
INTRODUCCIÓN
Estás a punto de tener una experiencia extraordinaria. Estás a punto de tener una conversación con Dios. Sí, sí, lo sé… no es posible. Probablemente piensas (o has pensado) que eso es imposible. Podemos hablarle a Dios, claro, pero no hablar con Dios. Vamos, que Dios no va a responder, ¿cierto? ¡Al menos no como una conversación normal o cotidiana!
Yo también lo pensé. Luego sucedió este libro. Y lo digo literalmente. Este libro no está escrito por mí; me sucedió a mí. Y al leerlo, te sucederá también a ti, pues a todos nos conduce hacia la verdad para la que estamos listos.
Mi vida podría ser mucho más sencilla si no hubiera compartido nada de esto. Sin embargo, ésa no fue la razón de que me sucediera, y sin importar cualquier inconveniente que este libro pueda causarme (como ser llamado blasfemo, un fraude, un hipócrita por no haber vivido estas verdades en el pasado o —quizá peor— un santo), no es posible que detenga el proceso ahora. Tampoco quiero hacerlo. He tenido oportunidades de alejarme de todo esto y no las he tomado. Decidí quedarme con lo que me indica mi instinto, en lugar de lo que mucha gente me dirá sobre este material.
Ese instinto dice que este libro no es una tontería, la sobreinterpretación de una imaginación espiritual frustrada o simplemente la autojustificación de un hombre en busca de reivindicar una vida descarriada. ¡Eh!, sí, he pensado en todas esas cosas, en cada una. Así que les di este material a muy pocas personas para que lo leyeran cuando todavía era un manuscrito. Se conmovieron. Y lloraron. Y se rieron por la alegría y el humor en él. Y sus vidas, según dijeron, cambiaron. Quedaron fascinadas. Les dio poder. Muchas dijeron que las transformó.
Entonces supe que este libro era para todos y que debía publicarse, pues es un regalo maravilloso para todos los que en verdad quieren respuestas y a quienes realmente les importan las preguntas; es para todos los que se han embarcado en una búsqueda de la verdad con sinceridad en su corazón, un anhelo en el alma y una mente abierta, es decir, básicamente para todos nosotros.
Este libro abarca la mayoría, si no es que todas, las preguntas que alguna vez hemos hecho sobre la vida y el amor, el propósito y la función, la gente y las relaciones, el bien y el mal, la culpa y el pecado, el perdón y la redención, el camino hacia Dios y el camino hacia el infierno… todo. Trata directamente el sexo, el poder, el dinero, los hijos, el matrimonio, el divorcio, la vida laboral, la salud, el más allá, el pasado… todo. Explora la guerra y la paz, saber y no saber, dar y tomar, la alegría y la tristeza. Aborda lo concreto y lo abstracto, lo visible y lo invisible, la verdad y la mentira.
Se podría decir que este libro es “la última palabra de Dios sobre las cosas”, aunque algunas personas puedan tener un pequeño problema con eso, particularmente si creen que Dios dejó de hablar hace dos mil años o que, si Dios se ha seguido comunicando, ha sido con santos, curanderas o alguien que lleva meditando treinta años, al menos unos buenos veinte o siquiera una cantidad decente, diez. (Ninguna de esas categorías me incluye.)
La verdad es que Dios les habla a todos, a los buenos y a los malos, a los santos y a los sinvergüenzas, y por supuesto a todos los que estamos en medio. Como tú, por ejemplo. Dios ha venido a ti de muchas formas en tu vida, y ésta es otra de ellas. ¿Cuántas veces has escuchado el viejo axioma: “Cuando el estudiante esté listo, el maestro aparecerá”? Este libro es nuestro maestro.
Poco después de que este material empezara a sucederme, supe que estaba hablando con Dios. Directa y personalmente. Irrefutablemente. Y que Dios estaba contestando mis preguntas en una proporción directa a mi capacidad para comprenderlas. Es decir, me estaba respondiendo en forma y con un lenguaje que Dios sabía que yo podía comprender. Esto explica mucho del lenguaje coloquial y de las referencias ocasionales a materiales que he reunido de otras fuentes y experiencias pasadas en mi vida. Sé que todo lo que ha llegado a mí en mi vida h
