Misterios del mundo

Mado Martínez
Mado Martínez

Fragmento

Misterios del mundo
Con permiso de los fantasmas

Hay muchas maneras de empezar un libro y a mí me gustaría hacerlo, con permiso de los fantasmas, dando las gracias a todas y cada una de las personas que aparecen en esta selección de casos insólitos que, sin ser todos los que guardo en mi dosier del misterio, sí constituyen una nutrida muestra de los más destacados. A todos ellos mi infinito agradecimiento por las confidencias a media luz, por esas experiencias que a veces uno no se atreve a compartir con otros, por esos relatos que a veces uno prefiere olvidar por temor a atraer malos augurios. Detrás de cada una de las historias que me confiaron, cada pista que investigué, cada huella de lo bizarro, hay un anhelo por querer saber qué hay al otro lado de la puerta. La niña que habita en mí todavía se asombra a pesar de los años de estudio, de las explicaciones que puedo darle a tal o cual fenómeno aferrándome a la antropología, la psicología, la neurociencia, esos pilares de los que jamás me distancio pero que, a pesar de todo, me siguen dejando en tinieblas en esos territorios inexplorados, inexplicados, imposibles e incomprensibles hasta para la ciencia más avanzada. Seguramente porque el mayor misterio del mundo somos nosotros mismos.

A lo largo de las páginas de este libro desfilan historias de fantasmas, vampiros, milagros, lugares malditos, casas encantadas, niños ferales, monstruos, sueños dobles, hoteles para no dormir… Todos y cada uno de ellos hablan de nosotros, son un reflejo de nuestros sistemas de creencias. Podemos aprender más del pescador que nos cuenta un relato sobre el Mohán, una criatura mitológica que acecha en las aguas, que sobre el propio Mohán. La experiencia de quien vive un encuentro fronterizo es real y el hecho de que el ser humano sea capaz de entrar en esa dimensión mental es algo absolutamente mágico se mire por donde se mire. El mundo que nos rodea es maravilloso y los ojos con los que lo miramos influyen en gran medida en lo que vamos a ser capaces de distinguir en ese tapiz de realidades.

Los animo a acompañarme en este viaje al centro de lo insólito. Déjense llevar por los fantasmas que todos llevamos dentro…

Misterios del mundo
Capítulo 1. Los acechantes

LOS HOMBRES DE LAS SOMBRAS

Dicen que los hombres de las sombras están ahí, acechando nuestros sueños. Los que los han visto los definen como seres extraordinariamente altos, hechos de la mismísima sustancia de la oscuridad. No les gusta que los descubran, aunque el mejor momento para cazarlos es antes de dormir o al despertar. ¿Qué son? ¿Están ahí realmente o son producto de nuestra imaginación? Esto es lo que se han preguntado incluso científicos, pues ya se trata de uno de los fenómenos más frecuentes entre la población.

 

 

Hace años tuve una experiencia que no sabría muy bien cómo definir. Me encontraba en las ruinas de un viejo colegio abandonado junto a mi amigo Antonio Palencia. El inmueble estaba situado en mitad de la sierra de Agost, retirado del pueblo. Yo había ido allí muchas veces a investigar la zona. Si alguien quería ir a probar suerte con la grabadora para ver si cazaba alguna psicofonía, el colegio abandonado de Agost solía ser el sitio elegido. Aquella noche, Antonio y yo habíamos estado tratando de grabar las esquivas voces del supuesto más allá en el más distendido de los ambientes, con nuestro bocata, patatas bravas, Coca-Cola y poco más, salvo las ganas de pasar el rato. En un momento dado, ambos vimos flotar unos ojos rojos, como dos brasas ardientes, a la altura del techo. Aquel ¿ser?, más oscuro que la propia oscuridad, parecía alimentarse de nuestro miedo. Tratamos de calmarnos el uno al otro, restándole importancia, y nos dimos toda suerte de explicaciones absurdas (será un gato, será esto, será lo otro…), aunque la realidad de nuestros latidos desbocados indicara que estábamos muertos de miedo. Nos apresuramos a recoger nuestras cosas, deseábamos largarnos de allí. Al volver a casa, nos pusimos a hablar de otras cosas… Pero no de aquellos ojos rojos y aquella anécdota se me olvidó por completo, hasta que años más tarde, realizando una investigación sobre un fenómeno llamado “los hombres de las sombras”, me di cuenta de que lo que habíamos visto era precisamente eso…

La primera persona en concederme una entrevista sobre los hombres de las sombras fue Percy Taira. Vivía en la colonia japonesa de Lima, en Perú, cuando yo le conocí. Era periodista, poeta y político, y hace años, cuando apenas iniciaba su carrera universitaria, vio algo que jamás se le borraría de la memoria. “Era de noche y era una de esas noches en las que uno no puede dormir. Entonces, mientras daba vueltas en mi cama, vi la puerta de mi habitación, que estaba abierta por completo y daba a un pasillo angosto que la cruza de lado a lado. De un momento a otro, vi claramente la sombra negrísima de una persona muy alta, de 1.90 m, con sombrero y como si tuviera uno de esos sacos largos que van más allá de la rodilla”, me contó.

Percy no salía de su asombro porque aquella figura no solo estaba allí, sino que caminaba y lo hacía de forma encorvada. “Como digo, la pude distinguir bien. Esta sombra caminó por el pasillo, cruzando el marco de la puerta. Caminaba a un ritmo normal y con la cabeza algo encorvada. Esto de la cabeza encorvada me pareció que lo hacía por su tamaño, pues si la tenía erguida se golpearía con el techo. La visión duró unos segundos, hasta que perdí de vista aquella sombra de la puerta”.

Me puse a hacer cábalas. ¿Cómo sabía que era una presencia y no una persona? ¿Puede la oscuridad jugarle malas pasadas a la mente y dibujar sombras donde no hay nada? Prosiguió contándome: “Lo curioso del asunto es que, pese a que era de noche y todos en la casa estaban con las luces apagadas, esa sombra se distinguía a la perfección. Era más negra que la propia oscuridad, por decirlo de alguna manera. Otro hecho curioso es que parecía no ser una sombra sin más, sino algo físico; es decir, no se proyectaba sobre la pared, sino que parecía, efectivamente, ser alguien caminando. Debo apuntar además que no había ninguna luz que alumbrara el pasillo para proyectar alguna sombra. Es más, diría que el pasillo es el lugar más oscuro de toda la casa. Cuando la vi nunca pensé que se tratara de un ladrón. Tampoco pensé que se trataba de un miembro de mi familia, ya que ninguno pasa del metro sesenta de estatura y, como he dicho, la figura era mucho más alta”.

Si aquello no le pareció nada humano a Percy, aunque sí le pareció que tenía cierta consistencia física, ya que incluso se agachaba para no chocarse con el techo y caminaba hacia él, entonces, ¿qué impresión le dio? “Pensé que se trataba de un fantasma y así lo sentí”, aseguró. La madre de Percy le dijo que seguramente aquel visitante de dormitorio no era otro que el fantasma de su abuelo fallecido, que había sido muy alto y solía caminar encorvado. Al parecer, en la colonia japonesa de Perú existe la creencia de que, en la fiesta del mes de agosto, que ellos llaman Tanabata, los hogares con butsudan (una especie de altar en donde se guardan las tablillas con los nombres de todos nuestros antepasados) reciben la visita de los familiares fallecidos. Así terminó por creerlo Percy cuando su madre le explicó esto, ya que, además, todo ocurrió en el mes de agosto.

Pasaron los años y Percy guardó en su memoria esta anécdota como un hecho aislado, influenciado por la historia que le había contado su madre. Sin embargo, al terminar sus estudios de Periodismo en la universidad y ponerse a investigar temas de misterio ejerciendo su profesión, se dio cuenta de que su caso concordaba exactamente con los casos de apariciones de los llamados hombres de las sombras; en concreto, con un tipo que, dentro de la terminología paranormal, se conoce como “los hombres del sombrero”. Hoy en día Percy ya no está tan seguro de que aquella sombra fuera el fantasma de su abuelo: “Las coincidencias eran demasiadas, desde el detalle de la absoluta oscuridad de aquellas sombras, pasando por la sensación de que eran algo físico, la altura, el sombrero y el traje, me hicieron entender que quizá lo que vi años atrás no era la presencia de mi abuelo, sino de uno de estos seres”.

Espías del sueño

Al parecer, los hombres de las sombras son vistos poco antes de dormir o en el momento de despertar, según relatan las personas que los han visto. Pero también hay quienes los han sorprendido acechando a otros en sus dormitorios. Parece como si, en cualquier caso, tuvieran predilección por acercarse a los seres humanos mientras duermen, pero ¿con qué fin? ¿Vigilan los sueños de los durmientes? ¿Influencian su conducta? ¿Roban la energía de los niños que acechan en sus cunas?

Debo confesar que pasé una época obsesionada con el tema. Recopilé gran cantidad de testimonios. En Novelda, una localidad vecina a la que yo me crie, Ana Victoria García no sabía lo que estos seres sombríos perseguían, pero lo que sí sabía era que existían, porque una vez vio uno a los pies de la cama del que por aquel entonces era su novio. Así me lo contó: “Yo vi una de esas sombras. Fue hace dos años. Era por la noche y estaba viendo la tele. Recuerdo que estaba acostada en el sofá de madrugada. Justo enfrente estaba la habitación de matrimonio y se veía perfectamente la cama. Me había quedado dormida durante unos instantes y, al despertar y mirar hacia el cuarto, la vi a los pies de la cama, donde estaba durmiendo mi exnovio. Era muy alta y no tenía forma determinada, pero se notaba la forma de la cabeza y los brazos, que los tenía como los del señor Burns de los Simpson”.

¿Qué pasa cuando uno descubre la presencia de estos seres? Según cuentan los testigos, a pesar de que a ellos les encanta mirar, no les hace mucha gracia ser mirados. “Cuando se percató de que yo la estaba viendo, se escondió detrás de la puerta”. Ana Victoria trató de explicarme, asimismo, qué fue lo que supuso este encuentro para ella: “Me quedé helada, pero pensé que si le daba vueltas no dormiría. Fui al aseo y me metí en la habitación. Por supuesto miré detrás de la puerta y no había nadie. Al día siguiente lo pensé mucho, y es que fue muy real lo que vi”. En cualquier caso, su descripción coincide con la de otros muchísimos casos: “No la he vuelto a ver, pero tengo esa imagen grabada. Era muy, muy, muy alta, negra. Por la silueta, diría que llevaba una capa o una túnica con capucha, y al esconderse fue cuando le vi los brazos encogidos y las manos hacia fuera. Fue escalofriante”.

Francisco Vivas, de Madrid, conocido viajero y director de la Sociedad Histórica (www.sociedadhistorica.com), fue otro de los testigos que decidió hacerme partícipe de su encuentro con los seres de las sombras. No creía en fenómenos paranormales ni había oído nunca hablar de los hombres de las sombras, pero en su casa todos conocían al “hombre de negro”, que fue como llamaron al ser que una noche se apostó a los pies de su cama mientras dormía. “Yo estaba durmiendo. Al despertar, vi una figura oscura a los pies de mi cama. Me entró muchísimo miedo, estaba paralizado, pero logré moverme y grité. Mi madre vino corriendo y encendió la luz. Me preguntó qué había pasado, y le dije que justo detrás de ella había un hombre de negro, aunque ya no estaba allí… Ella se asustó y fue a llamar a mi padre, pero allí, como digo, ya no había nadie. Mi madre me dijo que yo estaba pálido como la cera”, me contó.

¿Qué podría ser aquello? No lo sabía, pero durante mucho tiempo su familia vivió atormentada ante la idea de que algo o alguien estuviera rondando la casa. “Estuvimos preocupados un tiempo. Nos sugestionamos mucho. Mi hermano y yo estábamos muy asustados”.

Jason Offutt: el cazador de sombras

El periodista y escritor Jason Offutt, de Missouri, lleva varios años investigando de forma seria el fenómeno de las sombras, aunque ha estado interesado en el tema toda su vida. Me puse en contacto con él, con la esperanza de que me contara cuál era la naturaleza de estas experiencias: “Es una pregunta difícil, porque mis investigaciones me han llevado a concluir que los hombres sombra son muchas cosas. Dados sus diferentes comportamientos, se trata de distintos tipos de entidades que simplemente tienen el mismo aspecto: seres demoníacos, fantasmas, viajeros interdimensionales, o algo para lo que todavía no tenemos nombre…”. Su respuesta me dejó pensando.

Offutt ha llegado a clasificar a estos seres en sombras benignas, malignas, de ojos rojos, encapuchadas y el hombre del sombrero. Como periodista, obviamente sus investigaciones se han basado en entrevistas a testigos, así como a expertos de distintos campos de la ciencia, pero también ha prestado siempre una especial atención a la historia del área donde la gente las veía. “He entrevistado a gente que las ha visto en Norteamérica, en África, en Asia, en América del Sur, en Australia… Así que, independientemente del país o de la cultura, estas entidades llevan viéndose desde hace siglos”. El motivo por el que Jason Offutt ha estado tan interesado desde siempre en este fenómeno no es otro que el de haber sido él mismo un protagonista de esta serie de encuentros con lo insólito: “Lo que me hizo interesarme en este tema en un principio fue que yo mismo veía sombras. De pequeño las veía andando junto a mi cama por las noches. No había ninguna explicación para ello. Tenían que ser entidades sobrenaturales”.

La ciencia trata de dar una explicación

Son tantas las personas que aseguran haber visto estas sombras —algunas de ellas de forma tan frecuente— que los científicos han tenido que tratar de buscar alguna explicación. En el 2006, unos investigadores del Hospital de Ginebra, en Suiza, publicaron un artículo en la revista Nature, titulado “Multisensory Brain Mechanisms of Bodily Self-Consciousness”, en el que daban los resultados de sus investigaciones en este campo. Entre los miembros del equipo de investigación se encontraba Olaf Blanke, quien aseguraba: “Si estimulamos eléctricamente de forma repetida al sujeto, le producimos la sensación de sentir la presencia de otra persona en su espacio extrapersonal”. En el artículo describían el caso de una joven de veintidós años, sin historial de problemas psiquiátricos, que estaba siendo evaluada por tratamiento de epilepsia. Cuando la intersección tempoparietal de su cerebro era sometida a estímulos eléctricos, la mujer empezaba a describir encuentros con un ser de sombra que imitaba sus movimientos corporales.

Al parecer, según Blanke, “la extraña sensación de que alguien está cerca cuando de hecho no hay nadie presente, ha sido descrita por pacientes con problemas psiquiátricos y neurológicos, así como por sujetos sanos. La intersección tempoparietal está relacionada con la creación del concepto de uno mismo y la distinción de uno mismo y del otro”. La mujer del estudio, a pesar de saber que estaba siendo sometida a estimulación eléctrica, no concebía esta sombra como una ilusión producida por su propio organismo, sino como algo real.

CLASIFICACIÓN DE LOS HOMBRES DE LAS SOMBRAS SEGÚN JASON OFFUTT

Sombras benignas: parecen viajar a través de la vida de una persona. Estas entidades no dan la impresión de darse cuenta de que hay gente alrededor de ellos; solo están yendo desde un punto hacia el siguiente. Nosotros, simplemente, las vemos.

Sombras negativas: estos seres acechantes están asociados con un sentimiento de terror irracional.

Sombras de ojos rojos: son siempre negativas y se quedan mirando fijamente a los testigos con sus ojos rojos brillantes y encendidos. Las víctimas a menudo sienten como si estos seres se alimentaran de su miedo.

Sombras encapuchadas: van vestidas con una especie de hábito monacal. Los testigos sienten como si debajo de la capucha hubiera un ser lleno de rabia.

El hombre del sombrero: lleva un sombrero de fieltro en la cabeza y se les aparece a personas de todo tipo de culturas alrededor del planeta.

EL SÍNDROME DE MUERTE SÚBITA INESPERADA NOCTURNA

El síndrome de muerte súbita inesperada nocturna mata a soñadores con creencias estrechamente vinculadas a la existencia de demonios capaces de robarte la vida mientras duermes. El primer caso detectado aconteció en Estados Unidos, en 1977, a un refugiado hmong de origen chino. En Singapur, un estudio retrospectivo contabilizó doscientos treinta fallecidos tailandeses entre 1982 y 1990, la mayoría de ellos hombres de unos treinta y tres años en promedio. Todos murieron de forma súbita e inexplicable mientras dormían y ninguno tenía problemas médicos. Estaban totalmente sanos. ¿Qué tenían en común? La creencia en demonios ancestrales que les visitaban en sueños con la intención de arrebatarles la vida, pesadillas que les dejaban paralizados al sentir que les oprimían el pecho, impidiéndoles respirar. En Filipinas, este mismo síndrome afecta a cuarenta y tres de cada cien mil personas y también está relacionado con la fuerte tradición folclórica que recoge centenares de leyendas sobre unos seres demoníacos que les atacan mientras duermen, sentándose en cuclillas sobre su pecho, asfixiándolos hasta la muerte.

PARÁLISIS DEL SUEÑO: QUÉ SON Y QUÉ NO SON LOS HOMBRES DE LAS SOMBRAS

Es difícil saber lo que son los hombres de las sombras, pero tremendamente fácil discernir lo que no son en algunos casos. Habría que descartar los episodios de parálisis del sueño en todos aquellos testimonios de personas que aseguran haber visto a los hombres de las sombras. Estos episodios están bien descritos por la medicina y no tienen ninguna relación con la fenomenología sobrenatural. Las parálisis del sueño ocurren durante el periodo de transición del sueño a la vigilia. Son consideradas uno de los eventos del sueño más comunes, pues al menos el 50%f-60% de personas sufren un episodio durante su vida, mientras que los enfermos de narcolepsia, por ejemplo, pueden sufrirlo de forma bastante más asidua, ya que la parálisis del sueño se encuentra catalogada como una sintomatología asociada a esta enfermedad. Las personas que tienen una parálisis del sueño se despiertan, pero no pueden moverse ni hablar. Durante este episodio, son frecuentes las alucinaciones visuales, sonoras y táctiles en las que los individuos perciben presencias y sombras, que a veces les oprimen el pecho y les ocasionan una sensación de asfixia.

FILMOTECA

Shadow People, a caballo entre la ficción y el documental, explora este fenómeno médico de muerte súbita inesperada nocturna, haciéndose eco de los millones de testimonios de personas alrededor del mundo que aseguran haber tenido encuentros con estas criaturas de la oscuridad que les vigilan por las noches. El creador del filme, Matthew Arnold, apuntaba que la historia estaba basada en hechos reales y recreaba la investigación de un locutor de radio obsesionado con la muerte súbita inesperada nocturna y su vinculación con los hombres de las sombras. Un último apunte: el director también vio a estos extraños seres de las tinieblas. Así lo relató en una entrevista concedida al portal Daily Dead en marzo de 2013: “Me desperté en mi cama y vi una figura que me estaba vigilando. Me quedé completamente paralizado de terror. Me forcé a reincorporarme y la figura se lanzó a través de la pared y pensé: ¿qué demonios es esto? Acabé descubriendo que se trata de un fenómeno a escala mundial y que la gente ve estas figuras… Y después de verlas, muere”.

LOS NIÑOS DE OJOS NEGROS

La gente que los ha visto asegura que se trata de niños con la mirada negra y vacía del abismo, como si no tuvieran ojos. Por eso se les conoce como los niños de los ojos negros. A menudo se presentan como pequeños que andan mendigando, haciendo autostop o apareciéndose en las entradas de las casas. ¿De dónde vienen? ¿Qué es lo que quieren?

 

Todo empezó con un tejano llamado Brian Bethel, quien, en 1996, tuvo un terrorífico encuentro con dos de estos siniestros muchachos en Abilene. La experiencia le causó tanto impacto que la compartió con pequeño grupo de amigos de una lista de correo electrónico a la que estaba suscrito. La historia trascendió a internet como la pólvora. Pronto bautizaron el fenómeno como BEK (en inglés, Black Eyed Kids, niños de ojos negros), aunque Bethel habría preferido llamarlos de otra manera. Unos años después, concretamente en abril del 2013, tras su aparición en el programa Monsters and Mysteries in America, asediado por una marea de periodistas, navegantes y preguntas, decidió escribir un artículo en el periódico local Abilene Reporter-News relatando su experiencia. El artículo se llamaba “Brian Bethel Recounts His Possible Paranormal Encounter with BEKs”.

¿Cómo pasó todo? Para saberlo tenemos que viajar a Estados Unidos, concretamente a Abilene, una ciudad del estado de Texas. Brian había ido a la avenida North 1st Street a pagar una factura de internet y se encontraba aparcado en su coche frente a un cine, aprovechando la luz de su marquesina para rellenar el cheque que se disponía a echar en el buzón de pagos:

Sumido en esta tarea, no los oí acercarse. Me tocaron en la ventanilla. Eran dos jóvenes, tendrían entre nueve y doce años, e iban encapuchados en sus sudaderas. Bajé la ventanilla un poquito, anticipando que me soltarían la típica perorata para pedir dinero, pero me embargó una incomprensible sensación de terror de forma instantánea. No sé por qué. Entablé conversación con uno de ellos, de piel suave y aceitunada y pelo rizado. El otro, un pelirrojo de piel pálida y pecosa, permanecía tras el primero. El portavoz, como yo decidí llamarle, me dijo que su amigo y él necesitaban que alguien los llevara en el coche. Querían ver la película Mortal Kombat, pero se habían dejado el dinero en casa de su madre. ¿Los podía llevar? Probablemente habría podido llevarlos, pero todo aquel intercambio no hacía más que acrecentar mi terror irracional. No tenía ningún motivo para estar asustado, pero lo estaba. Terriblemente asustado. Conversamos un rato más, levanté la vista hacia la marquesina del cine y luego miré la hora en el reloj digital de mi coche. La última sesión de Mortal Kombat ya había empezado. Para cuando los llevara a su casa y les trajera de vuelta, la película ya habría terminado. En aquel instante el portavoz me garantizó que no tardaríamos mucho. Tan solo eran dos niños. No es que tuvieran una pistola ni nada de eso.

No, no es que portaran armas, pero algo en el interior de Bethel le decía que podía estar en peligro. Segundos después se confirmaron sus peores pesadillas:

Se me quedaron mirando con unos ojos negros y vacíos, como esos con los que caracterizan a los alienígenas y los vampiros en las películas. Dos orbes sin alma, como dos grandes bolas de noche sin estrellas. Sentí lo que creo que cualquier persona racional sentiría en una situación así. Me cagué de miedo al tiempo que traté de aparentar calma. Me disculpé con los chicos, les di toda la retahíla de excusas que me vinieron a la mente, todas ellas especialmente diseñadas para largarme de allí de una puñetera vez, ¡y rápido! El aura de terror ya era palpable, como una soga negra, casi como si la mismísima realidad me estuviera tragando. Puse la mano en el cambio de marchas, metí la marcha atrás y empecé a subir la ventanilla, disculpándome. Mi miedo debía ser evidente. El muchacho vestido de negro parecía confuso. El portavoz golpeó con fuerza el cristal de la ventanilla conforme la subía. Sus palabras, llenas de furia, todavía resuenan en mi mente hoy en día: “¡No podemos entrar si no nos das tu permiso! ¡Déjanos entrar!”. Salí del aparcamiento ciego de miedo, y aún me sorprende que no me chocara con otro coche en la maniobra. Eché un vistazo rápido a través del espejo retrovisor antes de perderme en la noche, pero los muchachos ya no estaban. Incluso, si se hubieran ido corriendo, no creo que hubiera ningún sitio donde se pudieran haber escondido tan rápido.

Así fue como Bethel escapó de aquella situación, con el corazón en un puño, preguntá

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