De niñas, disfraces y un soneto. La infancia de sor Juana Inés de la Cruz

Mario Iván Martínez

Fragmento

De niñas, disfraces y un soneto

Sustos y mechones

Una tarde Juanita encontró a su hermana Josefa recitando extrañas palabras. Al percatarse de la presencia de su hermana menor, Josefa escondió algo entre sus ropas.

—¿Qué haces, Jose? —preguntó Juana Inés, intrigada.

—Escribo el alfabeto —contestó Josefa.

—¿Alfa-Beto? —preguntó Juana—, ¿tiene algo que ver con Beto, el vecino?

—No, Juanita —afirmó Josefa entre risas—, el alfabeto es el conjunto de letras con las que podemos leer y escribir.

—¡Yo también quiero leer y escribir! ¿Me enseñas? —exclamó la pequeña dando de brincos.

—¡Shhh! Baja la voz, Juana Inés —ordenó Josefa—. Mamá no quiere que te enseñe. Dice que las mujeres no debemos estudiar o, por lo menos, no tanto.

—¿Por qué? —preguntó Juanita extrañada, frunciendo el ceño.

—No lo sé —continuó su hermana—, pero dice que saber bordar, cantar y bailar es suficiente para una niña. Que una mujer que sabe mucho espanta a los hombres.

—No entiendo —murmuró Juanita—. ¿Con qué los espanta? Enséñame, Jose, ¡por favor!

—Está bien —aceptó Josefa mientras le acariciaba el cabello a su hermana—. Por las noches, cuando estemos solas, te enseñaré.

Los brillantes ojos negros de Juana Inés se iluminaron al darse cuenta de que Josefa le habría de compartir sus conocimientos y pensó cuán afortunada era de tener a una hermana así, cariñosa y compartida.

En cierta ocasión Josefa le dejó tarea a su hermana menor: debía de aprender a escribir correctamente las palabras. En este caso Juana aprendería cuándo usar la letra G y cuándo la J; en qué momento la S y cuándo la C.

—¿Qué tal lo hice, hermana? —preguntó Juana Inés con aprensión al momento en que Josefa revisaba su tarea.

—No está mal, pero te equivocas aún al momento de escribir varias palabras. “Coser”, como cuando tomas el hilo y la aguja, se escribe con S, y “cocer”, como cuando Toña cuece los frijoles, se escribe con C.

Juanita permaneció callada y muy seria. Entonces tomó las tijeras que estaban sobre la mesa y en silencio comenzó a cortar mechones de su cabello.

—Pero Juana Inés, ¿por qué hiciste eso? —preguntó Josefa alarmada.

—Hermanita, perdóname —respondió la niña entre lágrimas—. Lo hice porque una cabeza que no aprende no merece una cabellera bonita.

Josefa quedó con los ojos muy abiertos al ver que su hermana estaba decidida a aprender con tal fervor.

En ocasiones las niñas se quedaban hasta altas horas de la noche estudiando. Una vez, mientras leían juntas en su habitación bajo la pálida luz de una vela, escucharon pasos en el pasil

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