Por nuestras libertades (antes de que sea demasiado tarde)

Silvia Cherem

Fragmento

Por nuestras libertades

A todas las víctimas de la crueldad barbárica acontecida el 7 de octubre,

una página que inauguró una peligrosa normalidad.

A los israelíes residentes en los kibutzim del sur de Israel

y a los asistentes al Festival Nova por la paz,

personas de todas las nacionalidades que padecieron la ira,

el sadismo y la insaciable sed de sangre de los terroristas.

A los 121 secuestrados que, ocho meses después,

aún resisten en el precipicio de la cruel y salvaje oscuridad.

Kfir Bibas, un bebé en cautiverio

cumplió su primer añito de vida en un túnel de Hamás.

A las mujeres, botín de guerra, porque el #MeToo es para todas;

porque la violencia sexual jamás será un acto libertario o de resistencia.

Al mexicano Orión Hernández Radoux,

víctima de la barbarie yihadista.

A los palestinos que levantan

o quisieran levantar la voz contra el terrorismo de Hamás.

A todos los que han perdido la vida a consecuencia de esta guerra retorcida

que nunca debió suceder. Porque todos los muertos inocentes duelen.

A los míos, porque sueño con legarles

un mejor mundo del que se avizora…

ÍNDICE

  1. Por nuestras libertades (antes de que sea demasiado tarde)
  2. El terror y la indolencia
    Prólogo de Xavier Velasco
  3. DESDE ISRAEL
    1. El canario en la mina
    2. La peor semana desde el 7 de octubre
    3. Rumbo al sur, rumbo al infierno
    4. El Nova, muerte y crímenes sexuales
    5. Omer y la culpa de estar vivo
    6. La suerte de Chen
    7. Kikar Hajatufim, Plaza de los secuestrados
    8. Las exigencias de la sociedad civil
    9. Breve nota desde Israel en torno a la ONU
    10. Rumbo al peligroso norte
    11. Rambam, un hospital para tiempos de guerra
    12. Fauda y la esperanza
  4. POR NUESTRAS LIBERTADES
    1. El yihadismo, la propaganda y la izquierda
    2. El DEI, el BDS y los “derechos humanos”
    3. Los tentáculos de la teocracia iraní
    4. La ruta del dinero
    5. La explosión del odio
    6. El mutante antisemitismo
    7. Dos mundos aparte
    8. La oposición a dos Estados, una norma
    9. Origen y auge de Hamás
    10. UNRWA, arma de guerra
    11. La ONU, cómplice
    12. Medio siglo de terrorismo yihadista, y contando…
  5. TIEMPOS DE OSCURIDAD
    1. Octubre 10, 2023: Explicar lo inexplicable, justificar lo injustificable
    2. Octubre 15, 2023: La contaminación de las conciencias, un llamado a la izquierda mexicana
    3. Octubre 22, 2023: Discurso frente a la Embajada de Israel
    4. Octubre 27, 2023: Otro frente de guerra: el mediático, el del odio
    5. Noviembre 20, 2023: Carta abierta a UNICEF: Por la liberación de los niños de Israel, secuestrados en Gaza
    6. Diciembre 10, 2023: Carta abierta a ONU Mujeres
    7. Enero 28, 2024: Nos falta Orión
    8. Abril 4, 2024: El periodismo que glorifica el mal
  6. A MANERA DE CONCLUSIÓN
    1. Todos podemos hacer algo
    2. Puedes acusarme de ser soñadora…
  7. LÍNEA DEL TIEMPO
  8. AGRADECIMIENTOS
  9. Sobre este libro
  10. Sobre la autora
  11. Créditos

EL TERROR Y LA INDOLENCIA

Xavier Velasco

La libertad es como la salud: pasa de noche, hasta que un día nos falta. Damos por hecho lo mejor que tenemos, al modo de aquel niño que asume que sus padres siempre estarán ahí para cuidar sus pasos. Nada nos ha costado sentirnos saludables, ni hacer o decir lo que nos da la gana. Tampoco nos soñamos despojados de esas prerrogativas esenciales, que por cierto, no todo el mundo tiene y más de uno las mira con inquina.

Algunos no toleran la libertad ajena, y entre ellos menudean quienes darían todo —la propia vida incluso— con tal de suprimirla. En su burda opinión, un ser humano sólo puede ser tal si piensa exactamente como ellos. Es decir, si no piensa y apenas obedece, y quien así no lo haga es víctima de un odio maquinal lo bastante dogmático, virulento e impune para jurarse caído del cielo. Conocemos los frutos de esa rabia, así como sus síntomas infames —la historia está repleta de sus huellas hediondas—, aunque no siempre los tenemos presentes. “¡No seas exagerado!”, reparamos, ávidos de sosiego, cuando alguien los señala con preocupación.

“El camino hacia Auschwitz fue construido por el odio, pero pavimentado por la indiferencia”, escribió Ian Kershaw, conocedor profundo del Tercer Reich y biógrafo del asesino más notorio del siglo pasado. Mirar hacia otra parte mientras bulle la sangre en el matadero es, al cabo, un impulso defensivo, que a su pesar emula el último recurso de las avestruces. ¿Qué más podría pedir un asesino, y todavía mejor una pandilla de ellos, que ver a los testigos de sus vilezas con la cabeza hundida entre la tierra? ¿Es casual que los esbirros de las tiranías arresten a la gente por la noche?

“No sé si los perdemos de vista porque los hechos son aislados y no los miramos en conjunto, o si en Occidente preferimos no ver”, se pregunta la autora de este libro, delante de una lista demencial de huellas del terror fundamentalista en las últimas décadas, todas ellas nacidas de un mismo odio fanático y sanguinario contra la civilización occidental, especialmente (al menos por ahora) contra los judíos. No en balde, como apunta Silvia Cherem con entereza lúcida y amarga, “el antisemitismo ha sido la escuela de odio más grande de la historia”.

Éste es un libro que duele. ¿Qué más es el dolor, en todo caso, sino un antídoto contra la indiferencia? Si hay algo que se pudre en las entrañas, vale más que el dolor lo haga presente. Si en otras ocasiones Silvia Cherem viajó a Israel para darse el gustazo de conversar con gente como David Grossman y Amos Oz, esta vez fue directo hacia el horror, resuelta a caminar sobre cristales rotos mientras el mundo mira hacia otra parte.

Una forma segura de sumergir la cabeza en la tierra sería dar por hecho que este libro trata del Medio Oriente y nada más. A los ojos de un fundamentalista, David Grossman y Bibi Netanyahu son un mismo objetivo militar. Algo no muy distinto piensa de homosexuales, feministas y liberales, por citar sólo tres entre las numerosas bestias negras del wahabismo. Es decir que al final, en un sentido amplio que ellos mismos insisten en subraya

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