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EL DÍA A DÍA DE UN ASISTENTE
Cuando creía ver la luz al final del túnel, resultó que era un cabrón con una linterna que me traía más trabajo.
David Brent The Office (serie emitida en Reino Unido)
Todo comienza con una mesa. Tal vez no sea nada del otro mundo; de hecho, es posible que se encuentre en un cubículo de la oficina. Pero es tuya. No tardarás en aprender (tal vez lo aprendas la primera vez que tengas que tragarte las lágrimas en el baño cuando oigas que entra otra persona o cuando tu jefe te siga por el pasillo a grito pelado) que tu mesa es tu única pertenencia en la oficina, el único lugar que te ofrece un mínimo de seguridad.
Las mesas nos resultan conocidas. Al fin y al cabo, ¿no tenías algo parecido en la universidad? Y en la universidad eras genial: si te levantabas a las once en vez de hacerlo a mediodía, significaba que eras una persona ambiciosa. Tu capacidad para escribir sobre tu complicada adolescencia se consideraba un talento valiosísimo. Y a nadie le importaban las horas que le dedicabas al proyecto de fin de curso de cada asignatura siempre y cuando lo entregaras a tiempo. Ya que por fin has acabado tus estudios, es hora de buscar trabajo. Es el orden natural de las cosas, ¿no? Me refiero a que es lo que hace todo el mundo. Porque, además, los préstamos universitarios no van a pagarse solos.
Así que consigues trabajo. Y resulta que durante la entrevista nadie se interesa por tu nota media ni por el detalle de que organizaras en el campus un grupo extracurricular de repostería. Tampoco les importa que fueras una estrella del deporte o que formaras parte de la directiva de tu fraternidad. De repente, la única habilidad que interesa es que sepas preparar una buena taza de café mientras retienes cuatro llamadas al mismo tiempo. ¡Alucinante!
Al principio, cuando te ofrecen ese puesto de trabajo tan poco definido, lo único que piensas es: «¡Sí, me han contratado, me han elegido!» y se te va la pinza comprando bolígrafos nuevos mientras intentas decidir si la americana negra te da un aspecto profesional y eficiente, o repelente y clásico. Al fin y al cabo, has enviado cientos de currículos con sus correspondientes cartas de presentación que solo te han servido para garantizarte unas cuantas entrevistas, y por fin una de ellas ha dado resultado y has conseguido un puesto de trabajo remunerado. No paras de pensar en el dinero que vas a ganar y en lo que vas a hacer con él. Pagarás el préstamo del coche o pondrás al día las letras atrasadas del préstamo de la universidad... o a lo mejor te compras esos zapatos que tanto te gustan o quizá te des el capricho de comprarte la Wii que pensabas pedirles a tus padres como regalo de Reyes. Has llegado a lo más alto y de ahí no te moverá nada ni nadie. Voy a decirte una cosa: empieza a trabajar y luego me lo cuentas.
No vas a tardar mucho en darte cuenta de que hay una diferencia abismal entre las descripciones que aparecen en las ofertas de empleo o lo que te han contado en la universidad y la vida real. Es normal deprimirse y sentirse infeliz, o sufrir un bajón más o menos importante cuando empiezas a trabajar; sobre todo si es tu primer empleo. En la serie The Office (al menos en la versión americana) las tramas giran en torno a las relaciones interpersonales de los personajes que nunca están trabajando por más horas que pasen en la oficina; ¿te has fijado? Ver a la gente haciendo presentaciones en Power Point o clasificando archivos sentados frente a un ordenador durante cinco horas es aburrido y ninguna serie de televisión va a centrarse en eso. Y resulta que aunque sea divertido ver a Dwight Schrute en la tele, sería bastante irritante trabajar con él en la vida real.
Tal vez creas que un trabajo se parece mucho a unas prácticas laborales. En realidad, he descubierto que las prácticas en las empresas son a menudo mucho mejores que los empleos en sí. Sí, es posible que no te paguen, pero precisamente porque no te pagan, no sufres la presión, las fechas tope y el miedo al despido que acompaña siempre a un asalariado. Aunque la gran mayoría de las prácticas en empresas sirven para enseñarte de qué va el tema e incluso te ofrecen una visión del funcionamiento de una oficina, el hecho de pasar cuatro horas a la semana en ella y compartir dicho tiempo con unos cuantos empleados concretos no se parece en absoluto a una jornada laboral de nueve a cinco. Es raro que se te permita asistir a las reuniones, que te garanticen el acceso a la contabilidad o que te ofrezcan tareas de cierta responsabilidad, por la sencilla razón de que no eres un asalariado o de que eres un trabajador temporal. Y no lo hacen porque carezcas de la preparación, sino porque ninguna empresa dejaría jamás tareas tan importantes en manos de una persona que no forma parte de su plantilla. Para ser sinceros, la mejor forma de aprender lo que es un trabajo es conseguir uno. ¿Te acuerdas de tu primer polvo? Pues un empleo es más o menos igual: lo idealizas, fantaseas con él, te convences de que una vez que lo hagas te sentirás diferente, importante... y después... ¡Bah! Sin embargo, y con un poco de suerte, tu vida laboral, al igual que la sexual, mejorará con el tiempo. Todo es cuestión de práctica.
Lo primero que necesitas saber es la diferencia entre un empleo y una carrera profesional. Un empleo es algo que realizas para ganar pasta y pagar las facturas. Una carrera profesional es el rumbo concreto que va a tomar tu vida laboral. Y deberías preocuparte más de la carrera profesional que de tu empleo. No te tomes tu primer empleo como si fuera la realización de tu carrera profesional, porque para conseguirla tendrás que esforzarte a fondo. Si el trabajo de tus sueños es el de editor de una revista, tal vez empieces como asistente editorial, lo que significa que más bien tendrás que atender las llamadas del editor en vez de asistir a la sesión de fotos de algún famoso o de idear titulares brillantes para la portada. No te vengas abajo por el hecho de que la transformación de universitario ambicioso a jefe de redacción en Cosmo no sea inmediata. Las cosas no funcionan así. La mejor forma de superar los malos momentos que atravesarás durante tu etapa como asistente es ver ese empleo como el primer paso en el camino de tu carrera profesional. Tal vez te ayude solo un poquito, enseñándote una habilidad que te será muy útil cuando llegues a lo más alto, o tal vez te ayude muchísimo, porque puede significar la entrada en la empresa de tus sueños, aunque tu puesto sea administrativo en vez de directivo. Quédate con la idea fundamental: cualquier empleo que aceptes es crucial para comenzar a darle forma a tu carrera profesional. Así que no lo menosprecies. En este capítulo trataremos sobre cómo sacar provecho hasta del trabajo más espantoso. Al fin y al cabo, si aborreces tu trabajo actual, tu prioridad será encontrar algo mejor la próxima vez.
La escritora Barbara Kingsolver abordó la noción del empleo contrapuesta a la de carrera profesional, y también el estado depresivo en el que se sumen los licenciados en muchos ámbitos artísticos cuando les dicen que sus licenciaturas o sus estudios superiores «no sirven para nada» y que les conviene «madurar» y pensar en el dinero. Durante el discurso que pronunció en Duke University para inaugurar el curso académico, dijo:
Nos lo repiten a todas horas, es lo que respiramos y lo aceptamos como una verdad universal: los resultados dependerán del dinero que te gastes. El éxito es lo más importante. El trabajo es el medio para obtener dinero, que es lo esencial. ¿Cómo no va a serlo? Y si aplicamos la teoría a la inversa, resulta que si no te pagan por hacer algo, es porque ese algo no es importante. Si un niño escribe un poema y lo lee con orgullo, los adultos le guiñarán el ojo antes de preguntarle: «¿Crees que vas a conseguir mucho dinero con la poesía?». Si te decantas por una carrera de letras, si te comportas como un buen vecino o si estás decidido a tener hijos es posible que te digan que así no llegarás a ninguna parte.
En otras palabras, que ser un asistente implica algo más que ser un simple asistente. Te ayudará a mantenerte a flote desde el punto de vista económico, de modo que serás capaz de mantenerte mientras te dispones a hacer realidad tus sueños: ya sea conseguir un ascenso a un puesto de trabajo muchísimo mejor pagado, dedicarte en tu tiempo libre a tocar y componer con tu grupo de música o a escribir un superventas, o simplemente no volver a pedirles dinero a tus padres nunca más. El caso es que permitir que tu trabajo sea lo único que te defina es peligroso. Para tener una vida laboral saludable necesitas tener también una vida saludable fuera del trabajo, ya sea con un pasatiempo, realizando alguna labor de voluntariado, participando en algún proyecto de la comunidad, dedicándole tiempo a tu familia o haciendo cualquier otra cosa.
Tu trabajo como asistente tal vez te parezca bastante agobiante e incluso puede que lo sea. Así que voy a aconsejarte un par de cosas que debes hacer de inmediato para que te centres lo antes posible.
Apréndete los nombres de todos y, lo más importante, la función que realiza cada uno de ellos.
Solo podrás sobrevivir como asistente si cuentas con aliados en la oficina. Pueden ser otros asistentes senior, pueden estar en otro departamento o pueden ser otras personas que, sin trabajar directamente en la empresa, tengan relación con ella, como por ejemplo clientes o contratistas. Intenta conocer a tanta gente como puedas lo antes posible. Si te sirve de ayuda, haz un mapa de tu oficina con los nombres de tus compañeros según el lugar que ocupen.
Aprenderte sus nombres es el primer paso, pero el segundo paso, saber exactamente qué labor desempeñan, es todavía más crucial. No me refiero a que memorices el puesto que ocupa cada uno de ellos en el organigrama de la empresa, sino a los proyectos y a la tareas de los que se encargan, y a la habilidad concreta por la que se los conoce. Por ejemplo, saber quién es el responsable de las nóminas o el enlace sindical es muy importante porque si trabas amistad con ellos, seguro que se mostrarán más dispuestos a ayudarte en caso de que tengas algún problema con la empresa, y seguro que cobrarás sin un solo día de retraso.
Además, no tardarás en descubrir que tu labor como asistente requiere de muchos reflejos y de la habilidad de adaptarse a cualquier situación, por extraña que sea. Si tu jefe empieza a gritarte que le busques un restaurante cuco para hacer una reserva y te acabas de mudar a esa ciudad hace apenas tres semanas, con lo cual no serías capaz de nombrar un solo restaurante caro aunque te fuera la vida en ello, te vendrá de maravilla saber quién se ha criado en la ciudad para que te dé distintas opciones de restaurantes que se encuentren en la zona elegida por tu jefe y que sean de su gusto. Si la impresora se estropea y se pone a hacer ruidos raros antes de acabar de imprimir las páginas que tu jefe necesita para la importantísima reunión de esa tarde, te será inmensamente útil saber quién le tiene pillado el tranquillo a ese chisme y es capaz de hacer que vuelva a funcionar con normalidad dándole a un botoncito mágico. De lo contrario, te veo corriendo a todo trapo hacia una copistería y, la verdad, ¿a quién le apetece hacerlo?
En el capítulo tres trataremos más a fondo el tema de los buenos y los malos compañeros de trabajo. Antes necesitas sobrevivir durante un par de semanas.
Descubre todo lo que puedas sobre la empresa y sobre tu jefe. Busca en Google o, si tienes algún amigo apañado, pídele que bucee un poco más para ponerte al día sobre la historia de la empresa, sus fundadores, sus beneficios y demás. Tal vez puedas enterarte de información valiosa, algún antiguo escándalo o alguna demanda judicial. Nunca se sabe si dicha información te será útil algún día, pero nunca está de más saber todo lo posible sobre lo que sucede en otros ámbitos de la empresa. De esta forma, si tienen dificultades financieras o misteriosamente despiden a alguien de repente, a lo mejor no te resulta increíble o al menos no te pillará por sorpresa si la situación te acaba afectando a ti o a tu volumen de trabajo. Además, siempre es bueno saber quién fundó la empresa, si esta sigue dedicándose a su función original o si ha cambiado o evolucionado hacia otros intereses, así como cuáles son sus logros más importantes.
Es primordial hacer ese tipo de investigación. Tal vez algún día estés en una reunión importante y así no tendrás que disimular el hecho de que desconoces el invento más famoso creado por la empresa.
También te sugiero que busques el nombre de tu jefe en Google y (si es posible, en caso de que sepas su nombre, aunque es probable que este siga apareciendo en los mensajes de correo electrónico que recibes) a la persona que ocupó tu puesto antes de que llegaras. Sí, tal vez parezca una especie de acoso, así que mejor hazlo en casa, en tu ordenador. Pero no te vendrá mal saber si ha ascendido dentro de la empresa o si se marchó después de sufrir una crisis nerviosa y acabó mudándose a una isla perdida en medio del océano. Y al hilo de...
Hagas lo que hagas, no caigas en la trampa de compararte con la persona que te precedió. Da igual que fuese la Madre Teresa de Calcuta o un desastre con patas, el caso es que no te conviene que te comparen. Si alguien te presenta el primer día de trabajo como «el nuevo/la nueva Kim», ponte firme y con mucho tacto, e incluso alguna broma, deja bien claro cómo te llamas. No es bueno en absoluto que te conozcan como «Tu Predecesor 2.0». Si Kim era la alegría de la huerta y siempre estaba radiante, tu jefe te guardará rencor por tener la desfachatez de no parecerte a ella (por muy bien que realices tu trabajo). Si Kim se estaba quejando a todas horas y los motivos del despido fueron los comentarios que soltaba durante las reuniones con la directiva, te conviene cortar de raíz cualquier lazo entre vosotros. Lo antes posible.
SELECCIÓN MUSICAL DEL ASISTENTE AGOBIADO
Programa la siguiente lista de reproducción en tu iPod. Te vendrá genial escuchar estas canciones mientras vuelves a casa después de un espantoso día de trabajo.
Johny Paycheck — «Take This Job and Shove it»
(Sí, tal como reza el título, a la porra con tu trabajo.) Dolly Parton — «9 to 5»
(Es obvio, de nueve a cinco.)
They Might Be Giants — «Minimum Wage»
(«Salario Mínimo». Si no has oído nunca la canción, te resumo diciendo que alguien canta a grito pelado: «¡Salario Mínimo!» unas cuantas veces, y después le sigue una especie de latigazo ensordecedor tras lo cual empieza la música. Es un gran ejemplo de arte conceptual, en serio.) Donna Summer — «She Works Hard for the Money»
(Porque tú también sudas la gota gorda para ganarte la pasta.)
R.E.M. — «Exhuming McCarthy»
(La letra se burla un poco de los directivos estirados. Sí, como esos con los que trabajas. Además, es muy pegadiza.)
The Bangles — «Manic Monday»
(Sí, todos los lunes son de locos. Si Prince describiera en una canción la parte aburrida de todo el proceso de arreglarte para ir a trabajar y luego la cantara Susanna Hoffs, la verdad es que todo sería mucho más interesante. Y rimaría.)
Loverboy — «Working for the Weekend»
(Te recomiendo que esta la dejes para los viernes por la tarde cuando salgas de la oficina, porque de lo contrario no te hará gracia que te digan que hay que trabajar hasta el fin de semana, porque recordarás todo el tiempo que te falta hasta que llegue.)
The Boomtown Rats — «I Don’t Like Mondays»
(A ver, esta canción está basada en la historia real de una adolescente que de repente cogió un arma y se puso a dispararle a la gente. Después, cuando le preguntaron por qué lo había hecho, respondió: «No me gustan los lunes». Sinceramente, ¿quién no se ha sentido así mientras va camino de la oficina el primer día de la semana? Si prefieres darle un toque más deprimente a la lista de reproducción, descárgate la imagen de Tory Amos que acompaña a esta canción.)
Bob Dylan — «Maggie’s Farm»
(Al igual que él, que no quiere trabajar en la granja de Maggie, tú tampoco quieres lavar a mano la ropa interior de tu jefe. Si conectas especialmente con la letra, te sugiero que busques la versión del tema que hicieron Rage Against the Machine.)
Belle and Sebastian — «Step into My Office, Baby»
(Ojalá tu jefe estuviera tan bueno y tuviera el detalle de pedirte de esa forma tan educada que entrases en su oficina.)
George Michael — «Freedom»
(¡Ay, la libertad! ¿No has sentido alguna vez el deseo irrefrenable de prenderle fuego a la oficina, a tu cazadora pasada de moda o a la gramola mientras retozas con un grupo de supermodelos? En ese caso, esta es tu canción.)
Public Enemy — «Fight the Power»
(Lucha contra los que mandan, sí. Por si no lo tienes claro, tu jefe manda y tú luchas.)
John Lennon — «Working Class Hero»
(El héroe de la clase trabajadora, sí. Por si todavía crees, en el fondo, que tu trabajo es noble o algo del estilo, o por si necesitas un empujoncito.)
¡Apréndete las siglas! INSHT son las siglas de Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, un organismo adscrito al Ministerio de Trabajo creado para analizar y estudiar las condiciones de trabajo. Puedes averiguar más cosas sobre el organismo a través de la página del Ministerio de Trabajo. También deberías buscar información acerca de los beneficios sociales (como mutuas y seguros privados) de la empresa. Cuando empieces a trabajar en un sitio nuevo, tendrás que aprenderte las normas de prevención de riesgos laborales; a lo mejor te parece que esas normas están más relacionadas con la construcción o con la manipulación de alimentos, pero también las hay en las oficinas. Te darán folletos con la LPRL (Ley de Prevención de Riesgos Laborales) o te recordarán dónde está disponible la normativa en la oficina, pero estoy segurísima de que firmarás lo que te pongan por delante sin leer ni un párrafo de ese tochazo. (Yo lo hice.) Nunca está de más ojear la ley... Échale un vistazo a la página del Ministerio de Trabajo y a la del INSHT, y lee los apartados específicos, aunque sean más aburridos que el blog que escribía uno de tus amigos durante el año que estuvo dando clases en Japón.
Sé como una hormiguita, al menos durante un tiempo. No puedes empezar de golpe a vaguear en el trabajo, aunque ya llegarás a ese punto. Las primeras semanas tendrás que caminar por esa delgada línea que separa al superasistente del superpetardo. Por ejemplo: quédate hasta más tarde si has cometido un error y quieres subsanarlo; pero no te quedes trabajando durante la hora del almuerzo que comparten todos los asistentes para sentirte bien y mirar por encima del hombro a los demás solo por haberte quedado a trabajar durante la hora del almuerzo. Esfuérzate por realizar lo mejor posible las tareas básicas de tu trabajo (imprimir y cotejar documentos, interpretar el sistema de archivo ilógico de tu jefe, destacar datos en las hojas de Excel), de modo que puedas hacerlo con los ojos cerrados y pasar (con suerte) a algo más interesante.
Descubre el modo de conectar con la gente, sobre todo con las personas útiles e importantes.
Nunca sabes lo que la gente recordará de ti. El mejor modo de asegurarte de que los demás recuerdan tu nombre en vez de «el asistente de Fulanito de Tal» es descubrir un modo de conectar con ellos a título personal. A lo mejor estudiasteis en la misma facultad o crecisteis en la misma ciudad; esa sería una forma fácil y rápida de crear un vínculo.
Sin embargo, con otras personas a lo mejor tienes que insistir un poco más. Tal vez puedas halagarlas (pero solo si te gusta de verdad el jersey, el peinado o los hábitos de lectura en el metro, por ejemplo, porque si empiezas a soltar halagos sin ton ni son parecerás un lameculos) para intentar entablar una conversación después sobre lo que hayas halagado. Por ejemplo: si la aludida responde a tu «Qué jersey tan bonito» con un «Gracias, lo compré en tal tienda», puedes derivar la conversación hacia tus tiendas online preferidas. Mi amiga Shannon empezó a trabajar en una entidad sin ánimo de lucro y no tardó en darse cuenta de que las mañanas de los martes estaban consagradas a diseccionar el episodio de Perdidos emitido la noche anterior. Así que compró las temporadas antiguas que habían salido a la venta en DVD y se aficionó a ver los episodios, y de esa forma fue capaz de participar en las discusiones del grupo. Al final acabó más enganchada que algunos de sus compañeros de trabajo; pero lo más importante fue que se integró en una de las actividades clave del grupo. Y gracias a una serie de televisión, no a una renovación total de su fondo de armario.
Ten clara la descripción de tus funciones en la medida de lo posible.
Parece algo básico, ¿verdad? Te contratan para desempeñar una labor y tú la desempeñas. Mal, mal, mal. No hay nada que le guste más a una empresa que contratar a alguien para desempeñar una labor y después cambiar por completo la descripción de dicha labor el primer día de trabajo. Sirva esta historia como ejemplo:
Mi primer trabajo fue de recepcionista en una empresa pequeña. Todos parecían muy simpáticos y me recibieron muy bien. Me parecía increíble que el puesto hubiera estado vacante durante tanto tiempo. El día que empecé a trabajar comprendí por qué. Se les «olvidó» comentarme que, además de ser la recepcionista, también tenía que ser asistente. Trabajaba para un chico al que habían descendido de puesto, así que lo habían castigado asignándole una asistente a tiempo parcial. Su respuesta a la situación fue actuar como si no hubiera pasado nada y suponer que yo era su asistente a jornada completa, aunque tuviera muchísimas cosas que hacer en la recepción. En una ocasión estaba ocupada firmando el albarán de entrega de un pedido importante y él empezó a llamarme a voces desde su despacho, de modo que todos se enteraron en la oficina, incluido el chico de UPS, que llegó a decirme que se compadecía de mí. Cuando por fin presenté la dimisión y me convocaron para que explicara los motivos, les sugerí con gran educación que «especificaran los pormenores del puesto de trabajo durante el proceso de contratación».
Julia, Nueva York
Pregunta y observa a los demás asistentes. ¿Es normal que realicen trabajos de índole personal para sus jefes o resulta que solo eres tú quien recoge a sus hijos del colegio? ¿Hacen horas extra remuneradas los asistentes de tu empresa durante los fines de semana o se supone que debes hacerlo por amor a la empresa siempre que te lo pidan? Los pormenores de tu puesto de trabajo pueden diferir muchísimo de lo que te han vendido, así que asegúrate de enterarte de cuáles van a ser exactamente tus funciones. O, al menos, cuando decidas plantar cara, deberías conocer bien las costumbres de la empresa. El argumento de «A ningún otro asistente le piden que vaya a limpiar la casa de su jefe los fines de semana, de modo que no creo que usted deba planteármelo siquiera» solo funcionará si sabes a ciencia cierta que ese «ningún otro asistente» es real.
PALABRA CLAVE: TRABAJO POLIFACÉTICO
Término aplicado a la fusión de dos empleos distintos (normalmente de carácter administrativo) para crear un puesto de trabajo infernal, mal pagado y agobiante. Los ejemplos más típicos incluyen al administrativo/asistente y al recepcionista/asistente. Es habitual que el creador del trabajo polifacético sea el encargado de recortar los gastos de la empresa, una persona convencidísima de que los trabajos administrativos son «sencillos». En la mayoría de los casos, el creador de dicho trabajo es recompensado por la solución mientras que el encargado de desempeñar el puesto en cuestión carga con la tarea de pedir el almuerzo de todos los trabajadores de la compañía, de descubrir por qué todo el mundo cobró dos céntimos menos en la última nómina y de actualizar la lista de contactos de su jefe.
Por cierto... ha llegado el momento de ponerte un poco al día sobre tus derechos legales. A lo mejor te parece un poco extremista, pero te sugiero que anotes en un cuaderno cualquier cosa que te pidan que hagas y que te parezca fuera de lo normal. Cualquier cosa como usar la trituradora de papel para deshacerte de ciertos documentos, descubrir información confidencial o pedirte que delates a un compañero de trabajo del que sospechan que está incumpliendo la normativa de la empresa. Si conoces a un abogado o a otra persona cualificada a quien puedas preguntarle, coméntale el tema si te piden algo de ese estilo en tu trabajo. Si no conoces a nadie, o no te sientes bien hablando del asunto, puedes recurrir a algunas páginas web como http://www.porticolegal.com/ o la propia página del Ministerio de Trabajo e Inmigración, donde podrás consultar la legislación vigente. Tú decidirás cómo actuar si se da el caso de que te pidan hacer algo ilegal o poco ético. Muchos de los asistentes que nos cuentan su caso en la página web afirman ser conscientes de hacer cosas que o bien van en contra de la ley o bien son degradantes a título personal, pero su situación les impide dejar el trabajo. Tal vez carezcan de seguridad económica sin trabajo o tal vez ese empleo sea el único portal de entrada a una industria tan feroz y competitiva como el mundo de la moda o de las finanzas. Sean cuales sean tus motivos para decidir si sigues o no en la empresa, continúa anotándolo todo.
Hace tiempo se publicó en una página web neoyorquina de cotilleos de famosos llamada Gawker una historia espeluznante protagonizada por el Diablo que viste de Prada, es decir, la mismísima Anna Wintour. Al parecer, Wintour le había exigido a una asistente que trabajaba para Vogue que se cortara su larguísima melena a la altura de los hombros. La chica la obedeció sin rechistar. ¿Es humillante? Sí. ¿Ilegal? Lo dudo. ¿Influye el largo del pelo de la chica en el desempeño de su trabajo? Más bien no. Sin embargo, lo relevante es que la chica la obedeció de inmediato. ¿Por qué? En fin, tener un empleo enloquecedor y exigente puede desquiciar un poco a la gente, hasta el punto de acabar con su autoestima, de hacer que se sienta atrapada y sujeta a los caprichos de un jefe egocéntrico y déspota. O es posible que la asistente tuviera la impresión de que podían despedirla si rechazaba de plano la sugerencia, ¿quién sabe? Este tipo de historia es el pan nuestro de cada día. Los lectores de nuestro blog nos han relatado infinidad de cosas ajenas a su trabajo que se ven obligados a hacer: pasarse por la farmacia en busca del método de control de natalidad de su jefe (además de un medicamento para tratar una pequeña infección que sufre en salva sea la parte), mentirle a la mujer del jefe y después a la amante, cuidar a los hijos del jefe o recoger el anillo de pedida para la novia del jefe.
PALABRA CLAVE: UN DOSPORUNO
Supongamos que tu jefe es un tío. Supongamos que dicho tío está casado. Como sucede en la mayoría de los casos, aunque solo te pagan para que hagas el trabajo aburrido que te manda tu jefe, antes de que te des cuenta descubres que te has convertido en el sirviente personal de su mujer. Eso significa que, además de cumplir con las obligaciones de tu puesto de trabajo, también tienes que encargarte de las citas de su mujer con el dermatólogo, de recordarle que le pague a la niñera, de enseñarle a usar el buzón de voz y de renovar su suscripción a Casa y Jardín porque, según ella, todas esas notitas que utilizas para recordarle las cosas son un lío.
Organiza tu puesto de trabajo y personalízalo antes de empezar a trabajar. Es triste, pero cierto: en cuanto te sumerjas en la vorágine laboral (es decir, en cuanto hayas exprimido la socorrida excusa de: «¡Es que acabo de incorporarme!»), ya no tendrás tanto tiempo libre como te gustaría. Esa es la realidad inherente al trabajo de asistente. Te pasas el día corriendo por la oficina de un lado para otro, contribuyendo al desgaste de la moqueta entre la oficina de tu jefe y el mostrador de recepción, la fotocopiadora, la sala de descanso y tu mesa. Si quieres colocar esas fotos tan monísimas que hiciste las Navidades pasadas durante el crucero del que disfrutaste con tu familia, hazlo ahora o las paredes de tu cubículo seguirán desnudas para siempre. Si decoras tu espacio a lo largo de la primera semana de trabajo, dará la impresión de que te estás adaptando. Si lo haces más tarde, puede parecer que estás tonteando y perdiendo el tiempo. Recuerda que el hecho de tener en tu espacio laboral objetos personales importantes es una buena forma de tener presente las prioridades y de evitar que te estreses más de la cuenta. Dicho esto, tampoco te pases. Tu mesa no es tu dormitorio. Puedes usar fotografías discretas (nada de poner esas en las que estás bebiendo chupitos de tequila en un chiringuito de la playa, ni tampoco las acarameladas con tu pareja), algunos recuerdos (entradas de algún concierto o de alguna película, pero nada relacionado con el carnaval) y plantas o flores. En cuanto a tu colección de peluches, es mejor que la dejes en casa.
Si te gusta organizarte con archivadores o algún otro método en concreto, ponlo en marcha de inmediato. Cuanto más te prepares para cuando el trabajo se acumule, mejor. Descubre dónde se guarda el material y saquea el lugar en cuanto puedas. Si necesitas carpetas, coge carpetas. Si prefieres Post-its, cógelos. Durante mi época como asistente, me hice con un arsenal de material de oficina que guardaba debajo de la mesa. Dado que me pasaba la vida encadenada a ella (no podía levantarme por temor a que sonara el teléfono), descubrí muy pronto que me era muy útil tener a mano un surtido extra de grapas, lápices, folios, Tipp-Ex y clips para cuando los necesitara. Siempre puedes reabastecerte cuando tengas tiempo, pero es mejor que te montes un almacén de suministros de oficina en tu cubículo.
Además, si tienes algunos objetos imprescindibles de índole personal (básicamente, cualquier cosa que lleves en el bolso, la mochila o la guantera del coche) que no puedas conseguir en la oficina, asegúrate de llevar una reserva contigo a todas partes. Los «extras» más populares entre los asistentes son:
crema, desinfectante de manos, chicles, pastillas para el aliento, gomitas para el pelo, cargador de repuesto para el móvil, tampones, minicosturero, caja y líquido para las lentillas, cepillo y pasta de dientes, y colonia o perfume. Al fin y al cabo, te pasas (como mínimo) cuarenta horas a la semana en la o
