PAÍS.

 

1.21. Los periodistas de EL PAÍS no admitirán entradas, pases o privilegios, ni regalos cuyo valor exceda ostensiblemente de lo que pueda entenderse como un gesto de mera cortesía, de acuerdo con los usos sociales. No es posible establecer una tabla de valores, por lo que, en caso de que se suscite alguna duda, el redactor deberá someterse al criterio de la Dirección, una vez oído el Comité Profesional. Esta limitación deberá extremarse cuando el obsequio se produzca con ocasión de un hecho informativo concreto, como asambleas generales de bancos, empresas o entidades con fines lucrativos.

 

1.22. EL PAÍS, como norma general, no acepta invitaciones para elaborar informaciones. Las excepciones habrán de autorizarse expresamente por la Dirección del periódico. En las informaciones hechas tras aceptar una invitación, se hará constar que el viaje ha sido patrocinado y se expresará el nombre de la empresa.

 

1.23. Los periodistas deberán abstenerse de realizar cualquier información o trabajo periodístico que entre en conflicto con sus intereses personales, ya sean políticos, sindicales, económicos o familiares. El redactor deberá contar con la autorización del director del periódico para cualquier tipo de colaboración con otro medio, así como para hacer trabajos remunerados cuya cuantía pueda poner en cuestión su independencia. Cuando se produzca un conflicto, el director pedirá la opinión del Comité de Redacción.

 

 

TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN

 

1.24. Los rumores no son noticia. Cuando el rumor sea utilizado por alguna persona o grupo como arma arrojadiza contra otro, se podrá denunciar este hecho, pero sin citar las acusaciones difundidas mediante esa argucia.

 

1.25. El periodista transmite a los lectores noticias comprobadas, y se abstiene de incluir en ellas sus opiniones personales. Cuando un hecho no haya sido verificado suficientemente, el redactor evitará en las noticias expresiones como ‘al parecer’, ‘podría’, ‘no se descarta’ o similares. Estas fórmulas sólo sirven para añadir hechos no contrastados o rumores. En ese caso deberá aportar los datos ciertos que le inducen a creer que algo ‘podría’ ocurrir o que ha sucedido ‘al parecer’.

 

1.26. La aparición en otro medio, antes que en el propio, de informaciones de importancia no es motivo para negarles la valoración y el tratamiento que se juzgue oportuno. Este criterio sirve igualmente para las fotografías.

 

1.27. Es inmoral apropiarse de noticias de paternidad ajena. Por tanto, los despachos de agencia se firmarán siempre, a no ser que la noticia se confirme o amplíe con medios propios o que el texto del teletipo haya sufrido retoques que afecten al fondo de la información. En este caso, porque así se asume la responsabilidad de tales cambios.

 

1.28. Está prohibido reproducir ilustraciones de enciclopedias, revistas, etcétera, sin autorización previa de sus propietarios o agentes. En todo caso, siempre deberá aparecer al pie el nombre de la fuente.

 

1.29. Está prohibido firmar una información en un lugar en el que no se encuentra el autor, ni siquiera en el caso de los enviados especiales que elaboren una crónica recién llegados de un viaje. En este supuesto, se hará constar en la entradilla que tal información fue recogida por el firmante en el sitio, y la firma puede ser reproducida sin acompañamiento de la ciudad o país visitado.

 

 

SINGULARIDADES INFORMATIVAS

 

1.30. EL PAÍS no publica informaciones sobre la competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad. La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que contribuyan a su difusión.

 

1.31. Las falsas amenazas de bomba no se deberán recoger como noticia, salvo que acarreen consecuencias de interés general. Estas informaciones no hacen sino favorecer al delincuente y extender ese tipo de conductas. Los mismos criterios restrictivos se aplicarán con las pintadas y las pancartas injuriosas.

 

1.32. El periodista deberá ser especialmente prudente con las informaciones relativas a suicidios. En primer lugar, porque no siempre la apariencia coincide con la realidad, y también porque la psicología ha comprobado que estas noticias incitan a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio y que sienten en ese momento un estímulo de imitación. Los suicidios deberán publicarse solamente cuando se trate de personas de relevancia o supongan un hecho social de interés general.

 

1.33. En los casos de violación, el nombre de la víctima se omitirá, y solamente podrán utilizarse las iniciales o datos genéricos (edad, profesión, nacionalidad), siempre que no la identifiquen. También se emplearán iniciales cuando los detenidos por la policía o los acusados formalmente de un delito sean menores de edad (18 años).

 

 

TRATAMIENTO DE LA PUBLICIDAD

 

1.34. Los espacios publicitarios no se podrán utilizar para contradecir o matizar informaciones publicadas en el diario. Para estos casos existen los espacios Fe de errores, Cartas al director y el Defensor del Lector.

 

1.35. Se deberá comprobar la veracidad de los anuncios que entren en la esfera estrictamente individual de las personas o las familias (esquelas, desapariciones, avisos).

 

1.36. Nunca los intereses publicitarios motivarán que se publique una información determinada, ni condicionarán la jerarquización de una noticia o un vídeo en el diario impreso o en elpais.com. Los suplementos especiales, habitualmente monográficos, que suelen tener como fin el servir de soporte publicitario se presentarán de forma que resulte patente su diferencia con el conjunto del medio. Cuando se trate de encartes informativos ajenos a EL PAÍS, se indicará en un lugar visible: “Suplemento realizado por XX [nombre de la empresa], único responsable de su contenido”.

 

1.37. La publicidad siempre estará diferenciada tipográficamente de los textos elaborados en la Redacción. Los tipos de letra reservados para las informaciones no se pueden utilizar en la publicidad. Los anuncios cuyo diseño se asemeje a un medio informativo deberán incluir en la cabecera la palabra ‘Publicidad’.

 

1.38. Durante las campañas electorales, la publicidad política no se podrá emplazar en los espacios dedicados a esta información.

 

 

IMÁGENES

 

1.39. Está prohibida toda manipulación de las fotografías que no sea estrictamente técnica (edición periodística, eliminación de defectos de revelado o de transmisión) o esté destinada a preservar la identidad de menores o personas expresa o potencialmente amenazadas. Ni siquiera se podrá invertir una imagen con el propósito de que la cara de la persona fotografiada dirija su vista a la información a la que acompaña.

 

1.40. Las imágenes desagradables sólo se publicarán cuando añadan información.

 

1.41. Debe extremarse el cuidado con la publicación de imágenes utilizadas como simple ilustración de contenidos de actualidad. Los redactores han de velar por que tal inserción de imágenes o ilustraciones, al ser extraída del entorno en que fueron tomadas, no dañe la imagen de las personas que aparezcan en ellas. En cualquier caso, deberá expresarse en el pie a qué fecha y situación corresponde la fotografía.

 

1.42. EL PAÍS no empleará el sistema de cámara oculta para obtener información mediante el engaño o la vulneración de derechos. (Véanse el apartado 4.2 y siguientes).

 

 

ENTREVISTAS

 

1.43. Los defectos de dicción o de construcción idiomática de un entrevistado —por tartamudez, por ser extranjero o causa similar— no se deben reproducir. Sólo cabe hacerlo en circunstancias muy excepcionales, más que nada como nota de color, pero siempre que no se ponga en ridículo a esa persona. En todo caso, se preferirá hacer mención de este defecto en la entradilla que ha de preceder a toda entrevista, y de la manera más breve y respetuosa posible.

 

1.44. Las conversaciones, siempre que sea posible, serán grabadas. En su defecto, el entrevistador tomará notas detalladas del contenido de la entrevista. El entrevistado tiene derecho a reclamar una copia de la transcripción antes de que sea publicada, para corregir expresiones que hubieren sido mal transcritas. Pero no podrá modificar el diálogo que mantuvo con el periodista, salvo que se trate de matizaciones formales que no alteren el sentido de lo que dijo. Cualquier conflicto sobre la correcta transcripción se resolverá con la grabación. De no existir ésta, se concederá el beneficio de la duda a la persona entrevistada.

 

1.45. Salvo en situaciones muy excepcionales, no deben realizarse entrevistas mediante cuestionarios previos. Y, en ese caso, ha de advertirse al lector.

 

 

ENCUESTAS

 

1.46. Las encuestas o sondeos de opinión que se publiquen por encargo del propio periódico deberán acompañarse, siempre, de la ficha técnica correspondiente, de acuerdo con las normas de las empresas demoscópicas.

Cuando se recojan encuestas externas se procurará, en la medida de lo posible, aportar alguno de esos datos, como la muestra, la fecha de realización, etcétera.

La publicación de datos parciales de una encuesta puede constituir una manipulación. Esta manipulación puede residir en la fuente que facilita una parte de un sondeo pero oculta el resto. Por tanto, el periodista procurará obtener la encuesta al completo; y, en caso de no conseguirlo, advertirá al lector de que no dispone del trabajo íntegro.

 

 

EXPRESIONES MALSONANTES

 

1.47. Las expresiones vulgares, obscenas o blasfemas están prohibidas. Como única excepción a esta norma, cabe incluirlas cuando se trate de citas textuales, y aun así, siempre que procedan de una persona relevante, que hayan sido dichas en público o estén impresas y que no sean gratuitas. Es decir, sólo y exclusivamente cuando añadan información. Una palabrota pronunciada durante una entrevista no justifica su inclusión en el texto, cualquiera que sea la persona que la emitió.

 

1.48. Si, de acuerdo con el apartado anterior, hay que escribir una palabra o frase malsonante, esta se reproducirá con todas sus letras, pero nunca de forma abreviada: ‘le llamó hijo de puta’, no ‘le llamó hijo de p...’. Los eufemismos del lenguaje conocido como políticamente correcto, con gran predicamento en Estados Unidos, son ajenos a nuestro entorno y no deben tomarse como pauta. Se puede usar una palabra amable (eufemismo) en vez de otra hiriente (disfemismo) si se trata de no ofender a personas o colectividades, pero no si se pretende enmascarar la realidad.

 

1.49. Nunca deben utilizarse palabras o frases que resulten ofensivas para una comunidad. Por ejemplo, ‘le hizo una judiada’, ‘le engañó como a un chino’, ‘eso es una gitanería’, ‘es una merienda de negros’, ‘le tiene un odio africano’.

 

1.50. Los textos informativos sobre cualquier acontecimiento que provoque repulsa social habrán de mantener un lenguaje correcto para con los protagonistas del suceso, por muy execrable que pueda parecer su conducta.

 

 

CORRECCIONES DE ERRORES Y DERECHO AL OLVIDO

 

1.51. Fe de errores. El periódico ha de ser el primero en subsanar los errores cometidos en sus páginas, y hacerlo lo más rápidamente posible y sin tapujos. Esta tarea recae de manera muy especial en los responsables de cada área informativa. No obstante, todo redactor tiene obligación de corregir sus propios originales.

 

1.52. Los duendes de imprenta no existen. Tampoco los hay en la Redacción. Cuando se comete un error, se reconoce llanamente, sin recursos retóricos.

 

1.53. La Fe de errores —se hayan cometido en el diario o en alguno de sus suplementos— se publicará siempre en las páginas de Opinión, al final de las Cartas al director.

 

1.54. Errores en la versión digital. Aquellas informaciones en las que se hayan deslizado equivocaciones graves o significativas incorporarán en su versión digital, y en lugar visible, el siguiente aviso: ‘Este texto ha sido corregido mediante fe de errores, que figura al pie’. Tal fe de errores se añadirá, por tanto, al final de la información, sin apostillas ni comentarios.

 

1.55. Estas correcciones se vincularán de ese modo a las noticias en el momento en que el periódico sea consciente del error, incluso aunque hayan pasado años desde la publicación inicial.

 

1.56. Los textos que den lugar a cartas al director que maticen o contradigan su contenido incorporarán en su versión digital y en lugar visible el siguiente aviso: ‘Este texto dio lugar a los comentarios o matizaciones en la sección Cartas al director que figuran al pie’. Tales cartas se reproducirán, por tanto, al final de esa información.

 

1.57. Derecho al olvido. Las informaciones archivadas y con acceso desde elpais.com que den cuenta de investigaciones, imputaciones, acusaciones, detenciones, encarcelamientos o condenas que hayan sido revocados por una decisión policial o judicial posterior deberán contener una advertencia al respecto y un enlace con la última información disponible sobre el caso. Si esa última información no se hubiera publicado en su momento, la persona perjudicada podrá reclamar que la noticia en cuestión incluya un texto aclaratorio y un enlace con la notificación o la sentencia de que se trate.

 

1.58. EL PAÍS aplicará los siguientes criterios a aquellos casos en que un particular, en aplicación del llamado derecho al olvido, reclame el borrado de una noticia, crónica o reportaje veraz que afecte a su imagen:

1. Nunca se producirá el borrado de los archivos digitales de EL PAÍS, pero se puede considerar la posibilidad de ocultar esa información a los buscadores de Internet.

2. La información debe haber sido publicada más de 15 años atrás respecto del momento en que se reclama su borrado.

3. La información ha de perjudicar a la persona reclamante en su vida familiar o profesional.

4. No se considerarán las reclamaciones que afecten a hechos que figuren en sentencias firmes de los tribunales de justicia y se refieran a actos de violencia.

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2
NORMAS DE ESCRITURA

CRITERIOS GENERALES

 

2.1. Uso del idioma. El propósito al redactar cualquier texto periodístico (noticia) es comunicar hechos e ideas a un público heterogéneo. Por tanto, el estilo de redacción debe ser claro, conciso, preciso, fluido y fácilmente comprensible, a fin de captar el interés del lector.

 

2.2. Los periodistas han de escribir con el estilo de los periodistas, no con el de los políticos, los economistas o los abogados. Los periodistas tienen la obligación de comunicar y hacer accesible al público en general la información técnica o especializada. La presencia de palabras eruditas no explicadas refleja la incapacidad del redactor para comprender y transmitir una realidad compleja. El uso de tecnicismos no muestra necesariamente unos vastos conocimientos, sino, en muchos casos, una notable ignorancia.

 

2.3. Los periodistas deben cuidar de llamar a las cosas por su nombre, sin caer en los eufemismos impuestos por determinados grupos. Así, por ejemplo, el impuesto revolucionario debe ser denominado ‘extorsión económica’, al ‘reajuste de precios’ deberá llamársele ‘subida’ y nunca una policía ‘tuvo que’ utilizar medios antidisturbios, sino que, simplemente, los utilizó.

 

2.4. Este Libro de estilo está dirigido a que los periodistas hagan un buen uso del castellano, pero sus indicaciones se pueden tomar de manera analógica para aplicarse a cualquier otra lengua que se emplee bajo la cabecera de EL PAÍS.

Por regla general, no deben utilizarse palabras de lenguas distintas a aquella en la que se escribe, mientras existan otras sinónimas en ese idioma. Esta norma no tiene más excepciones que las expresamente recogidas en este libro.

El criterio seguido en tales casos ha sido aceptar las palabras no castellanas impuestas por su uso generalizado, de las cuales gran parte incluso se escriben en redonda (por ejemplo, ‘squash’); las que no tienen una traducción exacta (por ejemplo, el ‘green’ del golf) y las que, de ser traducidas, perderían parte de sus connotaciones (por ejemplo, ‘ikastola’, ‘geisha’, ‘calçots’).

 

2.5. Las palabras no castellanas se escriben en cursiva, salvo los latinismos muy usuales y salvo las excepciones recogidas en el Libro de estilo, y, desde luego, con la acentuación, el género o los plurales que les corresponden en su idioma original.

 

2.6. Los términos empleados deben ser comunes, pero no vulgares. Cuando haya que incluir vocablos poco frecuentes —por estar en desuso o por ser excesivamente técnicos—, es preciso explicar al lector su significado.

 

2.7. Las frases deben ser cortas, con una extensión máxima aconsejable de 20 palabras. ‘La frase corta alarga la vida laboral del redactor’ (Daniel Samper, periodista colombiano).

Sujeto, verbo y complemento es regla de oro. No obstante, conviene variar la longitud y estructura de las frases y los párrafos. Es una forma de mantener el interés. Cambiar la forma, el orden y los elementos de las frases resulta más importante incluso que cambiar su longitud. Repetir la misma estructura es el camino más seguro para aburrir al lector.

El empleo de las normas básicas de este Libro de estilo no implica el uso de una escritura uniforme en todo el diario, puesto que son compatibles con la riqueza, la variedad y el estilo personal.

 

2.8. Es preferible utilizar los verbos en activa y en tiempo presente. Esto acerca la acción al lector.

 

2.9. Referencias temporales. En las informaciones siempre han de quedar bien claras las circunstancias de tiempo en que se produce la noticia, pero de modo que ello sirva para todos los soportes informativos y permita que un texto pase de uno a otro sin necesidad de correcciones en este aspecto.

Para ello, el lector, independientemente del soporte en el que vea las noticias, debe tener a su alcance con facilidad una referencia a la fecha de publicación original del texto, la foto o el vídeo, incluyendo el día de la semana.

Por tanto, en las piezas publicadas en soportes electrónicos se hará constar siempre la fecha original en la que fueron difundidos por vez primera, independientemente de que se añada el dato de cuándo se produjo la última actualización del texto o de alguno de los elementos que lo acompañan. (Véanse los apartados 7.7, 3.35 y 3.36).

Las referencias temporales dentro de las informaciones o artículos, sea cual sea el soporte empleado para su difusión, seguirán esta fórmula: ‘este jueves’, ‘este lunes’ o ‘señaló a mediodía del martes’.

 

2.10. Cuando se haga referencia a una fecha de publicación ya cumplida, habrá de especificarse si se trata del día en que determinado texto se publicó en la Red o bien en el que apareció en el diario impreso; puesto que pueden darse diferencias entre ambos momentos.

 

2.11. Si en una información se hace referencia a un día anterior, siempre que se trate de la misma semana se preferirá la mención concreta de ese día (‘el martes día 17’) al uso de un adverbio (‘anteayer’).

 

2.12. Rigor. La información debe ser exacta. Hay que evitar expresiones como ‘varios’, ‘un grupo’, ‘algunos’, ‘numerosos’, ‘un montón de’..., para sustituirlas por datos concretos.

 

2.13. En los casos conflictivos hay que escuchar o acudir siempre a las dos partes en litigio. (Véanse los apartados 1.6 al 1.14).

 

2.14. No hay que abusar de frases como ‘declararon a EL PAÍS’, ‘según ha podido saber EL PAÍS’ ni de otras similares. Expresiones como éstas deben reservarse para las informaciones de carácter exclusivo o excepcional.

 

2.15. Las muletillas como ‘en declaraciones hechas en exclusiva a EL PAÍS’, u otras análogas, están prohibidas. Tener una información en primicia o exclusiva es algo que ha de enorgullecer íntimamente al periodista, pero que no debe traspasarse al lector. Ya se encargará él, si así lo considera, de valorar este esfuerzo informativo.

 

2.16. Las dificultades que haya tenido el redactor para obtener los datos de su información tampoco interesan, salvo cuando tales trabas son noticia en sí; es decir, cuando añaden información.

 

2.17. El autor de un texto informativo debe permanecer al margen de lo que cuenta, por lo que no podrá utilizar la primera persona del singular ni del plural, salvo casos excepcionales autorizados por el responsable de la sección.

Tampoco empleará expresiones como ‘en nuestro país’, puesto que el periódico se lee también fuera de España, o en España por personas extranjeras. El adjetivo posesivo ‘nuestro’ incluye en ese caso al lector y al informador, las dos personas que se comunican, y el lector no tiene por qué ser español (y en algunos casos tampoco el periodista).

 

2.18. Edad. Los años que tenga el protagonista de una noticia, entrevista o reportaje constituyen un dato informativo de primer orden. Por tanto, debe incluirse siempre, a no ser que se trate de una noticia sobre un personaje sobradamente conocido. En ocasiones, además de la edad, son datos relevantes el estado físico o mental del personaje.

 

2.19. Hay que evitar expresiones tan desafortunadas (y frecuentes) como ‘una joven de 33 años’. La norma es la siguiente: bebé, menos de un año; niña o niño, de 1 a 12 años; joven y adolescente, de 13 a 18 años; hombre o mujer, más de 18 años. Los términos ‘anciano’ o ‘anciana’ se emplearán muy excepcionalmente, y más como exponente de decrepitud física que como un estadio de edad. En tales casos, sosláyense con expresiones como ‘un hombre de 83 años’.

 

2.20. Vaya entre comas o entre paréntesis, no debe suprimirse la preposición de delante del número con los años de la persona. Ejemplos: ‘Juan López, de 25 años’, o ‘Juan López (de 25 años)’, pero no ‘Juan López, 25 años’ ni ‘Juan López (25 años)’.

 

2.21. Citas. Jamás ha de escribirse que un personaje ha insinuado algo si no se reproduce a continuación la expresión textual, de modo que el lector pueda corroborar la interpretación del periodista o discrepar de ella.

 

2.22. Las citas o reproducciones literales de un texto irán entrecomilladas, no en cursiva. Hay que distinguir entre lo que es una cita textual y lo que es parafrasear un dicho.

 

2.23. La cita de una frase escrita o pronunciada en un idioma distinto al castellano no obliga a escribirla en cursiva; la cursiva se emplea para los neologismos o palabras sueltas no castellanas, pero no para frases enteras.

Se recomienda no abusar de citas en lengua no castellana. Se supone que la persona que escribió o pronunció una frase, si no habla español, lo hizo en su idioma (lo noticiable sería exactamente lo contrario). Este cultismo impediría al lector la comprensión del texto. La norma es igualmente válida, o especialmente válida, en los gritos o lemas, en casos como el de una manifestación. Si aun así se hace una cita en una lengua distinta al castellano —por ejemplo, para aclarar o matizar lo dicho—, entonces se añadirá la traducción entre paréntesis.

 

2.24. Cuando una cita encierra otra, la primera llevará comillas dobles, y la segunda, simples. En el caso de que el principio o el final de las dos citas sea el mismo, sólo se usarán las comillas dobles.

 

2.25. Es una incorrección sintáctica emplear que cuando se hace una cita en estilo directo. Ejemplo: ‘Marine Le Pen dijo que “yo voy a garantizar el orden’. Para expresar las palabras tal como fueron dichas no debe utilizarse el que, y sí los dos puntos y las comillas. Ejemplo: ‘Marine Le Pen dijo: “Yo voy a garantizar el orden’.

En cambio, en estilo indirecto sobran estos dos signos ortográficos, y ha de ponerse el que. Ejemplo: ‘Marine Le Pen dijo que ella va a garantizar el orden’. (Véase el apartado 13.32).

 

2.26. Moneda. Para los textos en una lengua española, las cantidades en moneda ajena se traducirán siempre a su equivalente en euros. Primero, la cantidad en moneda ajena; y después, entre paréntesis, su equivalencia. Cuando en una información se incluyan varias cantidades en una misma moneda y siempre que se trate de cifras redondeadas, bastará con poner la equivalencia en el primer caso. Las reconversiones monetarias no realizadas en la Redacción, recogidas en otras fuentes, deben comprobarse por sistema.

El milliard del francés, el miliardo del italiano y el billion de Estados Unidos y el Reino Unido equivalen a un millar de millones.

El conto del portugués es igual a 1.000 escudos.

Salvo en crónicas de color o en las respuestas de una entrevista, nunca se emplearán unidades monetarias populares (el duro) o en desuso (la peseta, el real).

 

2.27. Medidas. Las cantidades de peso, longitud, superficie o volumen no deben expresarse en cifras inferiores a la unidad, sea cual fuere ésta. Se prefiere escribir ‘nueve milímetros’ a ‘0,9 centímetros’. Otra cosa es que la cantidad contenga una fracción; por ejemplo, ‘11,200 kilogramos’. Tampoco deben emplearse las abreviaturas. Lo correcto es escribir ‘90 centímetros’ y no ‘90 cm’. Las abreviaturas sólo pueden usarse en tablas o cuadros estadísticos.

 

2.28. Los textos transmitidos a la Redacción deben ir encabezados también por un titular, independientemente de que éste pueda ser modificado después en la Redacción. Si se utiliza un teclado que carece de algún signo que haya de escribirse, el autor está obligado a indicar claramente, al principio de la transmisión, cuáles otros empleará como sustitutivos.

Así puede ocurrir con la eñe, en castellano; con la ele geminada (l·l), en catalán, o con la cedilla (ç), en francés.

Al pie de toda información o mensaje interno remitido por estos medios deben constar la hora y fecha del envío. En el caso del extranjero, tales datos se expresarán siempre en el horario peninsular español. Al final del texto hará figurar la palabra ‘FIN’, con mayúsculas. Ello evitará que una transmisión interrumpida sea dada por completa en la Redacción central.

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3
GÉNEROS PERIODÍSTICOS

NOTA EXPLICATIVA

 

3.1. La división de los géneros informativos y su correspondencia con un código tipográfico que los diferencie constituye una garantía para el lector. Se trata de permitirle distinguir qué grado de presencia personal del periodista se da en cada uno de ellos. Así, la presencia del autor de la información es mínima en la noticia; pero máxima en el artículo de opinión. Entre ambos géneros se hallan términos intermedios como las crónicas, los reportajes, las entrevistas, los análisis, las críticas..., cada cual con una menor o mayor intervención del autor, una menor o mayor influencia de su visión personal en lo que transmite. De este modo, el lector tiene la posibilidad de saber ante qué grado de subjetividad se encuentra en cada texto.

 

3.2. Los contenidos que se publican en EL PAÍS son, a rasgos generales, de doce tipos, ordenados de menor a mayor presencia personal del periodista:

INFORMACIÓN

— Noticia

— Documentación

— Entrevista de declaraciones

— Reportaje informativo

 

INTERPRETACIÓN

— Crónica

— Entrevista perfil

— Entrevista de suplementos

— Reportaje interpretativo

— Análisis

 

OPINIÓN

— Crítica

— Cartas al director y comentarios

— Artículo, columna, tribuna, blog, editorial.

 

DEFINICIONES

— Noticia: información sin interpretación.

— Documentación: información de antecedentes.

— Entrevista de declaraciones: reproducción fiel de la conversación.

— Reportaje informativo: información con descripción.

— Crónica: información con interpretación.

— Entrevista perfil: declaraciones más interpretación.

— Entrevista de suplementos: diálogo más interpretación.

— Reportaje interpretativo: descripción más interpretación.

— Análisis: interpretación basada en información.

— Crítica: elogio o censura de una obra artística.

— Cartas, artículos, tribunas, blogs, editoriales: opinión y juicios.

 

3.3. En la información priman los hechos. En la interpretación prima el marco en que suceden los hechos. En la opinión prima el juicio que nos merecen los hechos.

 

3.4. Cada género deberá tener unos rasgos tipográficos específicos que lo diferencien de los demás; o bien definirse mediante una palabra destacada junto a la firma que diga ‘análisis’, ‘crónica’, ‘reportaje’, etcétera.

 

3.5. Las noticias tienen una mayor presencia en elpais.com, pues se trata de un medio en el que predomina la inmediatez. El lector del siglo XXI se entera de cuanto está ocurriendo en el mundo en ese momento a través de medios que ofrecen información instantánea.

 

3.6. Eso no excluye que los demás géneros tengan presencia también en la edición digital.

 

 

NORMAS GENERALES DE LA NOTICIA

 

3.7. El género noticia. La noticia es información sin interpretación. En ella se narran hechos que se supone son nuevos para el lector, mediante un relato ecuánime y sin implicación personal del periodista.

En el diario impreso, sólo se redactará con el estilo noticia la información propia que se publica en su primera ocasión.

La noticia, como la crónica, se construye sólo con hechos relevantes, y se evitan los datos accesorios (a diferencia del reportaje).

 

3.8. Pirámide. En un texto informativo, el uso de la técnica de la pirámide invertida (de mayor a menor interés) es conveniente, pero no obligatorio. Siempre se ha de comenzar por el hecho más importante, que estará recogido, a su vez, en el título. No obstante, el párrafo siguiente puede constituirlo una frase que explique la entradilla o contenga los antecedentes necesarios para comprender el resto del artículo, rompiendo así la relación de hechos. Lo mismo puede ocurrir con párrafos sucesivos.

 

3.9. Entradilla. La entrada es el primer párrafo de la noticia. Esté diferenciada tipográficamente o no, contiene lo principal del cuerpo informativo, pero no deberá constituir un resumen o un sumario de todo el artículo. Ha de ser lo suficientemente completa y autónoma como para que el lector conozca lo fundamental de la noticia sólo con leer el primer párrafo. De él se desprenderá necesariamente el título de la información. Su extensión ideal, unas 60 palabras.

 

3.10. El primer párrafo no debe contener necesariamente (aunque sí es conveniente) las clásicas respuestas a las preguntas qué, quién, cómo, dónde, cuándo y por qué. Estas seis respuestas pueden estar desgranadas a lo largo de la información —lo cual requerirá dos o, quizá, tres párrafos—, pero siempre según la mayor o menor importancia que cada una de ellas tenga en cada caso.

 

3.11. Hay algunas formas de entradilla que dificultan el enganche con el lector:

— Una larga cita entrecomillada (o entrecomillado inverso), que obliga al lector a esperar varias líneas para saber quién es el autor de la frase. Ello desvirtúa el entrecomillado, puesto que no recibe el valor que implica saber quién lo está diciendo. Sólo es válido este recurso —y aun así poco recomendable— cuando recoge una frase breve y contundente: “Es espantoso, está muerto’, sollozó Carmen Serna al acariciar el cuerpo de su marido”.

— La entradilla inversa, que ordena los elementos de manera opuesta al lenguaje más natural. Por ejemplo, este caso: ‘A pesar de las publicitadas maniobras desde las filas conservadoras contra su liderazgo, ningún observador político se arriesga a vaticinar la inminente caída de David Cameron’. En ese texto, el lector se encuentra palabras consecuentes (como ‘su liderazgo’) cuyo antecedente aún no conoce, lo cual dificulta la comprensión. Lo ideal es comenzar con el sujeto: ‘Ningún observador político se arriesga a vaticinar la inminente caída de David Cameron a pesar...’.

— La entradilla de estilo notarial de narración (descripción puramente factual de hechos). Un ejemplo es el siguiente: ‘El Consejo de Ministros decidió ayer, 30 de diciembre, conceder una ayuda de 600 millones de euros para los damnificados por las últimas inundaciones...’. Esta fórmula ha de ser sustituida por algo más imaginativo, donde se destaquen las consecuencias de los hechos; así: ‘Los damnificados por las últimas inundaciones podrán reparar sus casas sin recurrir a créditos bancarios, merced a las ayudas que aprobó ayer el Consejo de Ministros por un importe de 600 millones de euros’.

 

3.12. Lo mejor es que una información y una crónica comiencen con un sujeto, porque ello hace más fácil la primera comprensión del lector. Por tanto, una información o crónica no debe empezar con un adverbio o locución adverbial —excepto el adverbio ‘sólo’ si su cambio de orden modificase el sentido— ni con un complemento circunstancial. No porque sea algo incorrecto sino porque dificulta la lectura precisamente en el momento en que ha de producirse el enganche del lector. Posteriormente, en otros párrafos, puede emplearse con cuidado este recurso para variar la estructura de las frases y no hacerlas repetitivas.

 

3.13. En una noticia (no así en un reportaje) es conveniente escribir primero el titular, porque ello facilita la redacción de una entradilla directa y concisa. Redactores y corresponsales deben entregar sus textos encabezados por un título, independientemente de que éste se pueda modificar después en el proceso de edición.

 

3.14. Cuerpo informativo. El cuerpo de la noticia desarrolla la información con todo tipo de elementos complementarios; incluye los datos que no figuran en la entrada, explica los antecedentes y apunta las posibles consecuencias. Esto no significa que se puedan incluir opiniones partidistas o juicios de valor sobre lo que se narra.

 

3.15. Entrada y cuerpo de una información no deben superar, salvo casos excepcionales, las 900 palabras. La narración de los hechos y de los datos ha de hacerse sin pretender contarlo todo a la vez. Hay que buscar una cadencia que no dé la sensación de barullo.

 

3.16. Siempre ha de escribirse cada párrafo de una noticia como si fuera el último. Al término de cada párrafo, la noticia debe tener unidad en sí misma; no puede quedar coja o falta de alguna explicación. Esto permitirá cortar y reajustar el texto sin problemas y con rapidez en el caso de que sea necesario. La entradilla de una información de tres folios debe servir también para un breve de 12 líneas justificadas.

 

3.17. El principal objetivo al escribir una información es mantener el interés del lector hasta el final. Para ello hay que unir con suavidad, mediante las partículas apropiadas, las ideas afines.

Cada parte de un artículo, reportaje o crónica ha de ser consecuencia lógica de la parte anterior.

 

3.18. Ningún párrafo debe constar de más de 100 palabras.

 

3.19. Edición. Todos los textos informativos, salvo excepciones justificadas por la urgencia, deben ser editados (es decir, supervisados) por otro periodista. El editor de un texto debe trabajar con la mentalidad de que la información explique lo que ocurre, sin omitir detalles importantes para la correcta comprensión de quienes no conocen directamente el asunto.

 

3.20. Un texto informativo debe explicarse en sí mismo. Ha de estar concebido de manera que el lector no necesite recordar los antecedentes para comprender la información que se le ofrece. Cada noticia debe escribirse como unidad informativa, sin sobrentenderla ligada a otros textos, ni siquiera cuando figuren anejos (despieces o documentaciones).

 

3.21. Hay que ofrecer al lector todos los datos necesarios para que comprenda el entorno de los hechos que se narran. El número de habitantes de una localidad es un dato importante en cualquier información que se refiera a ella. No basta con informar de un cierre de comercios en una ciudad en protesta por un atentado, por ejemplo. Habrá que detallar cuántos comercios tiene esa población y cuántas personas están empadronadas en ella.

 

3.22. El rigor del dato es fundamental en las informaciones. No basta con escribir que un grupo de agricultores ha tomado el Ayuntamiento; habrá que precisar de cuántos se trataba. Si se informa de unas jornadas de estudio, se debe especificar el número de asistentes, los países o regiones de los que proceden. Si se escribe ‘los alumnos de tres facultades han protestado por...’, debe precisarse cuántos son en total los estudiantes afectados y cuántos de ellos han participado en la protesta. Si se indica que ‘las asociaciones de vecinos de la localidad han difundido un comunicado’, habrá de señalarse si son todas las asociaciones, o cuántas de ellas, y a cuántos vecinos representan del total de habitantes. En lugar de describir a un personaje como un hombre alto, será mejor precisar que mide 1,90 metros.

Los mismos criterios han de aplicarse para asambleas, concentraciones y reuniones masivas.

 

3.23. A la hora de informar sobre hechos de matiz político acaecidos en un municipio es primordial ofrecer la composición del Ayuntamiento y citar el partido al que pertenece el alcalde. No es lo mismo una actitud vecinal de protesta ante una medida del Gobierno central o del Gobierno vasco, como ejemplos, si los habitantes son mayoritariamente electores del PP (en el caso de que ése sea el partido en el Ejecutivo central) o si dieron sus votos al PNV.

 

3.24. Las informaciones deben personalizarse; la profesión o cargo que desempeña el protagonista de la noticia, su edad, estado civil y demás circunstancias personales son elementos noticiosos de primer orden.

 

3.25. La fría relación de personas asistentes a un acto raramente interesa, salvo que sea significativa en un caso muy concreto. (Véase el apartado 8.15, Protocolo).

 

3.26. Cuando en una noticia se mencione una sociedad u organización cuyos fines sean asistenciales, de protección o ayuda, o se anuncie un acto público de iguales características, la dirección de la sede o del local donde vaya a celebrarse tal acto deberá incluirse en la noticia, escrita entre paréntesis, como un dato informativo más. Nunca cuando pueda suponer una convocatoria por parte del periódico o parezca publicidad encubierta.

 

3.27. Los ejemplos de distancia entre dos puntos se pondrán con ciudades españolas, expresados en kilómetros por carretera; y en kilómetros en línea recta, a partir de una ciudad española, cuando el caso sobrepase los puntos extremos peninsulares. Esta norma es válida incluso en temas extranjeros o escritos por un extranjero; al lector medio español no le dice nada la distancia que hay entre Nueva York y Baltimore, o entre Moscú y Samarcanda.

 

3.28. Manifestaciones. En las manifestaciones de asistencia fácil de calcular (centenares, algunos millares) hay que incluir directamente el número de participantes, al margen de dar también las cifras facilitadas por la policía o los organizadores.

En las grandes manifestaciones, el periódico ofrecerá un cálculo propio, pero siempre explicando el método utilizado (preferentemente, el espacio ocupado por los manifestantes multiplicado por una media de personas por metro cuadrado). Esto no impide aportar también los cálculos de los organizadores y la policía, a ser posible con la fórmula que han empleado a su vez. El número de personas por metro cuadrado es muy raramente superior a dos cuando la manifestación está en marcha. Las fotos cenitales (desde edificios altos, por ejemplo) servirán de gran ayuda para establecer ese cálculo, especialmente en las zonas alejadas de la cabecera).

 

 

NORMAS PARA LA NOTICIA EN ‘ELPAIS.COM’

 

3.29. Las siguientes normas específicas para la Red se refieren al género noticia, por tratarse del más habitual en elpais.com. Pero se pueden extender sus analogías básicas a los demás géneros.

 

3.30. La noticia es el elemento fundamental de elpais.com. A ella puede llegar un lector desde la portada o desde la portadilla de la sección, pero también muchísimos lo harán por otras vías, como las redes sociales o los buscadores. Por ello, se puede acceder a la noticia sin percibir jerarquización alguna: sin saber en qué apartado se halla situada, con qué importancia se ha colocado en el lugar correspondiente, incluso de qué tipo de género informativo se trata. Por tanto, el propio medio deberá establecer algunas pistas tipográficas para que el público disponga de estos contextos.

 

3.31. Elementos del texto de la noticia en la Red. Las informaciones que se publican bajo la cabecera de EL PAÍS en Internet se rigen por los mismos criterios generales explicitados en los apartados 3.7 a 3.28.

Sin embargo, su presentación y concepción responden a ciertas características propias, que se explican a continuación.

 

3.32. Enlaces. Los hipervínculos o enlaces insertados en el texto de la noticia son uno de los elementos diferenciales en Internet: aportan más información y referencias, ayudan a la contextualización y también aumentan el tiempo de navegación. Los hipervínculos, además de a textos de EL PAÍS, pueden enlazar con otros medios o con páginas oficiales. La noticia, pues, no acaba en el texto, tiene más recorrido. Y el propio autor puede sugerir otros elementos: fotogalería, vídeo, gráfico, encuestas, entrevistas digitales, etcétera.

No obstante, el redactor o el editor han de escoger cuidadosamente los enlaces: cuando aporten información pertinente para el asunto concreto que se cuenta; cuando sirvan de referencia original para una declaración que se reproduce en el texto, y en todo caso cuando conduzcan a un punto de destino que sería difícil de hallar para el lector o le procurase cierta demora. No han de enlazarse, por tanto, páginas obvias o irrelevantes. Por ejemplo, si se cita el informe de un organismo internacional no debe incluirse la página principal que este tenga en Internet, sino el documento exacto al que se refiere la información. Y si se cita un periódico, debe enlazarse el texto concreto y no la portada.

Ha de tenerse en cuenta que los enlaces pueden desviar al lector del relato principal y, por tanto, han de usarse con comedimiento.

 

3.33. Los enlaces no siempre son neutrales, pueden tener diversos efectos de los que se ha de cuidar. Los hipervínculos constituyen, por tanto, un factor semántico, forman parte del significado que se transmite. Por ejemplo, el autor de una noticia ha sido deliberadamente ambiguo en su texto para no dañar la imagen de determinada persona (omite su nombre porque no está clara la acusación); pero el editor añade el hipervínculo de una noticia que hace explícitos los datos. De ese modo, habrá arruinado la prudencia del redactor inicial.

 

3.34. Etiquetas. Las etiquetas son el pilar de la documentación, de la navegación y del presente y futuro de una noticia. Una información bien etiquetada facilita su búsqueda y recuperación. Al etiquetar hay que responder a las preguntas básicas del periodismo: ¿quién?, ¿dónde?, ¿cómo?... y aportar un contexto. Hay etiquetas de temas, de personalidades, de organismos, de países, de regiones, de sectores. Conviene añadir la etiqueta correspondiente del tema del momento, por ejemplo el caso Bárcenas o la reforma educativa. Salvo excepciones, la noticia debe tener entre 6 y 10 etiquetas. La función informática de Inferir etiquetas puede ayudar, pero no sustituye la labor de etiquetar. El autor de la información debe ser el primero en prescribir las etiquetas de su información.

 

3.35. Actualización o corrección. Las noticias van evolucionando durante el día en elpais.com. Pero una cosa es actualizar la información con nuevos datos, otra corregir los erróneos y otra cambiar el enfoque de la noticia original. El lector tiene derecho a no ser engañado en ninguno de esos aspectos.

 

3.36. Un cambio radical de enfoque debe traducirse en la elaboración de otra noticia, sin que se pueda presentar como una actualización. Al pie de una información corregida se dará cuenta de qué datos erróneos de versiones anteriores han sido modificados. Nunca se debe actualizar una pieza de otro día.

 

3.37. La extensión de una noticia en elpais.com no estará condicionada por el espacio que ocupe en la edición impresa.

Se calcula que la lectura de un texto en un medio electrónico debe ocupar como máximo entre 3 y 5 minutos (para un texto corto, de unas 600 palabras; y para un texto más largo, de unas 1.000, respectivamente).

 

3.38. Noticias de última hora. La información en la Red precisa de una actualización continua. Las noticias importantes de última hora se deben publicar de inmediato, pero no sin que se apliquen las normas básicas de verificación, contraste y atribución de fuente.

 

3.39. Las noticias urgentes de las agencias de prestigio contratadas por EL PAÍS se publican sin necesidad de comprobación adicional, pero siempre citando su origen. Eso no impide que de inmediato se emprendan los trabajos necesarios para completarlas o contrastarlas.

 

3.40. Coberturas en directo. Las coberturas informativas en directo se dedicarán preferentemente a acontecimientos en desarrollo (debates parlamentarios trascendentes, competiciones deportivas, manifestaciones o protestas...); y normalmente incorporan imágenes en foto y vídeo.

 

3.41. Noticia río. Se denomina así a la noticia o crónica que incorpora distintas informaciones encadenadas a partir de una principal o como consecuencia de ella. El directo es compatible con la elaboración de una noticia río, en continua actualización y que finalmente pueda prevalecer cuando el directo termine.

 

3.42. Barra ‘Está pasando’. Es un elemento esencial para la actualización de la portada y las portadillas de elpais.com. Ha de responder a los asuntos del momento, reflejando la evolución de aquello que contienen la portada o las secciones en lo que concierne a los temas candentes del día.

 

3.43. La etiqueta escrita en la barra ‘Está pasando’ (en realidad un epígrafe) puede reflejar un nombre propio lo suficientemente orientativo de unos hechos en evolución (por ejemplo, ‘Siria’), pero si se ha producido una matanza en un lugar concreto (por ejemplo, ‘Homs’) esa barra debe incluir ‘Matanza en Homs’ porque refleja mejor lo que ocurre en un momento concreto y es más dinámico.

 

3.44. La barra ‘Está pasando’ reflejará también temas y personajes relativos a acontecimientos culturales o deportivos, para ofrecer una muestra plural de las informaciones que abarca elpais.com.

 

 

DOCUMENTACIÓN

 

3.45. La redacción de los textos de documentación deberá ser fluida, y no una mera concatenación de cifras o fechas (salvo en los cuadros o fichas). Como los demás artículos informativos, deberá contar con una entrada donde figure el dato más importante o el que resuma los que se faciliten a continuación.

 

3.46. Los artículos de documentación deberán citar la fuente de la que se extraen los datos. El hecho de que una cifra, nombre o fecha figure en letra impresa en un periódico impreso o digital no avala su veracidad. A ser posible, el documentalista comprobará la fiabilidad del dato. Si no lo consigue, hará constar la procedencia en el caso de que sea extraído de una publicación ajena al periódico.

 

 

ENTREVISTA DE DECLARACIONES

 

3.47. La entrevista de declaraciones es un género mediante el que se informa lo más objetivamente posible de la conversación mantenida por el periodista y un personaje de interés. Por tanto, se trata de un género informativo; no interpretativo.

 

3.48. Las declaraciones obtenidas mediante el diálogo con un personaje no siempre han de adquirir la forma de entrevista. La presentación con preguntas y respuestas debe reservarse para las entrevistas extensas y a fondo. En los demás supuestos, su presentación será la de un reportaje o, si tiene interés como información de actualidad, la de una noticia, en ambos casos con sus correspondientes entrecomillados.

 

3.49. La entrevista de declaraciones —una entrevista que se reproduce por el sistema de pregunta-respuesta— debe contar con una presentación del entrevistado en la que se refleje su personalidad, así como cuantos datos reveladores sean precisos para situarle y explicar los motivos por los cuales se le interroga. Esta presentación ha de redactarse como pieza separada, que puede ir al principio o donde convenga a la confección, pero siempre de tal manera que no haya ruptura brusca entre la presentación y el cuerpo de la entrevista.

En este tipo de entrevistas, la pregunta irá precedida de una P (salvo en la primera, en que se escribirá ‘Pregunta’), y las respuestas, de una R (salvo la contestación inicial, en que se escribirá ‘Respuesta’). Estas marcas iniciales se compondrán en negrita, seguidas de un punto (no de punto y raya), y se sangrarán.

 

3.50. En las entrevistas de declaraciones no se deben intercalar comentarios al transcribir la conversación. Este tipo de información (reacciones del entrevistado al recibir o contestar una pregunta, oposición a responder o abordar determinadas cuestiones, etcétera) puede incluirse en la presentación.

 

3.51. La finalidad de la entrevista de declaraciones es dar a conocer las opiniones e ideas del personaje entrevistado, nunca las del entrevistador.

 

3.52. Al entrevistado hay que dejarle hablar. No obstante, las respuestas extensas deben condensarse, siempre que no se mutile la idea, y aclararse convenientemente las que resulten farragosas.

 

3.53. Las preguntas han de ser breves y directas. Es mucho más sencillo de leer un diálogo con frases cortas, tanto del entrevistado como del entrevistador. Hay que evitar generalmente las preguntas que sugieren la respuesta o invitan a responder con un monosílabo.

 

3.54. Se tratará siempre de usted al interlocutor.

 

3.55. Los defectos de dicción o de construcción idiomática de un entrevistado —por tartamudez, por ser extranjero o causa similar— no se deben reproducir. Sólo cabe hacerlo en circunstancias muy excepcionales, más que nada como nota de color, pero siempre que no se ponga en ridículo a esa persona. En todo caso, se preferirá hacer mención de este defecto en la entradilla que ha de preceder a toda entrevista, de la manera más breve y respetuosa posible.

 

3.56. Cuando, por razones de diseño, sean precisos uno o más despieces, éstos tendrán unidad en sí mismos, de modo que puedan ser leídos independientemente del grueso de la entrevista. Estarán referidos a un aspecto concreto y comenzarán con una entrada de texto, tras la cual se pueden escribir preguntas y respuestas.

 

3.57. Salvo en situaciones muy excepcionales, el periódico no realiza entrevistas mediante cuestionarios previos. Y, en ese caso, ha de advertirse al lector.

 

3.58. Cuando se trate de una entrevista efectuada por un grupo reducido de periodistas y no exclusivamente por un redactor del diario impreso o digital, se hará constar en la entradilla, pues no todas las preguntas corresponden al periódico. Si el grupo es amplio, se considerará conferencia de prensa y, por tanto, una información noticiosa.

 

3.59. Nunca se situará un ladillo entre pregunta y respuesta.

 

 

REPORTAJE INFORMATIVO

 

3.60. El reportaje informativo es un texto cuyo autor aporta descripciones de personajes y lugares enfocadas desde su punto de vista, pero no añade interpretación de los hechos ni conjeturas sobre su evolución. Este género suele aplicarse a informaciones de cierta urgencia y actualidad, aunque no necesariamente a un hecho noticioso del día.

El reportaje (a diferencia de la crónica y la noticia) puede incluir datos irrelevantes y anecdóticos en sus descripciones. Se trata de un relato de hechos que los sitúa en un ámbito concreto, ya sea un espacio físico o un marco teórico. Debe incorporar fuentes adicionales y testimonios diversos. Se puede titular con frases sin verbo en forma personal.

 

3.61. La apertura. El reportaje debe abrirse con un párrafo muy atractivo, que apasione al lector. Por tratarse de un género desligado de la estricta actualidad diaria, no puede ofrecer como arranque, generalmente, un hecho noticioso. Ha de sustituirse tal arma, por tanto, con imaginación y originalidad. A la vez, el arranque debe centrar el tema para que el lector sepa desde un primer momento de qué se le va a informar.

 

3.62. Las anécdotas irrelevantes son un pobre recurso que debe evitarse. No así las que tengan un claro valor simbólico.

 

3.63. Si un personaje domina la historia, es obligado comenzar por él.

 

3.64. El relato. Tras la entradilla, el relato ha de encadenarse con estructura y lógica internas. El periodista debe emplear citas, anécdotas, ejemplos y datos de interés humano para dar vivacidad a su trabajo.

 

3.65. En los reportajes muy extensos, lo preferible es concebir grupos de varios párrafos conectados entre sí, como pequeños capítulos internos.

Esto facilita esparcir por la historia diversas entradillas falsas, que permiten mantener la tensión de lectura. Al mismo tiempo, esos grupos de párrafos conexos desde el punto de vista del relato estarán relacionados entre sí como unidades más grandes, aunque con menor intensidad en la conexión.

Algunos hechos hay que esconderlos hasta el momento adecuado en que pueden revelarse como factor sorpresa. Pero todo reportaje debe tener un hilo conductor que le dé cohesión. Finalmente, el último párrafo servirá como resumen y colofón de todo lo relatado.

 

3.66. El final. El último párrafo de un reportaje se debe escribir con sumo cuidado. Tiene que servir como remate, pero sin establecer conclusiones aventuradas o absurdamente chistosas.

El último párrafo tiene que dejar cierto regusto al lector y conectar con la idea principal. Jamás debe ser cortado el último párrafo de un reportaje por razones de espacio.

 

3.67. Fuentes. La atribución de fuentes en un reportaje no sigue los mismos criterios que en una noticia, puesto que no es preciso reiterarla. Esto haría perder viveza al relato.

Sólo se atribuirá la información a una fuente cuando el párrafo lo requiera por su especial delicadeza o cuando se trate de cita obligada por su procedencia (agencias, otros medios informativos, documentos, etcétera).

 

 

CRÓNICAS

 

3.68. La crónica es un texto de estilo interpretativo basado en una noticia, y parte por tanto de un hecho inmediato. Se trata del género con mayor presencia en el diario impreso. La crónica debe contener elementos noticiosos —será titulada por regla general como una información; es decir, con un hecho reciente— y puede incluir, tanto en el titular como en el texto, interpretaciones que no contengan juicios de valor. El autor debe, no obstante, explicar y razonar tales interpretaciones, y construirla de modo que la información prime sobre la interpretación. No es tolerable, en cambio, la coletilla que refleja opiniones personales o hipótesis aventuradas.

La crónica, como la noticia, se construye sólo con hechos relevantes, y se evitan los datos accesorios (a diferencia del reportaje).

 

3.69. Las exigencias informativas de rigor, estilo y edición en una crónica son asimilables a las indicadas en el apartado sobre los criterios generales de la noticia (3.7 y siguientes). La crónica debe mostrar un estilo ameno, a ser posible con anécdotas y curiosidades. En un estilo estrictamente noticioso, una sesión parlamentaria sería reflejada con párrafos textuales de quienes hayan intervenido. Una crónica, en cambio, explica las expresiones, las enmarca en un contexto, las evalúa, refleja las sorpresas y describe el ambiente.

 

3.70. El primer párrafo de la crónica debe contener la noticia y sostener el titular. Igual que las noticias, las crónicas deben comenzar con un sujeto, nunca con los complementos.

 

3.71. Las crónicas de acontecimientos deportivos, culturales o taurinos no deben olvidar los datos fundamentales para los lectores que no los han presenciado, aunque fueran transmitidos por radio o televisión. Admiten una mayor presencia personal del periodista en el texto, pero los eventuales juicios de valor habrán de quedar muy matizados, y apoyarse en argumentos.

 

3.72. La crónica deportiva, cinematográfica o taurina describe un acontecimiento público y puede incluir opiniones sobre lo sucedido, pero nunca sobre las personas en cuanto tales (sino sólo sobre su actividad profesional). En tanto que crónica, sigue basándose en la noticia del día, que ha de narrar. Por su mayor carga opinativa, se titularán en cursiva en el caso de la lidia y de los festivales de cine.

 

 

LA ENTREVISTA PERFIL

 

3.73. La entrevista perfil mezcla elementos del reportaje y de la entrevista de declaraciones. Puede incluir comentarios y descripciones, así como intercalar datos biográficos del personaje abordado. Admite también una mayor libertad formal, al no ser necesaria la fórmula pregunta-respuesta en todo el texto.

Las preguntas y las respuestas, si se reproducen textualmente ambas, se marcarán en este caso con una raya.

En las entrevistas perfil hay que tener cuidado con el uso incorrecto de los estilos indirecto y directo. (Véanse los apartados 12.41 y 13.32).

 

 

LA ENTREVISTA EN SUPLEMENTOS

 

3.74. La entrevista en los suplementos (dominicales u otros) podrá consistir en una mezcla de los dos tipos de entrevista reseñados más arriba. El autor tiene la oportunidad, en este caso, de escribir una extensa introducción en la que figuren algunas expresiones del entrevistado que resulten significativas y que incluso aparezcan posteriormente durante la conversación estricta. Asimismo, podrá intercalar entre los grupos de preguntas y respuestas comentarios o descripciones, documentación o datos biográficos. En este caso es viable la coletilla final, siempre que responda al contenido de la entrevista y no establezca conclusiones aventuradas o editoriales.

 

 

REPORTAJE INTERPRETATIVO

 

3.75. El reportaje interpretativo incorpora las características de estilo ya reflejadas en los apartados 3.60 a 3.67 para el reportaje informativo; y es un texto cuyo autor aporta, además de descripciones enfocadas desde su punto de vista, un estilo literario más personal, que puede incluir el repaso de las posibles causas de determinados hechos y algún comentario estilístico; pero nunca juicios de valor. Su lugar natural son los suplementos y páginas de periodicidad semanal.

 

 

ANÁLISIS

 

3.76. El análisis es la exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto.

 

3.77. El análisis excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos.

 

3.78. Se trata de interpretación que predomina sobre la información pero que se basa en ella. (La crónica conjuga interpretación e información con mayor presencia de ésta. En el análisis sucede al revés. Si bien en la crónica lo nuevo es la información, en el análisis lo nuevo es la conjetura, la hipótesis, la explicación).

 

3.79. Los datos en que se base un análisis deben estar verificados o, en otro caso, habrá de citarse su procedencia.

 

3.80. Cuando el análisis aborde un asunto controvertido que afecte a la imagen o el honor de las personas, deberán reflejarse, al menos sucintamente, las distintas opiniones encontradas.

 

3.81. Despieces. Los artículos interpretativos o de análisis que acompañen a un texto informativo (despieces) se ajustarán a las normas generales establecidas anteriormente para los textos elaborados por la Redacción. Habrán de ser concebidos siempre con unidad en sí mismos, de modo que puedan ser leídos sin necesidad de conocer antes el contenido del texto más amplio al que acompañan. Serán titulados con letra cursiva cuando así corresponda (véase el apartado 5.23, sobre titulación en función de los géneros).

 

 

CRÍTICA

 

3.82. La crítica es el género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia.

 

3.83. Las fichas. Los críticos que publican en EL PAÍS no deben olvidar que el lector espera también una mínima información sobre el hecho criticado: el precio y la editorial del libro, el horario de una exposición, la duración de la película, la dirección del restaurante, los días en que se presenta la función de teatro, etcétera. Por tanto, todas las críticas estarán encabezadas por una ficha con los datos esenciales, siempre del mismo tipo y escritos en idéntico orden.

 

3.84. La crítica de actos culturales con asistencia de público o que constituyen un hecho noticioso (danza, teatro, festivales de cine...) deberá incluir la información básica de cualquier noticia: número de asistentes, reacciones de los espectadores, incidencias sobrevenidas, etcétera.

 

 

CARTAS AL DIRECTOR Y COMENTARIOS

 

3.85. Cartas al director. Se consideran cartas al director, válidas para publicar en la sección correspondiente, sólo aquellas cartas firmadas y avaladas (número del carné de identidad, domicilio, teléfono, dirección electrónica, etcétera), de modo que puedan ser autentificadas.

Todas se deben comprobar antes de publicarse. Igualmente, se verificarán los datos de las cartas que contradigan otros publicados en el periódico (no así las opiniones). Si resultan falsos los datos aportados por el lector, la carta no será publicada.

 

3.86. Cualquiera que sea su redacción original, se sobrentiende que están dirigidas personalmente al director del periódico. Por tanto, se corregirán expresiones como ‘la noticia que publicaron ustedes’ o, en el caso de polémica con un redactor, colaborador o protagonista de una noticia, las referencias directas a esa persona. Ejemplo: ‘si usted, señor Fernández, hubiera...’, que debe corregirse: ‘si el señor Fernández hubiera...’.

 

3.87. Por regla general, las cartas al director deben ser breves (no más de 300 palabras) y, en consecuencia, condensadas en Redacción. Por sistema, hay que eliminar frases estereotipadas como ‘el periódico que usted tan bien dirige’ o ‘de su digna dirección’, y todas aquellas que supongan elogios o juicios fuera de lugar.

Se suprimirán igualmente los encabezamientos como ‘señor director’, ‘muy señor mío’ y otros análogos.

 

3.88. Se respetarán los tratamientos empleados por los firmantes, al margen de las normas de estilo, pero no las abreviaturas.

 

3.89. En el caso de referirse a una noticia o un artículo difundidos días antes, se incluirá, si no viene ya, la fecha de su publicación de acuerdo con las normas de estilo. Ejemplos: ‘el pasado día 15’, ‘el 15 de junio’ o ‘el pasado viernes’. En este caso, siempre que ese ‘pasado viernes’ sea el de la fecha del periódico impreso en que se publica.

 

3.90. Nunca se apostillarán las cartas.

 

3.91. Cuando una carta conste de varios puntos, por corresponder a una exposición articulada, éstos se separarán en párrafos distintos y se numerarán. Los números se compondrán en negra.

 

3.92. Los títulos de las cartas, que deben atenerse a lo previsto para las cabezas en las normas de estilo, se compondrán en negra cursiva.

 

3.93. Todas las cartas deben estar firmadas con el nombre y apellido o apellidos del remitente o, si ése es su deseo expreso y la razón resulta suficiente, con iniciales separadas por puntos. La firma irá a renglón seguido, separada del final del texto por un punto y una raya, y un espacio en blanco.

La firma o firmas se compondrán en negra. En cambio, el cargo o condición del remitente y, en su caso, la ciudad, la provincia o el país, así como el número de firmas que acompañan a la primera, se compondrán a punto y seguido y en redonda, en la misma línea de la firma. En los siguientes ejemplos, la negra no remite a ninguna otra palabra: ‘José Fernández. Valencia’; ‘José Fernández. San Fernando, Cádiz’; ‘José Fernández. Marsella, Francia’; ‘José Fernández. Baton Rouge, Luisiana (Estados Unidos)’; ‘José Fernández. Consejero delegado de Minas y Pozos, Sociedad Anónima. Madrid’; ‘José Fernández y 20 firmas más. Barcelona’.

 

3.94. Las cartas al director, a la hora de componerse, incluirán al pie de cada una de ellas los datos que se exigen para su publicación; esto es, número del carné de identidad del remitente, domicilio, teléfono, etcétera. Tales datos se introducirán en el sistema informatizado en párrafo aparte y de manera que se puedan conservar para una eventual consulta interna.

 

3.95. Comentarios en elpais.com. Se consideran comentarios de los lectores en elpais.com todos aquellos textos que se insertan al final de una noticia, crónica, análisis, artículo o cualquier otro contenido.

 

3.96. EL PAÍS favorece la participación de los lectores, siempre bajo una exigencia de calidad que excluye insultos, descalificaciones y consideraciones no relacionadas con el tema en cuestión. El objetivo es ofrecer al lector una plataforma de debate y discusión amparada por los siguientes principios:

1. Son bienvenidos todos los comentarios de todos los lectores que contribuyan a enriquecer el contenido y la calidad de la página web de EL PAÍS.

2. La discrepancia y el contraste de pareceres constituyen los elementos básicos de un debate. Los insultos, ataques personales, descalificaciones o cualquier expresión o contenido que se aleje de los cauces correctos de discusión no tienen cabida en EL PAÍS.

3. La política de moderación garantizará la calidad del debate, que deberá ser acorde con los principios de pluralidad y respeto de EL PAÍS recogidos en este Libro de estilo. Los responsables de la Redacción serán muy estrictos a la hora de rechazar opiniones insultantes, xenófobas, racistas, homófobas, difamatorias o de cualquier otra índole que atenten contra la dignidad de las personas, su honor, su imagen o su intimidad.

4. La dirección editorial decidirá a diario qué noticias, artículos, blogs o cualquier otro contenido se abren a comentarios. Esta selección se hará con criterios de valor informativo y siempre que resulte posible gestionar una moderación de calidad. La lista de contenidos abierta a comentarios aspirará a ser lo más amplia posible y a estar en permanente actualización.

5. Los comentarios en el Foro Abierto de EL PAÍS deberán ir acompañados del nombre y apellidos del autor.

6. Los comentarios realizados en EL PAÍS pueden publicarse simultáneamente en las principales redes sociales dentro de la aspiración a ampliar el foro a otros espacios de conversación.

7. Los mensajes publicitarios o sobre cuestiones no relacionadas con el tema del artículo en cuestión serán rechazados.

8. Los mensajes escritos en mayúsculas serán rechazados.

9. Las fotos y vídeos serán rechazados.

10. EL PAÍS se reserva el derecho de eliminar comentarios que considere inadecuados y de expulsar a aquellas personas que incumplan estas normas.

 

 

ARTÍCULOS, COLUMNAS, TRIBUNAS, BLOGS, EDITORIALES

 

3.97. Tribunas y columnas. Los artículos estrictamente de opinión (tribunas, columnas, blogs y textos opinativos en general) responden al estilo propio del autor y no serán retocados, salvo por razones de ajuste o errores flagrantes (incluidos los ortográficos).

Hay que respetar en general la grafía, puntuación, acentuación y sintaxis de los artículos de colaboración. Las únicas normas del Libro de estilo que cabe aplicar son las que se refieren a evitar las abreviaturas, a la utilización de mayúsculas o de la letra cursiva y a la conversión de pesos y medidas.

El criterio es que en tales originales debe respetarse al máximo la voluntad de su autor.

Los textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. (Véase el apartado 9.51.i).

 

3.98. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado. (Véase capítulo 6, Tipografía). Esta norma es extensible a las colaboraciones de las páginas de Opinión tanto como a las tribunas que se publiquen en las demás secciones.

 

3.99. Blogs. Los blogs o bitácoras son artículos firmados que se difunden en la Red y generalmente contienen opinión. En elpais.com, los blogueros son escogidos por el periódico y gozan de autonomía sobre sus enfoques y su redacción formal. Estos textos, que se publican en lugares ajenos a la sección de Opinión, no son supervisados ni seleccionados por la Redacción y por tanto corresponden a la exclusiva responsabilidad del autor. Sin embargo, los blogs deben cumplir con los principios éticos del presente Libro de estilo, respetar a las personas cuyos actos se puedan criticar y manejar datos comprobados. Por tanto, le es de aplicación también el apartado 3.97.

 

3.100. Editoriales. Los editoriales, que son responsabilidad del director, se ajustarán como principio general a la terminología de este Libro de estilo.

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FOTOS, VÍDEOS, INFOGRAFÍAS, NARRACIÓN MULTIMEDIA

NORMAS GENERALES PARA LAS IMÁGENES

 

4.1. Las imágenes obtenidas no se pueden manipular, salvo para mejoras técnicas y para preservar la identidad de las personas en los casos en que así se requiera.

 

4.2. Cámara oculta. EL PAÍS trabajará con el sistema de cámara oculta solamente cuando ese sea el último recurso posible para obtener una información de indudable interés general, y siempre que ningún periodista haya suplantado una personalidad ajena, que no se allanen lugares privados y que no se vulnere el derecho a la intimidad, al honor y a la propia imagen.

Estos criterios están en consonancia con la sentencia del Tribunal Constitucional español de 30 de enero de 2012.

El uso legítimo de la cámara oculta (grabar hechos delictivos en la vía pública, por ejemplo, para su denuncia por impunidad o falta de vigilancia; sin que el periodista intervenga en ellos o los provoque) deberá preservar en todo caso la identidad de las personas o entidades implicadas, y no ofrecer datos que conduzcan a ellas.

 

4.3. El fin principal del uso de la cámara oculta no es que el periodista acuse públicamente a una persona en concreto, sino que la autoridad competente ponga remedio a los hechos denunciados, para lo cual se usa la influencia ante la opinión pública con que cuentan los medios informativos.

Hay que diferenciar el acto de obtener información mediante cámara oculta y el de difundir su contenido. Entre una y otra acción periodística se interpone un proceso de edición que ha de ejercerse con responsabilidad. En esa segunda fase (la edición y difusión), puede decidirse incluso no publicar las imágenes obtenidas, y tal vez solamente escribir los datos que conduzcan al público a formarse una idea de los hechos, pero sin atentar contra los derechos individuales de las personas.

 

4.4. Identidad personal. No se grabará o fotografiará a menores de edad de manera que se facilite su identificación si la escena recogida puede perjudicar a su intimidad o a su propia imagen, ya sea en la actualidad o en un futuro. Sin embargo, no hacen falta estas cautelas al captar momentos de normalidad, como el comienzo del curso escolar o una competición deportiva infantil.

 

4.5. Se protegerá a los miembros de las fuerzas de seguridad y similares (escoltas, vigilantes...) de modo que no pueda identificarse su rostro.

 

4.6. No se debe mostrar esposadas a las personas que no han sido declaradas culpables.

 

4.7. Las tomas generales de manifestaciones intentarán reflejar el grado de concurrencia sin subterfugios técnicos (teleobjetivos, grandes angulares...) destinados a ofrecer una mayor o menor densidad de la real.

 

4.8. Las imágenes desagradables sólo se publicarán cuando añadan información.

 

4.9. Debe extremarse el cuidado con la publicación de imágenes de archivo utilizadas como simple ilustración de contenidos de actualidad. Los periodistas han de velar por que tal inserción, al ser extraída del entorno original, no dañe la imagen de las personas que aparezcan en ellas.

En cualquier caso, deberá expresarse siempre en el texto contiguo (pie de la fotografía o rótulos del vídeo) a qué fecha y situación corresponden.

 

4.10. Está terminantemente prohibido reproducir imágenes ajenas, así como ilustraciones de enciclopedias, revistas, etcétera, sin autorización previa de sus propietarios o agentes. En todo caso, deberá aparecer el nombre de la fuente.

 

4.11. Estas normas son extensivas, en su caso, a los gráficos e ilustraciones.

 

 

FOTOGRAFÍAS

 

4.12. La fotografía en EL PAÍS tiene valor notarial. Por tanto, queda prohibida toda manipulación que no sea estrictamente técnica (edición periodística, eliminación de deterioros o corrección de defectos de revelado o transmisión), lo cual afecta a todos los soportes (Internet, diario en papel, suplementos). Por tanto, no se puede invertir una fotografía, ya se trate de paisajes, edificios o personas. Ni siquiera con el propósito de que el personaje fotografiado dirija su vista a la información a la que acompaña. Tampoco se puede colorear una fotografía obtenida en blanco y negro, ni alterar la fisonomía o el aspecto de ninguna persona.

 

4.13. La publicación de una foto en otro periódico antes que en EL PAÍS no es motivo para dejar de publicarla o para negarle la valoración que merezca.

 

4.14. Los fotógrafos de EL PAÍS no han de olvidar los valores simbólicos de las fotografías, además de los puramente informativos. Por ello, deben tener la oportunidad de conocer a fondo los temas en los que vayan a trabajar, para extraer de la realidad una visión diferente que también contribuya a explicarla.

 

4.15. El encuadre de una fotografía selecciona por obligación la realidad ante la que el autor se encuentra, al tratarse de una imagen fija; pero esa captura parcial no debe hurtar elementos relevantes cuya ausencia distorsione el sentido que el lector infiere al mirar la imagen.

Las galerías de imágenes en elpais.com deben enfocarse a ofrecer todos los puntos de vista posibles en acontecimientos como manifestaciones o protestas, pero también en actos oficiales o artísticos.

 

4.16. El periodista gráfico está obligado a facilitar a la Redacción el mayor número de datos posible sobre las personas y los objetos retratados, así como el contexto en que fue tomada la imagen.

 

4.17. Pies de foto. Las fotografías llevarán siempre pie.

 

4.18. Los pies deben ser puramente informativos e independientes del texto al que acompañan. No es necesario reiterar lo que resulta obvio en la imagen (‘Messi golpea el balón’), pero sí explicar detalles relativos a la foto (‘Cristiano Ronaldo, durante el último partido contra el Milan en el estadio de San Siro’).

 

4.19. El pie de una foto nunca puede estar redactado como un título o una frase relacionada con el texto, y tampoco puede componerse con una frase tomada de él, salvo en estos dos casos excepcionales:

1. En las entrevistas, y aun así siempre que la foto no admita un pie noticioso.

2. En las páginas especiales —por ejemplo, en los suplementos—, cuando la fotografía sea más una ilustración que una información.

 

4.20. Las leyendas, pancartas, carteles y demás textos que aparezcan en una foto escritos en otro idioma deben traducirse en el pie.

 

4.21. Fotonoticias. La fotonoticia consiste en una imagen que tiene validez informativa por sí misma, sin una amplia información que la acompañe. En estos casos, el pie de foto podrá ser más extenso (unas 15 líneas como máximo) y llevará un título. Éste no podrá superar una línea de composición.

 

4.22. Los títulos de las fotonoticias (véase el capítulo 5) no deben tener necesariamente carácter informativo. Por tratarse de una foto como elemento noticioso en sí mismo, el título puede acompañar simplemente a la imagen. En este caso, por tanto, el redactor dispone de una mayor libertad para escoger el título.

 

4.23. Fotos en la Red. Las fotos en elpais.com de pequeño tamaño (miniaturas) deben recoger detalles muy visibles, generalmente primeros planos. Si son la reproducción de una imagen mayor que muestre una perspectiva amplia (por ejemplo, un paisaje), habrá de escogerse un detalle de la foto original, y nunca reproducirse ésta al completo. La miniatura puede no tener firma y pie, si éstas acompañan a la misma foto en mayor tamaño enlazada con ese contenido.

 

 

VÍDEOS

 

4.24. Los vídeos y las transmisiones de imágenes en directo constituyen un elemento de primer orden en elpais.com. Por regla general, se recogerán en vídeo acontecimientos que tengan un dinamismo intrínseco: manifestaciones, desfiles de moda, incendios, inundaciones, espectáculos de danza, fiestas populares, actividades deportivas..., siempre con arreglo a los derechos disponibles. Las transmisiones en directo atienden normalmente a acontecimientos en desarrollo cuyo valor es que el lector pueda asistir a ellos, aunque luego no tengan reflejo en un vídeo editado (comparecencias institucionales o conferencias de prensa de relevancia, debates parlamentarios, reuniones internacionales, congresos o seminarios...).

 

4.25. Los vídeos serán representados, junto a la noticia a la cual acompañen, mediante una imagen congelada en la que estará sobreimpresionado el logo o aviso que los simboliza. También se puede utilizar para ello una foto, siempre que esa imagen no despiste sobre el contenido del vídeo o lo desvirtúe. En ambos casos, ha de incluirse la firma de los autores de las imágenes.

 

4.26. Los vídeos se pueden insertar en formato editado o bruto, según lo requieran las circunstancias y los contenidos. Los vídeos editados pueden incorporar locución.

 

4.27. La locución de los vídeos debe acompañar a las imágenes sin describir lo que ya se ve en ellas. Sus textos se atendrán a las normas éticas y estilísticas de EL PAÍS.

 

4.28. Caso de ofrecerse una entrevista en vídeo, el personaje entrevistado deberá saber a partir de qué momento está siendo grabado y cuándo termina la grabación. No se emplearán frases o gestos tomados antes o después.

 

4.29. En los denominados ‘mudos’ (imágenes complementarias tomadas para ilustrar una información), no se podrán oír las palabras de quienes estén siendo grabados si ellos no tenían conocimiento de que tales expresiones eran registradas. Estas imágenes se archivarán tras haberles sido borrado el sonido, a fin de evitar accidentes posteriores.

 

4.30. El periodista que toma imágenes de un hecho objetivo no debe intervenir en esa realidad para alterarla (colocar a las personas, cambiar de sitio algún elemento...), salvo que se trate de un posado o una entrevista.

 

4.31. Los planos generales deben combinarse con los detalles y primeros planos, para ofrecer la visión más próxima a la realidad de lo sucedido.

 

4.32. En una entrevista, lo ideal es que los ojos del entrevistado queden a la altura del objetivo y que hable dirigiéndose a algún punto cercano a la cámara, pero no directamente a ella.

 

4.33. El texto que sirva para presentar un vídeo no debe inducir al lector a creer que encontrará imágenes distintas de las que realmente se ofrecen. (Véase el apartado 5.63, Titulares de los vídeos).

 

 

GRÁFICOS

 

4.34. Los gráficos informativos deberán ser claros, y se sacrificarán las posibilidades artísticas en aras de una mayor facilidad de comprensión.

Los nombres de lugares y personas se atendrán a lo establecido en este Libro de estilo.

 

4.35. Los pies de los gráficos, si los hubiere, podrán adoptar, según convenga en cada caso, el formato normal o bien el de fotonoticia, lo que queda a criterio de los responsables de la Redacción.

 

 

ILUSTRACIONES Y DIBUJOS

 

4.36. Las ilustraciones y dibujos (sean de humor o no) se consideran elementos de opinión y, por tanto, responden al criterio de sus autores. No obstante, no se permitirán los que ofendan la intimidad de las personas ni que ofrezcan imágenes desagradables. Tampoco los que establezcan como hechos aquellos que no han sido demostrados.

 

 

SINTAXIS MULTIMEDIA

 

4.37. La combinación de texto, vídeo, infografía, audio (en su caso) y fotografías permite elaborar informaciones multimedia con una sintaxis narrativa que pase por todos los soportes y ofrezca un relato único, coherente y sin repeticiones.

 

4.38. Las narraciones multimedia comenzarán con un texto (normalmente un titular) a partir del cual se puedan inferir el tema y el contenido. A renglón seguido se sucederán las informaciones en los demás soportes, conforme lo requiera cada caso.

Un orden posible de soportes sería el siguiente:

1. Titular en texto: ‘Incendio en el centro de Barcelona’.

2. Fotograma o fotografía del incendio, con el s

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