PRÓLOGO
Muy a pesar de toda la demencia que ha significado el juego de la pelota en nuestro país, el Fútbol Profesional Colombiano —nuestro querido y también criticado FPC— ha escrito capítulos magníficos, varios de ellos de altísimo nivel.
Más allá del pirataje de los primeros años (del 49 al 51) que hizo que la FIFA desafiliara nuestra Liga, de la crisis económica que llegó con el fin del Dorado a mediados de los años 50, de las quiebras y desapariciones de clubes que alguna vez lo intentaron (Deportes Caldas, Once Deportivo, Boca Juniors, Sporting, Samarios, entre otros), del descarado ingreso del narcotráfico en los años 80 y 90; más allá de las amenazas, secuestros y asesinatos de los árbitros, de los partidos amañados (azote que aún padece nuestra pelota), y de los absurdos calendarios que poco han ayudado a una mejor participación colombiana en torneos internacionales; más allá de tanta locura, el FPC ha dejado una linda historia deportiva que no pocas veces ha alcanzado la excelencia.
Nadie puede poner en duda que en el torneo local se ha visto buen fútbol y que en nuestros estadios brillaron, y no por poco tiempo, figuras de altísimo calibre como el Maestro Pedernera, Di Stéfano, Pipo Rossi, Valeriano López, Perucca, Pontoni, el Pibe Rial, Heleno de Freitas, Ramón Villaverde, Schubert Gambetta, el Charro Moreno, Panzutto, Perazzo, Iroldo, Corbatta, Dida, Paulo Cesar Lima, Devani, el Mago Loayza, Sekularac, Lóndero, la Bruja Verón, el Tigre Benítez, el Tola Scotta, Cueto, La Rosa, el Búfalo Funes, Cabañas, Falcioni, Gareca, Goycochea, Galván Rey, el Calvo Pérez, Viera, Cano, Armani, solo por nombrar algunos de los grandes refuerzos extranjeros que la descosieron en nuestra Liga.
De la misma manera, nadie puede negar que, desde que arrancó el torneo local —con Chonto Gaviria, Cobo Zuluaga y Turrón Álvarez, entre otros— todas las generaciones gozaron con las fantásticas exhibiciones de los cracks colombianos: el Caimán Sánchez, Carlitos Arango, Delio Maravilla Gamboa, Marino Klinger, Gallegol Ramírez, Óscar López, Alfonso Cañón, Alfredo Arango, Willington Ortíz, Jairo Arboleda, Ernesto el Teto Díaz, Diego Edison Africa Umaña, Arnoldo Iguarán, el Pibe Valderrama, Freddy Rincón, René Higuita, la Gambeta Estrada, el Tren Valencia, Miguel Calero, el Tino Asprilla, el Gordo Valenciano, Óscar Córdoba, Víctor Hugo Aristizábal, Iván Ramiro Córdoba, Faryd Mondragón, Mario Alberto Yepes, Teo Gutiérrez, Juanfer Quintero y Lucho Díaz, solo por nombrar algunos.
Y en el ámbito internacional, nadie puede rebatir que Colombia es el cuarto país con más finales en la Copa Libertadores: Cali (1978 y 1999), América (1985, 1986, 1987 y 1996), Atlético Nacional (1989, 1995 y 2016) y Once Caldas (2004). Que es el cuarto con más finales en la Sudamericana: Atlético Nacional (2002 y 2016), Santa Fe (2015) y Junior (2018). Que, en las cuatro ediciones que se jugó de la Copa Merconorte, se llevó todos los títulos: Atlético Nacional (1998 y 2000), América (1999) y Millonarios (2001). Que llegó a una final en la Copa Commebol: Santa Fe (1996). Y que, junto a Brasil, es el otro país sudamericano que ganó La Pequeña Copa del Mundo: Millonarios (1953).
Entonces, con el espejo retrovisor, tampoco es que todo haya estado tan mal. Lo que sucede es que, casi siempre, en todas las conjugaciones del pasado, refunfuñamos y escupimos un: “¡Los de antes sí eran cracks!”, que es exactamente lo que no nos permite dimensionar el presente. Pero la verdad es que aquí siempre se ha escrito una historia abundante —y loca, sí—, con protagonistas de excepción.
Con Felipe Valderrama, que es el mejor investigador del fútbol colombiano de nuestros días, nos pusimos en la tarea de escoger, examinar y escribir los 50 mejores, más grandes, más bellos, más interesantes y más influyentes equipos en la historia del nuestro fútbol, al margen de los resultados y de los títulos, que por supuesto cuentan, y mucho. Pero, pronto, decidimos que nuestra opinión no debería contar a la hora de elaborar la lista, así que, para su justa definición, acudimos a la santísima democracia.
Fue así como solicitamos la opinión de 50 prestigiosos periodistas futboleros de las más representativas regiones del país y, cómo no, de todas las épocas. Los parámetros que sugerimos para armar el listado de Los 50 mejores equipos del Fútbol Profesional Colombiano fueron los siguientes: porque jugaban muy bien, por el legado que dejaron, por los títulos que alcanzaron, porque marcaron una época, porque tuvieron grandes nóminas y porque en sus líneas se destacaron jugadores de relevancia internacional.
Estos fueron los 50 periodistas e historiadores que, después de diligenciar una encuesta, escogieron a Los 50 mejores: Hernán Peláez, Carlos Antonio Vélez, Iván Mejía Álvarez, Javier Hernández Bonnet, Esperanza Palacio, Carlos Julio Guzmán, Óscar Restrepo, Wbeimar Muñoz, Óscar Rentería, Esteban Jaramillo, Tobías Carvajal, Adolfo Pérez, César Augusto Londoño, Claudia Helena Hernández, Hugo Illera, Pacho Vélez, Estewil Quesada, Paché Andrade, Eduardo Arias, Henry el Bocha Jiménez, Marino Millán, Liliana Salazar, Martín de Francisco, Luis Arturo Henao, Liche Durán, Jotas Mantilla, Carlos Orduz, Gabriel Meluk, Andrés Marocco, Pilar Velásquez, José Orlando Ascencio, Tito Puccetti, Memo Ordóñez, Nicolás Samper, Andrea Guerrero, César Polanía, Antonio Casale, Eduardo Luis López, Alejandro Pino, Vanessa Palacio, Juan Felipe Cadavid, Guillermo Arango, Carolina Jaramillo, Jorge el Patrón Bermúdez, Juliana Salazar, Sebastián Heredia, Laura Bernal, Samuel Vargas, Clara Támara y Julián Capera. A todos ellos, muchas gracias por hacer la tarea con juicio.
Importante subrayar que este libro verá la luz en el primer semestre de 2025, que es precisamente cuando el Fútbol Profesional Colombiano celebra su Liga número 100.
Al cierre de este libro (febrero de 2025), se habían jugado 99 ligas que habían dejado 98 campeones —en 1989 no hubo ganador porque el campeonato paró tras el asesinato del árbitro Álvaro Ortega—. Con todo, hasta ese momento, habían sido 51 torneos largos (47 entre 1948 y 1994 y 4 entre 1998 y 2001), 3 torneos de diferentes duraciones (entre 1995 y 1997, cuando se quiso acomodar el calendario a las ligas europeas) y 45 torneos cortos (entre 2002 y 2024).
Cuando este libro tenga un par de meses de vida, entonces se sabrá el campeón de torneo 2025-I, que será la Liga número 100 de la Dimayor. Sí, 100 campeonatos de nuestro adorado y también azotado rentado nacional.
He aquí las historias, números, hazañas y caídas de los 50 mejores equipos en la historia del FPC. Ojalá disfruten de este relato que busca recordar y celebrar lo más increíble de nuestra pelota, que no ha sido poco.
Mauricio Silva Guzmán
1. El primer campeónINDEPENDIENTE SANTA FE |
Santa Fe 1950. Arriba de izquierda a derecha: J. Benegas, A. Perucca, A. Miotti, E. Chamorro, J. Arnaldo y R. Martínez. Abajo de izquierda a derecha: O. Contreras, H.Rial, R. Pontoni, M. Fernández y C. Mitten. © Archivo Felipe Valderrama. |
El mejor Santa Fe de los primeros años del FPC no fue el campeón de 1948.
La hinchada roja recordará y cantará, con toda la razón y por siempre, “¡Primer campeón!”, uno de sus más grandes orgullos. Sin embargo, la gran nómina cardenal de aquella época extraordinaria, la que tuvo una mayor expresión artística, no fue la que alzó el trofeo esa primera vez. Fue otra, una repleta de estrellas, una que no contó con la suerte necesaria, una que empezó a armarse en 1949 y que dio la pelea hasta 1952.
Vamos por orden. Lo primero que hay que decir es que Independiente Santa Fe ganó el primer campeonato del FPC, el de 1948, con el sello que lo caracterizaría a lo largo de su historia: la garra. Fue precisamente en ese año cuando, a fuerza de apretar los dientes, a golpe de corazón, forjó su leyenda.
Nómina estelar de Independiente Santa Fe en 1950
D. T.: José Castillo
Aquella campaña sería inolvidable porque, hasta ese entonces, el Rojo de Bogotá había vivido bajo la sombra de Millonarios —su rival de patio—, que venía de ganar cinco títulos consecutivos a nivel amateur y que era el gran favorito para conquistar la primera liga profesional. También tuvo tintes heroicos porque superó a Junior de Barranquilla, el equipo de la ciudad en la que el fútbol se había organizado primero y de donde salió la mayoría de los jugadores que representaron a Colombia en la Copa América de Chile 1945. Incluso, la prensa bogotana se atrevió a decir que Santa Fe era la Cenicienta. Por eso, ese primer título fue un estruendo.
Eusebio de Mendoza Caro, socio fundador de Santa Fe, fue el director técnico al comienzo del campeonato, debido a que Alfredo Cuezzo —el hombre que construyó las bases de ese equipo— había dejado el cargo para dedicarse al arbitraje. El plantel, sin ser muy amplio, se había reforzado con jugadores de la costa Caribe, más un puñado de argentinos que actuaban en diversos clubes bogotanos de la era amateur.
El campeonato se jugó con diez equipos en un ida y vuelta para un total de 18 fechas. En la primera jornada, el 15 de agosto, en el inicio de todo, Santa Fe empató 1-1, en Manizales, contra Deportes Caldas. Fue a partir del segundo partido, un 5-2 contra Atlético Municipal (que dos años después sería Atlético Nacional), cuando el Cardenal asumió el liderato. Sin embargo, tras un bache de cuatro partidos sin ganar entre la fecha 8 y la 11, el club decidió cambiar de D. T. y nombraron al peruano Carlos Carrillo Nalda. Desde entonces, de cara a un torneo corto que iba de agosto a diciembre, empezó a hacer las cosas mejor que el resto.
La gran figura de aquel conjunto fue Julio Gaviria, un espectacular portero paisa de 25 años que volaba de palo a palo con la flexibilidad de un caucho. Al Chonto, como le decían, le patearon 7 penales en el torneo y solo le convirtieron uno. Incluso, fue ley que, cada vez que atajaba uno, un hincha le regalaba 30 pesos.
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© Archivo Tobías Carvajal.
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“En Colombia maduré como jugador. Llegué muy joven y me tocó irme lleno de experiencia, agradecido por esos cracks que sin saberlo me habían entregado un poco de lo suyo”* Héctor el Pibe Rial. * El Gráfico. Héctor Rial, el monje blanco. 24 de septiembre de 2015. |
Las otras estrellas de aquella plantilla fueron los delanteros argentinos Jesús María Gallego Lires López, Germán Cabecita de Oro Antón y el defensa Óscar Bernau. La titular se completaba con los siguientes nombres: Alberto Guardiola, Luis Gallito Contreras, Antonio de la Hoz, Luis Fiscó, Lorenzo Cristo Delli, Gabriel Pineda, Roberto Perro Gámez, Roberto Canoíta Prieto y José Kaor Dokú —hijo de uno de los primeros japoneses que llegaron a Colombia, pero nacido en Usiacurí, se había enlistado en las Fuerzas Armadas y por eso llegaba al estadio vestido de militar—. Era un equipo sin grandes nombres, de dientes apretados, repleto de ambición.
El 19 de septiembre de 1948, en el primer clásico capitalino de la era profesional, Santa Fe sorprendió a su viejo rival Millonarios por 5-3. El 7 de noviembre, goleó 4-1 a Junior, que sería su máximo rival. El 28 de noviembre se disputó el segundo clásico que, a causa de una fuerte granizada, tuvo dos capítulos: un domingo y un martes en el estadio El Campín. En ese largo partido, el Rojo, a punta de garra, prácticamente aseguró el título al imponerse 1-2.
© Archivo Tobías Carvajal.
René Pontoni y Héctor el Pibe Rial, las figuras excluyentes de Santa Fe del Dorado.
A falta de una fecha, el 12 de diciembre, Santa Fe hizo su mejor presentación en El Campín y goleó 6-0 al Medellín. Junior, que era segundo, ya no lo podía alcanzar. Fue así como, con una marca de 12 triunfos, 3 empates y 3 derrotas, el Cardenal gritó: ¡Primer campeón!
En junio de 1949, en respuesta al inesperado título de su rival, Millonarios rompió el mercado y fichó a Pedernera. Dos meses después, a Di Stéfano y Rossi. Desde entonces y hasta finales de 1953, la liga profesional colombiana se conoció como el Dorado, gracias al desfile continuo de astros extranjeros y, cómo no, a las importantes sumas que se movieron. ¿Cómo se logró? Simple. En principio, los clubes aprovecharon las huelgas del sur del continente —más el poder del peso colombiano frente al dólar— para fichar decenas y decenas de estrellas argentinas y uruguayas, sin tener en cuenta a sus clubes de origen. En otras palabras, no pagaban las transferencias y arreglaban directamente con los jugadores. Por eso, además, fue considerada una liga pirata.
La respuesta de Santa Fe a ese primer gran movimiento azul no se hizo esperar y comenzó a armar un equipo fantástico —tal vez, la mejor nómina de su historia— que, el 10 de septiembre de 1949, sacudió el campeonato con la llegada de tres grandes referentes: Ángel Perucca, Mario Fernández y Jorge Benegas.
Ángel Perucca, volante de contención, conocido como el Portón de América, símbolo del mediocampo de la Selección Argentina (campeona de los sudamericanos 45 y 47), era un 5 con pinta de tanguero, impasable y elegante, que en 1948 pasó de Newell’s a San Lorenzo, donde compartió con otros dos cracks de nivel internacional que pronto serían sus compañeros en Santa Fe: Pontoni y Rial.
Mario Fernández, campeón y goleador con Independiente de Avellaneda en 1948, era un cañonero sensacional a quien en Colombia apodaron el Señor Gol.
Y Jorge Benegas, defensor o half derecho de San Lorenzo, bajo de estatura, pero de enorme calidad, era un motor inagotable.
El 18 de septiembre, cuando los tres debutaron, con un vibrante 4-3 en El Campín, le quitaron el invicto a un sensacional Deportivo Cali que, con el Rodillo Negro a bordo —media Selección Perú—, peleaba el título (ver página 39).
Luego, Santa Fe anunció uno de los mejores fichajes del Dorado y de la historia del FPC: el fantástico René Alejandro Pontoni, a quien el propio Perucca tuvo que convencer luego de varias conversaciones. La Chancha, como le decían en Argentina, llevaba cuatro meses sin actuar por una operación de meniscos y aterrizó en Bogotá el 11 de octubre de 1949, a la edad de 29 años. Elegante, de pique corto y sutil goleador, fue el centrodelantero de la Selección Argentina que conquistó los sudamericanos de 1945, 1946 y 1947 y el líder del famoso San Lorenzo que ganó la Liga de 1946.
El hincha y socio de los Cuervos, Jorge Mario Bergoglio —el papa Francisco— confesó que Pontoni fue el culpable de su amor desbordado por el club1. Tan grande era su fama, que su salida de Argentina a Bogotá fue todo un suceso. El diario Crítica tituló: “Se va el último de los tres pilotos internacionales”2, refiriéndose a Pedernera, a Di Stéfano y a él. En el campeonato de 1949, Santa Fe fue tercero, pero marcó un récord hasta hoy vigente: en las 26 fechas del torneo, anotó 102 goles, con un promedio de 3,9 goles por partido.
En abril de 1950, por orden de los directivos, Pontoni viajó a Buenos Aires con el fin de convencer a la joya de San Lorenzo (y de Argentina): Héctor el Pibe Rial, un joven de solo 22 años que ya pintaba para cosas grandes. La fuga de los dos cracks fue cinematográfica. Las autoridades argentinas estaban más que alertadas con el éxodo de jugadores y en el aeropuerto los esperaban para impedir la escapada. Rial y Pontoni burlaron a las autoridades y, a la media noche, huyeron en una lancha hasta Montevideo desde donde tomaron un vuelo a Colombia. Rial era un zurdo encarador, de mucha personalidad, técnica, visión de juego y gol.
Pero la ambición de Santa Fe fue más allá. Luis Robledo, uno de sus directivos, había estudiado en Inglaterra y se fue a buscar jugadores a la Gran Bretaña. Tras las dificultades de la posguerra, los futbolistas británicos no estaban conformes con los salarios. En ese marco, el 9 de mayo de 1950, aterrizaron en Bogotá Neil Franklin, defensor del Stoke City y de la selección inglesa, y George Mountford, wing derecho del mismo club.
© Archivo Tobías Carvajal.
Julio Chonto Gaviria, El hombre de caucho, figura del primer campeón.
La cereza del pastel —muy roja— fue una de las figuras del Manchester United, Charles Mitten: un wing por izquierda, que anotó 61 goles con los Diablos Rojos, que fue tres veces subcampeón de la Liga y campeón de la FA Cup en 1948. En junio de 1950, Manchester United hizo una gira por Estados Unidos, y Mitten, encandilado por el brillo del oro del Dorado, escapó rumbo a Bogotá, donde aterrizó el 23 de junio.
No cabe duda de que esa nómina ha sido la más lujosa de Santa Fe en su historia. Un equipazo que también contó con otros jugadores argentinos de muy buen nivel, como José María Arnaldo, Luis López, Heraldo Ferreyro, Luis Orlando, Roberto Tachero Martínez, Atilio Miotti, Óscar Contreras, Eusebio Chamorro y Germán Antón. Y un colombiano, Hernando Moyano.
El 12 de julio de 1950, en el partido de vuelta de la semifinal de la Copa Colombia, ese combo le regaló a su hinchada una tarde más que memorable en El Campín: Santa Fe goleó 8-2 al Junior de Heleno da Freitas, con tres golazos de René Alejandro Pontoni. “Alejandro el grande se conquistó ayer la capital”, tituló El Espectador, y agregó: “Ninguno de los ciento y pico de jugadores que actuaron en el país, tuvieron el acierto de mostrarse tan grandes como este estupendo crack […] se puede afirmar sin temor a equivocaciones, que es hoy por hoy el mejor delantero de cuantos actúan en nuestra profesionalización”3.
© Archivo Zicodélico.
René Alejandro Pontoni, el crack argentino que convirtió al papa Francisco en hincha del fútbol, portada de la revista El Cardenal (12 de agosto de 1950).
La pregunta es por qué no conquistaron más títulos. Pues bien, aunque tuvo presentaciones increíbles, Santa Fe solo pudo ser octavo en 1950, sexto en 1951 (apenas logró ser subcampeón de la primera edición de la Copa Colombia 1951) y noveno en 1952.
La inestabilidad fue el factor principal. Las lesiones no ayudaron y cuando algunos estaban en buen nivel, otros no. Además, algunos fichajes llegaron cuando ya había iniciado el campeonato y otros se marcharon antes de terminarlo. De hecho, el 8 de junio de 1951, Pontoni declaró: “Hace dos años que Santa Fe está esperando tener un equipo completo. Un cuadro que no tenga vacíos ni lesionados, pero la suerte nos ha aporreado”4.
Lo cierto es que aquel equipo llegó a tener una delantera temible, que no tenía nada que envidiarle a ninguna del mundo en aquellos tiempos: Mountford, Fernández, Pontoni, Rial y Mitten. Todos cracks de primer nivel. Los hinchas los disfrutaron a rabiar, pero siempre pasaba algo que les torcía el camino.
Fue sobresaliente la gira en julio de 1951 por Bolivia, donde goleó 1-6 a The Strongest y 1-4 a Bolívar. Otra por Centroamérica en 1952, en la que salió invicto en seis partidos. También tuvo recordadas victorias contra San Lorenzo, Racing, la selección húngara, Universidad Católica, Rapid Viena y Boca Juniors.
Pero todo se desbarató en 1951. En marzo, Chonto Gaviria se marchó a Atlético Nacional y, en junio, Mitten regresó a su país; ya lo habían hecho antes Franklin y Mountford. Para la campaña de 1952, Perucca y Fernández jugaron con la Universidad Nacional; Benegas, con Millonarios, y Pontoni fue a probar suerte a Nacional de Uruguay y Portuguesa de Brasil.
El sensacional Pibe Rial se marchó en junio 1952, actuó dos años en Nacional de Montevideo y, por recomendación de Alfredo Di Stéfano, llegó al Real Madrid el 10 de junio de 1954, donde lo ganó todo (4 ligas de España, cinco Copas de Europa y una Copa Intercontinental). El Monje Blanco, como lo apodaron, sentenció: “En Colombia maduré como jugador. Llegué muy joven y me tocó irme lleno de experiencia, agradecido por esos cracks que sin saberlo me habían entregado un poco de lo suyo”5.
Con todo, el más brillante Santa Fe de esos primeros años no fue el campeón de 1948. Sin embargo, aquel equipo inaugural, el de los próceres, será por siempre “el Primer Campeón”. Y ese es un título demasiado bello.
1 El Gráfico. Pontoni, el ídolo del Papa Francisco. 28 de agosto de 2013. https://www.clarin.com/deportes/idolo-papafrancisco_0_Sy3SdpNsvmx.html?srsltid=AfmBOoozRNZyHddGv-4896t9CcNEAnK2Oy5cU_bY1xc_OpFfhUwzudHV
2 El Tiempo. Sensación en Argentina por el viaje de Pontoni. 28 de septiembre de 1949.
3 El Espectador. Alejandro el grande se conquistó ayer la capital. 13 de noviembre de 1950.
4 El Tiempo. Rebosante optimismo en el Santa Fe. 8 de junio de 1951.
5 El Gráfico. Héctor Rial, el monje blanco. 24 de septiembre de 2015. https://www.elgrafico.com.ar/articulo/%C2%A1habla-memoria!/8517/hector-rial-el-monje-blanco
2. El mejor equipo del mundoCLUB DEPORTIVO LOS MILLONARIOS |
Millonarios 1951. De izquierda a derecha: R. Pini, J. Cozzi, F. Zuluaga, I. Soria, A. Báez, J. Ramírez, R. Mourín, H. Reyes, A. Di Stéfano, N. Rossi, A. Pedernera y C. Malaver (masajista). © Archivo Felipe Valderrama. |
Decir “Di Stéfano” debería ser suficiente. Decir “Di Stéfano y Pedernera” podría ser algo más que elocuente. Decir “Di Stéfano, Pedernera, Báez, Reyes, Mourín, Rossi, Ramírez, Soria, Pini, Zuluaga y Cozzi”, una suerte de Selección América de aquellos tiempos, es el argumento irrefutable.
Aquel Millonarios, conocido como el Ballet Azul —que deslumbró en Colombia y el exterior entre 1949 y 1953—, es probablemente el equipo más espectacular e influyente que ha tenido el fútbol profesional colombiano. De hecho, fue y sigue siendo señalado como “el mejor equipo del mundo” de esos años (particularmente los años 51 y 52), título que no es menor.
Millos llegó como favorito al primer campeonato del fútbol profesional —que comenzó el 15 de agosto de 1948—, gracias a que venía de ganar cinco veces seguidas la Liga de Cundinamarca. Sin embargo, se llevó una amarga sorpresa cuando Santa Fe, su máximo rival, salió campeón (ver página 17). Fue así como el presidente del Azul, Alfonso Senior, habló recio ante la Junta Directiva: “Esto no nos vuelve a pasar. Vamos por el mejor jugador del mundo, cueste lo que cueste”. Uno de los miembros de la Junta respondió: “Ese jugador está en Argentina y se llama Adolfo Pedernera”.
Nómina estelar del Club Deportivo Los Millonarios en 1951
D. T.: Adolfo Pedernera
El argentino Carlos el Cacho Aldabe, entonces defensor central y D. T. de Millonarios, viajó a Buenos Aires con el claro objetivo de fichar a don Adolfo, en ese entonces el futbolista más respetado de Argentina, no solo por su juego, sino por su filosofía. El Maestro, apodo que ganó siendo aún un joven, fue el cerebro de la famosa Máquina de River Plate, uno de los más exquisitos equipos de la historia del fútbol mundial. De River pasó a Atlanta y, de ahí, a Huracán que, para el torneo de 1949, no le renovó su contrato en retaliación por ser uno de los líderes de la huelga de futbolistas.
En un billar de Buenos Aires, Pedernera escuchó atentamente a Aldabe y, seducido por la promesa de recibir 5.000 dólares en el momento en que pisara tierra colombiana, aceptó viajar a Bogotá. El 10 de junio de 1949, ante una multitud de algo más de 5.000 personas, aterrizó en el aeropuerto de Techo. Dos días después, Millonarios lo presentó de traje y corbata para que saludara a la hinchada azul en El Campín. Esa tarde el club recaudó el equivalente a 35.000 dólares y, en efectivo, en verdes, le pagaron al Maestro lo prometido. Así, con el arribo del crack bonaerense, nació el Dorado del fútbol colombiano que, a lo largo de cinco años, recibió a los mejores jugadores de América y a un buen puñado de artistas europeos.
Dos meses después, comisionado por el propio Senior, Pedernera viajó a Buenos Aires y fichó para Millonarios a dos jóvenes promesas con las que había compartido en River Plate: Néstor Raúl Rossi, un estupendo centro half de 24 años que en el Sudamericano de 1947 le había quitado la titularidad a Perucca en la Selección Argentina, y Alfredo Di Stéfano, un sensacional centro foward de 23 años, hábil, goleador y campeón de la Liga argentina y del Sudamericano de 1947.
Las contrataciones resultaron ser algo más que explosivas y los tres cracks argentinos llevaron a Millonarios a conquistar el campeonato de 1949, en una batalla sensacional, cabeza a cabeza, contra uno de los mejores conjuntos del Deportivo Cali en su historia: el Rodillo Negro (ver aquí).
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© Archivo Felipe Valderrama.
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“No espero nunca hallar equipo alguno de juego tan perfecto como el de Millonarios”*, Alfredo Di Stéfano. * Revista Millos. Cuando la Saeta Rubia era azul. Mayo de 1984. |
La primera estrella para el Azul se alcanzó con un fútbol altamente técnico (todo giraba en torno al Maestro) y exquisitamente dinámico (Alfredito daba la sorpresa por todos lados). De ese año quedó un famoso lema impuesto por Pedernera: “Hacemos 5 goles y levantamos el pie. Nunca hay que humillar al rival, nunca”. En diez partidos de aquel año, Millonarios marcó 5 goles y, en otros tres, anotó 6.
Una vez saboreadas las mieles del éxito, la ambición de los directivos azules no tuvo límite. Sabían, además, que cuanto más espectáculo, más negocio. Así que, en 1950, Millos fichó a Julio Cozzi, sensacional arquero de Platense y de la Selección Argentina. Desde Uruguay, llegó el defensa Raúl Pini de Nacional de Montevideo, otro jugador de selección que era fijo para el Mundial de 1950 —y que hubiera sido campeón del mundo—, pero que prefirió amasar su pequeña fortuna en la Liga colombiana (ya desafiliada por la FIFA por cuenta del pirataje). De Paraguay llegó el half derecho Julio César Ramírez, capitán de Huracán y de su selección nacional. Todos ellos complementaron al Cobo Zuluaga, un joven defensa de mucha calidad (el único colombiano que conquistó la titular) y al peruano Ismael Soria, ambos en el equipo desde 1948.
Sin embargo, en la temporada de 1950, Millonarios dejó escapar el título por cuenta de un grave problema en el camerino cuando la directiva, al verse en el espejo de su rival Santa Fe, decidió fichar un par de jugadores británicos: Flawell y Higgins. Los argentinos les hicieron la guerra e, incluso, fueron señalados de pararse el 21 de mayo, en un partido definitivo contra Deportivo Cali, en el que perdieron 6-1. Todo estuvo a punto de irse al traste.
Alfonso Senior le dio un timonazo al club, salió de los europeos, empoderó a los argentinos y puso en la dirección técnica al Maestro Pedernera. Pero ya era tarde y no les alcanzó. Así que, al final del campeonato, un aguerrido Deportes Caldas superó por 2 puntos a Millos y levantó el trofeo (ver aquí).
Obsesionado con armar un equipo galáctico, Senior contrató a comienzos de 1951 a tres fichas de alto nivel: de River, el wing derecho Hugo Reyes; de Gimnasia y Esgrima, el wing izquierdo Reinaldo Mourín, con pasado exitoso en Independiente y en la Selección Argentina; y de Platense, a Antonio Báez, uno de los más talentosos delanteros del fútbol argentino, poseedor de una zurda mágica, exjugador de la Máquina de River y estrella excluyente del histórico equipo Calamar que alcanzó el segundo lugar de 1949 junto con River.
© Archivo Felipe Valderrama.
Dificilmente el FPC volverá a ver una tripleta goleadora de este nivel: Pedernera, Di Stéfano y Báez.
Dos golazos —digamos “maradonianos”— se convirtieron en mitos de aquel campeonato. El 29 de abril, por la octava fecha, Millonarios goleó a Atlético Nacional en el San Fernando 0-7. El sexto gol fue del paisa Cobo Zuluaga: salió limpio desde campo propio, dribló a Gustavo Mesa, a Marquitos Osorio y luego al arquero, Jairo Ramírez. Simplemente la empujó en el área chica. Así se inmortalizó en su tierra, donde los clubes de su ciudad le cerraron las puertas en su juventud. El 24 de mayo, Millos le ganó en Cali 0-1 al Boca Juniors con gol de Pedernera: “Después de driblar a más de la mitad de los jugadores del Boca, disparó un potente taponazo que dejó sin chance a Centurión y que fue a anidarse en las piolas de la valla boquense”6, relató el cronista de El Tiempo. Y una tercera perla: el 2 de septiembre, el Ballet goleó 0-3 a Samarios en Santa Marta, con dos goles de chilena de Di Stéfano. Sí, dos.
Con esa nómina estelar y con un fútbol superlativo, Millos cabalgó el campeonato del 51, sumando 60 puntos de 68 posibles, que sigue siendo el récord de rendimiento en el FPC: 88,2 %. Fueron 18 clubes los que participaron en un ida y vuelta de 34 fechas. Al segundo de la tabla, un valiente Boca Juniors que contaba en sus líneas con media selección paraguaya (ver página 56), el Embajador le sacó 11 puntos. Recordemos que en esa época se otorgaban solo 2 puntos por victoria y 1 por empate.
Su fama comenzó a ser continental y en diciembre de aquel año fue muy promocionado el duelo contra Racing de Avellaneda, el club que había conseguido tres títulos consecutivos de la Liga Argentina (años 49, 50 y 51). Para este momento, tras un arreglo entre la Dimayor y la FIFA en el Pacto de Lima, la Liga colombiana ya no era pirata. Quisieron, entonces, medir las fuerzas —en dos partidos en El Campín— de los dos mejores clubes del continente. Y los azules fueron superiores en ambos encuentros (4-3 y 2-0). De aquel primer duelo, el 9 de diciembre, quedó grabado un gol de chilena —una de las especialidades de su exquisito menú— de Alfredo Di Stéfano. De esa acrobacia habló la prensa a lo largo de un mes.
© Archivo Tobías Carvajal.
Julio Cozzi, portero de Millonarios y de la Selección Argentina.
© Archivo Felipe Valderrama.
Néstor Raúl el Pipo Rossi, leyenda del fútbol sudamericano e inventor del 5 moderno.
En marzo de 1952, el Ballet Azul alcanzó su techo y su máximo reconocimiento cuando el Real Madrid, en busca del mejor rival de América, lo invitó a celebrar sus Bodas de Oro. El 30 de ese mes, en el estadio Chamartín, el equipo bogotano venció 2-4 al Real Madrid. Ese día —sumado al conjunto de partidos de la gira—, Millonarios dio tal espectáculo que no solo los propios hinchas españoles lo aplaudieron a rabiar, sino que los periódicos ibéricos escribieron toda clase de elogios, con un ensalzamiento especial: la rebelión que representaba la figura de Alfredo Di Stéfano. “Los uruguayos olímpicos de 1924, el Boca Juniors de 1925, el San Lorenzo de 1947, Racing, Newell’s Old Boys, el mismo San Lorenzo de 1950, quedaron borrados ante estos Millonarios extraordinarios”7, escribió el periodista y socio del Real Madrid Manuel Rosón. Ya en tierras andinas, Millos volvió a derrotar al Merengue en dos ocasiones en El Campín: el 6 y 9 de julio, por 2-1 y 1-0, respectivamente.
En ese año 52, con dos directores técnicos a lo largo de la campaña: Adolfo Pedernera y Néstor Rossi —el Pipo asumió desde agosto tras una pausa del Maestro—, Millonarios volvió a expresar lo mejor de su fútbol, dentro y fuera del país. Del 23 enero al 28 de diciembre de 1952, los Embajadores jugaron 69 partidos en once ciudades del exterior —Santiago de Chile, Viña del Mar, La Paz, Montevideo, Valencia, Las Palmas, Madrid, Sevilla, Quito, Guayaquil y Caracas— y en once de Colombia.
El 30 de noviembre de 1952, con dos fechas de anticipación y con goleada a domicilio (1-7 al Bucaramanga), el Ballet se consagró campeón de la Liga. Esa tarde quedó otro récord para la historia: Gabriel Ochoa Uribe se convirtió en el primer portero en hacer gol como jugador de campo (tuvo que reemplazar a Di Stéfano, que se enfermó, porque el equipo no había llevado más suplentes que él). Tercera estrella para el Azul que, en 28 partidos, logró 20 victorias, 6 empates y 2 derrotas, para un rendimiento del 82,1 %. Fueron 70 goles a favor y solo 13 en contra para una pasmosa diferencia de +57. La alineación símbolo de aquel Ballet Azul —Cozzi, Pini, Zuluaga, Rossi, Soria, Ramírez, Reyes, Mourín, Báez, Pedernera y Di Stéfano— había comprado un buen pedazo de terreno en la eternidad.
A principios de 1953, el Maestrico Báez declaró: “Estamos jugando muchos partidos. No somos máquinas y empezamos a actuar por debajo del rendimiento. Llega un momento en el que materialmente no aguantas más”8. Más allá de que estaban reventados, en febrero de ese año, en Caracas —para completar su leyenda—, el Azul ganó la Pequeña Copa del Mundo contra River Plate y el Rapid, de Viena.
El Millonarios del Dorado no solo fue un conjunto espectacular, sino un equipo revolucionario. Según algunos autores, su idea táctica —en la que los jugadores cambiaban de posiciones para desconcertar a la defensa rival y en la que su máxima figura, Di Stéfano, arrancaba desde cualquier lugar de la cancha— fue la génesis del “fútbol total” que practicaron Estudiantes de la Plata a finales de los años 60 y el Ajax y la selección neerlandesa de los 70. Y el ideólogo de este sistema no fue otro que el Maestro Pedernera, directo responsable, además, de pulir a esa joya apodada la Saeta Rubia, que había llegado a Colombia siendo un hábil delantero y que se marchó a Europa convertido en un líder nato, en un jugador todoterreno y en un hombre gol.
Luego de siete meses de disputa —y no poco jaleo con Barcelona, River Plate y Millonarios, y la FIFA a manera de juez—, en septiembre del 53, Real Madrid logró fichar a Di Stéfano. Por lo que significó a futuro, esa sigue siendo la transferencia más importante e influyente que se ha producido de América a Europa. Gracias al juego que aprendió y disfrutó en Millonarios —y que impuso en España y Europa— la Saeta revolucionó el fútbol global ganándolo todo con el Madrid y convirtiéndose en el mejor jugador del mundo de los años 50.
© Archivo Felipe Valderrama.
Alfredo Di Stéfano, máxima figura en la historia del fútbol profesional colombiano.
Sin su máxima estrella —pero ya con la presencia en sus toldas de Ramón Alberto Villaverde, otro fenómeno mundial que terminó triunfando en el Barcelona— el 1.° de mayo Millos ganó la Copa Colombia de 1953. Y tras otra campaña brillante, el 4 de octubre, en Santa Marta, ganó 0-2 contra Unión Magdalena y volvió a conquistar el título de liga. El Azul gritó campeón por cuarta vez, seguido de un Deportes Quindío que pronto daría mucho de qué hablar (ver aquí).
La codicia de los directivos azules, que los llevó a organizar más y más giras, provocó el desmayo del plantel. En aquel momento no era tan fácil viajar y varios futbolistas estaban absolutamente reventados con las giras por Sudamérica. Además, con el acuerdo al que se llegó con la FIFA en octubre de 1951, los jugadores fueron de nuevo notificados de la siguiente manera: “En octubre de 1954, como plazo máximo, deben regresar a sus clubes de origen”9.
Poco a poco, el Dorado del fútbol colombiano se fue diluyendo por cuenta de una gran crisis económica que duró varios años en superarse. Con la despedida de Pedernera, el 1.° de agosto del 54 —tarde en la que el Maestro le marcó un espectacular gol de 25 metros a Vasco da Gama—, se apagó para siempre aquella época de luces y oro. Con su eterna pinta de antiguo, don Adolfo había sido la técnica, la táctica, el código y la imaginación. El inicio de todo.
Ese Millonarios del 49 al 53 —el primer equipo que puso al fútbol colombiano en el mapa mundial— dejó dos récords aún vigentes: máximo goleador de un campeonato (Pedro Cabillón, con 42 goles en 1949) y, como se dijo, máximo rendimiento de un club (88,2 %, en 1951). Julio el Bigotudo Cozzi, por su parte, fue el primer arquero en marcar un gol (de penal al Cali el 19 de octubre de 1952).
Aquel conjunto de excepción enfrentó a 57 equipos internacionales de 18 países, una cifra desbordada para la época. Jorge Barraza, periodista argentino, dijo: “No tengo dudas de que Millonarios debe haber sido el mejor equipo del mundo en ese lapso del 49 al 53”10. Y en el mismo sentido habló la leyenda del periodismo sudamericano, Enrique Macaya Márquez: “No es fácil de comparar con otros equipos del mundo por la ventaja que les sacaba a los demás. Yo creo que Millonarios pudo haber sido el mejor equipo del mundo en ese momento”11.
© Archivo Zicodélico.
Adolfo el Maestro Pedernera, portada de la revisa Estadio (9 de julio de 1949).
La influencia del Ballet Azul fue asombrosa. Los historiadores del fútbol colombiano coinciden en que el Maestro Pedernera fue el máximo responsable del estilo del fútbol nacional. No hay que olvidar que, años después, fue el D. T. que llevó a Colombia por primera vez a un Mundial, en Chile 62. Además, varios jugadores de aquel legendario plantel fueron técnicos de selecciones nacionales: Gabriel Ochoa Uribe y Cobo Zuluaga (Colombia), Julio César Ramírez (Paraguay), Pipo Rossi (Argentina) y Adolfo Pedernera (Colombia y Argentina), sin contar que Di Stéfano dirigió al Real Madrid, el River Plate y el Boca Juniors, entre otros. Alfonso Senior, creador de este proyecto, llegó a ser miembro de la FIFA y, en 1973, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol.
En 1971, cuando los magos del Ballet se volvieron a reunir en El Campín para celebrar los 25 años del club, Carlos Castillo, periodista de El Tiempo, le preguntó a Pedernera si había visto un equipo igual. El Maestro, que por sus códigos detestaba hacer comparaciones, respondió: “No sé hasta donde otro haya podido ser igual. No sé hasta donde otros jugadores hayan podido ser mejores. Pero para mí, no hay mejor familia que la mía. Por eso creo que Millonarios ha sido el mejor de todos”12.
Di Stéfano, que en tres años y medio —entre partidos amistosos y oficiales— marcó 161 goles con Millonarios, años después expresó en la prensa española lo que para él significó el Ballet Azul: “Pese a la diferente personalidad de cada uno de nosotros, llegamos a conformar un once tan fuerte y homogéneo que difícilmente podré encontrar uno que se le asemeje. No espero nunca hallar equipo alguno de juego tan perfecto como el de Millonarios”13.
6 El Tiempo. Mareando gente del Boca, Pedernera anotó gol de victoria para Millos. 25 de mayo de 1951.
7 Manuel Rosón. Millonarios derrotó al Real Madrid ayer tarde en el ‘Chamartín’. El Tiempo, 31 de marzo de 1952.
8 El Tiempo. “Simplemente estoy cansado” dice el jugador Millonario Antonio Báez. 17 de enero de 1953.
9 El Tiempo. Colombia afiliada a la FIFA por el Congreso Internacional del Fútbol, 25 de octubre de 1951.
10 RTVC. El mejor equipo del mundo [documental]. 7 de abril de 2024. https://rtvcplay.co/peliculas-documentales/el-mejor-equipo-del-mundo
11 Ibídem.
12 El Tiempo. Hoy el jugador no arriesga. 8 de octubre de 1971.
13 Revista Millos. Cuando la Saeta Rubia era azul. Mayo de 1984.
3. Del Rodillo Negro a la legión argentinaDEPORTIVO CALI |
Cali 1950. Arriba, de izquierda a derecha: Villarreal, M. Mosquera, E. Morales, J. Castro, Muñeca Arango, M. Giúdice, E. Sánchez, V. Pasalacqua, O. Sastre y A. Vilariño. Abajo, de izquierda a derecha: P. Monteblanco (utilero), L. Guzmán, O. Ramos, C. Cervino, R. Ruiz, V. López, F. Walter y E. Rodríguez. © Archivo Zicodélico. |
Los llamaban el Rodillo Negro porque sus máximas figuras eran afrodescendientes, porque contragolpeaban con vertiginosa velocidad y porque equipo que agarraban mal parado, equipo al que aplastaban.
Bajo ese rótulo —que sonó por primera vez en un famoso Alianza Lima de 1935—, un puñado de futbolistas peruanos se hicieron famosos a finales de los años 40 y principios de los 50, tanto en la selección inca como en el Deportivo Cali de 1949, y luego en Alianza Lima, club con el que salieron campeones en 1954 y 1955.
El equipo Azucarero fue uno de los que más figuras extranjeras ficharon en la era del Dorado. Y así como armó conjuntos brillantes, también fue objeto de grandes polémicas, muchas de ellas maceradas por el alcohol, la marihuana y los estrados judiciales. En lo que todos concuerdan es en que fue sencillamente injusto que ninguna de sus nóminas estelares haya ganado un título en aquella época, en especial la alineación del Rodillo Negro de 1949.
Nómina estelar del Deportivo Cali en 1950
D. T.: Carlos Peucelle
Carlos Sarmiento Lora fue un reconocido empresario de la industria azucarera (por eso al Cali lo apodaron así) que en 1947 estuvo presente en el Sudamericano de Guayaquil y quedó enamorado del fútbol peruano y del argentino. Cuando lo nombraron presidente del Deportivo Cali, en 1949, decidió fichar a cualquier precio a una arrolladora legión peruana: Víctor Passalacqua, Manuel Drago, Luis Tigrillo Mosquera, Máximo Lobatón, Adelfo Magallanes y, los más destacados, Guillermo Barbadillo, Máximo Vides Mosquera y Valeriano López; este último, un tremendo atacante que venía del Sport Boys, que había marcado poco más de 60 goles en Perú y que llegó en agosto a Colombia junto con el defensor Eliseo Morales, ambos precedidos de una fama adversa: habían sido expulsados del fútbol peruano —“de por vida”, les dijeron— porque mientras se preparaban para jugar el Sudamericano de Brasil de 1949, se fugaron de la concentración con otros cuatro compañeros para ir a unas fiestas en la ciudad portuaria El Callao. Allá se tomaron hasta el agua de los floreros.
En los primeros meses del torneo, Barbadillo y Mosquera la “rompieron” y el Deportivo Cali quedó líder e invicto en la primera vuelta con 2 puntos de ventaja sobre Millonarios.
En julio, proveniente del mejor Platense de la historia, llegó al Verde el argentino Manuel Giúdice, un serísimo centro half que hizo parte de la Máquina de River Plate, de la Selección Argentina y de Huracán, donde es ídolo.
En ese año, el Cali protagonizó el gran clásico del fútbol colombiano contra Millonarios. Los diarios lo vendían como un duelo entre Perú y Argentina. Incluso, en tierra inca, los aficionados pedían que se transmitieran los partidos por radio y la prensa limeña celebraba los triunfos del Verde como propios.
Culminando el torneo del 49, el Cali perdió partidos decisivos contra Santa Fe, el Medellín y Millonarios. Fue un torneo en el que participaron 14 equipos y en el que se jugó un ida y vuelta de 26 fechas. Al final, el Azucarero quedó empatado en puntos con el Embajador —cada uno con 44—, por lo que debió jugarse una serie definitiva. Millonarios ganó la final (0-1 en Cali y 3-2 en Bogotá) y al Deportivo Cali se le escapó el título.
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© Archivo Zicodélico.
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“En mis tiempos fui mejor que Di Stefano. Y sinceramente creo que fui más espectacular en esos momentos que Pelé en su época”, Valeriano López. |
Valeriano López —crack de excepción, tanque de 1,88 metros de estatura y fiera en el área— anotó 24 goles en solo 15 partidos y les marcó a todos los equipos que enfrentó. Sin embargo, su indisciplina —casi tan comparable con su talento— era un dolor de cabeza para el club: tomaba aguardiente, fumaba marihuana —a veces, para “chicanear” armaba los porros en billetes— y era asiduo cliente de los prostíbulos. Varias veces sus compañeros tuvieron que sacarlo de los antros para llevarlo a entrenar. “Las caleñas fueron las que acabaron conmigo. Era una vida fácil y yo estaba joven. Me conocía las mejores casas de citas y era figura en ellas. Eso era tremendo”14, reveló el propio Valeriano al Diario de Occidente de Cali, en 1975. Su fama de crack fue tal que Santiago Bernabéu lo quiso fichar para el Real Madrid, pero Valeriano rechazó la oferta porque no le gustaba sentirse lejos de su tierra. Por otro lado, antes de empezar el campeonato de 1950, a Barbadillo lo echaron del Cali por consumo de drogas.
© Archivo Zicodélico.
Este fue el famoso Rodillo Negro: Barbadillo, López, Mosquera y Salazar.
Cansado del guateque peruano, en abril de 1950, Sarmiento Lora dio prioridad a los argentinos. Entonces llegó una excelsa tropa sureña liderada por Eduardo el Zurdo Rodríguez, que hizo parte de una de las tantas versiones de la Máquina de River; tres campeones de la Liga argentina de 1948 con Independiente de Avellaneda: José Eduardo Castro, Camilo Cervino y Óscar Sastre —este último, campeón con Argentina de tres sudamericanos—; Antonio Vilariño, figura de Rosario Central; Fernando Walter, de Gimnasia y Esgrima, con un pasado exitoso en Independiente, y Roberto Coll, de River Plate. En el arco se reforzaron con el portero de la Selección Colombia, Efraín el Caimán Sánchez. Y como entrenador, el histórico Carlos Peucelle, técnico de ese River Plate. Un plantel al que se le derramaba la categoría.
La mayor gesta de este equipo sucedió el 21 de mayo de 1950 cuando, en casa, goleó 6-1 al Millonarios de Cozzi, Pini, Rossi, Pedernera y Di Stéfano. Ese día, el Tanque de Casma —como le decían en Perú a Valeriano López— anotó tres goles. Al término de la primera vuelta, el Cali y Millonarios lideraban la tabla, pero el equipo sufrió la baja de Valeriano por una fuerte lesión de tobillo y apenas pudo reaparecer para el último partido. La segunda vuelta del torneo fue irregular para el Deportivo Cali, que finalizó tercero en la tabla detrás de Millonarios, segundo, y de un sorprendente Deportes Caldas, primero (ver aquí).
© Archivo Tobías Carvajal.
El tremendo Cali del Dorado, llegando a Bogotá, a finales de 1949.
En Perú, en 1951, decretaron la amnistía para los futbolistas que se habían fugado y casi todos regresaron a su país. El Cali se siguió reforzando con argentinos, pero esa cierta inestabilidad en las nóminas no le permitió consolidarse y solo le alcanzó para el cuarto lugar en el campeonato.
Para el Cali, los encuentros contra Millonarios se convirtieron en un asunto de Estado. Fueron partidos muy recios, casi siempre marcados por las furruscas y las polémicas. Incluso, el equipo caleño amenazó un par de veces —en julio de 1951 y en octubre de 1952— con retirarse del campeonato al no estar de acuerdo con decisiones arbitrales frente al Azul. En una ocasión —un 1.° de julio de 1951, en la Universidad Nacional—, se negó a continuar el partido y se paró en la cancha. Bajo la premisa de que se debía respetar el espectáculo, al equipo caleño lo llevaron del estadio a un juzgado en Bogotá.
Sarmiento Lora fue ambicioso, estuvo cerca de fichar a Vicente de la Mata, de Independiente, y a Félix Loustau, de River. Fue el primero en hacerle ofertas a Cozzi y Báez, quienes finalmente llegaron a Millonarios. Eso frustró mucho al directivo, que hizo grandes esfuerzos para armar un equipo que le compitiera al Ballet Azul. En 1952, fichó a los argentinos Asciolo, Peluffo y Mur. Con ellos, hizo giras por Brasil, Chile, Perú y Ecuador y siempre dejó una grata impresión. Como una gesta se catalogó el hecho de que, en marzo de 1952, le hubieran ganado, dos veces, al seleccionado chileno en Valparaíso (0-1) y en Santiago (1-2). Incluso, la prensa local dijo: “Impresionó mejor el Deportivo Cali que Millonarios”15.
© Archivo Tobías Carvajal.
La sensacional delantera del Cali en 1951. De izquierda a derecha: Cervino, Sastre, López, Wálter y Vilariño.
Tras un promocionado partido amistoso en Cali, realizado en enero de 1953 —en el que derrotaron 3-1 al River Plate campeón de Argentina con Carrizo, Labruna, Gómez y Loustau—, el equipo se empezó a desintegrar. Sarmiento Lora dejó la Presidencia y cada vez se hizo más difícil retener a las figuras extranjeras. Poco a poco, el Deportivo Cali, al igual que la mayoría de los equipos colombianos, cayó en crisis. En 1954, los Azucareros fueron penúltimos; en 1955, coleros, y en 1956 ni siquiera pudieron participar en el campeonato. Luego reaparecieron en 1959.
© Archivo Zicodélico.
Valeriano López, portada de la revista Estadio (24 de septiembre de 1949).
Fue en esos derrochadores años del Dorado cuando los hinchas del Cali adoptaron una canción que se les volvió una especie de himno: Pachito E’ché. El comentarista Samuel Duque ponía a sonar ese porro, compuesto por Álex Tovar, minutos antes de los partidos y cuando el equipo marcaba un gol. Cuando todo era alegría en el estadio, en los parlantes sonaba: “¿Quién es? ¿Quién es? / Ya lo voy a decir, / ya lo voy a decir, / ya lo voy a decir…”. Y los hinchas respondían: “¡Cali!”.
Valeriano López fue la estrella excluyente del Deportivo Cali en el Dorado. Un talento al que, pareciera, no se le ha dado su verdadera dimensión. Tuvo otra etapa en el club caleño en 1961 y, en total, anotó 52 goles en 50 partidos jugados en la Liga colombiana. Es uno de los tres futbolistas sudamericanos en la historia (junto con brasileño Arthur Friedenreich y al argentino Bernabé Ferreyra) que tienen más goles que partidos jugados: 207 anotaciones en 199 juegos.
Tiempo después de su retiro, López dijo: “En mis tiempos fui mejor que Di Stefano. Muy lejos. Cuando él empezaba a destacarse, yo ya era estrella. Y sinceramente creo que fui más espectacular en esos momentos que Pelé en su época. Aunque reconozco que el brasileño era un extraordinario jugador”16.
14 Diario Occidente. Las caleñas me acabaron: Valeriano. 19 de octubre de 1975.
15 El Tiempo. Que impresionó mejor el Deportivo Cali que Millonarios, afirman en Valparaíso. 4 de marzo de 1952.
16 El Gráfico. A la carta: Valeriano López. 15 de agosto de 2018. https://www.elgrafico.com.ar/articulo/%C2%A1habla-memoria!/32328/a-la-carta-valeriano-lopez
4. La sorpresa del DoradoDEPORTES CALDAS |
Arriba, de izquierda a derecha: A. Kersul, E. Navarro, C. Pulgarín, E. Cativela, U. Luengo, F. Perdomo, Londoño, H. González, M. Garrido, V. Vitatutas (Utilero). Abajo, de izquierda a derecha: A. Cuezzo (técnico), H. Hoyos, C. Arango, J. Ávila, R. Padín, N. Gómez, S. Tesori, J. Villalba y R. Martino. © Archivo Zicodélico. |
Deportes Caldas —que no Once Caldas— logró la hazaña de superar al Ballet Azul de Alfredo Di Stéfano, al Rodillo Negro de Valeriano López, al Santa Fe de René Pontoni y al Junior de Heleno de Freitas.
Un proyecto deportivo que no fue otra cosa que la retribución a un prócer del fútbol colombiano: el argentino Alfredo Cuezzo. El Viejo, como se le conoció, fue uno de los primeros jugadores extranjeros que arribaron al fútbol colombiano, actuó como delantero del Municipal de Bogotá (1939) y jugó en Santa Fe y Colo-Colo de Bogotá, todo en la era amateur de los años 40. Se entregó tanto a la causa de elevar el nivel del balompié de Colombia que, incluso, en 1948 fue árbitro de la incipiente liga profesional.
Para el torneo de 1949, Cuezzo colgó el silbato y fue nombrado D. T. de Deportes Caldas. La glosa romántica de esta historia revela que el equipo entró en quiebra y que los hinchas, con sus ahorros, pusieron plata de su bolsillo para salvarlo. Cuando las finanzas se equilibraron, al argentino le dieron las herramientas para armar un equipo a su medida.
Nómina estelar de Deportes Caldas en 1950
D. T.: Alfredo Cuezza
Por cuenta de la indisciplina que se había colado en el plantel —desde entonces los jugadores colombianos vivían un apasionado romance con la botella—, a Cuezzo lo enviaron un par de veces a traer jugadores de Argentina; no tanto figuras, sino tipos rendidores y juiciosos, le enfatizaron. Con ese rasero, el Viejo fichó a Ubaldo Luengo, Enrique Navarro, Jacinto Villalba —un delantero peruano que jugaba en Argentina—, Segundo Tessori, Rubén Padín, Norberto Gómez y Julio Stuka Ávila, un centro forward muy aguerrido que resultó ser la pieza fundamental de la campaña.
Una de las curiosidades de aquella nómina fue el portero Víctor Kriscuonas Vitatutas. Un lituano —sí, al Dorado también llegaron lituanos— que siendo adolescente había llegado a Argentina (escapando de la guerra), donde pasó por varios clubes del ascenso y fue suplente de Julio Cozzi en el famoso Platense de finales de los 40. Un valiente atajador que también resultó clave en la gesta del año 50.
Por el lado colombiano, los más destacados fueron el delantero samario Carlos el Maestro Arango —hábil y talentoso prócer del fútbol colombiano que, a sus 18 años, había sido el héroe del título de Colombia de los Juegos Centroamericanos de 1946 y quien luego tendría una larga y exitosa carrera en diferentes clubes del torneo local—, Héctor Torito Hoyos, Humberto González y Francisco Perdomo. Desde 1948, ya venían siendo importantes el chileno Mario Garrido y los argentinos Evar Cativiela, Alberto Kersul y Roberto Martino.
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© Archivo Tobías Carvajal.
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“El triunfo de Caldas se ha debido especialmente a la disciplina, que ha sido inquebrantable a todo lo largo del campeonato, dentro y fuera de la cancha. Este título constituye la mayor satisfacción de mi vida deportiva”*, Alfredo Cuezzo. * HJCK. Entrevista en “El Mundo en Bogotá” a Gonzalo Rueda Caro. 18 de septiembre de 1952. |
Cuezzo, que era una especie de adelantado, basó su proyecto en una férrea disciplina en la cancha —y en la casa—, en tiempos en los que poca atención se le prestaba a ese asunto. De hecho, se preocupaba hasta por la alimentación de sus muchachos, hasta el punto de que él mismo era quien les cocinaba. La fama de su sazón le sirvió para que, años más tarde, abriera un famoso restaurante en el centro de Bogotá que luego trasladó a Manizales bajo el indiscutible nombre de El Viejo Cuezzo.
En aquel campeonato de 1950, Deportes Caldas, de uniforme rojo —que no Once Deportivo, el otro club de Manizales que participó ese año de uniforme blanco—, fue apodado el Relojito Cuezzo, perfecta descripción de un equipo metódico, simple y firme. El 4 de junio, con su tictac, consiguió un importante resultado en un partido bisagra: perdía en casa 1-3 con el poderoso Deportivo Cali, pero, a fuerza de amor propio, logró empatar 3-3. De no haberlo hecho, los Azucareros se habrían escapado en la punta. A partir de esa tarde, logró amarrar nueve victorias consecutivas y así se hizo al liderato.
El 17 de septiembre, Caldas goleó de visitante al Bucaramanga (0-4) y, con una fecha de anticipación, el disciplinado equipo del Viejo Cuezzo logró uno de los títulos más heroicos y sorpresivos en la historia del fútbol profesional colombiano. Los Sabios —también les decían así— ganaron 20 partidos, empataron 5 y perdieron 5. Arango marcó 19 goles y Stuka Ávila fue el goleador del equipo y del campeonato con 24 anotaciones.
© Archivo Carlos Plata.
El Viejo Cuezzo atendía los más mínimos detalles de aquel Caldas campeón.
Aquel título dejó una excentricidad histórica que, con el tiempo, se convirtió en una eterna pregunta sin respuesta: ¿por qué Once Caldas —otro equipo de la ciudad que se fundó en 1961— se apropió de aquella estrella de Deportes Caldas?
El investigador manizaleño Mario Montoya Agudelo cuenta que, por problemas económicos, en 1952 desaparecieron Deportes Caldas y Once Deportivo. Entonces, con jugadores de ambos clubes, emergió el Deportivo Manizales, pero ese club solo participó en dos temporadas: 1952 y 1958. Y hasta ahí. Paralelamente, otros directivos de la ciudad fundaron el Atlético Manizales, pero su corta vida solo le dio para participar en 1954. “En 1959 surge la idea de estructurar un nuevo equipo que no recordara el pasado reciente […]. Así, con la ficha del Unión Magdalena, nació el Once Caldas en 1961 que no estaba ligado en nada con el desaparecido Deportes Caldas”17, escribió Mont
