Prólogo
El gran engaño
La derecha mexicana es, con mucho, el proyecto más sólido, más constante y más hábil de tres siglos (XIX, XX y XXI) de México independiente. Partamos de allí. Y no es posible contarlo en un siglo o acotarlo a ciertos momentos de la Historia. Quizá pueda analizarse para ayudar a su comprensión, porque ha sido gobierno; ha dominado los poderes formales y los de facto; ha operado las políticas públicas y las finanzas de la nación; se ha regulado a sí misma y ha disputado el control del poder político entre sus fracciones durante tanto tiempo que es difícil definir sus fronteras. Se ha apropiado del pensamiento crítico, de la academia; ha sido revolución, movimiento, contrarrevolución, Legislativo, Ejecutivo y Poder Judicial. Ha usado el centro y hasta a la izquierda; ha corrompido, comprado y convencido; ha cometido fraudes electorales. Ha manejado sus propios recursos y los recursos de las mayorías como propios. Ha recibido ayuda desde el extranjero y se ha atrincherado en el nacionalismo. Ha sido radical y moderada. Se ha beneficiado de los recursos nacionales y los ha repartido a discreción. Y se ha vuelto maestra del disfraz.
Este proyecto en constante evolución, la derecha, es político, cultural, económico, de gobierno, educativo y todo lo anterior y está sobre todo lo anterior y mantiene su libertad para no perder movilidad y adaptarse a los tiempos. Y pepenarlo entre los años y describirlo no es fácil porque es resbaladizo, se oculta y se fusiona, actúa con sigilo y evade las etiquetas para conservar su principal virtud: no ser nombrado. Habita en el conservadurismo, pero tiene un campo natural más amplio: el centro, por ejemplo. Es un proyecto católico y laico, protestante o netamente económico. Está por encima de las leyes, actúa sin limitantes jurídicas; ejerce la fuerza y negocia, según sea el caso. Y siempre lo hace en nombre de valores democráticos.
La atención de México (y de la prensa, por supuesto) estaba fija en la ultraconservadora Unión Nacional Sinarquista cuando decide fundar una colonia (de corte fascista) en Baja California Sur, mientras que el presidente Manuel Ávila Camacho, a nombre de la izquierda, emprendía una contrarrevolución para “descontaminar” al país de las políticas socialistas de su antecesor, Lázaro Cárdenas. El país veía asombrado hacia Chile cuando, en septiembre de 1973, Augusto Pinochet instauraba una terrible dictadura; y mientras, acá, el supuesto revolucionario izquierdista Luis Echeverría encabezaba una campaña de aniquilamiento contra los movimientos sociales de izquierda y sus líderes con las típicas herramientas de una dictadura de derechas: la persecución, la tortura, la desaparición forzada, el encarcelamiento, la ejecución sumaria. Son apenas dos momentos entre tres siglos (XIX, XX y XXI) de vida independiente de la nación. La derecha mexicana ha sabido camuflarse y casi siempre con enorme éxito.
La derecha en México, con todos sus matices, intensidades y hasta divergencias, es una sola y muy cohesionada: no ha renunciado al viejo proyecto conservador de instaurar un gobierno católico ni ha dejado de combatir el laicismo, la educación sexual y la secularización de la sociedad, pero ha priorizado los grandes intereses económicos, públicos y privados, nacionales y trasnacionales, con una tendencia cada vez más acentuada a la corrupción.
Sobre todo en el periodo definido como neoliberal, que va de Miguel de la Madrid a Enrique Peña Nieto, la acción de la derecha como gobierno, con su predominio en todas las instituciones del Estado, ha sido el desmantelamiento del sector público en beneficio del privado, en una estrategia que ha sido transversal a los partidos políticos históricos que terminarían por unificarse política y electoralmente en la segunda década del siglo XXI ante un intruso en el esquema de carácter oligárquico: Andrés Manuel López Obrador.
Fue en el nuevo siglo que la derecha en el poder y luego en la oposición se exhibió déspota, clasista, racista, rabiosa, vil, intolerante, tramposa, mentirosa, represiva y fraudulenta, pero a todo lo superó el ansia por robar.
Derecha. Poder, corrupción y engaño es la entrega final de una trilogía que incluye La disputa por México e Izquierda. 1923-2023: La terca travesía. Va al siglo XIX para rescatar las raíces del pensamiento conservador; camina sobre la fundación del neoliberalismo en el siglo XX y sobre los últimos presidentes de derechas en México: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Persigue la ambición de más de un siglo sobre la riqueza en el subsuelo del país y la paulatina victoria cultural de los grandes capitales (y sus gobiernos afines) sobre la defensa nacionalista del petróleo. Este libro desnuda los gobiernos “revolucionarios” al tiempo que es un reclamo a la última generación de académicos e intelectuales comparados por los “apapachos” desde las distintas presidencias. Exhibe la actitud entreguista de la prensa, su corrupción, su rendición ante los poderes económico y político, y visibiliza la mano de Estados Unidos sobre los gobiernos para jalarlos, cada vez más, hacia su derechización.
Como los anteriores libros, no es una historia lineal sino la explicación de cómo se derechizó México en el tiempo; cómo un clan conocido como “la tecnocracia” se fue apoderando del poder público y no a partir de Miguel de la Madrid, sino desde mucho antes. No es, como los anteriores no lo fueron, un libro sobre “conjuras” sino sobre hechos, y al mismo tiempo es una guía para que un lector, el que sea, se interese y vaya más a fondo. Es un libro de citas y autores, de fechas y nombres, de relectura de eventos que en su momento quedaron narrados a espaldas de la verdad.
Y sin más, esto es Derecha. Poder, corrupción y engaño.
ÁLVARO y ALEJANDRO
Ciudad de
