Para Jacobo, con amor.
De todas las alegrías de la vida, eres la más bonita, especial y maravillosa.
Persevera, lucha, insiste y persigue tus ilusiones. Nunca te rindas ante las dificultades y obstáculos. Con perseverancia los sueños se cumplen y las metas se alcanzan.
Ama, cuida y respeta siempre a tu madre. Ella te dio el milagro de la vida.
La familia es lo más importante. Abraza y comparte con tus seres queridos.
Cultiva buenas amistades. Los amigos son los hermanos que tú eliges en la vida.
Solidarízate con quien te pida ayuda. La vida sabrá recompensar tu nobleza y solidaridad.
No guardes rencores en tu corazón, aprende a perdonar y quien te lastime deja que siga su camino.
Aprende de tus errores y reconoce tus equivocaciones.
Tranquilo, todos nos hemos equivocado.
Lo importante es aprender del error, corregir y avanzar.
Cuando tengas dudas o preocupaciones, escucha la voz interna que hay en ti antes de dormir. Ella siempre te dirá lo correcto.
Sé generoso, hay quienes necesitan más que tú. Mañana la vida será más generosa contigo.
No te quedes en el pasado, vive tu presente y proyecta con ilusión y preparación tu futuro.
Despierta con alegría todos los días, dando gracias a Dios por el milagro de la vida.
Tus valores, principios y esencia son tu verdadero patrimonio.
Estudia, lee, viaja, canta, baila, haz deporte, cultívate sin restricciones.
La nobleza de tu corazón y tu alegría serán la energía e ilusión de muchas personas.
Nunca estarás solo, desde aquí o desde otro horizonte, siempre estaremos cuidando de ti.
Te amamos incondicionalmente y nos has hecho inmensamente felices con tu llegada.
Gracias por darme la alegría de ser tu padre y conocer el amor genuino.
Hijo, siempre serás lo más importante en mi vida, ¡bienvenido, Jacobo!
Milton Fernando Montoya
Oxford, Inglaterra, 26 de septiembre de 2024
AGRADECIMIENTOS DEL AUTOR
Agradezco la participación en este proyecto de Luz Madeleine Muñoz, investigadora principal, a quien auguro un brillante futuro en su desempeño académico y profesional en el sector minero energético. Exalto su compromiso, rigor, inquietud intelectual, excelencia académica, profesional y criterio jurídico. Felicitaciones Madeleine y que este sea uno de muchos futuros trabajos de investigación.
Asimismo, mi agradecimiento a los profesores Juan Felipe Neira, Andrés Ospina, Hemberth Suárez y Manuel José Ocampo, por su aporte en la revisión de los textos finales de esta obra. Sus comentarios y aportes han sido fundamentales para la finalización de este libro.
Del mismo modo, aprovecho la oportunidad para agradecer al equipo del Departamento de Derecho Minero Energético por su compromiso misional, por su iniciativa, por su rigurosidad, por su sentido de la solidaridad y del trabajo en equipo. Cada uno de los objetivos cumplidos, logros y reconocimientos a nuestra unidad académica, se debe a ese esfuerzo colectivo de nuestros docentes, investigadores y equipo administrativo.
Mi gratitud a mi familia, a mis padres, Fernando y Nelly; a mis hermanos, Oscar y Camilo, por ser el eje, norte y balance de mi vida. Una mención especial también para quienes, al haber partido, o estar lejos, están vivos en mi memoria: José Montoya, Gilma Forero, Claudio Pardo, Ligia Pardo, Nancy Sánchez, Alberto Pardo, Stella Pardo, Pilar Montoya, Consuelo Montoya.
A las Directivas de la Universidad Externado de Colombia, gracias por su respaldo y confianza en mis diversas iniciativas académicas, especialmente a la decana, Emilssen González de Cancino, y al rector, Hernando Parra Nieto. A la editorial Penguin Random House y a todos aquellos que, de una u otra manera, me animaron e inspiraron a preparar esta publicación, especialmente a colegas y amigos como Volker Roeben, José Vicente Zapata, Luis Ferney Moreno, Ana Elizabeth Bastida, Íñigo del Guayo, Adriana Martínez Villegas, Amylkar Acosta y, por supuesto, Marianna Boza (in memoriam).
Finalmente, gracias a mi hijo Jacobo Montoya Delgado por inspirar este libro y a Dios por permitirme llevar a buen puerto este proyecto. Jamás hubiese recorrido este camino de vida sin su guía y bendición.
PRÓLOGO
Este trabajo del profesor Milton Montoya aborda la temática del sector minero energético, examinándola con lentes bifocales, analizando la realidad actual y sus perspectivas en el contexto de la transición energética en marcha, así como las oportunidades y las amenazas internas y externas. Empieza, como debe ser, ponderando la importancia tanto de la minería y la energía, sin perder de vista el impacto de su desempeño tanto en el orden económico como en el social y ambiental. Bien dijo el asesor de la presidencia de Barak Obama, Michael Froman, que “la seguridad energética, la economía, el medioambiente y la seguridad nacional están todos interconectados y tenemos que verlos en perspectiva horizontal”.
La transición energética, entendida como la integración a la matriz eléctrica de las fuentes no convencionales de energías renovables (FNCER), amerita un enfoque holístico, como lo plantea el autor, entendiendo que el espectro de ellas es muy amplio. Se suelen asociar únicamente con las fuentes de generación de energía eólica y solar-fotovoltaica, pero hay que tomar en consideración también otras fuentes como la geotérmica, la proveniente de la biomasa y la generación a filo de agua, entre otras, de las cuales Colombia posee un enorme potencial por desarrollar.
En cuanto a la prestación del servicio de energía eléctrica, se enfatiza en el cambio fundamental del sistema actual con respecto al que traíamos antes de los años noventa, que hizo crisis con el apagón de los años 1992 y 1993, que tuvo en el fenómeno de El Niño su detonante. No se equivocó Warren Buffett cuando afirmó que “cuando baja el nivel del agua es que se sabe quién venía nadando desnudo”. Y, efectivamente, con el bajo nivel de los embalses que sirven a las hidroeléctricas, salieron a flote las falencias y precariedades del sistema, a las cuales se le pusieron correctivos con las leyes 142 y 143 de 1994, aún vigentes, las cuales se inspiraron en las lecciones aprendidas de tal insuceso.
Aunque desde 1991 la Constitución Política abrió la posibilidad de que empresas privadas o comunidades organizadas pudieran prestar los servicios públicos, el Estado mantiene su papel regulador y la supervisión en cabeza de la Superintendencia de Servicios Públicos, la única con rango constitucional. “El Estado sigue siendo el garante de la prestación de este servicio, considerado esencial” y, en consecuencia, como lo reiteran las providencias de las altas cortes, constituye un derecho fundamental de los ciudadanos. De allí que su universalización en la prestación del servicio no solo sea una meta, sino un imperativo.
Describe muy bien el autor la arquitectura del sector energético y el rol que cumple cada uno de los agentes de la cadena, así como el funcionamiento y operación del sistema, el cual configura una especie de partida de ajedrez, en la cual el movimiento de cualquiera de las piezas altera todo el juego. Un traspié de cualquiera de ellos puede llevar a una falla sistémica que pone en riesgo su confiabilidad y firmeza.
De allí la importancia de propender a que entren a tiempo los proyectos de expansión tanto de generación como de transmisión, a riesgo de estresar el Sistema, como viene dándose en la actual coyuntura. La demora de los trámites de las consultas previas y de las licencias ambientales se ha venido convirtiendo en barrera infranqueable para lograrlo. Se hace hincapié en la importancia que tiene la seguridad energética, sin subestimar, sobre todo en los tiempos que corren, la soberanía energética, condiciones que por ningún motivo deben poner en riesgo la transición energética.
En cuanto al sector minero, si bien Colombia tiene un importante potencial de minerales, gran parte del cual está aún inexplorado, no es un país minero; empero, la minería tiene una larga tradición en sus territorios. Tiene una participación en el PIB que ronda el 3 %, es una actividad intensiva en mano de obra y constituye una de las fuentes más importantes de la financiación del Estado, vía recaudo de impuesto y regalías que pagan quienes explotan los recursos naturales no renovables en el país. Este sector recobra mayor importancia de cara a la transición energética, la cual no será posible sin contar con los minerales estratégicos que, como el cobre y el níquel, entre otros, la posibilita. Sin minería no hay transición energética.
A diferencia del sector eléctrico, el sector minero posee una institucionalidad que funciona a media marcha, razón por la cual cunde la informalidad, especialmente en la explotación del oro, en la que más del 80 % del oro que se comercializa proviene de la extracción ilícita de este, permeada además por la presencia de los grupos armados ilegales que tienen en dicha actividad una de sus principales fuentes de financiamiento. Ello ha venido contribuyendo a la deforestación, a la depredación y al daño irreparable de la frágil biodiversidad del entorno. A ello se suma la falta de presencia y control por parte del Estado en los confines de los territorios donde se desarrolla preponderantemente esta actividad.
De la lectura de este texto me asalta la inquietud que me despiertan los vacíos legales en este sector, empezando por el Código de Minas (Ley 685 de 2001), que se ha quedado obsoleto y que, después del intento en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe, no se ha vuelto a intentar su reforma y actualización. El actual gobierno ha anunciado la presentación de un proyecto de reforma, pero aún no se ha radicado en el Congreso, y todo indica que se les está acabando el tiempo para tramitarla. Entretanto, se han venido tomando decisiones que han generado inquietud y preocupación, tanto en el sector minero como en las comunidades.
La primera de ellas tiene que ver con la decisión de descartar nuevas concesiones o títulos mineros para la minería a gran escala, con lo cual, de manera prematura, se está abandonando un renglón muy importante de la economía nacional. La segunda hace relación a la no renovación de la delegación en materia de titulación y fiscalización minera por parte de la Agencia Nacional de Minería (ANM) a la Secretaría de Minas del departamento de Antioquia, revirtiendo el proceso de descentralización y desconcentración de funciones y competencias del Gobierno central.
La segunda tiene que ver con la expedición del Decreto 044 de enero de este año, a través del cual el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) se arroga todas las competencias para determinar las áreas de “reservas temporales”, que excluyen la actividad minera, “desconociendo y llevándose de calle las competencias de las corporaciones autónomas regionales y a contrapelo del principio constitucional de la autonomía territorial” (artículo 287), así como de la Sentencia de la Corte Constitucional C-123 de 2014.
Y más recientemente, la expedición del Decreto 1275 de octubre de 2024, a través del cual se enviste a la autoridad indígena de competencias en materia ambiental, que puede exacerbar los conflictos de competencias en los territorios en donde se desarrolla la actividad extractiva. Es de anotar que el Congreso de la República está en mora de expedir la Ley de concurrencia que reglamente este aspecto, así como lo concerniente a las consultas previas, como se lo ha solicitado insistentemente el Consejo de Estado.
En cuanto al sector de hidrocarburos, au
