Abuso del poder en México

Martín Moreno Durán

Fragmento

El poder en México

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EL PODER EN MÉXICO

En México, el poder no se ejerce, se explota. Y tiene, en el abuso del poder mismo, la principal fuente de atropellos, usura al precio de ser ciudadano: la corrupción, el sometimiento, la amenaza, el engaño, la tragedia. Arrodillamiento ante el dragón de mil fauces. Doblar voluntades con el mazo del poderoso.

¡Todos a callar, a obedecer, el abuso del poder está hablando!

Por más de setenta años ese poderío tuvo un nombre. El amo se llamaba Partido Revolucionario Institucional (PRI); a su amparo nacieron los abusos institucionalizados: las crisis financieras, los fraudes electorales, los cacicazgos, las matanzas estudiantiles, los crímenes políticos, los monopolios. El abuso del poder oficial.

Con la alternancia de papel, el Partido Acción Nacional (PAN) tuvo destellos del mismo abuso: de los hijastros presidenciales enriquecidos a las frivolidades y caprichos de la señora de la casa; del vacío de poder a la intervención grosera del Presidente en asuntos electorales; de la promesa de generar empleos a una guerra contra el narcotráfico sin estrategia ni brújula, desaforada y contabilizada en la numeralia de la muerte: 50 mil en todo el país, cientos de ellos civiles que estuvieron donde no tenían que estar. “Daños colaterales”, justifica la voz gubernamental. Mala suerte. Ni modo. “Me los mataron”, reclama la voz de las madres de inocentes en un país en estado permanente de violencia.

Izquierda con líderes ex priístas que hoy dominan el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Políticos con corazón y entraña priísta que junto a guerrilleros conversos, profesores desprestigiados o caudillos, son incapaces siquiera de ponerse de acuerdo para realizar una elección interna. Una izquierda salpicada de falsos izquierdistas. Una izquierda enferma para desgracia de la incipiente democracia mexicana.

México es —en el alma duele decirlo— el país de la impunidad.

Un país donde un Procurador de Justicia capitalino encarcela a inocentes sin pruebas, sólo para mantener la imagen política del gobernante —abuso y mentiras como pilares de la casa del embuste—, amparado en la indiferencia cruel, en el interés bastardo de la falta de humanidad.

Un país donde los sindicatos son fuente de poder político y de abuso oficial; de explotación de la educación básica por una sola persona —mujer ella—, intocable y cobijada por el manto de la residencia presidencial.

Un país donde ellos, los priístas, nos demuestran que no cambian ni cambiarán. No hay viejo ni nuevo PRI. Hay uno. Es el mismo. El de siempre. Con ex presidentes extraviados en sus delirios y en sus sueños de reivindicación histórica, que sólo gozarán bajo esa condición onírica: únicamente sueños, juzgados ya por el repudio nacional; con aspirantes a la presidencia bajo los rostros del priato más nocivo. El encubrimiento. La manipulación.

Un país en el que su presidente dice sentirse solo, muy solo, pero que en su soledad lleva a un compañero de camino y de dolor: México, que también se siente solo, muy solo.

Un país con una capital gobernada por un falso izquierdista amigo de la vanidad y del dispendio; hambriento de poder político aunque ello lastime conciencias; excelente hermano y buen ex esposo… a costa de los dineros públicos; ignorante deliberado de los derechos humanos; esgrimista de aquella máxima de conceder gracia al amigo y horca al rival.

Un país sacudido por las balas del crimen organizado, poderosas ante los embates de un gobierno desorganizado; pactos entre los barones del narcotráfico —las famiglias— ¿cómo y por qué se inició la guerra entre los cárteles mexicanos?; muertes masivas de civiles, periodi

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