Él no salió de mi vientre, pero, Dios mío, he hecho sus huesos, porque yo he asistido a todas sus comidas, y la forma en que duerme, y el hecho de que nada como un pez, porque lo llevé al mar. Estoy muy orgulloso de todas esas cosas. Pero él es mi mayor orgullo.
JOHN LENNON
Iré de camino al mar abierto, hacia las tierras que conocí antes de tu llegada, y las frescas brisas del océano me arrancarán el recuerdo de tu nombre.
ADELA FLORENCE NICOLSON
Prólogo
o
En que Bear se moja los pies
Así es cómo se acaba mi mundo.
Mirad.
Bear,
Se que esto te costará de leer, pero espero que lo hentiendas.
Tengo que irme, Bear. Tom ha encontrado travajo fuera del estado y me voi con él. Hago esto porque creo que será más fácil para todos nosotros si se lee que si se dize.
Es una oportunidad para hacer algo por mi misma. Tom dize que allí donde vamos hai muchos empleos que serán mejores que aquí en Seafare. ¿Te acuerdas de mi último travajo? ¿En el Pizza Shack? ¿Recuerdas lo bien que fue? Por si no lo pillas al tratarse de una carta, estaba siendo sarcástica. No fue nada bien. (¡Por lo menos sabemos que mi futuro no está en las pizzas!)
Ya se que Tom nunca te ha caído simpático, pero no me trata mal. No deberías preocuparte por él y yo, porque estaremos bien. Bueno, se que no te preocupas por él, pero da igual. Se ha quedado mas tiempo que tu padre, y no me hagas hablar del papá de Ty. Por lo menos Tom no me ha pegado ni nada. Hasta ha dicho que cuando aorre suficiente dinero me dejará hazer uno de esos cursos on line de la Unibersidad de Phoenix Arizona, o como se llame. ¡Imagíname con un título unibersitario!
Por cierto, espero que tengas la oportunidad de ser escritor como quieres. Se que esto infiere en tus planes de ir a la facultad el año que viene, pero ¿por qué necesitas la unibersidad para eso? Has estado imbentando istorias desde que eras pequeño, así que no parece que puedan enseñarte nada más, ¿no? Pero esa beca ya vendrá mas tarde, ¿vale? No es que no puedas volver a tenerla nunca. Solo que no es posible aora porque nezesito que me hagas un favor.
Tom dize que Ty no puede ir. Dize que tener al Chico cerca le «romperá» la concentración. (Está bien, no dijo romper, pero ya sabes a qué me refiero.) Se que pareze que esté tomando una mala decisión, pero la última noche tube un sueño. Todo estaba negro a mi halrededor y había una luz brillante muy lejos. Me ha parecido que tendría que andar mucho rato para llegar hasta ella. Finalmente he llegado allí y la luz era el rótulo de un motel. ¿Sabes como se llamaba el motel, Bear? Se llamaba MOTEL DE LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD. ¿Entiendes lo que significa? MOTEL DE LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD. ¡Significa que es mi última oportunidad! Mi sueño era un mensaje, lo se, y creo que quien sea que nos está vigilando sabía que me estaba costando travajo tomar esta decisión y por eso he tenido ese sueño.
Pero Tom dize que Ty no puede ir. Así que le dejaré aquí con tigo. Siempre has tenido más fazilidad para cuidar de él que yo. ¿Te acuerdas de cuando estube enferma durante cosa de un mes el año pasado y no podía moberme, y tú cuidaste de Ty porque no podíamos permitirnos llevarle de campamento con la YMCA? Hiziste muy buen travajo entonces y recuerdo que pensé que algún día serías un buen padre, no como tu papá. Aora que lo pienso, de todos modos siempre te ocupas de Ty mucho más que yo, como debería hazer un buen ermano, y siempre lo has echo mejor. Es por eso que me siento tranquila dejándole aquí contigo. Creo que será mejor que se quede aquí. ¿Y si me pasa algo cuando estoi con Tom? No quiero que él lo vea.
Tengo algo que imprimí de internet para ti. Se llama poder legal. Significa que puedes acer cosas por Ty sin mí. Como médicos, la escuela y cosas por el estilo. Supongo que significa que estarás a su cargo. Por lo menos eso es lo que entendí. Denise, la vezina de abajo, me habló de eso. Normalmente tendrías que estar con migo para hautenticarlo mediante acta notarial, pero Denise me deve un favor por aquella vez que le di cigarrillos cuando no podía permitirse comprar más. Su hijo es notario o algo así (¿de verdad hai que ir a la facultad para aprender a firmar y sellar papeles?, ¿qué dificultad hai en eso?), me hencubrirá y levantará acta notarial. Tendrás que esperar a tu cumpleaños, pero llegará muy pronto. Es mi regalo para ti. Espero que te guste.
Te hecharé de menos, ya lo sabes. Has crezido bien, a pesar de todo. Espero que no me odies ni nada por esto, pero quizá regresaré un día si esto no funciona. Quizá, no lo se. Quizá no tenía que haber sido madre nunca. A veces te veo y pienso en lo mejor que habría sido para ti no haber nacido nunca. Pero te recuerdo como un bebé muy feliz, no como Ty, que no paraba de llorar. Tu sonrisa ahún vale la pena y espero que sigas sonriendo hincluso después de esto.
Por favor, léele a Ty la nota que le he escrito.
No se qué mas dezir.
Por fabor, no intentes buscarme. No quiero que Tom se enfade.
MAMÁ
P.S. He dejado algo de dinero para aiudarte de momento. No puedo darte más porque Tom dize que tenemos que aorrar para nuestro futuro. Recuerda que el alquiler venze a primeros de mes, junto con las demás facturas. De todas formas me las pagaste, pero ¿qué clase de madre sería si no te lo recordara?
Ty,
Escucha a tu ermano y haz lo que te diga, ¿vale? ¡Mamá te quiere!
MAMÁ
Esto es lo que encontré cuando llegué a casa del trabajo ese día. Era un sábado por la noche. No sabía dónde estaba el Chico.
Mamá dejó 137,50 dólares dentro de un sobre a mi nombre.
Al día siguiente cumplí dieciocho años. Tres días después, me gradué en el instituto.
1
En que Bear ve gente que llega a casa
para pasar el verano
Tres años después
Bueno, para ser franco con vosotros, en realidad no me llamo Bear. Mi verdadero nombre es Derrick McKenna, pero he sido Bear desde que tenía trece o catorce años. Era la época en que Ty intentaba decir mi nombre cuando era un bebé y no sabía pronunciar Derrick. Le salía muy extraño, algo así como «Barick», pero en cuanto mamá lo oyó solo pudo pensar en que parecía que me llamara «Bear». Supongo que era una especie de divina comedia a su manera, pues yo había hecho algo parecido con otra persona cuando era pequeño. Pero ya volveré a eso más adelante.
Pues eso: Bear. Empezó a llamarme Bear. Por supuesto, al principio lo odiaba. No tengo y sigo sin tener nada de oso. Pero mamá insistía, y cada vez que venía un amigo, respondía a una llamada para mí o hablaba con uno de mis profesores, ponía énfasis en llamarme Bear. Por aquel entonces empezaba en el instituto, y ya sabéis lo que pasa: cualquier cosa que hagas siendo alumno de instituto se recuerda para siempre. Todo gracias a mi mamá. El apodo se quedó; ella, no.
No trato de mostrarme sensiblero ni nada. No es esa clase de historia. Aquí no se trata del pobre Bear y cómo su madre huyó de él, dejándole a cargo de su hermano pequeño y arruinándole la existencia por ello, pero al final aprende Una Lección Muy Valiosa sobre la vida, etcétera. No será así.
Bueno, vale, borrad eso. No sé qué clase de historia es. Solo espero que no sea empalagosa y os haga vomitar. Esa clase de cosas me da náuseas.
Pero me estoy alejando del tema.
Solo quería ser franco con vosotros sobre cómo me llamo. Me imagino, por alguna razón, que cuando la gente oye el nombre que tengo ahora, Bear McKenna, supone una de dos cosas: que seré un leñador muy grande y peludo, con un porte severo pero un corazón de oro, o que soy terriblemente pretencioso. Por lo general es lo primero, hasta que me ven y parpadean varias veces, tratando de casar ese nombre con lo que están viendo. ¿Y la segunda parte? Pensadlo: si conocierais por primera vez a alguien llamado Bear, ¿no creeríais que era una versión exagerada de sí mismo? ¿Sí? ¿No? Bueno, supongo que yo no pienso como la mayoría de la gente. Y ya no discuto con ella acerca de eso. Me llamo Bear McKenna.
—¿Derrick?
Bueno, las más de las veces es así. Miro en el espejo retrovisor y veo a mi hermano pequeño, Tyson, devolviéndome la mirada con una expresión en la cara que no acierto a identificar. Normalmente opta por llamarme Derrick cuando se dispone a preguntar algo importante, como si existe un planeta de vacas con granjas que ordeñan personas y luego las sacrifican para deleitarse con sus sabrosas costillas, o por qué mamá se marchó y no volvió. Hace muchas preguntas.
—¿Qué, Ty?
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro, Chico.
—¿Cómo sabes si estás enamorado?
Sonrío. Trato de no pensar adónde quiere ir a parar con eso. Entender la línea de pensamiento lógico del Chico es un ejercicio extraordinariamente inútil. Él piensa en un plano completamente distinto a todos nosotros. La semana pasada le expliqué, a insistencia suya, de dónde vienen los bebés. Se quedó con una expresión de meditación alarmante en la cara durante toda la conversación. Cuando hube terminado, se levantó y salió a jugar sin decir palabra. Más tarde, cuando le arropaba en la cama, por fin respondió: «Bear, ¿por qué diablos querría una chica sacar un bebé de esa manera?» No supe cómo contestarle entonces, como me pasa a veces. No mucha gente me deja sin palabras, pero Ty lo consigue a diario.
Ahora miro a Ty y enarco una ceja.
—¿Por qué? ¿Tienes alguien de quien no me has hablado, Chico?
Se encoge ligeramente de hombros.
—No. No necesariamente tiene que ver conmigo, Bear. Es solo una pregunta.
Por cierto, mi hermano tiene ocho años pero parece que tenga sesenta. No puedo reprochárselo, dado todo por lo que ha pasado en la vida. La mayoría de los chicos de su edad no han pasado ni por la cuarta parte de las cosas que le han tocado a él. Pero, al mismo tiempo, ¿cuántos niños de tercer curso conocéis que sean vegetarianos por decisión propia? Yo no tengo nada que ver con eso, creedme. Me gustan las hamburguesas con beicon y salchicha (y dejad de hacer muecas hasta que lo probéis: es delicioso). Pero me lo tengo merecido por dejarle ver documentales sobre mataderos en la tele. Desde entonces no ha sido el mismo.
Miro hacia delante para no alcanzar por detrás a nadie en la autopista, pero estoy contestando con evasivas y él lo sabe. Noto sus ojos clavados en mi nuca. Vuelvo a suspirar.
—Supongo que es cuando esas estúpidas canciones de la radio empiezan a tener sentido. —Echo un vistazo al retrovisor y le veo fruncir el ceño—. ¿A ti qué te parece?
Cuando se trata de esa clase de preguntas esotéricas, siempre me parece mejor dejar que conteste él. Pero las preguntas objetivas sobre bebés y cosas así, procuro responderlas yo. Aunque tenga ganas de tirarme de los pelos mientras lo hago.
Guarda silencio un momento antes de decir:
—Creo que es cuando no puedes pasar un día más sin la otra persona. Que hace que te sientas como si te ardiera el estómago pero de una forma agradable.
—Eso me parece bien.
—¿Bear?
—¿Sí?
—¿Podemos parar? Tengo que hacer pis.
—Claro, Chico. De todos modos vamos con tiempo.
Veo una señal que anuncia un área de servicio y tomo la salida. El aparcamiento está vacío y cae una llovizna. Estaciono en una plaza delante de los aseos; ya conozco la rutina. Ty espera pacientemente en el coche mientras yo entro en los servicios de caballeros para cerciorarme de que están desiertos. Lo están. Salgo por la puerta y le hago una seña. Él baja del coche y se me acerca.
—Bear, me esperarás aquí, ¿eh?
No es una pregunta, sino una orden.
—Por supuesto.
—Muy bien, ahora vuelvo. Procura esperarme aquí.
Asiento con la cabeza, sabiendo que estaré allí tan seguro como lo sabe él. Ty se niega a utilizar los aseos públicos cuando hay alguien más dentro. Siempre me hace mirar primero. Solo entra cuando le indico que no hay moros en la costa. No me permite entrar con él, dejando muy claro que es «lo bastante mayor para orinar solo». Pero, antes de hacerlo, se cerciora de dónde voy a estar. Y me refiero al sitio exacto. Si me muevo uno o dos pasos de donde he dicho que estaría, se da cuenta. Sé que entiende que no le abandonaré nunca, pero aun así necesita esa seguridad. Ocurre lo mismo con la hora a la que lo recogeré de la escuela o la hora a la que saldré del trabajo. Si llego tarde, tiene una especie de ataque de pánico que le constriñe la respiración y le provoca pensamientos que sabe que no son ciertos. Le llevé a un médico de una clínica gratuita, quien sugirió someterle a un tipo de medicación ansiolítica que en teoría hace furor últimamente. Pero Ty nos dijo sin rodeos al doctor y a mí que no quería convertirse en «uno de esos chicos». Trato de no llegar tarde. Es más sencillo.
Le oigo tararear mientras hace pis, su señal de que le llevará algún tiempo, de modo que me vuelvo para observar la lluvia. Estamos a finales de mayo, pero en Oregón eso no importa. Aún puede llover y hacer frío en cualquier momento, y no se puede hacer gran cosa para remediarlo. Sobre todo si vives en Seafare, un pueblo de la costa del Pacífico, como nosotros. Para alguien que no haya estado nunca en la costa de Oregón, allí el océano no tiene nada que ver con el de California. El clima es frío, brumoso y lluvioso la mayor parte del tiempo. Claro que disfrutamos de algunos días soleados, pero el noroeste del Pacífico tiene una fama justificada. He oído decir que aquí se suicida mucha gente. Personas raras.
Estamos haciendo el trayecto de cien kilómetros hasta Portland para recoger a mi mejor amigo, Creed Thompson, en el aeropuerto. No le he visto desde que vino a casa por las vacaciones de primavera. Es estudiante de penúltimo año en la Universidad de Arizona State, donde hace ciencias informáticas. Muy pronto se licenciará, empezará a trabajar en IBM o en Google y ganará un montón de dólares al año, pero ahora mismo sigue siendo Creed, el chico que conozco desde mi primer día en la escuela de primaria de Seafare en segundo curso. Conectamos enseguida, quizá por lo opuestos que éramos. Él es extrovertido y puede hablar con cualquiera, mientras que a mí no me gusta la mayoría de la gente. Sus padres aún están casados (y vivitos y coleando). Son ricos, pero no tanto como para distraerse con todo lo que tienen. Evidentemente, yo no soy rico. Y la vida sigue.
El señor Thompson había tenido una empresa de informática en Seattle a finales de los años ochenta y principios de los noventa y lo había vendido todo antes de que se fuera al carajo. Entonces decidió que detestaba vivir en una gran ciudad y tener tantas cosas. Vendió todo lo que no quería y trasladó a su familia a Seafare. Siempre me llamó la atención que el señor Thompson parecía ser la única persona rica que detestaba ser rica. Pero eso no le impidió comprar una de las casas más grandes de Seafare, donde he pasado mucho tiempo a lo largo de los años. La misma casa en la que pronto celebraremos una fiesta de cumpleaños sorpresa para Ty, siempre y cuando pueda mantenerla en secreto.
Los padres de Creed son unos padres muy guays, pero me alegro de que se hayan ido. No definitivamente, sino a algún país en una especie de retiro, ayudando a construir casas en África o curando leprosos en Suecia, no lo sé. Sé que estarán fuera hasta noviembre, así que dispondremos de una casa grande y vacía para todo el verano. Estará bien salir de nuestra birria de piso durante los próximos meses.
No me interpretéis mal; tengo amigos. Solo que resulta que la mayoría de ellos estudian en otro sitio y tienen su propia vida, sea la que sea. La mayoría no vuelve a Seafare si puede evitarlo. Los demás podrían ser imaginarios. Creed regresa a menudo, afirmando que Arizona está situada, de hecho, en la superficie del sol, no al lado de California como dicen los mapas. Pero ahora que sus padres están ausentes la mayor parte del tiempo, siempre puede volver aquí y es como si tuviera una casa de vacaciones para él solo, lo que es genial si te gusta esa clase de cosas. Cuando se lo comenté me miró con extrañeza y dijo que no se le había ocurrido en ningún momento. Ya no hemos hablado más de ello.
Cuesta trabajo mantener amistades normales cuando eres el tutor del niño de ocho años más listo del mundo. La mayoría de la gente no podría entender por qué hice lo que hice. Diablos, hay veces que ni siquiera yo lo entiendo. La única forma en que puedo racionalizarlo es que una persona es capaz de hacer cosas extrañas si no tiene más remedio.
La otra única persona a la que me gusta ver es la que considero mi novia, Anna Grant. Pero vive también en Seafare, y se traslada cada día al condado vecino para asistir a la escuela municipal de allí, así que no es que no la vea. Fue la segunda persona que conocí después de Creed. Estamos juntos a menudo, pero eso no significa la mayor parte del tiempo. No es ningún chiste: en una ocasión nos encontramos y rompimos a los cinco segundos cuando le dije sin querer que parecía tener la nariz chata desde el ángulo en el que me hallaba. No pretendía ofenderla; se me escapó de la boca. Se enfadó y se fue hecha una furia. Cinco segundos. Pero es mi mejor amiga, así que generalmente trato de no preocuparme. Compruebo que, si te preocupas en exceso, pasas menos tiempo haciendo otras cosas.
Como estar de pie bajo la lluvia en un área de servicio, esperando a que tu hermano acabe de hacer pis. Me vuelvo hacia la puerta y todavía le oigo canturrear. Consulto mi reloj. Son las dos y media. Tenemos que recoger a Creed en media hora, y aún nos quedan algunos kilómetros.
—Chico, ¿estás bien? Tenemos que irnos.
Oigo que deja de tararear.
—Bear, yo no te hablo cuando vas al baño —responde prosaicamente.
Touché!
Sale al cabo de unos minutos. Me aseguro de estar en el sitio exacto en el que me ha dejado. Veo que me dirige una mirada apreciativa al encontrarme allí. Le tiendo la mano, me la coge y regresamos bajo la lluvia.
—¡Allí está!
Ty señala entusiasmado. Veo a Creed de pie junto a la entrada de una terminal. Me ve acercarme, Ty le hace señas con la mano como un loco, y se echa a reír. La mayoría de las chicas consideran que Creed «está como un tren» (según sus propias palabras) y supongo, desde el punto de vista de un hombre, que no está mal. Tiene el pelo rubio, corto y rebelde, unos dientes blancos y regulares, los ojos verdes, y hasta admitiré que es corpulento. Aparentemente ha acumulado todavía más músculos que la última vez que le vi en marzo. Y es alto, lo cual me amarga la vida porque solo mido metro setenta y tres. Y tengo el pelo oscuro. Y los ojos marrones. Y soy de piel pálida. Y creo por alguna razón que aún conservo algún diente de leche, porque uno es mucho más pequeño que los demás. Le digo a Creed que el único motivo de que sea su amigo es porque es un chico rico, grande y rubio. Él dice que el único motivo de que sea mi amigo es porque soy menudo, blanco y vivo en el gueto con mis dientes de leche. Nos llevamos de fábula.
Abre la puerta y echa sus bolsas sobre el asiento trasero, al lado de Ty. Sube y me sonríe. Extiende un brazo, me lo pone alrededor de los hombros, me atrae para darme un abrazo y noto el agua de lluvia corriendo por mi mejilla. Me da las tres palmaditas en la espalda preceptivas del abrazo entre hombres y se aparta.
—¿Qué pasa, tío? ¿Cómo va la vida en la costa?
Sonrío y me encojo de hombros.
—Igual que la última vez que hablamos. Creo que si ocurriera algo gordo lo sabrías.
Vuelve a sonreír, mira por encima del hombro hacia el asiento de atrás y se frota las manos rápidamente sobre la cabeza, salpicando agua sobre mí y sobre Ty. Mi hermanito se ríe fingiendo quejarse.
—¿Qué pasa, Chico? ¿Bear te trata bien, o tengo que bajarle los humos con unos azotes?
Ty se lleva una mano a la barbilla en un gesto de concentración y piensa un momento.
—Quizá solo un azote. No me dejó llevarme el nuevo documental sobre la PETA* del videoclub.
—¡Eso fue hace un mes! —protesto, a sabiendas de lo que vendrá.
Ty me fulmina con la mirada.
—Me acuerdo de las cosas.
Creed se echa a reír.
—Entonces un azote —dice, y me golpea con el puño en el hombro.
Sí, no hay duda de que ha ganado musculatura.
—Cabrón —gruño, frotándome el hombro—. Deberías haber visto esa película. No hablaba más que de cómo convertirse en ecoterrorista y luchar contra el sistema. Si el Chico la hubiera conseguido, ahora seguramente le pondría una bomba a algún famoso por vestir pieles.
—Eh, no te quejes —dice Creed—. Por lo menos no ha sido como la última vez, cuando dijo tres azotes por no conseguirle la marca de leche de soja que le gusta.
¿Cómo podía olvidarlo? Había tenido un moratón en el brazo durante un mes.
Ty habla por mí.
—Ahora me trae la marca correcta. Y, Bear, no me puedo creer que hayas dicho que iba de «cómo luchar contra el sistema». Supongo que es desalentador para cualqui
