Introducción
Este libro es la historia de mi camino hacia la recuperación, es el inicio de una nueva vida. Cuenta mi proceso de sanación de la bulimia y otras adicciones. Todo lo que aquí se presenta, por doloroso o fuerte que parezca, es verdadero.
Por encima de las críticas y los juicios que genere, mi más grande anhelo es llegar al alma y a los corazones de mis lectores, darles un rayo de luz entre tanta oscuridad. Aunque no soy la única con estos problemas, creo que muchos seres humanos —mujeres y hombres, adultos y jóvenes— podrán identificarse con mi testimonio.
Hoy, los desórdenes alimenticios y las adicciones son lo in, es de lo más popular y aceptado por nuestra sociedad. Ser hipster o junkie para algunos es considerado como algo cool, porque te vale madre todo, pero te pasas la vida agotando tu energía en ocultar tus debilidades, tu sufrimiento: tu corazón vulnerable. En este mundo dual, lleno de incongruencias, donde nos queremos curar de todo y, al mismo tiempo, no nos queremos curar de nada; nos resistimos a tomar la medicina. Aunque, la falta de herramientas no sea el problema.
Este libro contiene revelaciones muy fuertes. Elegí hacerlo así porque, muchas veces, estas enfermedades de naturaleza caótica se mantienen como secretos bien disfrazados, y ya es hora de que salgan a la luz como en verdad son.
Con frecuencia escucho a la gente decir: “Sí, tuve bulimia o (cualquier otra adicción), pero me interné en tal clínica, o leí tal libro que me cambió por completo la vida y, es más, empecé una campaña contra eso y ahora todo perfecto”. Sí, ajá, bien por ti, ¡pero eso no es de gran ayuda ni es del todo cierto! Si el mundo funcionara así, no estaríamos como estamos, pues CAMPAÑAS, SOBRAN.
La gente sabe bien de qué pie cojea. Hace mucho que el problema dejó de ser “la falta de información”, más bien estamos saturados de ella y, en vez de ayudar, crean un buen de confusión. Todos saben que los desórdenes alimenticios —como la bulimia y la anorexia— o las drogas te llevan a la muerte; no necesitas estar iluminado ni tener un gran nivel académico para comprender que las drogas, incluyendo al tan excusado y aceptado alcohol, tarde o temprano, acaban contigo.
Aquí tengo que aclarar un punto, también el alcohol es una DROGA, aunque sea legal y muchos lo nieguen al decir: “No, yo no me meto nada, sólo chupo”. Ah, OK, sólo chupas, como si estar pedo no pusiera estúpido, entonces no cuenta, está bien. Really? ¿Qué piensan que es el alcohol? En fin, todos sabemos que esto y aquello “es bueno” o “es malo”; las etiquetas están muy claras. El problema no es ése, el problema es por qué lo seguimos haciendo, o, por qué lo hacemos de una manera autodestructiva. Explícame, ¿qué tiene de padre no saber lo que hiciste en tu peda?, ¿qué tiene de cool? Y, sorry to break it to you, pero si tus amigos se ríen contigo de tus pedas y tus vergüenzas, lo hacen por cortesía y por hipócritas porque, tal vez, piensan que eres un pendejo y, créeme, no les importa mucho tu vida. El amigo que en verdad te quiere no formará parte de tu equipo para romperte la madre, te lo aseguro. No sé en qué momento acabar ahogado se convirtió en sinónimo de chingón. Y sí, yo fui de esas, yo alguna vez fui “la pendeja”, por eso sé de qué hablo. Pero en todo es así, no nada más en el alcohol.
A nadie le importa que las cajetillas de cigarros tengan fotos de hígados negros y podridos, ni que esté escrito en letra a prueba de idiotas que pueden MATARTE. Piénsalo, no se redujo, ni un poquito, la venta de cigarros después de que en nuestro país obligaron a las empresas a imprimir esa información en sus paquetes. O en el caso de la comida, tampoco causó gran impacto el documental Súper engórdame, en el que Morgan Spurlock, su director y protagonista, comió los productos de MacDonald’s todos los días, por un mes, y casi se muere. La gente quizás pensó “pobre tipito, qué mal viaje”. Nos la pasamos excusándonos de todo, somos súper creativos para argumentar por qué hacemos lo que hacemos, aun en detrimento de nuestra salud y bienestar.
La pregunta central es ¿por qué no hay una solución real a estos problemas? Parece que no vamos a ninguna parte a pesar de todos los esfuerzos por mejorar, a pesar de las veinte mil campañas contra esto y contra aquello, a pesar de los cientos de clínicas, grupos, psicólogos, terapias y libros. ¿Qué está pasando?
No quiero decir que los grupos, las clínicas y demás sean un fracaso, cero, pero no estamos logrando transformar la conciencia humana. Somos el equivalente a la piedra sobre la que Miguel Ángel hizo El David, ya existimos perfectos pero hay que picar piedra, tallar y pulir para llegar a esa perfección, y todo lo que hemos hecho hasta ahora es tallar un poco por aquí, medio pulir un poco por allá; sin haber llegado a tocar esa división entre la vil piedra y la obra de arte, ésa que en nosotros está en forma de carne y espíritu. Repito, no creo que sea por falta de información y recursos, sino que, en un nivel más profundo, la verdad NO QUEREMOS CAMBIAR, ESTAMOS “CÓMODOS” CON LA ENFERMEDAD Y LA MEDIOCRIDAD, porque evolucionar y trascender implica DISCIPLINA, TRABAJO Y PERSEVERANCIA pero, por desgracia, la mayoría tendemos a seguir la ley del menor esfuerzo y de la gratificación instantánea. Hoy por hoy sobrevivimos; no VIVIMOS. La vamos llevando, diciéndonos cosas como: “bueno, me conformo, mínimo, no estoy como mi pobre vecino…”
No es suficiente repetirnos novecientas veces: “Soy un chingón, todo está bien, la abundancia llega a mí, o todo pasa por algo”. Sí, las afirmaciones ayudan, pero tenemos que actuar en congruencia con ellas. La magia de la vida no trabaja sola, necesita que hagamos nuestra parte del trabajo. Y, aunque todo tiene una razón de ser, muchas veces eso que nos pasó es consecuencia de nuestras propias acciones, por flojos e ignorantes, y no por obra del Espíritu Santo. He tratado a personas que se quejan de una situación; les recomiendo un libro o que vayan a tal taller o que cambien su dieta o que escuchen a tal persona, pero no, les da güeva, mejor se quedan como están, mal que bien, ese estado lo conocen, ya se acostumbraron y no quieren instruirse ni hacer el mínimo esfuerzo y, así, ¡está cabrón!
Como te dije al principio, esta historia es fuerte porque las adicciones son fuertes. Lo que me inspiró a escribir este libro fue mi búsqueda de la recuperación, pues cuando estaba desesperada por salir de mi abuso de alcohol y de mi bulimia crónica, nunca encontré libros con los que pudiera identificarme; lo que había era gente que escribía sobre lo chingona que era su vida gracias a que se había curado de tal o cual cosa, incluso algunos libros mencionaban literalmente que la parte de su enfermedad no sería mencionada, más bien le entraban leve al asunto. Y, llámenme metiche, yo necesitaba saber de su vida en la enfermedad porque era ahí donde yo estaba en ese momento; quería saber si alguien había pasado por lo mismo. Como no sabía de alguien, porque por vergüenza no lo hablaba con nadie, ni buscaba ayuda, me consideraba jodida y deseaba no sent
