INTRODUCCIÓN
El amor romántico es una de las experiencias más hermosas que podemos vivir los seres humanos, pero también una de las más dolorosas. Millones de personas dedican ingentes cantidades de tiempo, energía y recursos a buscar su media naranja creyendo que así podrán transformar su vida, salvarse a sí mismas, solucionar sus problemas y ser muy felices. El sueño romántico nos hace sufrir mucho porque es muy difícil encontrar a nuestra media naranja, y cuando la encontramos nos decepcionamos porque las relaciones no son tan bonitas, perfectas y maravillosas como en los cuentos y las películas.
El mito romántico es una ilusión colectiva, un espejismo, compartido por casi todas las culturas del planeta, cargado de falsas promesas. Soñamos con el paraíso romántico, pero la realidad es que pasamos más tiempo sufriendo por amor que disfrutando de él. Creo que las mujeres sufrimos más por amor que los hombres, porque desde niñas se nos machaca con la idea de que el amor nos salvará.
Nos enseñan a poner el amor y los cuidados en el centro de nuestras vidas. El amor hacia un hombre nos pone a muchas de rodillas y sin darnos cuenta asumimos los roles femeninos tradicionales que nos sitúan en un plano de dependencia con respecto a él. Y esto nos hace sufrir porque nos genera una enorme contradicción, pues lo que queremos en realidad es ser libres y autónomas, queremos construir relaciones igualitarias, sanas y bonitas, queremos disfrutar de la vida con o sin pareja, queremos compatibilizar nuestras ideas feministas con nuestros sentimientos y nuestras formas de relacionarnos.
Pero es bien difícil. Cuando nos disponemos a trabajar en nosotras mismas para poder disfrutar más de la relación con una misma, del amor y de la vida, la principal dificultad que encontramos es poder llevar la teoría a la práctica. No recibimos ningún tipo de educación emocional o sentimental que nos permita aprender a querernos bien: las únicas referencias que tenemos para crear nuestro mundo emocional son las relaciones de pareja en los adultos de nuestro círculo familiar y social más cercano, y las novelas, películas, series y canciones de nuestra cultura.
Necesitamos herramientas que nos ayuden a querernos y a tratarnos bien, a resolver nuestros conflictos sin violencia, a identificar y expresar nuestras emociones para que no nos invadan y no hagan daño a nadie. En el actual sistema educativo y de crianza, lo único que nos enseñan es a reprimirlas, de manera diferente si somos mujeres u hombres: nos queda muy claro desde pequeñas que las niñas no se enfadan y los niños no lloran. Nuestra educación emocional está basada en la negación y la represión de nuestras emociones, por eso, cuando vivimos historias emocionales muy fuertes, enfermamos: nuestra salud mental se va deteriorando en la medida en que sufrimos. Y es entonces cuando pedimos ayuda a los profesionales, cuando ya estamos destrozadas, por fuera y por dentro. En realidad estos profesionales deberían poder ayudarnos desde el principio a comprender las relaciones humanas, y a trabajar para que sean menos conflictivas y dolorosas.
Hasta hace muy poco, el feminismo tenía asumido que el amor romántico es una trampa para las mujeres, y que para ser libres debíamos renunciar a enamorarnos de un hombre. Cuando devoraba libros de feminismo para la tesis, yo pensaba «No puede ser...», y estaba convencida de que debía de haber alguna manera de reapropiarnos del amor, resignificarlo, transformarlo, reinventarlo. Debía de haber alguna manera para liberar al amor del machismo... Y la buena noticia, es que la hay.
El amor está en permanente construcción, así que podemos quedarnos con lo mejor de nuestra cultura amorosa, y ponernos creativas para imaginar otras formas de amar y de quererse. Como lo romántico es político, el trabajo no solo es personal, sino también colectivo, y yo siento que cada vez hay más gente con ganas de transformar el amor para poder disfrutarlo.
Creo que cada vez somos más trabajando en una revolución amorosa que incluya, además del amor romántico, los cuidados y las redes de afecto que nos sostienen y nos acompañan en el camino de la vida. El objetivo común de esta revolución sentimental es poder amarnos bien, poder querernos más y mejor, liberar al amor de toda su carga machista y de su estructura patriarcal, y aprender a construir relaciones bonitas, sanas e igualitarias.
Muchas mujeres nos estamos juntando para imaginar otras formas de querernos, al margen del modelo romántico patriarcal, y crear nuestras propias utopías amorosas que nos sirvan como modelo frente a la hegemonía romántica del sadomasoquismo y la sublimación del sufrimiento. Estamos trabajando para poder relacionarnos y organizarnos de otra manera, para que nuestras relaciones estén libres de violencia y explotación, para poder amarnos sin sufrir y sin hacer sufrir a los demás. Estamos haciendo una revolución sentimental y amorosa que es a la vez personal y política.
Escribo este libro convencida de que podemos sufrir menos y disfrutar más del amor. A lo largo de mi trabajo de investigación en torno al amor romántico, he podido comprobar que no hay una fórmula mágica para ser feliz en una relación de pareja, pero sí que podemos construir nuestras propias herramientas para lograr una buena calidad de vida, sufrir lo menos posible y transformar el amor de manera que nos alcance a todos y a todas.
Hace tres años fundé el Laboratorio del Amor, un grupo de investigación formado por mujeres de diferentes edades y países, en el que nos dedicamos a estudiar el amor romántico y a trabajar para encontrar el modo de querernos sin sufrir ni hacer sufrir a los demás.
Somos un poco como las campesinas del amor: vamos sembrando semillas, y ya estamos recogiendo los frutos del trabajo colectivo. Nuestro objetivo común es disfrutar más del sexo, del amor y de la vida, y nuestro lema es que lo romántico es político, y otras formas de quererse son posibles. Analizamos el romanticismo patriarcal para identificar y desmontar los mitos con los que nos seducen, y para entender cómo hemos interiorizado todos los mandatos de género a través del amor. Trabajamos en el autoconocimiento desde la autocrítica amorosa: queremos conocernos mejor, trabajar nuestros patriarcados y aprender a querernos bien a nosotras mismas y a los demás.
En el Laboratorio tenemos una caja de herramientas que alimentamos con los aprendizajes que hemos ido acumulando desde que nos enamoramos por primera vez hasta los que adquirimos en el presente. También nutrimos nuestra caja de herramientas con buenos consejos. Consejos de esos que damos a nuestras amigas más queridas para que busquen la felicidad, para que se cuiden más, para que salgan de relaciones en las que no son felices, para que dejen de perder el tiempo con chicos que no saben disfrutar del amor... Estos consejos están basados en el cariño que sentimos por ellas y en el sentido común, con el que contamos todas desde que tenemos uso de razón. Se trata simplemente de aplicárselos una misma, de escucharse con amor, y de ponerse manos a la obra para ayudarnos a nosotras mismas.
También alimentamos la caja con trucos, estrategias, fórmulas que nos han funcionado para trabajar los duelos, los celos, el miedo, la culpa, el sufrimiento, la dependencia emocional, el ego, la autoestima, la asertividad, el empoderamiento, el autocuidado o la violencia machista que hemos sufrido, y la forma en que los hemos aplicado para poder disfrutar del amor. Entre todas generamos recursos y herramientas que nos permiten hacer autocrítica amorosa, individual y colectiva, y poner en práctica nuestra propia utopía amorosa.
En este libro comparto algunas de las herramientas con las que trabajamos en el Laboratorio del Amor. Siento que desde que publiqué mi tesis doctoral hasta la actualidad, cada vez hay más gente buscando la manera de dejar de sufrir por amor y de liberarse de los patriarcados que nos habitan. No es tarea fácil porque apenas tenemos referencias de gente que disfrute del amor. La mayor parte de nuestras heroínas y héroes son grandes sufridores, y las historias de amor que nos ofrecen están basadas en el sadomasoquismo que heredamos de la cultura cristiana.
Así que tenemos que hacer una revolución cultural para imaginar otras heroínas, otros héroes, otras tramas y otros finales felices. Hay que inventar nuevos modelos amorosos y redescubrir la diversidad que queda oculta tras el modelo hegemónico de la pareja heterosexual que funda una familia feliz. Es un trabajo enorme que tenemos que hacer juntos y juntas para poder experimentar el amor en una dimensión mucho más amplia, sin limitarlo a la pareja romántica.
Necesitamos explorar nuevas formas de querernos, nuevas maneras de relacionarnos y de disfrutar de la vida: en pareja, en grupos y a solas. Debemos poner en común todas nuestras energías, nuestro amor, nuestra imaginación, nuestra creatividad y nuestros conocimientos para hacer la revolución amorosa, de los afectos y los cuidados.
Queremos aprender a querernos más y mejor, y la pregunta que más me hacen en mis conferencias, talleres y cursos en internet es: ¿cómo? Así que en este libro he querido compartir mi metodología de trabajo, que es muy sencilla. Parte de la idea de que la mayoría de nuestros problemas no son personales, sino colectivos. Por ello, las soluciones tenemos que encontrarlas colectivamente.
Dado que el amor nos hace sufrir tanto, es necesario trabajar en ello para transformarlo y para liberarlo del machismo y el patriarcado. Desde siempre las mujeres hemos hablado mucho sobre el amor, el patriarcado, la división sexual del trabajo y de la vida, las emociones, el deseo y el erotismo, las relaciones entre hombres y mujeres, pero hasta hace poco no se consideraba un tema político. Hoy, gracias al feminismo, hemos podido entender que sufrir por amor no es cuestión de mala suerte, sino un tema social y político: lo que le pasa a una, nos pasa a todas.
El amor romántico es una gigantesca construcción social y cultural que va cambiando según las etapas históricas y las zonas geográficas. Aprendemos a amar en un sistema de organización capitalista y patriarcal, heredamos las creencias y los tabúes, asumimos las normas y las prohibiciones, reproducimos las costumbres y, cuando tenemos interiorizado todo el romanticismo patriarcal, lo reproducimos y lo transmitimos a las siguientes generaciones.
El primer paso para empezar a trabajar es analizar cómo aprendemos a amar, poniendo el foco en la diferencia entre hombres y mujeres. Somos educados de manera diferente, tenemos expectativas diferentes sobre el amor de pareja, y por eso nos cuesta tanto querernos bien. Además, vivimos en un sistema que se aprovecha de la mitad de la población humana: nuestras relaciones son de explotación. Entender por qué las mujeres nos sometemos voluntariamente a estas relaciones de dominación y sumisión nos está sirviendo para conocer mejor nuestra cultura amorosa y para desmontar todos los mitos con los que nos seducen con el fin de que pongamos el amor en el centro de nuestras vidas.
El segundo paso consiste en hacer ejercicios y generar herramientas que nos sirvan para liberar al amor del machismo y liberarnos de los patriarcados que nos habitan. Para poder llevar la teoría a la práctica, es muy importante tomar conciencia de cómo interiorizamos el romanticismo patriarcal. Una vez que identificas todo aquello que te hace daño, que no te ayuda, que no te gusta, es más fácil diseñar una estrategia para trabajar todo lo que deseas cambiar.
El tercer paso consiste en poner en práctica la estrategia: es fundamental tener confianza en una misma y entender que ninguna mujer está condenada a sufrir por amor, que todo puede trabajarse, que se puede disfrutar de las relaciones y también de la soltería, que podemos vivir el amor de otra forma, que podemos evitar las relaciones dolorosas, y que podemos salir de las relaciones de violencia.
Para ello hay que trabajar mucho la autoestima personal y el empoderamiento colectivo. En el Laboratorio del Amor nos ha acompañado siempre el grito de guerra de que sí se puede: el amor es una energía que mueve el mundo, y no hay por qué reducirlo a la pareja. Cuanto más amor tengamos en nuestras vidas, más felices seremos, y cuanto más diversos sean nuestros amores y más grandes nuestros afectos, más fácil y bonita será la vida para todas y cada una de nosotras. La pareja no puede ser la única fuent
