La historia de la prohibición (Colección Endebate)

Araceli Manjón-Cabeza

Fragmento

La historia de la prohibición

UNA HISTORIA PENDULAR

Aunque hoy parezca imposible, hubo un tiempo no muy lejano en el que la producción, el suministro y el consumo de drogas no estaban prohibidos; se vendían en las farmacias miles de preparados que las contenían; las consumía gente de todo tipo y clase social a la que no se estigmatizaba; algunas drogas fueron productos estrella de compañías farmacéuticas y se anunciaban en la prensa como remedios milagrosos contra los más diversos males. Todo esto ocurría sin que la salud pública se resintiese de forma significativa. Pero a finales del siglo XIX empiezan a darse síntomas de una nueva cruzada con tintes moralizantes, racistas, económicos y políticos: el prohibicionismo echa a andar.

La relación del hombre con las drogas se sitúa en tiempos muy remotos, probablemente siempre existió; la historia de esa relación ha sido pendular y a unos períodos de permisión han seguido otros de represión, para volver después a la libertad, y adentrarnos finalmente en la época más dura de prohibición en la que nos hallamos ahora. El movimiento pendular nos ha situado ante la libertad o la persecución, en correspondencia con épocas históricas de mayor ilustración o mayor oscurantismo, en las que se encuadraba perfectamente la tendencia vigente en cada momento. Lo que es más difícil de entender es que en la segunda mitad del siglo XX se hayan podido alcanzar niveles extremos de prohibición, que nos azotan todavía en el XXI, cuando el marco cultural, social y político no parece favorable al desarrollo del fundamentalismo represivo ignorante de los conocimientos científicos y de los más básicos derechos humanos.

El contexto histórico de los siglos XX y XXI no puede explicar el actual régimen de drogas; las razones deben buscarse en unos intereses políticos perseguidos por Estados Unidos, no frenados por nadie, impuestos a muchos, secundados con dólares, y para cuya realización Naciones Unidas ha sido el brazo ejecutor. Esos intereses han dado lugar al surgimiento de un pretexto: hay que acabar con el azote de las drogas —cuyo problema previamente se crea de forma artificial— y eso solo puede hacerse si la gran potencia toma el protagonismo de la lucha, lo que en realidad encubre sus deseos intervencionistas e imperialistas. Como veremos a lo largo de este libro, esta política ha tenido y tiene un precio altísimo en determinadas regiones del planeta. Las drogas y su combate son el pretexto para justificar esa presencia en el mundo que Estados Unidos siempre ha buscado, como también lo han sido la amenaza comunista y el terrorismo islámico. Conscientes de lo anterior, se comprende que, a pesar del fracaso absoluto en lo que se refiere a reducir o eliminar la disponibilidad de drogas en el planeta, la prohibición se mantenga, pues es útil; por eso estamos en una huida hacia delante que parece no tener freno. Pero hay esperanza: creo que en los ultimísimos tiempos se está montando el escenario propicio para iniciar el principio del cambio de paradigma; hay condiciones muy favorables para que se plantee otro rumbo; hay una ventana de oportunidad para pensar en cómo acometer la legalización como nunca la hubo y que no puede desaprovecharse.

Una breve referencia histórica puede ser útil para entender cómo es posible que estemos en la actual situación y cuáles fueron las verdaderas razones que empujaron a gestarla. Tal referencia no tiene ninguna pretensión de exhaustividad, por dos razones: la primera, porque este no es un trabajo sobre la historia de las drogas, aunque requiere del contexto histórico para explicar ciertos hechos; la segunda, porque esa historia de las drogas ya está escrita en un libro que me parece insuperable. Me refiero a la Historia general de las drogas1 de Antonio Escohotado, que es la más completa exposición sobre la relación del hombre con la droga a lo largo del tiempo; pero no es solo eso, es mucho más.2 Me limitaré en estas páginas a dar noticia de cómo se llegó a la prohibición, intercalando los grandes hechos históricos con pequeños relatos sobre la marihuana, la heroína, la Coca-Cola o el LSD. Veremos brevemente la oscilación pendular a la que me he referido, para detenernos solo en los acontecimientos relevantes de finales del siglo XIX y del XX. La historia de la que aquí se quiere hablar es la de la prohibición, pero recordando que hubo épocas de libertad, aunque la mayoría no las hayamos vivido.

En la época pagana el consumo era libre en Mesopotamia, Grecia, Roma y China. En el Código de Hammurabi (siglo XVIII a. C.) se regulaba lo relativo a tabernas y casas de bebida y se castigaba la rebaja de la calidad del vino con la pena de ahogamiento; hoy diríamos que se trataba de un régimen de permisión con control de calidad.

Por lo que se refiere al consumo de opio en Roma, la Lex Cornelia lo consideraba un hecho indiferente para el Derecho —no se perseguía, ni se castigaba—, pero su precio estaba intervenido; lo que hoy llamaríamos un régimen de permisión con intervención estatal para regular el precio.

Es en la época cristiana cuando se introduce la represión en Roma: el emperador Caracalla prohíbe el consumo y declara que la posesión de libros de fórmulas es un «crimen contra la salud pública»; aparece así el paraguas de la salud pública bajo el que se resguardan la prohibición y la represión penal, por más que una y otra hayan sido, en conjunto, la más nefasta receta para esa salud pública. La búsqueda del placer con drogas recreativas o el alivio del sufrimiento con sustancias terapéuticas, así como los ritos mágicos que se servían de determinadas drogas, casaban mal con el mensaje evangélico basado en la bondad de la aflicción, la exaltación del sufrimiento, la afirmación de un único dios y la promesa de que el verdadero gozo llegaría después de la muerte, en la otra vida.

El movimiento pendular se escenifica perfectamente en estos dos momentos: paganismo y libertad de consumo frente a cristianismo y represión del consumo.

Durante toda la época pagana las drog

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