ÍNDICE
PORTADILLA
INTRODUCCIÓN
I. LAS CADENAS DEL MUNDO
El afán de poseer
La falsa alegría de lo efímero
La estéril enfermedad del pesimismo
La industria de la destrucción
La paradoja de la abundancia
Los mecanismos del consumismo desmesurado
Las tentaciones del Pastor
No apoderarse de la viña
II. CAMBIAR EL CORAZÓN
Somos criaturas, no somos Dios
Escuchar la palabra de Jesús
El coraje de mirarse adentro
La llamada a la conversión
¿Dónde está mi corazón?
Abrirse a la luz
El alfabeto del espíritu sacerdotal
III. EL CAMINO DE LA VIDA CRISTIANA
Hacer camino
La fuerza de la oración
Observar los mandamientos
Confiar en la paciencia de Dios
El coraje de la creatividad
Contigo crearemos grandes cosas
Adelante en la senda de la santidad
IV. EN LOS CAMINOS DEL HOMBRE
Miembros de una Iglesia madre
A la escuela de la misericordia
Poner nuestros dones al servicio de la comunidad
Escuchar el grito de los pobres
El reto de la familia
Por una cultura del matrimonio
V. LA CRUZ Y LA RESURECCIÓN DE JESÚS
Se entregó por mí
Aprender a amar la Cruz
Juntos en el dolor y en el amor
Delante del Señor que sufre
De la esclavitud del pecado a la libertad del amor
La Cuaresma sin la Pascua
En la alegría de la Resurrección
El camino hacia el Reino
CRONOLOGÍA ESENCIAL DE LA VIDA
BIBLIOGRAFÍA
CRÉDITOS
INTRODUCCIÓN
Con insistencia y denuncia cada día más profundas en el intento de sacudir las consciencias exhortándolas hacia un cambio interior profundo, el papa Francisco sigue vertiginosamente en el camino del anuncio del Evangelio, con el empeño de reformar la Iglesia y al mismo tiempo cambiar la dirección de marcha de un mundo que no protege la vida ni la dignidad humana.
De esta forma su discurso eclesiástico se une a un discurso de desarrollo social o, si preferimos, de una ecología humana en la cual el anhelo de poseer, el egoísmo dominante, el cálculo de destrucción, el paradójico concepto de abundancia que crea hambre y explotación tengan menos espacio para que la cultura de la responsabilidad y del respeto, del diálogo y del encuentro, de la acogida social y solidaridad tengan más valor.
El anuncio del Evangelio se mezcla en este camino con el diseño de un humanismo cristiano que, en su testimonio de vida nueva que nace del encuentro y de las enseñanzas de Jesús, utiliza cualquier medio para hacer sentir como en la Iglesia, “madre sin barreras y sin límites”, como dijo el papa (21 de noviembre de 2014), donde cada uno debe llevar su ladrillo para la construcción de lo que el beato Paulo VI llamaba la “civilización del amor”, un proyecto que inspiró toda su vida. Como trae a la memoria la homilía de la misa de sufragio de Paulo VI en el trigésimo aniversario de su muerte (6 de agosto de 2008), quien “fue muy sensible al problema del hambre en el mundo, al grito de dolor de los pobres, a las graves desigualdades en el acceso a los bienes de la tierra”.
El papa Francisco es el nuevo intérprete de este programa, su “estilo evangelizador” tiene este objetivo como meta y dirección de su acción apostólica. Por esta razón, él exhorta a luchar contra los ídolos del mundo y a librarse de las muchas cadenas que los atan en nuestros corazones y, al mismo tiempo, invita a todo el mundo (empezando por sacerdotes y fieles) a compartir y aprender el espíritu de fraternidad, de felicidad franciscana, de valiente creatividad de la existencia cristiana hacia el proceso de beatificación al cual todos estamos llamados.
Obviamente, hace falta aún más empeño y sacrificio y, sobre todo, se requiere lucidez para distinguir lo que es esencial y prioritario transmitir al mundo de hoy, en el esfuerzo de ayudar a percibir la novedad y riqueza del mensaje del Evangelio. De allí esa urgencia de cambio primero en nosotros mismos para después poder reformar la Iglesia, eliminando la hipocresía y la vanidad, la pesadez y la herrumbre, las costumbres y el formalismo y también el afán de la carrera, el triunfalismo, los chismes y las quejas que ofuscan la credibilidad de la fe y la autenticidad del testimonio. Actitudes patentes o subyacentes que el papa Francisco critica abiertamente y con extrema constancia en cada ocasión que constituyen el leitmotiv dominante de cada homilía, junto a todos los otros temas que forman el amplio repertorio de su denuncia eclesiástica y social: el poder, el dinero, la corrupción, el consumismo, la explotación, el desgaste, la indiferencia, la ofensa de la dignidad humana en todas sus manifestaciones. Estos son los problemas y los retos que, en el presente de cada uno, en una vida precaria, agobiante, agraviada y rendida a la constante regresión de la justicia y de la paz en el mundo, albergan en el corazón de Francisco y que la Iglesia tiene que enfrentar en la fe a Jesús. De otra forma, como el papa gusta de repetir a menudo, la vida
