El caso viuda negra

Zedryk Raziel Raziel
Arturo Ángel
Manu Ureste

Fragmento

Título

Prólogo

La perpetua sorpresa que es México

GABRIELA WARKENTIN

Y no lo digo como halago.

En este país sucede mucho de lo peor de lo que es capaz el ser humano, pero, además, casi siempre sucede en la absoluta impunidad. Y en la oscuridad. Porque nadie, o casi nadie, investiga, porque no hay consecuencias, porque no hay justicia.

No diría que México es el único lugar en el mundo en donde los crímenes se aceleran, la violencia se incrementa, la imaginación delictiva florece y la empatía termina siendo residuo de los pocos que aún aspiran a cierta humanidad. Pero en este país los niveles de impunidad son tales y la injusticia es tan galopante que las acciones casi nunca convocan reacciones en lo legal. En México se roba, se viola, se asesina… porque se puede.

Siempre.

Y, aun así, no deja de sorprender.

Entonces… llegan ellos y ellas. De vez en vez aparecen algunos románticos de la verdad que deciden no dejar pasar el hilo que podría ser de una madeja fascinante. Algunos románticos de la verdad que no se quedan callados y comienzan a indagar, conseguir archivos, abrir documentos, interrogar autoridades, rascarles el ánimo a los vertedores de respuestas oficiales. Algunos románticos de la verdad que no duermen o que duermen con las historias a cuestas, que acaparan sobremesas con sus conversaciones, que se obsesionan con tratar de entender. Aparecen, pues, los y las periodistas.

Manu Ureste, Zedryk Raziel y Arturo Ángel son de esos románticos de la verdad. De los que creen que se puede ir a fondo para develar los caminos de la impunidad. Y por eso ellos no dejan de sorprenderme, y lo que nos cuentan una y otra vez sobre México, tampoco.

Durante mucho tiempo, la corrupción y la criminalidad en nuestro país las habíamos absorbido como narrativas lineales y causales, simples. El presidente municipal corrupto parecía ser aquel que lo que se robaba lo guardaba en el cajón del buró para ir satisfaciendo necesidades mundanas e inmediatas. Nuestro ingenuo o adormecido imaginario imponía realidades inmediatas para problemas que parecían ser sólo de unos. Poco a poco fuimos entendiendo que la corrupción se teje en redes y que la criminalidad se alimenta de complicidades cada vez más complejas. Y por eso, los que delinquían podían hacerlo sin consecuencias, porque casi nadie los volteaba a ver. La penumbra del que ignora por acción u omisión es la cancha en la que juegan los que de ahí se crecen.

Luego, y eso es de celebrarse, aparecen siempre algunos o algunas que se niegan a seguir en la penumbra. Y al investigar, muestran. Y al mostrar, narran. Y al narrar, develan. Tal es el caso del libro que tenemos ahora en nuestras manos.

El caso Viuda Negra es mucho más que sólo el recuento de asesinatos, relaciones (des)amorosas, complicidades, corruptelas, injusticias e impunidades. Que si sólo fuera eso, ya sería una enorme aportación al mapeo del México rojo. Pero El caso Viuda Negra es, sobre todo, una radiografía que, desde lo local, exhibe la podredumbre de un sistema que se protege y reproduce, que hace todo para no morir. Incluido matar.

Matanza: ¿quién es culpable?, ¿quiénes son culpables?, ¿quién investiga?, ¿quién no investiga?, ¿quiénes son las víctimas?, ¿por qué ellas?, ¿por qué la saña?

Móvil: ¿puro desamor?, ¿amor paralelo?, ¿amor a algo más que sólo amor?, ¿y el dinero y las propiedades, y las propiedades, y las propiedades?

Justicia: ¿quién la dicta?, ¿cómo?, ¿quién la paga?, ¿quién nunca la paga?, ¿quién se queda en el limbo de la no sentencia?, ¿quién duerme tranquilo de noche?, ¿quién ya no duerme?

Contexto: ¿y las propiedades?, ¿y los dineros?, ¿y los poderosos?, ¿y los beneficiados?, ¿y los que guardan silencio?, ¿y los que tienen el privilegio de esconderse?

Personajes: ¿qué papel juegan en todo esto funcionarios connotados de gobiernos pasados y presentes?, ¿quién lava caras y quién reescribe narrativas?, ¿quiénes se saben en la plenitud del pinche poder?

Territorio: ¿los estados bisagra en un país sin control?, ¿o un país sin control que se asienta en los estados bisagra?

Ya se meterán los lectores de este texto a la inmundicia que puede ser el México cotidiano. Estas preguntas, y tantas más, ya las irán recorriendo en sus respuestas. Ya leerán cómo, a partir de la matanza, se van desenrollando complicidades de autoridades locales y federales, de implicados en procesos de enriquecimiento sospechoso, de vínculos políticos y sociales de élites que se imaginan intocables, de procesos que sólo enjuician a los que no pueden salvarse. Ya proyectarán que la corrupción y la criminalidad no son narrativas lineales ni casuales y que la matriz de las mismas habla de lo imbricado de un sistema que ha tenido tiempo para cultivarse, abrazarse y multiplicarse.

El México impune y el México sangriento.

El microcosmos de la Viuda Negra que expresa la macrorrealidad de un país en perpetua guerra consigo mismo.

Hablemos ahora de periodismo. Porque lo que tienen en sus manos es un libro de periodistas y de periodismo. De extraordinarios periodistas y de periodismo necesario.

Vivimos tiempos aciagos para el periodismo en México y en buena parte del mundo. La retórica oficial del poder es de desacreditación y ataques constantes a quienes ejercen la profesión de la información y la investigación. Desde el poder, al periodismo crítico se le considera adversario y hasta enemigo de las causas populares.

Y, sin embargo, se mueve.

A pesar de que México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo —en este país se mata periodistas porque se puede—, hemos vivido años recientes en los que se ha ejercido el mejor periodismo en décadas. Investigaciones especiales, reportajes, entrevistas… las transformaciones del país lo son en mucho gracias a lo que los y las periodistas han ido revelando, siempre a contracorriente, muchas veces con escasos recursos, frecuentemente poniendo en peligro su propia seguridad. Han sido las y los periodistas quienes muchas veces han revelado las intrincadas redes de corrupción, nos han obligado a salir de la mirada ingenua sobre la realidad nacional, nos han tocado la fibra moral para implicarnos en el país que dejamos que fuera y en el que queremos que sea.

Arturo, Manu y Zedryk son de esos periodistas.

Cuando uno lee y conoce de su trabajo, pareciera que estamos hablando de veteranos de largo andar. Pero no, son jóvenes. Entregados y apasionados, que viven el periodismo porque el periodismo es su vida. Autores de investigaciones de data profusa que han trastocado gobiernos, puesto en jaque las verdades oficiales y reencauzado miradas que parecían demasiado encandiladas con las falsas cuentas de narrativas dominantes.

Lo que hacen en este libro es lo que saben hacer: tomar un hecho, cuestionarlo, escudriñarlo, indagarlo. Es decir, partir de una matanza que podría quedar como un excedido episodio de sangre, para develar un mosaico de intereses que termina por tocar, incluso, a autoridades de gobiernos pasados y en turno. Lo que hacen en este libro es periodismo: acucioso y concentrado.

La perpetua sorpresa que para mí es México también incluye la perpetua sorpresa que me son siempre estos profesionales del periodismo. Me impresiona que no se den por vencidos. Que una y otra vez sigan interrogando la realidad aun a sabiendas de que el siguiente reportaje y el próximo libro serán una expresión más de la podredumbre que es la corrupción en este país. Porque esto no acaba. Muy al contrario: pareciera que entre más se exhibe la corrupción, ésta más se empeña en perfeccionar sus entramados. Yo creo que, a estas alturas de los tiempos, ya pocos siguen en la ingenuidad del alcalde que se roba el dinero y lo mete en el cajón del buró para sus dispendios personales. Pero saber que la corrupción es una red de infinitos nodos no nos ha hecho mejores ciudadanos. Si acaso, más avezados. Espero que no más cínicos.

Con el libro de Zedryk, Manu y Arturo celebro la vigencia de un periodismo profesional y honesto. Del periodismo que necesitamos cada vez más no sólo en México, sino en un mundo que, reacio a ser narrado, encuentra cada vez formas más esdrújulas de esconderse a la mirada analítica y crítica.

Estoy segura de que quienes lean El caso Viuda Negra tendrán, primero, un recorrido palpitante entre crímenes, policías y cochupos. Pero muy pronto verán también —espero que con horror y sorpresa— de lo que en este país son capaces los que se saben impunes. Y al final, ojalá, se sumarán a quienes exigimos un país menos corrupto, y celebrarán el poderoso periodismo que aquí se despliega.

Yo sí quiero que México me siga siendo una perpetua sorpresa. Sólo que deseo que sea por las buenas razones.

Título

Nota de los autores

Una obra periodística

La obra que tiene el lector en sus manos reúne buena parte de los ingredientes clásicos de una novela negra. Tiene un brutal homicidio. Asesinos despiadados. Una supuesta femme fatale que, a medida que avanza la trama de pasión, odio y ambición desmedida, quizá no lo sea tanto. Tiene detectives, víctimas, dos personas detenidas y un caso sin resolver. Y tiene periodistas indagando en los sótanos del poder para sacar a flote la podredumbre de la corrupción política.

Sin embargo, más allá de que el estilo narrativo pueda asemejarse al de un thriller policiaco, nada de lo aquí expuesto es ficción.

El caso Viuda Negra es, sobre todo, el resultado de un exhaustivo trabajo de periodismo de investigación, de reporteo de a pie y también de muchas horas de escritorio. Un trabajo que permitió a los autores revelar que, detrás del asesinato —en mayo de 2020— de Isaac Gamboa Lozano, un excolaborador de Luis Videgaray en la Secretaría de Hacienda federal, se esconde una trama política mucho más compleja que conecta la Operación Safiro, uno de los casos de corrupción más relevantes en el sexenio de Peña Nieto, con una enorme red de empresas fantasma con la que se lavaron alrededor de 5 mil 800 millones de pesos; dinero que, en parte, fue a parar a los bolsillos del propio Gamboa y de su esposa, Bethzabee Brito, quien, según la Fiscalía de Morelos, presuntamente ideó el asesinato junto a su amante, un escolta del exfuncionario.

Por ello, es importante subrayar que cada diálogo que encontrará el lector, cada frase, cada revelación, está sustentado a partir de la revisión de miles de fojas de testimonios de los sobrevivientes del multihomicidio, de informes forenses y de los peritajes integrados a la carpeta de investigación del caso, a la que los autores tuvieron acceso.

También es el resultado de visitar in situ las sedes de las empresas fantasma que desfilan por este libro, de conseguir información mediante solicitudes de transparencia pública y el uso de herramientas digitales como Compranet, el portal de las contrataciones del Gobierno Federal, o los listados del Servicio de Administración Tributaria (SAT) de sociedades fachada, y de acudir a los registros públicos de la propiedad para obtener documentos que permitieron reconstruir el emporio inmobiliario que poseía Isaac Gamboa y su familia asesinada, producto, presuntamente, de actividades ilícitas relacionadas con el manejo del presupuesto público desde la SHCP.

Y es también el resultado de incontables horas de entrevistas que los autores tuvieron con todo tipo de fuentes que ofrecieron su testimonio para aportar luz a este oscuro caso, aun cuando ello pudiera poner en peligro su seguridad y hasta su vida, a la luz de lo que les pasó, trágicamente, a los Gamboa

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