Índice
Portadilla
Índice
Dedicatoria
Cita
Provocación inicial
I. Frenesí
Velocidad, velocidades
Tramposa continuidad
Seres mudables
Nueva soledad
¿Independencia? Lo deseable, lo posible
El gran privilegio
Prisioneros de Wells
Desasosiego
La terrible expropiación
II. Perturbación
La pantalla
Existencia e imagen
Bombardeo
Simultaneidad
Sin pausa
Oscuridad
Ese concreto fantasma
Asfalto y privilegios
Coctel del infierno
III. Vacío
Tedio
Territorio de tolerancia
Sed de intensidad
Inflación sensorial
La brújula de Frankl
Vacío tecnicolor
Demasiado yo
El mejor de los mundos
Aburrida intrascendencia
IV. Búsqueda
Péndulo
El Gran Ordenador
La popularidad de Dios
Misterios: ¿más o menos?
Perplejidad
Espejismo o delirio
¿Es peligroso Dios?
Gracias, Nietzsche
La permanencia de los ídolos
Naturalizar el espíritu
V. Ausencias
Nostalgia
¿Un gen religioso?
La incómoda palabra
Golpe al romanticismo
Y sin embargo…
La sonrisa como porcentaje
Instante
Tragedia y felicidad
VI. Fugacidad
Reloj
¡Concéntrate!
Cosa seria
¿Izquierda o derecha? ¿Feliz o infeliz?
El ogro
Felicidad de plástico
Teatralidad
VII. Despedida
De la mano de Antoinette
Bibliografía
Créditos
Grupo Santillana
No hay otra manera de alcanzar la eternidad
que ahondando en el instante, ni otra forma de
llegar a la universalidad que a través de la
propia circunstancia: el hoy y aquí.
ERNESTO SÁBATO
A la nueva generación de RH,
con el ánimo de compartir dilemas

PROVOCACIÓN INICIAL
“¿Cuál es la corriente filosófica predominante?”, me preguntó. Se me quedó mirando. Esperaba una respuesta sencilla. Quedé en silencio. Se me vino a la mente mi etapa de estudiante. En aquel entonces las confrontaciones eran más o menos claras. El marxismo y el existencialismo en sus diversas vertientes fueron muy populares. Había otras discusiones. La mayoría estaba por un ideal de igualdad a cualquier costo; los menos no aceptaban someter ninguna libertad a lo que consideraban un ideal borroso. También había quienes apoyaban las reivindicaciones del movimiento hippie, de un romanticismo sencillo. Las drogas irrumpieron en el escenario. Había discusiones definidas. De hecho, lo que estudiábamos eran precisamente las coordenadas conceptuales de cada batalla ideológica. ¿Había una corriente filosófica predominante?
Dependía mucho del país. El mundo bipolar era mucho más que una división política. Existían aldeas y no aldea global. También era relevante en qué sitio se estudiaba y por supuesto quiénes eran los profesores seleccionados. Se sabía a qué ejército pertenecía cada quien. Lo común era la militancia. Abstenerse era visto como cobardía. Se hablaba de la literatura de compromiso, del arte como una misión a favor de algo. Cruzaron por mi mente muchos debates. ¿Una corriente predominante? Difícil reducirlo todo a una sola. Eso sí, todos luchaban por ser predominantes, por derrotar al otro. De ahí mi duda. ¿Es deseable el predominio de una corriente? Mirando en retrospectiva me parece claro que en aquel entonces había discusiones. ¿Acaso hoy no las hay? Por supuesto que sí, pero con diferencias.
En pleno inicio del siglo XXI no es evidente que las llamadas corrientes filosóficas sigan teniendo el mismo peso. En primer lugar, el papel público de los filósofos ha cambiado; de hecho existe toda una línea de pensamiento que sostiene que hay que preocuparse menos de lo público para lograr así una recuperación de lo privado. Se argumenta que la filosofía perdió mucho tiempo agobiándose con lo público, que su misión ahora es otra. La privacidad y el fortalecimiento de la individualidad deben estar en el centro. Pero privacidad no es necesariamente introspección, tampoco búsqueda de sentido. El debate sobre lo que ocurre en la plaza pública corresponde a otros, dicen. ¿Será?
En segundo lugar está el fantástico vértigo tecnológico y científico que hoy vivimos y que parece haber introducido —sin demasiadas consultas— múltiples cambios en nuestras vidas cotidianas. Pero ¿nos hemos dado espacio para reflexionar sobre ellos, sobre si son lo que verdaderamente deseamos? O quizá se ha producido un desfase entre los hechos de nuestro diario acomodo en la vida y la reflexión que debe acompañar a esos cambios.
En tercer lugar, en cierto grado se ha perdido pretensión holística, de lectura de conjunto. La Weltanschauung no está de moda. La especialización, la necesaria especialización, tiene costos. Los seres humanos encargados de inventar nuevas fórmulas para trasmitir información no tienen por qué pensar en las consecuencias sociales de sus inventos. Los encargados de administrar las economías no tienen por qué estudiar la evolución de los valores de las diferentes sociedades. Siguiendo a un clásico, la economía no es la ciencia de la felicidad. Las personas que están detrás de las pantallas dando las noticias difícilmente tendrán tiempo para meditar sobre la depresión o sobre el efecto a largo plazo de lo que se transmite. El rating manda.
Dar un sentido a la vida como un todo ha sido la misión central de la filosofía. Sólo entonces respondí a mi interlocutora que en todo caso sería interesante saber por dónde anda la filosofía en este remolino de nuevas experiencias humanas. Debemos preguntárnoslo. Pero aun con esa salida mi respuesta no tuvo la claridad y contundencia que mi interlocutora esperaba. Quedé inquieto. Esa pregunta es el origen de estas líneas.
Este libro es un intento de respuesta a esa sana provocación. Tiene como objetivo resumir al lector algunas de las discusiones filosóficas y vitales que están en curso; en ocasiones de manera ruidosa, en otras, inaudible. También, recordar otros debates que deberían sostenerse. El libro incorpora datos duros de las formas de vida que el ser humano se ha dado a sí mismo. Sería absurdo hacer una historia de las ideas. Para bien y para mal, la discusión hoy rebasa las posturas de ciertas corrientes e interpretaciones. El vértigo es tal que debemos incorporar las transformaciones de la vida misma y no sólo de los conceptos. Es esa vida cambiante la que demanda reflexión, darnos un espacio para cavilar sobre el rumbo de la marea que nos circunda, nos envuelve y nos arrastra.
Además, la gran cantidad de información disponible provoca un nuevo fenómeno: quizá estemos frente a las primeras generaciones que padecen un exceso de información, es decir, un cúmulo no digerido de hechos de los cuales, cuando más, tenemos alguna referencia. Si sumamos todos los textos especializados que se publican en internet y otras fuentes llegaremos a la conclusión de que la información de hoy es de tal magnitud, y los posicionamientos tan diversos, que resulta difícil seguir un debate. Es como una aparición inc
