“Amoda Maa es una voz fresca y clara de la esencia femenina que le habla directamente al corazón de cualquier persona que anhele la paz duradera en este mundo incierto y turbulento. La claridad de su epifanía brilla a través de sus palabras cada vez que nos convoca a encarnar de manera consciente la verdad viva en nuestra ordinaria existencia humana.”
—SHANTI EINOLANDER, fundadora de ONE The Magazine
“Con su elocuencia, Ilumínate nos desafía, de una manera honesta e íntima, a enfrentar nuestra experiencia tal como es y a despertar del trance del eternamente separado Yo que siempre está buscando algo. Es una descripción profundamente iluminadora de la manera en que la vida en el despertar transmuta las ordinarias áreas de las relaciones, el trabajo, el sexo, el dinero, el cuerpo y el propósito en la vida. Este llamado tan particularmente femenino y escrito de una forma bella e inspiradora, nos convoca a encarnar de una manera consciente el borde de la evolución en pleno despliegue. ¡Lo recomiendo ampliamente!”
—JOHN J. PRENDERGAST, PHD, psicoterapeuta, autor de In Touch y profesor adjunto de psicología en el California Institute of Integral Studies.
“Amoda Maa nos recuerda que la iluminación no es simplemente un orgasmo espiritual trascendental que nos permite conocernos como una conciencia permanente; nos invita a ir más al fondo de nuestra humanidad y a aceptar a las paradojas de la vida con un abrazo incondicional. La precisión y la amplitud, su profundidad y su consciente lenguaje, hacen de su voz una bocanada de aire fresco. Estoy seguro de que Ilumínate se convertirá en una verdadera compañía para quienes deseen recorrer un camino espiritual bien integrado.”
—MIRANDA MACPHERSON, autora de Boundless Love
“Con una claridad cristalina, una taza de compasión e intensidad casi poética, Amoda Maa desmiente el mito de la iluminación y aborda muchas preocupaciones y preguntas comunes respecto al proceso del despertar. En esta conversación no hay temas tabú, la autora desmantela el andamiaje de nuestras defensas y creencias: el mecanismo mismo de la búsqueda. Le recomiendo ampliamente este libro tan profundo y tan hermosamente escrito a cualquier persona en cualquier etapa de su evolución espiritual. Este libro te invita a lanzarte y a enfrentar tus heridas personales con ‘valor y con una tierna honestidad’; a desafiar tus creencias y a enraizar todo el florecimiento de tu conciencia en el centro de tu humanidad.”
—KIRTANA, cantante y escritora
“Amoda Maa es una guía gentil y poderosa que dirige un camino claro y honesto a través de la neblina de la confusión y los malentendidos acerca del despertar, y ofrece una luz nueva y reveladora sobre todo lo que antes era incierto o sobre lo que sólo se había especulado. Aquí, las antiguas y obsoletas formas de ver la liberación se hacen a un lado para dar paso a una visión más informada y rica de la iluminación, una visión que acepta nuestra sensibilidad del siglo xxi y no le huye a nada.”
—STEPHEN GAWTRY, gerente editorial
de Watkins Mind Body Spirit Magazine
“Conforme la invitación a despertar del sueño de la separación se siente cada vez con más fuerza, tanto a un nivel colectivo como individual, también aumenta la necesidad de hábiles guías familiarizados con este nuevo y paradójico panorama. Amoda Maa es una amiga así en el camino, una compañera amable pero rigurosa en el viaje hacia el despertar absoluto y hacia ser completamente humano. Ilumínate es un regalo hermoso y valioso para la humanidad emergente.”
—JULIAN NOYCE, fundador de Non-Duality Press
“Por mucho tiempo se ha relacionado la iluminación con un estilo de vida austero y solitario. Hoy en día, sin embargo, la gente completamente comprometida con responsabilidades terrenales también está abriendo los ojos, pero las tradiciones antiguas tal vez no respalden adecuadamente su despertar en medio de las preocupaciones del ‘mundo real’ como la salud, las finanzas y las relaciones personales. Amoda Maa es uno de los miembros más inteligentes de la nueva generación de maestros espirituales que están satisfaciendo esta necesidad. Se preparó para este papel a través de un desafío de transformación personal, y ahora lo está desempeñando de forma admirable.”
—RICK ARCHER, creador y anfitrión de Buddha at the Gas Pump
Prólogo
En las culturas asiáticas, las enseñanzas y las prácticas para despertar del sufrimiento causado por el “yo” separado y alcanzar la libertad y la alegría de nuestra verdadera naturaleza esencial, datan de hace miles de años. Como a menudo estas enseñanzas sólo estaban disponibles para algunos cuantos elegidos y se practicaban principalmente en lugares místicos, como monasterios y ermitas en los bosques, integrarlas a las preocupaciones cotidianas nunca fue un objetivo importante para la espiritualidad asiática.
Ahora, en cambio, estas enseñanzas y prácticas son muy accesibles para cualquier persona de Oriente u Occidente. Cuando se propagaron en la cultura moderna, sin embargo, chocaron inevitablemente con las preocupaciones personales como la salud psicológica, la subsistencia y las relaciones interpersonales. Por esta razón, el desafío consiste en detectar y trabajar con estas preocupaciones como parte integral del viaje espiritual. Esto ofrece la oportunidad de superar la antiquísima división entre lo espiritual y lo terrenal a través de un despertar seglar integrado a la vida cotidiana.
Uno de los mayores obstáculos para vivir una espiritualidad integrada es el fenómeno al que he denominado el rodeo espiritual, es decir, la popular tendencia a utilizar las ideas y las prácticas espirituales para no enfrentar problemas emocionales no resueltos, heridas psicológicas y tareas de desarrollo no finalizadas. Esto con frecuencia se manifiesta como una especie de trascendencia prematura, como un intento de estar por encima de la parte cruda y desorganizada de nuestra humanidad, sin haberla enfrentado y aceptado por completo.
El libro de Amoda Maa se puede considerar una guía al despertar terrenal, así como un antídoto para el rodeo espiritual. De una manera clara e incisiva, la autora explora cuidadosamente las distintas formas en las que los practicantes espirituales necesitan trabajar con su falible humanidad para llegar a encarnar la verdad trascendental. En sus palabras: “La disposición a aceptar la verdad personal en la búsqueda de la verdad absoluta es un componente necesario de la auténtica encarnación de la conciencia iluminada”. Mi deseo es que puedas sumergirte profundamente en este libro pletórico de guía genuina y útil para el viaje del despertar, así como de reflexiones sobre cómo éste puede iluminar todos los rincones ocultos de tu vida.
—JOHN WELWOOD
Autor de Toward a Psychology of Awakening
La historia de mi despertar
A menudo me preguntan acerca de mi vida y de mi historia personal de despertar, pero para mí el pasado es muy parecido a un sueño, y por eso no quiero aferrarme a él. Tantas situaciones cambiaron y siguen cambiando que ya no puedo encontrarme en ellas; el único lugar de descanso que he encontrado está en el “yo” consciente, y éste se encuentra vacío porque, como nace y muere a cada momento, no hay nada en él con qué identificarse. Sin embargo, sé que escuchar las historias de forma recíproca ayuda a encontrarle sentido a la experiencia humana y a tocar la universalidad de lo que significa estar vivo. Hay muchos detalles y sutilezas en mi historia, pero aquí te ofrezco lo suficiente para que te des una idea de lo que me instó a llegar al lugar donde me encuentro y a escribir este libro.
Como la mayoría de las historias de redención, la mía tiene muchos vericuetos. Las circunstancias de mi nacimiento y de mis primeros años fueron traumáticas y estuvieron envueltas en secrecía y vergüenza. No conocí a mi verdadero padre, y mi madre y su familia encubrieron el hecho de que se fue cuando nací. Como vivíamos en una pequeña isla griega en el Mediterráneo, en donde la vida aún era sencilla y se apegaba a las convenciones —particularmente en lo referente al papel de las mujeres en la familia y la sociedad— mi madre sufrió la desgracia social y cultural de ser madre soltera. Por esta razón, inventó una historia acerca de su vida que se alejaba mucho de la verdad.
En cuanto nací, la casaron con un hombre de una cultura muy distinta a la suya y la enviaron a Inglaterra para que empezara una vida nueva. Los primeros años fueron difíciles para ambas, pero yo adoraba al hombre que creía que era mi padre. Cuando tenía trece años, me confesó que no lo era, y mi mundo se desplomó.
En los años siguientes la vida siguió presentándome cambios inesperados que me hicieron cuestionar quién era y de dónde venía. Mucho tiempo después, ya siendo una mujer adulta, esta incertidumbre acerca de mis raíces ancestrales se convertiría en el cimiento de un camino de indagación personal, pero mientras fui niña y adolescente experimenté los sucesos no deseados como conmociones para mi delicado sistema nervioso. Algunas de estas conmociones fueron tan dramáticas que me dejaron muda por periodos prolongados. Fui sometida a violencia emocional, abuso sexual, frecuentes y abruptos cambios escolares, al repentino inicio de una guerra en la islita a la que nos habíamos mudado, a una evacuación militar de emergencia que nos llevó de vuelta a Inglaterra y a la pérdida de nuestro hogar y todas nuestras pertenencias. A esto lo acompañó el creciente alcoholismo de mi padre, la cada vez más abrumadora infelicidad de mi madre y sus cada vez más violentas peleas.
Por un tiempo, mi madre y yo vivimos en un “hogar para mujeres golpeadas”, hasta que una noche ella empacó nuestras cosas y sin dar explicación alguna me llevó a vivir con un desconocido. Después de eso no vi a mi padre por muchos años. Todos estos sucesos y otros más contribuyeron a una profunda sensación de vergüenza y confusión que tiempo después se transformaría en el catalizador de mi búsqueda espiritual.
Otra cosa que se convirtió en parte de la búsqueda de mi verdadera identidad fue mi confusión respecto a la comunicación y el lenguaje. La comunicación siempre fue un problema en mi casa, prácticamente desde que aprendí a hablar. La lengua materna de mi madre era el griego, y aprender los rudimentos del inglés le tomó varios años. Mi padre hablaba inglés muy bien, pero su acento marcado y su uso frecuente de palabras en alemán delataban su origen. Yo, por otra parte, sólo podía leer y escribir en inglés, y lo hablaba a la perfección. Supongo que esto me desconcertaba a cierto nivel, pero nuestra situación peculiar era normal para mí. Lo que no era tan normal era lo estricto de mi educación: jugar con otros niños fuera de la escuela, así como jugar con muñecas y muñecos de peluche, estaba absolutamente prohibido. Los cumpleaños y las Navidades siempre fueron ocasiones solemnes en las que, fuera de los piyamas, las calcetas y los uniformes escolares, los regalos más sorprendentes fueron un juego de lápices de colores y un cuaderno de dibujo.
El hecho de que me negaran lo que en aquel tiempo eran derechos básicos de los niños en el mundo occidental me dañó hasta la médula. Así, llegué a la conclusión de que era una niña defectuosa y de que merecía que me castigaran negándome lo que deseaba. Me sentía impura, sentía que no valía nada, por eso rezaba casi todas las noches.
Como era hija única y no tenía amigos, me aislé y me convertí en una niña introvertida; me refugié en un mundo de fantasía que era lo único que me proveía consuelo. Pasé incontables noches diseñando una vida secreta e imaginaria en la que todos los detalles estaban planeados con asombrosa complejidad, un mundo en el que no solamente tenía unos padres que me adoraban y me entendían, sino también todos los juguetes y vestidos que siempre había querido, una lista de amigos que me querían, una fascinante vida de aventuras y una noción de la magia que me llevaba a tierras lejanas e incluso al espacio. Sin embargo, este imaginado mundo perfecto en el que me sentía perfectamente a salvo, amada y feliz, nunca se hizo realidad.
Tiempo después, mi escape a la utopía se convirtió en una prisión. Para cuando llegué a la adolescencia ya me había separado por completo de la sensación de la intensidad de la vida. De hecho, me había impedido sentir. Punto. A los diecisiete años, cuando dejé mi casa para ir a la universidad, en lugar de sentirme feliz y libre como esperaba, me deprimí y me transformé en una persona inadecuada para interactuar en sociedad. Mis intentos frecuentes de suicidio me llevaron a creer que terminaría en un hospital psiquiátrico; me enviaron a ver a varios psicoterapeutas y psiquiatras, pero ninguno pudo ayudarme. Sólo me quedaba sentada mirando al suelo, incapaz de pronunciar palabra alguna, era como si me hubiera separado del mundo exterior y de mi mundo interior con una gruesa hoja de vidrio. Podía ver, pero no podía extender mi mano para tocar a alguien ni para sentir algo, ni siquiera podía hablar sobre mi aislamiento porque seguía negando que hubiera algo mal en mí.
Sorprendentemente, a pesar de este paisaje interior de oscuridad me sumergí con gran vigor en mis estudios. Invertí mi esperanza de salvación en el logro que representaría obtener un doctorado en psicología. El mecanismo de búsqueda que había alimentado mi mundo infantil de fantasía y perfección continuó siendo el motor de mi vida, sólo que en esta ocasión me llevó a trabajar una cantidad de tiempo increíble, casi al punto en que no hacía nada más. Durante doce años me enfrenté a muchos obstáculos, y luego, en tan sólo unos meses, de una forma inesperada y dramática, se derrumbó por completo la edificación de mi vida. No sólo ingerí algo de lsd, también empecé a correr largas distancias y a meditar, y esta potente combinación permitió una separación de los velos que cubrían la percepción condicionada y reveló la luminosa verdad de la realidad. De alguna manera, con estas experiencias sentí como si tocara la fibra de la existencia y entendí profundamente que la unidad era mi naturaleza y la naturaleza de todo. Después de esta revelación que sacudió mi mente y mi alma, nunca volví a ver el mundo de la misma forma. Ese estado, sin embargo, no perduró: todavía tendrían que suceder muchas cosas más en el mundo tridimensional.
A los veintiocho años me quedé sin casa y sin dinero, mi carrera académica llegó a un fin abrupto y el novio con el que había estado durante mucho tiempo me abandonó. Me quitaron mi casa, caí en bancarrota, me quedé sin ingresos y me despojaron de casi todas mis pertenencias. Debido a la rapidez con que sufrí estas pérdidas consecutivas, también perdí mi orgullo, la confianza en mí y el sueño de una utopía personal. Todos los vestigios de identidad que había invertido en la idea de llegar a ser una académica exitosa, una supermujer urbana, la novia ideal o cualquier otro ser perfecto se derrumbaron. Fue algo devastador pero, al mismo tiempo, también representó un gran alivio, porque cuando dejé de tener los típicos apegos a la vida moderna, y ya sin la carga de tratar de “ser alguien”, me encontré completamente abierta a la idea de vivir en el presente. También me llevó a hacer la pregunta que se sembró en mí cuando era muy pequeña: ¿quién soy?
Pasé los siguientes siete años en una exploración interior muy profunda. Sin advertencia alguna, varias experiencias místicas y visionarias se presentaron y se convirtieron en el catalizador de mi subsecuente inmersión en la meditación, la terapia primordial, el renacimiento, la metafísica y un sinfín de métodos psicoespirituales. Me sentí particularmente atraída a la práctica del budismo y la meditación Zen, así que les dediqué toda mi atención. El santuario del silencio interior me resultaba muy familiar y, a diferencia del breve encuentro que había tenido con la Meditación Trascendental cuando estuve en la universidad, me adapté a este espacio sin esfuerzo. Como también me encantaba leer, devoré todos los libros espirituales tradicionales y contemporáneos que pude, y de paso visité a distintos maestros espirituales, entre los que había algunos iluminados. No obstante, pronto me di cuenta de que la verdad espiritual era un descubrimiento reciente, no una sabiduría aprendida, y entonces no quise añadirle más conocimiento de segunda mano a mi mente inquisitiva. Quería averiguar todo a través de la experiencia propia, y como de cualquier manera no estaba en busca de la iluminación, dejé de perseguir el “éxtasis espiritual”.
Lo que en realidad buscaba era la felicidad y, paradójicamente, la búsqueda fue lo que me condujo a la tierra de la espiritualidad: la India. Aunque mi vida terrenal seguía llena de incertidumbre y pobreza, en aquel tiempo tenía un hogar y, además, estaba casada. A pesar de todo, algo me convocó y me instó a dejar crecer mis alas, a sentirme dispuesta a abandonar la relativa seguridad de mi hogar y de la relación amorosa que tenía. Llegué al ashram de Osho con las manos vacías y si
