Voy a ser papá

Fragmento

Voy a ser papá

INTRODUCCIÓN

Cuando mi esposa se embarazó de nuestro primer hijo, yo estaba más feliz que nunca. El embarazo, trabajo de parto y el nacimiento del bebé conformaron una época de cercanía, ternura y pasión increíbles. Mucho antes de casarnos, mi esposa y yo nos habíamos comprometido a participar igualitariamente en la crianza de nuestros hijos. Y parecía natural que el proceso de la paternidad compartida iniciara desde el embarazo.

Dado que ninguno de nosotros había tenido hijos antes, estábamos bastante mal preparados para el embarazo. Por fortuna para mi esposa, literalmente existen cientos de libros y otros recursos diseñados para educar, alentar, apoyar y confortar a las mujeres durante sus embarazos. Pero cuando finalmente me di cuenta de que yo también estaba esperando (aunque de un modo muy distinto) y de que el embarazo hacía aflorar sentimientos y emociones que no comprendía, sencillamente no encontré fuentes de información para mí. Busqué las respuestas en los libros de mi esposa sobre el embarazo, pero el tema de los futuros padres, si acaso figuraba, era abordado con superficialidad y consistía mayormente en consejos sobre la manera en que los hombres deben apoyar a sus esposas embarazadas. Para empeorar aún más las cosas, mi esposa y yo fuimos la primera pareja de nuestro círculo de amistades en embarazarse, lo que implicaba que no tenía yo a nadie con quién hablar sobre lo que me estaba sucediendo, nadie que pudiera asegurarme que lo que sentía era normal y correcto.

Hasta hace bastante poco, había escasas investigaciones sobre las experiencias emocionales y psicológicas del futuro padre durante el embarazo. El título mismo de uno de los primeros artículos que apareció sobre el tema, da una idea de la actitud que las comunidades médica y psicológica tenían respecto del impacto del embarazo en los hombres. Escrito por el doctor William H. Wainwright y publicado en julio de 1966 por el American Journal of Psychiatry, el texto estaba intitulado: “La paternidad como detonador de la enfermedad mental”. (Otro maravilloso título que vio la luz en la misma época fue: “Psicosis masculina en relación con el embarazo y el parto de sus esposas”.)

Sin embargo, como pronto descubrirás, la experiencia de un padre que está viviendo el tránsito a la paternidad no se limita a la emoción —o a la enfermedad mental— de ser el caso este libro jamás se habría escrito. La realidad es que la respuesta emocional de los hombres ante el embarazo no es tan distinta de la femenina; los futuros padres sienten todo, desde el alivio hasta la negación, desde el temor a la frustración y desde la ira hasta la felicidad. Y hasta 80 por ciento de los hombres presentan también los síntomas físicos del embarazo.

¿Por qué no se ha discutido más la experiencia masculina? En mi opinión, se debe a que nosotros, como sociedad, valoramos la maternidad más que la paternidad, y asumimos automáticamente que los temas de embarazo, parto y crianza de los hijos son cuestiones de mujeres. Sin embargo, como pronto aprenderás —tanto con la lectura de este libro como gracias a tu propia experiencia—, ése no es el caso.

¿Quién es, precisamente, la persona que escribió este libro?

Desde el principio mismo, mi meta al escribir este libro fue ayudar a los padres a entender y obtener sentido de todo lo que sucede durante el embarazo. La razón para ello es simple: mientras mejor comprendes lo que está sucediéndote, mejor preparado estarás y más te interesará involucrarte y permanecer involucrado durante el embarazo. Las investigaciones han demostrado que, mientras más pronto se involucren los padres (y, en este sentido, el embarazo es el punto más temprano en que podemos hacerlo), más se involucrarán después del nacimiento. Y eso es bueno para tu hijo, bueno para ti y bueno para tu relación con la madre de la criatura.

Todo eso está muy bien, por supuesto, pero depende claramente del hecho de que tu pareja esté embarazada. De modo que una buena comprensión de su perspectiva del embarazo —tanto emocional como fisiológica—, es esencial para entender tus propias reacciones. Ésta fue precisamente la perspectiva que brindó Jennifer Ash, junto con mi esposa y cientos de madres embarazadas por primera vez que he entrevistado a lo largo de los años. A lo largo del proceso de escritura de este libro, todas estas mujeres contribuyeron con información valiosa y comentarios, no sólo referentes a la experiencia del embarazo, sino en relación con el tipo de involucramiento que las mujeres esperan de los hombres y el impacto que ésta tiene en el proceso de gestación entero.

Una nota sobre la estructura

A lo largo de esta obra traté de presentar información práctica y sencilla en un formato de fácil asimilación. Cada uno de los capítulos principales está dividido en cuatro secciones:

¿Qué le sucede a tu pareja?

Aunque este libro trata sobre lo que tú, como padre, experimentas durante el embarazo y cómo puedes involucrarte mejor, es muy importante que entiendas por lo que está pasando tu compañera y cuándo tiene lugar. Por esta razón, sentimos que era importante empezar cada capítulo con un resumen de la experiencia física y emocional de tu compañera durante la gestación.

¿Qué sucede con el bebé?

No es del todo fácil experimentar el embarazo sin un bebé, ¿o sí? Esta sección te adentrará en el progreso de tu futuro bebé —desde el esperma y el óvulo hasta llegar al infante viviente que respira, pasando por todo lo demás.

¿Qué pasa contigo?

Esta sección abarca el amplio rango de sentimientos —buenos, malos e indistintos— que probablemente experimentarás en algún momento durante el embarazo. También describe cosas como los cambios físicos que puedes experimentar, tus sueños, tus valores cambiantes, tus relaciones con otras personas y la forma en que el embarazo puede afectar tu vida sexual.

Seguir involucrado

En tanto que la sección titulada “¿Qué pasa contigo?” cubre la parte emocional y fisiológica del embarazo, este apartado te ofrece hechos específicos y consejos sobre lo que puedes hacer para lograr que el embarazo sea tan tuyo como de tu pareja. Por ejemplo, encontrarás recetas nutritivas y de fácil preparación, información sobre cómo iniciar un fondo para los estudios universitarios del bebé, valiosos consejos sobre cómo aprovechar al máximo tus clases de embarazo y nacimiento, excelentes formas para empezar a comunicarte con tu bebé desde antes de que él o ella nazca, tips para encontrar el equilibro ideal entre la familia y el trabajo (pista: no hay tal cosa, pero con planeación puede que te acerques un poco). Además, aquí y allá encontrarás consejos sobre cómo apoyar a tu pareja y cómo permanecer involucrado en cada etapa del embarazo.

Voy a ser papá cubre más de los nueve meses que dura el embarazo. Hemos incluido un capítulo detallado sobre la labor de parto y otro sobre las cesáreas. Ambos te prepararán para el gran evento y te dirán cómo ayudar a tu pareja durante el nacimiento mismo. Tal vez más importante, estos capítulos te prepararán para el cúmulo de emociones abrumadoras que puedes experimentar cuando tu pareja está en trabajo de parto y cuando nace tu hijo.

También incluimos un capítulo especial dedicado a las principales preguntas y preocupaciones que puedes tener respecto del cuidado de tu bebé, y el proceso de conocimiento mutuo que se da durante las primeras semanas posteriores a su llegada a casa. Si aún no te lo han regalado, recomiendo que corras a comprar tu copia de The New Father: A Dad’s Guide to the First Year y Fathering Your Toddler: A Dad’s Guide to the Second and Third Years. Estos libros retoman el tema justo donde nosotros lo dejamos y continúan con el proceso de darte las habilidades, el conocimiento, la confianza y el apoyo que necesitas para ser el mejor padre posible.

Hacia el final de este libro hay un capítulo llamado “La paternidad en nuestros días”. En éste aprenderás a reconocer —y superar— los muchos obstáculos que puedes encontrar en el camino a convertirte en un padre activamente involucrado.

Conforme avances en Voy a ser papá debes recordar que el proceso de convertirse en papá es distinto para cada hombre y que ninguno de nosotros reaccionará ante la misma situación de forma idéntica. Podrías encontrarte con que lo descrito en el apartado de “¿Qué pasa contigo?”, en el capítulo dedicado al tercer mes, no tendrá realmente sentido para ti hasta el quinto mes, o también puede suceder que lo expuesto ya lo hayas experimentado en el primer mes. He tratado de agrupar las ideas y actividades de la sección “Seguir involucrado” en función de las etapas específicas del embarazo. Sin embargo, es tu bebé, así que si quieres hacer las cosas en un orden distinto, adelante.

Una nota sobre la terminología

Esposa, novia, amante, él, ella...

En un intento por evitar ofender a alguien (sistema que, según he descubierto, termina por ofender a todos), hemos decidido referirnos a la mujer que está esperando a tu bebé como “tu pareja”. Y debido a que tienes las mismas probabilidades de que tu pareja tenga un niño o una niña, hemos alternado “ella” y “él” cuando nos referimos al bebé (excepto cuando algo se refiere específicamente a los niños o a las niñas).

Hospitales, médicos...

No todos los que tienen un bebé lo hacen en un hospital o bajo los cuidados de un médico. Aún así, dado que éste es el escenario más frecuente, elegimos referirnos al “hospital” cuando hablamos del sitio en que nace el bebé, y elegimos hablar de “médicos”, “enfermeras”, “profesionales médicos” o de “practicantes” —excepto, por supuesto, en las secciones que tratan específicamente del nacimiento en casa o de las parteras.

Como regla general, los papás de hoy (y los que están “esperando”) quieren estar mucho más involucrados con sus hijos de lo que pudieron estarlo sus propios padres. Creo firmemente que el primer paso en el camino al involucramiento pleno es adoptar un papel completamente activo en el embarazo. Y tenemos la esperanza de que, cuando termines de leer Voy a ser papá —el libro que a Jennifer le hubiera gustado comprar para su esposo cuando ella estaba embarazada, y el libro que me hubiera gustado tener cuando esperaba a mi hijo— estarás mejor preparado para participar en esta importante nueva fase de tu vida.

¿Y para qué involucrarte desde ahora, antes incluso de convertirte en papá? Para decirlo llanamente, porque es bueno para tu hijo, tu pareja y para ti. Como se mencionó líneas arriba, involucrarse durante el embarazo es buena señal de que se estará involucrado después del embarazo. Y los niños que crecen en hogares en que el padre participa activamente tienen un mejor desempeño en matemáticas y ciencias, son más sociables, más tenaces al resolver problemas; al pensar se adentran muchísimo en el futuro, tienen menos probabilidades de usar drogas o alcohol o de convertirse en padres adolescentes.

Cuando el futuro padre se involucra durante el embarazo, él y su pareja tienen más probabilidades de estar juntos para el tercer cumpleaños de su criatura en comparación con las parejas en que el padre no participa tanto. Las mujeres embarazadas cuyas parejas participan desde la etapa prenatal tienen más probabilidades de gozar de cuidado prenatal y, si fuman, es más fácil que dejen de hacerlo. Y de acuerdo con la investigadora Jacinta Bronte-Tinkew, las mujeres que tienen parejas que no las apoyan durante el embarazo tienen “más posibilidades de percibir su embarazo como no deseado”. Finalmente, al involucrarte desde ahora haces más probable que tu pareja dé el pecho a tu bebé (después hablaremos de lo importante que es esto).

En tu caso, el ser un padre involucrado disminuirá las probabilidades de que participes en actividades de riesgo. Es posible que empieces a cuidarte mejor, a ser más feliz en la relación con tu pareja e incluso tendrás un mejor desempeño en el trabajo.

Lo nuevo en esta edición

En los años transcurridos desde que se publicó la primera edición de The Expectant Father, literalmente he recibido miles de cartas (sí, la gente sigue enviando cartas) y correos electrónicos de lectores que ofrecen comentarios y sugerencias para mejorar este libro. He incorporado muchas de ellas en esta edición, y sé que, como resultado, el libro ha mejorado mucho. Déjame darte una idea rápida:

•Padres adoptivos. Aunque tu pareja no esté embarazada en la actualidad, se puede decir que ustedes siguen estando “embarazados psicológicamente”. De hecho, varias investigaciones sugieren que, en los meses que anteceden la adopción del niño, los futuros padres adoptivos enfrentan los mismos asuntos emocionales y psicológicos que han de enfrentar los futuros padres biológicos.

•Embarazos múltiples. Aumentamos las secciones dedicadas a los futuros padres de gemelos, trillizos y demás.

•Superar la infertilidad. Conforme la edad promedio de los nuevos padres aumenta, más y más parejas experimentan infertilidad. Por eso hemos incluido todo un capítulo dedicado a la infertilidad en el “Apéndice”, así como información sobre lo que puedes hacer para que tú y tu pareja tengan más posibilidades de concebir.

•El arte de la paternidad. Cada vez más parejas conciben por medio de las tecnologías de reproducción asistida (TRA), que incluyen la fertilización in vitro (FIV), la inseminación artificial, la donación de esperma, de óvulos y las gestantes subrogadas (a quienes se les llamaba madres sustitutas). Hemos incluido algunas secciones que tratan de los fascinantes temas que enfrentan los padres que usan TRA y sus parejas.

•Papás militares. Cada año, un gran número de hombres (y mujeres) de todos los rubros del servicio militar pasan al menos parte del embarazo de sus parejas a miles de kilómetros de distancia. Muchos regresan a casa para encontrarse con un niño que ha nacido mientras estaban de servicio. Siendo marino (salí hace tiempo pero, como todos sabemos, no existe cosa alguna llamada “ex marino”), sabía que debía hacer todo lo posible para ayudar a otros compañeros. Por eso he incluido en este libro varias secciones diseñadas para ayudar a que los futuros papás militares permanezcan involucrados antes, durante y después del embarazo, de modo que estén listos para lo que venga al regresar a casa. Abordo estas situaciones con mucho mayor detalle en mi libro The Military Father: A Hands-on-Guide for Deployed Dads.

Necesitamos tu ayuda

Adoro conocer tus experiencias, sentimientos, comentarios y sugerencias, y trataré de incorporarlas a las futuras ediciones de este libro. Puedes enviarme un e-mail a armin@MrDad.com. Y, siempre y cuando estés en línea, por favor visita mi página web (mrdad.com).

Ahora, cierra los ojos, respira hondo y ¡comencemos esta nueva y maravillosa etapa de tu vida!

Voy a ser papá

LAS PRIMERAS DECISIONES

Entre las primeras cuestiones de importancia que tú y tu pareja deberán enfrentar después de saber que ella está embarazada, se cuentan: ¿En dónde tendremos al bebé? ¿Quién nos ayudará en el parto? ¿Cuánto costará todo esto? Hasta cierto punto, las respuestas dependerán de tu agente de seguros, pero existen opciones a considerar. Al sopesar todas las posibilidades, brinda a tu pareja al menos 51 por ciento del voto. Después de todo, la decisión final en realidad la afecta más a ella que a ti.

Dónde y cómo

Hospitales

Para la mayoría de las parejas —especialmente las que serán padres por primera vez—, el hospital es el lugar más común para dar a luz. También, desde el punto de vista de mucha gente, se trata de la opción más segura. En el poco probable caso de que surjan complicaciones, la mayoría de los hospitales cuentan con especialistas disponibles 24 horas al día y con todo el equipo y medicamentos necesarios para salvar vidas. Y en esas difíciles horas o días que siguen al nacimiento, las enfermeras del lugar monitorean al bebé y a la madre y ayudan a ambos padres con las docenas de preguntas que pueden surgir. También te sirven como barrera de protección y ayudan a mantener a raya a los intrusos no deseados. Si puedes elegir entre varios hospitales de tu zona, asegúrate de visitar cada uno antes de tomar la decisión.

La mayor parte del tiempo, terminarás acudiendo al hospital en que el médico de tu pareja o la partera tengan privilegios (o al que te impone tu plan de seguros). Algunas personas hacen las cosas al revés: primero eligen el hospital y luego encuentran un profesional que esté asociado con ese hospital.

Muchos hospitales disponen ahora de cuartos para dar a luz (o de centros completos para la atención natal) y están cuidadosamente decorados para lucir menos estériles y médicos, pareciéndose más a la recámara de un hogar, aunque el efecto percibido semeja más a la experiencia de estar en un pintoresco hostal. La decoración acogedora supuestamente hará que tú y tu pareja se sientan más cómodos, pero a pesar de que los muebles de madera ocultan astutamente el sofisticado equipo de monitoreo, los gabinetes llenos de equipo estéril, las enfermeras que visitan cada hora para hacer un examen pélvico de tu pareja y demás cuestiones, harán difícil que olvides en dónde estás. Ten en cuenta que en algunos hospitales las habitaciones para el nacimiento se asignan al primero en llegar, así que no cuentes con que te toque una (a menos que puedas convencer a tu pareja de empezar el trabajo de parto antes que todas las demás ese día). En otros hospitales, todas las salas de parto son también habitaciones para el nacimiento, así que no tendrías este problema.

Por su naturaleza, los hospitales son sitios muy activos y tienen toda suerte de políticas y reglas que pueden o no tener sentido para ti. Dar a luz en un hospital generalmente implica menos intimidad para ti y tu pareja, y más procedimientos rutinarios (a veces invasivos) para ella y el bebé.

Dicho lo anterior, si tu pareja es considerada de “alto riesgo” (lo que significa que está embarazada de gemelos o de más bebés, que tiene más de treinta y cinco años, que ha tenido complicaciones en partos anteriores o en este embarazo, que presenta cualquier factor de riesgo médico o que simplemente ha sido clasificada así por el practicante a cargo), el nacimiento en un hospital será —y debe ser— tu única opción.

Centros independientes para el nacimiento

Entre uno y dos por ciento de los nacimientos tienen lugar fuera de un hospital; cerca de 30 por ciento de estos suceden en centros de nacimiento privados. Por lo regular están atendidos por enfermeras-parteras certificadas. Estas instalaciones tienden a ofrecer una experiencia más personal del proceso de nacimiento. Lucen y se sienten muy parecido a una casa (tienen bonitos tapices, tinas de hidromasaje y a veces hasta cocina). Por lo general, son menos rígidos que los hospitales y están más dispuestos a satisfacer solicitudes especiales que ustedes pudieran requerir. Por ejemplo, en estos sitios se practican menos intervenciones quirúrgicas de rutina, puede que permitan a tu pareja comer durante la labor de parto, lo que está rotundamente prohibido en la mayoría de los hospitales, y ella podrá usar su propia ropa (olvida esos desagradables vestidos de hospital, a menos que ella quiera uno). El personal también tratará de asegurarse de que tu pareja y tu bebé no se separen nunca. Una desventaja consiste en que tú y tu nueva familia extendida tendrán que dejar las instalaciones entre seis a diez horas después del nacimiento.

Los centros privados para el nacimiento están diseñados para atender los embarazos y nacimientos de bajo riesgo, los que no presentan complicaciones, así que puedes esperar revisiones previas al internamiento. Y no te preocupes: si algo no sucede exactamente como estaba planeado, estos centros para el nacimiento suelen tener convenios con médicos y hospitales, por lo que pueden estar integrados a uno o bastante cerca, a pocos minutos en ambulancia.

Si te interesa explorar esta opción, empieza por pedir una recomendación al profesional de la salud que atiende a tu pareja, o pídela a los amigos y familia.

El nacimiento en casa

Con toda su eficiencia de alta tecnología y con sus condiciones rigurosas, impersonales y antisépticas, los hospitales no son para todos. Como resultado, algunas parejas (menos de uno por ciento) deciden tener a su bebé en casa. El nacimiento doméstico ha existido siempre (antes de 1920, así tenían lugar la mayoría de los nacimientos), pero no ha gozado de las preferencias de la gente durante mucho tiempo. Sin embargo, está teniendo una suerte de resurgimiento conforme más y más personas (muchos de ellos ni siquiera son hippies) deciden intentarlo.

Mi esposa y yo consideramos la posibilidad de un parto en casa para nuestro segundo bebé, pero en última instancia decidimos en sentido contrario. En tanto que no me considero particularmente aprensivo, simplemente no logré imaginar cómo podíamos evitar estragos en la alfombra de la recámara. Pero lo que realmente nos decidió fue que nuestro primer hijo había nacido por medio de una cesárea de emergencia. Al temer la posibilidad de encontrar problemas de nuevo, optamos por la cercanía de los médicos.

Si piensas en la posibilidad de un nacimiento en casa, prepárate. Tener un bebé en casa es muy distinto a lo que nos presentan en esas viejas películas de vaqueros. Deberás asumir una responsabilidad mucho mayor en todo el proceso, si la comparas con la que tendrías al usar un hospital. Se requiere de mucha investigación y preparación. Cuando menos, vas a necesitar mucho más que sólo toallas limpias y agua hirviendo.

Tomar la decisión de dar a luz en casa no significa que tu pareja puede omitir el cuidado prenatal, o que ustedes dos deben planear las cosas para recibir al bebé a solas. Seguirán necesitando el contacto estrecho con un profesional médico que asegure que el embarazo progresa normalmente; también debes asegurarte de que durante el parto esté presente alguien con suficiente experiencia en el alumbramiento (no, no tu hermana o tu suegra, a menos que estén calificadas). Así que si estás pensando en transitar esta ruta, debes empezar por elegir una partera desde este momento.

Estadísticamente, es muy poco probable que elijas esta vía. Pero en caso de que la estés considerando, quiero ofrecerte algunas de las razones que la gente esgrime comúnmente para desear tener un bebé en casa, y también te presentaré algunas situaciones que convertirían a este tipo de parto en una posibilidad innecesariamente riesgosa.

El parto natural vs. el parto con medicamentos

En años recientes se ha puesto de moda el dar a luz “naturalmente”, sin medicamentos, analgésicos o intervención médica alguna. Pero el simple hecho de que sea popular no significa que esta opción es para todos. El parto y el alumbramiento serán una experiencia dolorosa —para los dos, aunque de forma diferente—, y muchas parejas eligen las ventajas que la ciencia médica ha aportado para aliviar el dolor y la incomodidad en el nacimiento. Sea cual sea tu elección, asegúrate de que ésta también sea la de tu compañera. Los defensores de algunos sistemas de alumbramiento están casi religiosamente comprometidos con la idea de un parto libre de medicamentos, al grado de hacer sentir fracasadas a las mujeres que eligen consumir algún analgésico. Además de hacer sentir culpa a muchos padres nóveles que deberían estar celebrando el nacimiento de su bebé, esa actitud militante sencillamente está fuera de contacto con la realidad.

Existen ventajas y desventajas asociadas a los nacimientos con y sin medicamentos; hablaremos de ellas cuando nos acerquemos más a la fecha en que tu bebé estará listo para nacer. Sin embargo, por ahora, lo más importante es ser flexible y no permitir que tus amigos, parientes o cualquier otra persona te presione para hacer algo que no deseas.

Tú y tu pareja podrían planear un nacimiento natural, pero pueden darse situaciones que requieran intervención especializada o el uso de medicamentos. Por otra parte, puede que estés planeando un nacimiento de tipo médico, pero llega a darse el caso de que una nevada deje atrapada a una pareja lejos de un hospital o de los analgésicos, o también puede suceder que el anestesiólogo se encuentre ocupado en una emergencia al otro lado de la ciudad.

¿Quién va a ayudarme?

En primera instancia, podría parecer que tu pareja es quien debe elegir al profesional de la salud; después de todo, es ella quien padecerá los pinchazos y demás molestias conforme el embarazo progrese. No obstante, considera que más de 90 por ciento de los futuros padres de hoy están presentes durante el parto de sus hijos, y que la vasta mayoría de ellos han estado implicados de modo significativo durante el resto del embarazo, por lo que muy probablemente tú también pasarás un buen tiempo con el profesional de la salud. Así que, de ser posible, deberías sentirte cómodo también con la elección final. He aquí a los personajes principales.

Obstetra particular

Si tu pareja tiene más de veinte años, probablemente ha estado viendo a un ginecólogo durante algunos años. Y dado que muchos ginecólogos también atienden asuntos obstétricos, no debe sorprenderte el que la mayoría de las parejas prefieran que el ginecólogo/obstetra (G/O) de la mujer sea quien atienda el nacimiento del bebé.

Los G/O particulares suelen ser la opción más cara, pero tu compañía de seguros asumirá probablemente una buena parte de la cuenta. Sin embargo, la mayoría de los G/O privados no son estrictamente privados; por lo regular tienen un cierto número de socios, lo que significa que el médico que visitas en tus citas de cuidado prenatal podría no ser el que atiende el parto. De modo que has de estar al tanto y de acuerdo con esta situación por si tu bebé decide presentarse un día en que tu médico regular no esté disponible. El parto y el nacimiento traerán consigo suficiente tensión como para tener que lidiar con un médico que no conoces.

La investigadora Sandra Howell-White descubrió que las mujeres que consideraban riesgoso el parto, o las que quieren participar en el manejo de su dolor, tienden a optar por los obstetras.

El médico familiar (MF)

Aunque muchos médicos familiares ofrecen cuidado obstétrico, no todos lo hacen, así que debes verificar con el tuyo para saber cuál es el caso. De no ser así, él o ella referirá a tu pareja con otra persona que cuide el embarazo y nacimiento. Una de las grandes ventajas de acudir a tu médico familiar es que, pasado el nacimiento, él o ella pueden ver a tu pareja y al bebé en la misma visita. El tiempo ahorrado en ir de médico a médico será bienvenido.

Al igual que la mayoría de los médicos, los MF participan frecuentemente en prácticas de grupo, por lo que no hay garantía de que el médico conocido estará disponible el día en que llegue el bebé. De manera que, si puedes, trata de conocer a los demás médicos que trabajan con el tuyo, así como también a cualquier G/O con el que tu médico familiar pudiera trabajar. (La mayoría de los MF no pueden hacer cesáreas o asistir partos, y necesitarán el apoyo de un G/O. Además, puesto que los seguros que cubren la responsabilidad médica relativa a la maternidad y el nacimiento son muy caros, muchos médicos familiares enviarán a sus pacientes embarazadas con un ginecobstetra que ya tenga ese tipo de cobertura. Asegúrate de sentirte cómodo con esta persona, ya que él o ella puede conducir el alumbramiento si las cosas se complican.)

POR QUÉ TENER AL BEBÉEN CASA

•El ambiente es más familiar, cómodo e íntimo.

•No te gustan —o temes— a los hospitales y a los médicos. O tal vez tuviste una experiencia negativa en un nacimiento previo.

•Ya has tenido uno o más nacimientos sin complicaciones en un hospital.

•Puedes rodearte de quien tú elijas.

•Es más probable que el parto transcurra tal como tú quieres. Tu pareja no será tratada como un paciente en la misma medida que sucedería en un hospital.

•Puedes atender los aspectos espirituales del parto, asunto íntimo que podrían desalentar en un hospital o que podría hacerte sentir apenado en éste.

•Los hospitales están llenos de enfermos, y es mejor estar lejos de ellos.

•Es más barato.

POR QUÉ NO TENER AL BEBÉ EN CASA

•Tu pareja tiene más de 35 años o ha sido advertida por su médico de que el embarazo es de “alto riesgo”.

•Espera gemelos (o más) o descubres que el bebé viene con los pies al frente y no de cabeza.

•Entra en labor de parto prematuramente.

•Ella desarrolla preeclampsia, un mal que afecta a 10 por ciento de las mujeres embarazadas y que puede derivar en complicaciones muy serias si no se detecta y trata a tiempo.

•Si ella es diabética o padece de males cardiacos o renales, si ha presentado hemorragia en un parto previo, si ha tenido una cesárea previa o si fuma cigarros.

•En caso de no tener seguro médico.

Las parteras

Aunque las parteras no son tan comunes en Estados Unidos como lo son en Europa y en otras partes del mundo, se están volviendo cada vez más populares. Podrías considerar la opción de integrar una al proceso, incluso si tu pareja tiene un obstetra de cabecera.

En el estudio realizado por Howell-White, las mujeres que esperan que sus parejas se involucren activamente en el parto y el alumbramiento, y aquellas que valoran de sobremanera la obtención de información sobre el proceso de nacimiento, tienen mayores probabilidades de optar por una partera. Lo mismo sucede en el caso de mujeres que aseguran no tener religión alguna.

Las enfermeras-parteras certificadas (EPC) son enfermeras con estudios que han cursado un mínimo de dos años de entrenamiento adicional en obstetricia, y que han aprobado exámenes especiales de certificación. Pueden recibir a los bebés en los hospitales, en los centros de nacimiento o en el hogar. Pero debido a que su entrenamiento suele centrarse en nacimientos de bajo riesgo y sin complicaciones, las EPC deben trabajar bajo la supervisión de un médico por si algo se presenta.

Algunos estados han creado una nueva designación, la de partera certificada (PC), que incluye a las practicantes que no son enfermeras, pero que se someten al mismo entrenamiento y presentan los mismos exámenes que las EPC para trabajar como parteras.

Muchos G/O comunes reconocen que algunas de sus pacientes podrían querer ser atendidas por una partera en el alumbramiento, por lo que disponen de EPC (en algunos casos de PC) en su equipo de trabajo. Entonces, oficialmente tu pareja está bajo el cuidado de un médico —cuyos servicios pueden ser pagados por la aseguradora— pero no dejará de obtener la atención personalizada que desea. Ten en mente que las parteras no son médicos por lo que sólo son capaces de atender casos de bajo riesgo.

También hay por ahí muchas parteras que no tienen ni certificación ni licencia. Este tipo de parteras suele tener mucha experiencia en trabajar con mujeres embarazadas e incluso pueden haber recibido una gran cantidad de entrenamiento especializado. Pero no están reguladas en la mayoría de los casos, pueden laborar en el ámbito doméstico, mas no en hospitales.

Al igual que las EPC o las PC, las parteras comunes deben trabajar con un médico en caso de emergencia.

Doula

Aunque parecería que el término tiene que ver con otro asunto, doula es en realidad un término griego que significa “mujer que atiende a otra mujer”. Muchas doulas han tenido hijos propios y todas ellas han cursado un programa de entrenamiento intensivo que les enseña a dar a la parturienta y a su pareja apoyo físico y emocional a lo largo del parto; también brindan información sobre el alumbramiento.

Las doulas no son profesionales de la salud; por lo común no están reguladas y pueden no ser particularmente bien recibidas en los hospitales. He aquí la descripción que hicimos la educadora Sarah McMoyler y yo, en nuestro libro The Best Birth, en cuanto a las relaciones a veces combativas que pueden desarrollar. “El problema es que algunas doulas tienen una agenda y consideran que su papel es proteger a la mamá y al bebé de lo que consideran son intervenciones innecesarias. A veces llevan esa agenda un par de pasos demasiado lejos y empiezan a jugar al médico, insertando sus opiniones no médicas en un ámbito hospitalario que se basa en la ciencia. Como cabe imaginar, esto puede crear tensión y confusión y es, francamente, completamente inapropiado.” Ya que esta actitud puede interferir con la capacidad de trabajo del equipo médico, hay hospitales de ginecobstetricia del país que han prohibido a las doulas estar presentes en las salas de parto. Habiendo dicho lo anterior, muchos estudios han demostrado que tener cerca a una doula puede reducir el tiempo de parto. Pero antes de pagar un anticipo, pide la opinión de tu obstetra.

QUÉ PREGUNTAR A TU POSIBLE PROFESIONAL DE LA SALUD

Además de graduarse en una escuela de medicina, los G/O pueden tener poco en común. Cada uno tendrá una filosofía y una aproximación ligeramente distinta respecto del embarazo y el nacimiento. Lo mismo puede decirse de las parteras (salvo por el asunto de la escuela de medicina). Así que antes de tomar una decisión definitiva sobre quién recibirá a tu bebé, debes obtener respuestas satisfactorias a las siguientes preguntas y a cualesquiera otras que se te ocurran. (Si es posible, haz una sola cita para formular estas preguntas. Nunca podrás averiguarlo todo en una cita de 15 minutos. Y no, no hay preguntas estúpidas, estamos hablando de tu pareja y de tu bebé.)

Especial para los G/O

•¿Qué le parece el que los padres estén presentes en los exámenes prenatales y durante el parto? ¿Le entusiasma el asunto o digamos que lo tolera?

•¿Recomienda algún método de preparación para el alumbramiento (Lamaze, Bradley y demás)?

•¿En qué hospital recibe a los bebés?

•¿Está certificado por la asociación médica correspondiente?

•¿Tiene alguna especialidad o entrenamiento especial?

•¿Cuántos socios tiene y cómo funciona su rotación?

•¿Qué porcentaje de los bebés de sus pacientes son recibidos por usted? ¿Cuáles son sus planes en caso de no poder estar ahí?

•¿Cuál es su opinión en el debate entre los que defienden lo natural y los que prefieren el uso de medicamentos?

•¿Qué piensa de las cesáreas, de la inducción al parto y de las episiotomías?

•¿Qué porcentaje de sus casos se resuelven por cesárea y cómo toma la decisión de proceder a la cirugía?

•¿Permite que los padres asistan a las ciru

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