INTRODUCCIÓN
Las Cartas al amor no pretenden recoger las más bellas cartas de este gran sentimiento, ni contar las vidas de sus protagonistas a través de este mismo corpus —aunque incluyan estos nobles propósitos—, sino presentar, ilustrar, magnificar la relación que unió —desde la invención de la carta, en torno al año 2200 a. C. por el faraón Pepi II, hasta su final, al que asistimos en estas primeras décadas del siglo XXI— al amor y a sus grandes representantes con su embajadora sublime: las cartas de amor.
A su unión, millones de personas a lo largo del mundo y de la historia le han debido su dicha o la desgracia de su vida, han vivido al ritmo de su llegada y de su escritura, entregando su destino a unas cuantas anotaciones en una hoja en blanco que se llevaba el cartero. Si las cartas desaparecen, el amor eterno parece ser relegado fuera de la vida contemporánea, objeto de críticas tan certeras como inconclusas en cuanto a su futuro. Tales realidades convierten este libro en una especie de mausoleo, pues hace referencia a una época que está desapareciendo. En contra de cualquier tentación melancólica, su propósito sería celebrar y compartir la belleza humana y literaria de este objeto irrepetible, un evento histórico tan grandioso como desvalorizado: la carta de amor o, más bien, como se explica en la Nota Bene que cierra este libro, la cartamor. Por lo que, sin pretensión alguna de exhaustividad, cientificidad o academicismo, en homenaje al valioso tesoro que guardó, serán aquí la intensidad de los sentimientos expresados, el esplendor de las emociones surgidas y plasmadas en estas cartas, así como su calidad literaria los ejes de esta selección.
La red y su acceso a cuantiosa información permiten entregar plenamente el protagonismo de esta antología a las cartas, sin explayarse en sus correspondientes autores, circunstancias… En contadas ocasiones se añadió una nota para incidir en algún aspecto llamativo o poco conocido de estas.
I
I N I C I O S

1
PRIMERAS CARTAS
«La Extranjera […] también ha sabido amar, y no diré más».
Madame Hanska a Honoré de Balzac
Publicada en una revista, sin dejar dirección de contacto, esta carta de «l’Etrangère» fue el acto inaugural de la relación epistolar que a partir de aquí mantuvieron madame Hanska y Balzac, por entonces uno de los monstruos sagrados de la literatura mundial, quien tuvo que poner otro anuncio en la misma revista para dejar una dirección de correo, punto de partida para una de las correspondencias de amor más fascinantes de la historia literaria, que culminó en boda y concluyó con un final trágico.
7 de noviembre de 1832
Su alma tiene siglos, señor; su concepción filosófica parece pertenecer a un estudio largo y consumido por el tiempo. Sin embargo, usted aún es joven, según me han asegurado. Quisiera conocerlo, aunque no creo que lo necesite: un instinto en el alma me hace presentir su ser; me lo imagino, a mi manera, y en cuanto lo vea diré le voilà.
Cuando leí sus obras, mi corazón se estremeció; usted eleva a la mujer a su justa dignidad; el amor en ella es una virtud celeste, una emanación divina. Admiro en usted esta admirable sensibilidad de su alma que le ha permitido adivinarla.
Usted tiene que amar y ser al mismo tiempo; debe de compartir la unión que experimentan los ángeles: sus almas deben de sentir felicidades desconocidas. La Extranjera las ama a ambas y desea ser su amiga; ella también ha sabido amar, y no diré más. ¡Oh, usted ya me entiende! […]
Desde el momento en que leí sus novelas, me identifiqué con usted, con su genio; su alma me pareció luminosa. Lo he seguido paso a paso, orgullosa de los elogios que le han prodigado, o llena de lágrimas cuando las críticas amargas han vertido sobre usted su hiel ponzoñosa.
«Nací para amarte y seguirte».
Aleksandr Pushkin a Natalia Goncharova
2 de febrero de 1830. En Petersburgo
Hoy es el noveno aniversario del día en que te vi por primera vez. Aquel día decidió mi vida. Cuanto más pienso en ello, más constato que mi vida es inseparable de la tuya. Nací para amarte y seguirte. Cualquier otro cuidado por mi parte es error o locura. Lejos de ti, solo he sentido remordimientos por la felicidad de la que no he podido saciarme. Antes o después lo abandonaré todo y vendré a caer a tus pies.
«Estoy harto del amor».
Carlos, duque de Orleans, a Isabela de Valois
Más allá de las leyendas, San Valentín no fue una creación católica, sino la obra ingeniosa y literaria del poeta británico Geoffrey Chaucer, quien en 1380 unió el amor y la primavera con la fecha del 14 de febrero en su poema «El parlamento de los pájaros», que trata de la reunión de estos para elegir a su Dulcinea. Así nació una larga tradición epistolar que inauguró, en Inglaterra, la carta de amor de San Valentín, demostrando, si hiciera falta, que la literatura dirige los asuntos del corazón humano y quizá la misma marcha del mundo.
Mi muy gentil Valentina,
Ya que para mí naciste demasiado pronto,
Y yo para ti nací demasiado tarde.
Que Dios perdone al que me ha distanciado
de ti durante todo el año.
Estoy harto del amor,
Mi muy gentil Valentina.
2
AMISTADES PELIGROSAS
«Un gran amor —grande de verdad— […], fue tan grande que aún me dura».
Carmen Laforet a Antonella Bodini
Septiembre de 1978
Hoy fui a la Cuesta de Moyano… Es un lugar detrás del Jardín Botánico, con una cuesta que baja hacia Atocha. Allí hay una «feria» permanente de libros de primera y segunda mano: una fila de casetas de madera… Los domingos abren por la mañana. Pasé, al volver por el paseo del Prado…, delante del museo, en la puerta de Velázquez, hay unos jardincillos preciosos. No puedo pasar por allí sin sentir algo personal, intransferible…, tierno, fuerte y vivo. Y no tiene nada que ver con el museo, sino con un gran amor —grande de verdad— que viví hace mucho —no era el primo amore… ni el segundo [¿?] amore… El número de amore que hizo… ni lo sé ni quiero saberlo—. Pero fue tan grande que aún me dura… Aún me enriquece. En su momento fue para mí un desastre, un destrozo, porque tuve la manía de idealizar a la persona que lo provocaba…, en ciertos aspectos. Conocía muchos de sus defectos, claro (que admiraba también), pero no llegué a conocer hasta el fin el que anuló toda posibilidad de continuar la amistad… o continuar en amistad. La persona vive y alguna vez la encuentro (rarísima vez) y ocurre algo tan curioso como esto: jamás me decepciona físicamente si le doy la mano —y puedes imaginar que es bien pura esta atracción, ya que esta persona tiene dieciséis años más que yo—, pero jamás puedo desear reanudar una relación amistosa, aunque siempre supe, desde el primer momento, que ese amor fue correspondido. Duró años… Bueno, delante del Museo del Prado no ocurrió más que un encuentro una tarde —como tantos encuentros, tantas tardes o mañanas, en tantos lugares—, pero ese encuentro está vivo. Se quedó allí como esos fantasmas que según dicen se veían en Hiroshima después de la bomba atómica…
«No creyera que la amistad podía llegar al periodo que estoy experimentando».
Francisco de Goya a Martín Zapater
Diciembre de 1790
El mayor bien de cuantos llenan (mi) corazón, acabo de recibir la inapre(ciable) tuya; sí sí que me avivas mis sentidos con tus discretas y amistosas producciones, con tu retrato delante me parece que tengo la dulzura de estar contigo, ay mío de mi alma no creyera que la amistad podía llegar al periodo que estoy experimentando.
3
ENAMORAMIENTO
«¿Querrá que nos reencontremos, verdad, mi adorada?».
Guy de Maupassant a Hermine Lecomte du Noüy
Túnez, 19 de diciembre de 1887
Desde ayer por la noche pienso en usted, perdidamente. Un deseo insensato de volver a verla, de verla enseguida, me entró de repente en el corazón. Surcaría el mar, atravesaría las montañas, cruzaría las ciudades, solo para posar mi mano en su hombro, para aspirar el perfume de su cabello.
¿No siente, a su alrededor, cómo la ronda ese deseo, ese deseo surgido de mí que la busca, ese deseo que le implora en el silencio de la noche?
Quisiera, por encima de cualquier otra cosa, volver a ver sus ojos, sus dulces ojos. ¿Por qué nuestro primer pensamiento siempre va dirigido a los ojos de la mujer que amamos? Hasta qué punto nos obsesionan, nos hacen felices o infortunados, esos pequeños enigmas claros, impenetrables y profundos, esas pequeñas manchas azules, negras o verdes que, sin cambiar de forma ni de color, expresan sucesivamente el amor, la indiferencia y el odio, la dulzura que sosiega y el terror que hiela, mejor que las palabras más profusas y los gestos más expresivos.
Dentro de unas semanas habré abandonado África. Volveré a verla. ¿Querrá que nos reencontremos, verdad, mi adorada?
«Estoy enamorado de usted, lo sé desde el primer día que fui a su casa».
Alfred de Musset a George Sand
[29 de julio de 1833]
Mi querida George:
Tengo algo estúpido y ridículo que decirle. Le escribo así, a lo tonto, en lugar de habérselo dicho al regresar de nuestro paseo, y me arrepentiré de ello esta noche. Se reirá en mis narices, me tomará por un fabricante de frases en todo lo relacionado con usted hasta el momento. Me pondrá de patitas en la calle, convencida de que miento: estoy enamorado de usted, lo sé desde el primer día que fui a su casa. Creía que me curaría si la veía como una simple amiga. Hay muchas cosas en su carácter que podrían curarme; traté de convencerme de ello tanto como pude, pero he pagado demasiado caros los momentos que he pasado con usted. Prefiero contárselo, y creo que haré bien, porque sufriré mucho menos para curarme ahora, si me cierra la puerta.
«Mientras las pasiones dominen a los hombres, ustedes ostentarán, señoras, uno de los poderes más temibles».
Napoleón Bonaparte a Marie Walewska
Hay momentos en los que demasiada elevación pesa, y así lo siento ahora. ¿Cómo satisfacer la necesidad de un corazón prendado que quisiera arrojarse a sus pies, y que se siente frenado por el peso de tan altas consideraciones que paralizan los más vivos deseos? ¡Oh, si usted quisiera! […] Solo usted podría despejar los obstáculos que nos separan.
¡Oh! ¡Venga, venga! ¡Todos sus deseos serán satisfechos! Aún sentiré un mayor afecto por su patria cuando usted se apiade de mi pobre corazón.
[…] Madame, las pequeñas causas suelen producir grandes efectos. Las mujeres, desde siempre, han ejercido una gran influencia en la política del mundo. La historia de los tiempos pasados, al igual que la de los tiempos modernos, dan fe de esta verdad. Mientras las pasiones dominen a los hombres, ustedes ostentarán, señoras, uno de los poderes más temibles.
«No conozco mayor felicidad en el mundo que la de pasar la vida a tu lado y compartir contigo mi fortuna».
El marqués de Sade a la señorita Colet
16 de julio de 1764
Es difícil verte sin amarte y más difícil aún amarte sin decírtelo. Sin embargo, hace tiempo que me callo, pero me resulta imposible prolongar este silencio. Estoy locamente enamorado de ti, y no conozco mayor felicidad en el mundo que la de pasar la vida a tu lado y compartir contigo mi fortuna […].
[A comienzos de enero de 1765]
La venganza de una mujer siempre es despreciable, y solo te escribo para demostrarte que no la temo […]. Deberías sonrojarte después de haberme engañado de tal modo, si aún te quedara algún sentimiento de virtud, incluso de humanidad… Adiós. Me hace sufrir que hables así, pues me siento muy desdichado por no haberte borrado todavía de mi corazón. Espero que no sea por mucho tiempo. Después de haber vivido este ejemplo, que el cielo me libre por siempre de tan funesta pasión […].
«Me hace tan infeliz que quisiera forzarme a no verla más».
Stendhal a Matilde Dembowski
[Milán, 4 de octubre de 1818]
Me siento muy desafortunado. Tengo la sensación de que cada vez la amo más, y usted solo siente por mí la mera amistad que me demostró en otro tiempo.
Existe una prueba irrefutable de mi amor, y es la torpeza con que me comporto ante usted, que me hace enojarme conmigo mismo y que me resulta imposible vencer. Me siento valiente hasta que llego a su salón y, en cuanto la veo, tiemblo. Le aseguro que hacía mucho tiempo que ninguna mujer me inspiraba este sentimiento. Me hace tan infeliz que quisiera forzarme a no verla más y, a pesar de mis firmes propósitos, tengo que recurrir a la prudencia para no acabar todos los días en su casa.
Es algo que me resulta imposible de traducir. Pero, ya que quiere que se lo exprese, aunque sea toscamente, helo aquí: Sono infelice, mi sembra di amarvi di più ogni giorno, e voi non avete più per me quella semplice amistà che mi mostravate un giorno. C’è un aprova scolpita del amore mio, la mia…[1]
4
EL ARTE DE LA BREVEDAD AMOROSA
«Pintar y amarte, eso es todo».
Joaquín Sorolla a su esposa Clotilde
Sevilla, 23 y 24 de febrero de 1908
Me voy a comer, ya te he contado mi vida de hoy, es monótona, pero qué hacerle; siempre te digo lo mismo, pintar y amarte, eso es todo, ¿¿te parece poco??
Muchos besos y luego seguiré un ratito más.
21 y 23 de noviembre de 1909
¡Hasta mañana, un beso! No, millones.
«Te echo de menos, más de lo que puedo expresar con palabras».
Lu Xun a Xu Guangping
La gran correspondencia amorosa de China, en el siglo xx, entre el poeta traductor de Shakespeare y su prometida es una decepción lírica, absorbida por la vida material, registro rutinario de los días que pasan. Solo este fragmento, ilustración del arte de la concisión china, se sale de este yugo: ¿cómo decir tanto en tan poco?
Ayer me acosté alrededor de las diez de la noche, pero me desperté sobre la una de la mañana y me costó volver a coger el sueño. Es probable que sea porque es a lo que estoy acostumbrado. Al amanecer, el hijo del barrendero se quejó y su madre le propinó una paliza seguida de una buena reprimenda. Cuando las cosas se calmaron, cerré los ojos y al despertar ya eran las nueve de la mañana. Después de almorzar recibí una carta de Li Jiye, aunque no contenía nada particularmente importante y es probable que ya os hayáis visto a estas alturas, así que no te la enviaré. Por la tarde, le dediqué un rato a la costura, como de costumbre, y leí algunos libros y periódicos. Por la noche fui a dar un paseo por la calle principal, donde compré un cangrejo de Kwangtung. Me lo llevé a casa, lo herví en la lámpara de alcohol y me lo comí despacio, sentado en el sillón. Dime una cosa, ¿te parece todo esto interesante o no? En este momento y acabado de comer, he cogido mi pluma y son las diez menos diez. ¿Has estado bien estos últimos días? Te echo de menos, más de lo que puedo expresar con palabras.
5
DECLARACIONES DE AMOR
«No sabes lo que es querer a alguien y verse despreciada».
Eugenia de Montijo al duque de Alba
16 de mayo de 1843
Mi muy querido primo:
Te parecerá raro que te escriba esta carta, pero como todo en este mundo tiene fin y el mío está muy próximo, quiero explicarte todo lo que mi corazón contiene, que es más de lo que puedo soportar. Tengo el genio fuerte, es verdad, y no quiero excusar mi conducta; aunque también, cuando alguien se porta bien conmigo, puede hacer de mí lo que quiera. Sin embargo, que se me trate como a un burro y se me pegue delante de la gente es más de lo que puedo soportar. Me hierve la sangre y no sé lo que hago. Muchos creen que soy la persona más feliz del mundo, pero se equivocan. Soy desgraciada porque me lo hago yo misma… Amo y aborrezco con exceso y no sé qué vale más, si mi cariño o mi odio; tengo una mezcla de pasiones terrible, todas fuertes; las combato, pero pierdo la batalla y mi vida terminará, perdida miserablemente, entre un cúmulo de pasiones, de virtudes y de locuras.
Me llamarás romántica y tonta, pero eres bueno y perdonarás a una pobre muchacha que ha perdido a cuantos la querían, a quien todos miran con indiferencia, hasta su madre y su hermana y, si me atrevo a decirlo, hasta el hombre al que más quiere, por el que hubiera mendigado y aun consentido en su propia deshonra: ese hombre, tú lo conoces.
No digas que estoy loca, te lo ruego, ten compasión de mí: no sabes lo que es querer a alguien y verse despreciada. Pero Dios me dará valor para acabar mi vida tranquilamente, en el fondo de un triste claustro, y nadie sabrá nunca que he existido.
Hay personas que han nacido para ser dichosas: tú eres una de ellas. Dios quiera que te dure siempre. Mi hermana es buena y te quiere… No trates de persuadirme, es inútil. Iré a terminar mi vida lejos del mundo y de sus afectos. Mi resolución es inquebrantable porque mi corazón está destrozado.
«Tu poesía, tan viva, se ha metido tan dentro de mí […] que todas sus flores han echado raíces y crecido».
Robert Browning a Elizabeth Barrett
New Cross, Hatcham, Surrey
[Matasellos de 10 de enero de 1845]
Amo tus versos con todo mi corazón, querida señorita Barrett; y no es esta una carta improvisada de cortesía, ni un raudo reconocimiento de tu genio, poniendo así un punto final airoso y natural al tema. Desde aquel día, la semana pasada, en el que leí tus poemas por primera vez, me río al recordar cómo he estado dándole vueltas y más vueltas a lo que debería ser capaz de decirte sobre el efecto que me causaron, porque en un primer arrebato de alegría pensé que esta vez abandonaría mi costumbre de disfrutar de forma pasiva —cuando realmente disfruto—, y justificaría mi admiración a fondo. Puede que incluso intentara encontrar algún fallo y hacerte algún bien del que estar orgulloso en el futuro, como tendría que hacer un leal compañero de profesión. Pero no me sale nada de todo eso. Tu poesía, tan viva, se ha metido tan dentro de mí, y se ha convertido en parte de mí misma, que todas sus flores han echado raíces y crecido […]. Puedo dar razón de mi fe en una y otra excelencia, en su fresca y extraña musicalidad, en el rico lenguaje, en el exquisito sentimiento y en sus novedosas y valientes ideas. Pero al dirigirme a ti, a ti directamente, y por primera vez, mis sentimientos despiertan y se elevan por completo. Como he dicho, amo estos poemas con todo mi corazón, y también te amo a ti. Los poemas estaban destinados a ser, así como esta auténtica y agradecida alegría y orgullo que siento.
«Solo dos ojos hasta el fondo de tu espíritu; solo eso, una rosa».
Catherine Pozzi a Paul Valéry
Destruida tras la muerte de su propia autora por su notario, esta correspondencia mítica renació de sus cenizas al haber sido copiada y transmitida a terceras personas. El gran poeta robó, plagió las obras poéticas, intelectuales de su «amada», quien le dedicó estas cartas de amor, verdaderos cenit de la literatura y del amor vivido, escrito.
Sábado, 9 de octubre de 1920
Mi amor, haz que no tenga más miedo, y que este peso que llevo de ti se aligere y no me espante. Dime eso que sé perfectamente, pero que el niño loco que hay en mí se niega a creer: que hemos hallado la explicación de la vida y de nosotros mismos, que ni el azar ni las manos humanas pueden deshacer este orden espléndido, que estando entre tus brazos y contra tu pensamiento me sentiré durante los días y las noches sucesivas del mejor modo, de acuerdo con mi pensamiento, que aquello en lo que me he ido convirtiendo es sincero.
Te quiero, mi bien amado, es algo de lo más simple —y de lo más humilde— que hay en mi vida; y me siento tan inexperta y tan desnuda, una vez abatidas todas las marionetas del orgullo, que no comprendo cómo puedes querer algo tan tiernamente ceñido sobre tu cuerpo. Solo dos ojos hasta el fondo de tu espíritu; solo eso; una rosa.
6
LOS ENCANTOS DE VENUS
«Mi protegido musical […] se puso muy contento al ver a su antiguo mecenas».
Lord Byron a Elizabeth Bridget Pigon
Cambridge
30 de junio de 1807
Dejo Cambridge sin demasiados remordimientos, porque nuestro grupo ha desaparecido y mi protegido musical, antes mencionado, ha dejado el coro; lo han destinado a una casa mercantil de considerable eminencia en la metrópoli. Puede que me haya oído comentar que es exactamente dos años más joven que yo. Lo encontré bastante crecido y, como supondrá, se puso muy contento al ver a su antiguo mecenas. Ya casi es tan alto como yo, muy delgado, de tez muy pálida, ojos oscuros y cabello claro. Ya sabe lo que pienso de su espíritu —y espero no tener nunca motivos para cambiar de opinión—.
«No puedo evitar anhelar ofrecer al cielo estos preciosos sentimientos por tu felicidad cotidiana».
Emma Darwin a Charles Darwin
Junio de 1861
[…] Mi corazón ha estado con frecuencia demasiado ocupado para hablar o prestarte atención. Estoy segura de que sabes que te quiero lo bastante para creer que me importan tus sufrimientos, casi tanto como deberían de importarme los míos, y me parece que el único alivio a mi propia mente es tomarlo como si viniera de la mano de Dios, e intentar creer que todo el sufrimiento y la enfermedad tienen por objeto ayudarnos a enaltecer nuestras mentes y a mirar al frente con la esperanza puesta en un futuro mejor. Cuando veo tu paciencia, tu profunda compasión por los demás, tu autocontrol y, sobre todo, tu gratitud por la más pequeña cosa que alguien haga por ayudarte, no puedo evitar anhelar ofrecer al cielo estos preciosos sentimientos por tu felicidad cotidiana. […]
Siento en lo más profundo de mi corazón tus admirables cualidades y sentimientos, y lo único que espero es que puedas dirigirlos hacia arriba, así como hacia quien los valora por encima de todas las demás cosas de este mundo. Guardaré esto junto a mí hasta que vuelva a sentirme alegre y a gusto contigo, pero, últimamente, estas son las ideas que a menudo pasan por mi cabeza, así que he pensado en ponerlas por escrito, en parte para aliviar mi alma.
«De ser un hombre, me habría enamorado de ella».
Mary Shelley a Edward John Trelawny
1835
No me sorprende que no seas capaz de negarte a los placeres de la sociedad de la señora Nortons. Nunca una mujer me ha parecido tan fascinante. Sin duda, de ser un hombre, me habría enamorado de ella. En cuanto mujer, diez años antes me habría quedado hechizada de haberse tomado ella la molestia de engatusarme; tan dispuesta estaba yo a entregarme hace diez años y tamaño el miedo que tenía a los hombres.
«También me ha arruinado la vida, así que no puedo evitar amarlo».
Oscar Wilde a Leonard Smithers
1 de octubre de 1897
¿Cómo puedes seguir preguntando si lord Alfred Douglas está en Nápoles? Sabes bien que lo está, estamos juntos. Me entiende a mí y a mi arte, y nos ama a ambos. Espero no separarme nunca de él. Además, es un poeta delicado y profundo. De lejos, el mejor de todos los jóvenes poetas de Inglaterra. Tienes que publicar su próximo libro, está lleno de hermosos poemas, música de flauta y de luna, y sonetos en marfil y oro. Es ingenioso, elegante, encantador a la vista y es adorable estar con él. También me ha arruinado la vida, así que no puedo evitar amarlo. Es cuanto puedo hacer.
«Ocúpese de sus estudios […], eso podría conducirme a quererle y amarle».
Veronica Franco a un hombre joven
Sabe muy bien que de todos los hombres que cuentan con ganarse mi amor, los más queridos son para mí aquellos que trabajan en la práctica de las artes y profesan disciplinas liberales que tanto me gustan —aunque sea mujer de pocos conocimientos, sobre todo comparados con mis inclinaciones e intereses—. Y hablo con gran deleite con los que saben, para contar con más oportunidades de aprender, pues si me lo permitiera mi destino, pasaría felizmente toda la vida y todo mi tiempo en las academias de hombres con talento. Esto podría representar una gran ventaja para usted, siendo tan aplicado como es a la hora de escribir bien y por estar en la flor de la juventud, que, si alimenta y cultiva como es debido, dará su fruto para su perpetua alabanza y fama en opinión de toda persona sabia y experimentada. Aproveche estas capacidades, ocúpese de sus estudios, y si tan deseoso está como dice de mi amor —no me atrevo a decir si tengo una buena o mala opinión sobre usted—, le aseguro que sus frenesíes, divagaciones y diatribas de día y de noche, su empeño en asediarme con su servicio, hace que le considere un joven ocioso y un cabeza hueca, más propenso a arruinarse por sus apetitos que a edificarse con la razón. Si decide llevar una vida asentada en la tranquilidad del estudio y me demuestra el provecho que obtiene del aprendizaje sincero más que de cualquiera de los bienes del mundo, eso podría conducirme a quererle y amarle.
«Amo a esta mujer desde hace mucho tiempo, de un modo enfermizo y más que a mi propia vida».
Dostoïevski a su hermana
Amo a esta mujer desde hace mucho tiempo, de un modo enfermizo y más que a mi propia vida. No te sorprendería si la conocieras; es un ángel. Tiene tantas cualidades maravillosas y excelentes. Es inteligente, dulce, educada, como pocas veces lo son las mujeres, con un carácter dócil… ¡Amiga mía, querida hermana! No te opongas, no estés triste, no te preocupes por mí. No podría haber hecho nada mejor. Hacemos buena pareja… Nos entendemos, tenemos las mismas inclinaciones, las mismas reglas. Somos amigos desde hace mucho tiempo. Nos respetamos, la quiero.
«El lugar de descanso de mi alma es una hermosa arboleda donde reside todo cuanto sé de ti».
Khalil Gibrán a Mary Haskell
París, 8 de noviembre de 1908
Cuando me siento desdichado, querida Mary, leo tus cartas. Cuando la bruma vence a mi yo, saco dos o tres cartas de la cajita y vuelvo a leerlas. Me recuerdan quién soy yo de verdad. Logran que no dé importancia a todo aquello que no es elevado o bello en la vida. Todos nosotros, querida Mary, deberíamos tener un lugar de descanso en alguna parte. El lugar de descanso de mi alma es una hermosa arboleda donde reside todo cuanto sé de ti.
«No todas nuestras Helenas tienen derecho a encontrar a su Homero».
Ninon d’Enclos a Charles de Saint-Évremont
He aprendido con placer que apreciáis más mi alma que mi cuerpo, y que vuestro buen juicio siempre os conduce por el mejor camino. El cuerpo, a decir verdad, ya no es digno de atención, mientras el alma aún lanza algún destello que la sustenta y que la hace sensible al recuerdo de un amigo cuyos rasgos no ha podido borrar la ausencia. […] he recordado un prólogo musical que me encantaría ver en el teatro de París. Su belleza, pues ese es su tema, satisfaría a todos aquellos que lo escuchasen. No todas nuestras Helenas tienen el derecho a encontrar a su Homero, ni de ser siempre las diosas de la belleza. Aquí me tenéis, en las alturas; pero ¿cómo descender? Querido amigo, ¿no habrá que adaptar el corazón a su lenguaje? Tened por seguro que os amo con mucha más ternura de lo que permite la filosofía.
«¡Qué sonrisa tan bonita tiene su hija!».
Marcel Proust a la señora Cavaillet
Señora:
¡Cómo es posible amar físicos opuestos! Sin embargo, aquí me tiene, enamorado de su hija. Qué malo es ser amable, pues ha sido su sonrisa lo que me ha enamorado, d
