Max Burbuja 1 - Dejadme en paz

El Hematocrítico

Fragmento

cap-1

imagen

 

Estábamos subiendo las escaleras para ir a clase cuando escuchamos el boletín informativo de la Sexta. La llamamos así porque es una niña de sexto y siempre está dando noticias.

—¡Atención, todos los de quinto! —nos dijo—. ¡Tenéis profe nueva! Se llama Silvia.

—¿Ya ha nacido el bebé de Raquel? —preguntó una niña de mi clase.

—Efectivamente —completó la información la Sexta con datos de primera mano—. El niño se llama Antonio, como su abuelo, y nació el 2 de enero a las dieciocho horas y treinta y un minuto. Pesó tres kilos trescientos gramos.

La Sexta era muy buena haciendo su trabajo.

—Qué mala suerte empezar justo hoy —le dije a Matías.

Los profesores sustitutos siempre dan un poco de pena. Hay que ser muy buenos con ellos, porque se ponen nerviosísimos. Intentan ser majos y también estrictos. Quieren ser simpáticos, pero al mismo tiempo duros para mantener el orden de una clase que nunca han visto antes.

imagen

Bastante sufrimiento es aprenderse el nombre de todos y un montón de cosas más, como dónde están los baños de los profesores o a qué hora es el cambio de clase, como para encima empezar ese día, el peor día del año para debutar. El día de «pues a mí me han traído...».

Con las Navidades fresquísimas, todo el mundo estaba deseando hablarles a sus amigos de los regalos nuevos. Miraras donde miraras, estaba teniendo lugar la misma conversación. Empezó mi amiga Adriana, que es una niña a la que todo, absolutamente todo, le cuesta mucho.

imagen

—Pues a mí me han traído la Fábrica de Chuches de Chuchelandia Chu Chu y nos pusimos a hacer gominolas. No sabíamos que primero había que quitar el plástico a los ingredientes, pero estaban ricas igual.

—¿Cómo? ¿Y no te pusiste mala?

Quien acababa de hablar era Alejandra, una amiga mía que es muy inteligente. Lleva siempre una boina de estilo francés que le regalaron. Cree que le queda genial, con muchísima razón.

—Un poco. Pero me llevaron al hospital, me lavaron el estómago y en tres días ya me curé. Ahora puedo comer de todo otra vez.

—Qué interesante, Adriana —dijo Matías.

Matías me cae superbién, pero reconozco que me cuesta explicar cómo es. Siempre habla de temas fascinantes con un nivel de entusiasmo muy difícil de alcanzar.

—Pues a mí me han traído un juego de mesa alucinante que se llama Kingdom Kings —continuó Matías—. Tienes que ser un rey y luchar contra otros reinos para conseguir la corona mágica, y tiene tarjetas de lucha, de tesoro, de sorpresa y de problemas, y hay dados normales y de diez caras y de veinte caras y uno de cuarenta caras, y hay torres que vas construyendo y tienes que derribar las de tus enemigos, y hay una casilla de dragón y...

Aquí ya me perdí, cosa que pasa con bastante frecuencia cuando me habla. Tengo distintos trucos para conseguir que acorte la conversación. Uno de ellos es interrumpir de vez en cuando con preguntas para poder meter algo de baza.

—¿Y está bien?

—Pues no pude jugar porque mi hermano pasa de mí y mis padres no entienden nada de las instrucciones, aunque se las explico de maravilla. Cuando vengáis a mi casa, jugaremos. ¿Y a ti?

—¿A mí?

—Sí, ¿a ti qué te han traído?

—Pues... muchas cosas.

imagen

—Jo, qué suerte tienes, tío. ¡Ojalá mis padres estuvieran separados como los tuyos! ¡Así tendría regalos en más casas!

Aunque Matías era un poco bruto, tenía algo de razón. Mis diferentes casas estaban llenas de regalos de Pap

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos