Poesía portátil en femenino (Plath | Sexton | Dickinson | Safo | Ajmátova | Bishop | Vilariño)

Anna Ajmátova
Idea Vilariño
Alejandra Pizarnik
Elizabeth Bishop
Emily Dickinson
Safo
Anne Sexton
Sylvia Plath
Idea Vilariño
Anne Sexton
Emily Dickinson
Safo
Alejandra Pizarnik
Anna Ajmátova
Elizabeth Bishop

Fragmento

cap

 

Afrodita inmortal de trono cincelado,

hija de Zeus, urdidora de engaños, te ruego

no domeñes con ansias ni desasosiegos

mi corazón, señora;

mas ven aquí, si alguna vez antaño

oíste mis clamores desde lejos

y dejaste la casa de tu padre

para venir a verme

en tu carro de oro. Te traían del cielo

hermosos y veloces gorriones

aleteando espesamente hacia la tierra negra

a través del aire,

y llegaron deprisa. Tú, bienaventurada,

con una sonrisa en el rostro inmortal,

me preguntabas qué me había acontecido

y por qué te llamaba,

y qué quería tanto que ocurriera

con el corazón enloquecido. «¿A quién he de convencer

de que sea tu amante? ¿Quién, Safo,

quién te atormenta?

Si ahora huye, pronto te perseguirá;

si no acepta regalos, los dará;

si no te ama, pronto te amará,

aunque ella no quiera.»

Vuelve a verme, ahora como antes,

deshazme de cuidados, y cuanto mi corazón

desea que se cumpla, cúmplelo, y tú, diosa,

sé mi aliada.

cap-1

 

Baja a este templo santo, donde hay un bosque ameno

de manzanos, y hay también altares

que exhalan incienso;

y el agua fresca canta por las ramas

de los manzanos, y a todo el lugar

dan sombra los rosales, y al temblor de las hojas

viene el sueño;

y hay un prado que nutre a los caballos

lleno de flores, y las brisas

soplan suaves...

Ven tú aquí, Afrodita,

y vierte en copas de oro, con delicadeza,

el néctar que se sirve en las fiestas de los dioses.

cap-2

 

Diosa de Chipre, que te encuentre más amarga

y que no se enorgullezca Dórica y proclame

que por segunda vez ha vuelto a ella

lleno de deseo.

cap-3

 

Dicen unos que una tropa de jinetes; otros, que una de soldados;

y otros aún, que una flota de naves

es lo más bello que hay sobre la tierra negra.

Yo digo que es lo que se ama.

Es muy fácil hacer entender esto

a todo el mundo, pues Helena, que de mucho

superaba en belleza a las mortales,

dejó a su marido tan noble

y se fue en barco a Troya, y no pensó

ni en su hija ni en sus padres para nada,

mas la descarrió Afrodita

y la doblegó con facilidad...

… me recuerda a Anactoria,

que no está aquí,

y ahora querría ver sus andares hermosos

y el resplandor precioso de su rostro

más que los carros de los lidios y soldados

luchando a pie.

cap-4

 

… coge la lira, ahora que el deseo de ella

te vuela alrededor.

Tu vestido, que te llega hasta los pies,

se estremeció cuando la viste, y yo me alegro,

porque reprochaba a la diosa de Chipre...

y la conjuro...

quiero...

cap-5

 

También tú, cuando eras niña...

venga, canta...

dime, y regálame en abundancia...

… pues vamos a una boda, lo sabes muy bien.

En cuanto puedas echa a las doncellas,

y que los dioses...

Por el camino que lleva al Olimpo

no pueden ir los hombres...

cap-6

 

… la noche...

doncellas...

en vela...

cantan tu noche de bodas y la de la novia

de cuerpo de violeta.

Levántate, novio,

ven con tus compañeros

mientras el ruiseñor de voz aguda...

cap-7

 

Me parece un igual a los dioses

el hombre que se sienta enfrente de ti

y te escucha de cerca cuando hablas

con ternura

y cuando ríes seductora. Entonces

el corazón me tiembla dentro del pecho,

pues en cuanto te miro no me sale

ni un hilo de voz,

la lengua se me traba y un sutil

fuego me corre por debajo de la piel,

mis ojos no ven nada y los oídos

me retumban,

el sudor se me vierte por encima, se adueña

de mí el espanto, estoy más pálida

que la hierba y me parece

que voy a morirme.

Pero hay que atreverse a todo, porque...

cap-8

 

Ojalá, Afrodita de corona dorada,

me tocara esta suerte.

cap-9

 

Las estrellas que rodean la hermosa luna

esconden su fulgor

cuando está llena y brilla más que nunca

sobre la tierra...

de plata

cap-10

 

Deseo y quiero con ardor.

cap-11

 

La pena que derramo...

cuando me golpea, que se la lleven los vientos

y los cuidados.

cap-12

 

Le cubrían los pies

unas sandalias coloridas,

obra hermosa de los lidios.

cap-13

 

A vosotras, que sois bellas,

no puedo hacer llegar mi pensamiento.

cap-14

 

Se les enfría el corazón

y pliegan las alas.

cap-15

 

Vino corriendo un heraldo,

mensajero veloz de la tierra del Ida

y dijo: «... gloria inmarcesible

de Troya y del resto de Asia.

Héctor y sus compañeros

traen de Teba sagrada

y de la fuente de Placia, que siempre mana,

a la tierna Andrómaca de ojos danzantes

en barcos que navegan sobre el mar salobre.

Y traen también brazaletes

y cintos de púrpura, y joyas labradas,

y vasos de plata y marfil».

Así dijo, y de repente

se levantó su padre

y el rumor se esparció entre los suyos

por la ciudad de anchos espacios.

De inmediato las troyanas uncieron las mulas

a los carros de bellas ruedas

y se subió toda la multitud

de mujeres y doncellas de hermosos tobillos,

y las hijas de Príamo iban aparte;

los hombres uncieron caballos a los carros

y todos los jóvenes...

los aurigas...

... parecidos a los dioses...

juntos...

hacia Troya...

la flauta de dulce melodía se mezclaba

con el repicar de castañuelas,

y las doncellas cantaban

una canción solemne, y el ruido de las risas

llegaba hasta los cielos...

y por todas las calles

había crateras y jarras de vino,

la mirra se mezclaba con la casia y el incienso,

las mujeres más grandes que la novia voceaban,

todos los hombres entonaban el peán

invocando a Apolo que dispara de lejos, el de la bella lira,

para que cantara un himno

en honor de Héctor y de Andrómaca, parecidos a los dioses.

cap-16

 

... y yo me tumbo

sobre cojines blandos.

cap-17

 

El Amor me sacudió

como el viento que en el monte

estremece las encinas.

cap-18

 

Viniste e hiciste bien, porque yo te deseaba;

me refrescaste cuando ardía de pasión.

cap-19

 

Me enamoré de ti, Atis, tiempo ha;

me parecías una niña pequeña y sin gracia.

cap-20

 

El que es hermoso es hermoso a la vista,

pero el que es noble también será hermoso.

cap-21

 

No sé lo que persigo: mi mente está partida en dos.

cap-22

 

No creo poder tocar el cielo con las manos.

cap-23

 

El Amor, que viene del cielo envuelto en un manto de púrpura...

cap-24

 

Yacerás muerta, y de ti no quedará ningún recuerdo

en los tiempos a venir, pues no tienes tu parte

de las rosas de Pieria. Vagarás desapercibida

por la mansión de Hades, entre las sombras de los muertos.

cap-25

 

No creo que nunca más, bajo la luz del sol,

vuelva a haber una doncella

tan sabia como ella.

cap-26

 

¿Qué campesina te seduce...

vestida de aldeana...

que no sabe ni llevar la falda por encima del tobillo?

cap-27

 

Yo amo la delicadeza. Esto,

el amor reluciente por el sol, y la belleza,

me han tocado en suerte.

cap-28

 

Allí en Sardes piensa a menudo...

cuando vivíamos juntas

y Arignota te tenía por una diosa

y se alegraba de oírte cantar.

Ahora destaca entre las lidias

como, después de puesto el sol,

la luna de dedos de rosa

sobrepasa a las estrellas,

y esparce su luz por igual

sobre la mar salobre y los campos floridos;

y se vierte, hermoso, el rocío,

y rebrotan las rosas y el suave cerafolio,

y los melilotos florecidos.

Y ella se pasea

y echa de menos a la tierna Atis

y el deseo de ella le devora el corazón.

Y que vayamos allí...

grita...

cap-28

 

Madre, mi dulce madre, no puedo tejer más en el telar;

me domeña el deseo que me manda la esbelta Afrodita.

cap-29

 

Lucero de la tarde, traes de vuelta todo

lo que esparció la Aurora relumbrante:

traes a la oveja, traes a la cabra,

traes al hijo a su madre.

Eres el más bello de todos los luceros.

cap-30

 

Como la manzana dulce

que enrojece en lo alto de una rama,

en lo alto más alto,

y se la dejan los cosechadores;

o no, no se la dejan,

es que no pueden alcanzarla.

cap-31

 

Como el jacinto que en el monte los pastores

aplastan con los pies, y la flor púrpura en el suelo...

cap-32

 

¿Acaso aún tengo ganas de ser virgen?

cap-33

 

Chica hermosa, chica lozana...

cap-34

 

Las piernas del padrino miden siete brazas;

para hacerle las sandalias,

mataron a cinco bueyes

y se las cortaron diez zapateros.

cap-35

 

Arriba el techo,

¡himeneo!,

levantadlo, albañiles,

¡himeneo!,

que entra el novio, tan grande como Ares,

¡himeneo!,

mucho más alto que el más alto de los hombres.

cap-36

 

Novio afortunado, te has casado

justo como pedías a los dioses

y tienes a la novia que querías.

Eres hermoso y tienes ojos dulces,

y el Amor se vierte por tu rostro deseado...

… Afrodita te ha hecho un gran honor.

cap-37

 

(Novia) Virginidad, virginidad, ¿adónde vas que me abandonas?

(Virginidad) No volveré jamás, no volveré.

cap-38

 

Novio de mi alma, ¿a qué te puedo comparar?

A un retoño lozano te compararé.

cap-39

 

Venga, lira mía

de caja de tortuga,

dime, cobra voz.

cap-40

 

No soy alguien que guarde rencor,

tengo la mente tranquila.

cap-41

 

Te seguiré queriendo, pero busca un tálamo más joven.

No soportaría vivir contigo siendo yo más vieja.

cap-42

 

Vi a una chica delicada

que cogía flores.

cap-43

 

Dormida sobre el pecho

de la amiga delicada.

cap-44

 

… y te olvidas de mí...

… ¿a quién quieres más que a mí?

cap-45

 

El Amor que desata los cuerpos

me ha metido en su torbellino,

el Amor, serpiente invencible

dulce y amarga a la vez...

cap-46

 

Atis, te has hastiado de pensar en mí

y vuelas hacia Andrómeda.

cap-47

 

Tengo a una chica tan hermosa

como las flores doradas,

mi querida Cleis, a la que no cambiaba

por toda Lidia, ni por la amena...

cap-48

 

Andrómeda tiene lo que se merece...

Safo, ¿por qué invocas a Afrodita, la feliz?

cap-49

 

Mensajero de la primavera,

ruiseñor de voz deseada.

cap-50

 

Afrodita de Citera,

el tierno Adonis se muere,

¿qué podemos hacer?

Golpeaos, chicas,

y desgarraos las túnicas.

cap-51

 

Quiero decir algo

pero la vergüenza me lo impide...

Si desearas algo bueno o bello

y no tuvieras nada malo

en la punta de la lengua

la vergüenza no te haría bajar los ojos

y hablarías con justicia.

cap-52

 

La riqueza sin virtud no es un vecino inofensivo

pero la mezcla de las dos es el colmo de la felicidad.

cap-53

 

No puede haber llanto en la casa

de las sirvientas de las Musas,

ni sería propio de nosotras.

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos