PREFACIO
Los «buenos viejos tiempos» terminaron abruptamente en 1933. Más específicamente, la Carta de Atenas de 1933 fue el verdadero final de los «buenos viejos tiempos» de las ciudades.
Los modernistas definieron la ciudad moderna como una máquina para vivir. Para que esa máquina eficiente fuese plenamente funcional, era esencial separar las funciones de la ciudad en diferentes distritos: se trabaja aquí, se vive allí, se juega más allá y los corredores de transporte conectan las áreas monofuncionales. Las distintas funciones y las distintas personas no solo debían estar en zonas diferentes, sino que también debían estar en edificios diferentes. Hasta ese momento, las ciudades siempre habían estado constituidas por espacios, espacios para la vida y para la gente. En su famoso mapa de Roma de 1748, Nolli definía la ciudad mediante sus espacios. Pero, a partir de 1933, el foco de atención cambió y de las «ciudades de espacios» pasamos a las «ciudades de objetos». El resultado fue que hubo que decirles adiós a los espacios públicos y a la vida pública, y también hubo que despedirse de la tendencia a la peatonalización que se había desarrollado en todas las ciudades antiguas. Estas habían sido construidas antes que nada para la gente. De 1933 en adelante, se empezaron a necesitar formas de movilidad más rápidas para poder unir los distritos, cada vez más diseminados.
Luego llegó el coche o, más bien, la invasión de los coches. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la industria automotriz era todavía nueva y limitada, pero a partir de los años sesenta la invasión de los coches se convirtió en un tsunami. El tráfico y los coches aparcados llenaron todos los espacios de las ciudades antiguas y comenzaron a exigir una cantidad infinita de infraestructura que debía atender las necesidades de los cada vez más dispersos distritos monofuncionales de la ciudad. Las ciudades se expandieron, la gente se desperdigó en todas direcciones y, durante cerca de sesenta años, «movilidad» ha sido la palabra clave en todo lo relacionado con la planificación urbana. En todo el mundo se ha hecho lo imposible para lograr que los coches estén felices; en muchos lugares, este proceso ha sido bastante exitoso. En resumen, la planificación urbana modernista y la invasión de los coches se complementaron a la perfección. La ciudad lenta del pasado se convirtió en una «ciudad veloz». Se abandonó la preocupación por la vida pública y por crear espacios urbanos atractivos y barrios acogedores, y, desde luego, tampoco había ningún interés por hacer zonas peatonales o destinadas a la circulación de bicicletas (la costumbre de moverse en bicicleta empezó a ser considerada una prima simpática de andar a pie, una especie de caminata rápida).
En paralelo a estos cambios profundos que experimentaron las ciudades y la calidad de vida, y que tuvieron lugar en ciudades de todo el mundo, empezaron a tomar forma algunos movimientos en contra de esta tendencia. Estos movimientos hace cerca de sesenta años que existen y se han vuelto cada vez más fuertes. Nuestras «ciudades de los 15 minutos» se pueden ver en este contexto como uno de los movimientos antimodernistas contemporáneos más fuertes.
Entre estos primeros movimientos destacó la potente voz de Jane Jacobs, quien advirtió, desde Greenwich Village, en Nueva York, de que si los modernistas y los dueños de automóviles iban a ser quienes planificaran las ciudades del futuro, estas serían unas urbes muertas, no grandes ciudades. Otra voz destacada, que se expresó a través de otro medio, pero no por ello menos poderosa, fue la de Jacques Tati, quien contrastó la ciudad moderna con la ciudad humana de los 15 minutos en su provocadora y sugestiva película Mi tío.
Christopher Alexander y otros distinguidos académicos de la Universidad de California en Berkeley han asumido el desafío de abordar los defectos de la planificación urbana modernista. William H. Whyte, de Nueva York, y sus equipos de «creación de lugares» [ placemaking] también han afrontado estos temas. Extensos estudios sobre la vida pública llevados a cabo en Copenhague han tenido una profunda influencia en el nivel de excelencia de la capital danesa, y a su vez estos estudios han influido en otras ciudades. Copenhague se convirtió en la primera urbe que anunció, en 2009, la política urbana oficial de «Ser la mejor ciudad del mundo para la gente». De hecho, en las distintas revistas que publican listas acerca de temas urbanos se dice repetidamente que Copenhague es «la ciudad más habitable del mundo». Por añadidura, en 1998, a los planificadores urbanos europeos les pareció necesario reunirse de nuevo en la capital de Grecia para firmar una Nueva Carta de Atenas, que afirmaba de manera contundente que la gente y las funciones de la ciudad ya no deberían seguir estando separadas. Esto constituyó un claro adiós al modernismo, después de sesenta y cinco años. Por desgracia, todavía quedan muchas regiones y muchos profesionales a los que todavía no les ha llegado este mensaje. Y lo más lamentable de todo es que, en los sesenta y cinco años que han transcurrido desde 1933, los modernistas y los lobistas de la movilidad han construido una interminable cantidad de distritos urbanos inhumanos e insostenibles que siguen ahogándose, estancados en todos sus defectos.
Este es el contexto en el cual se han desarrollado las nuevas ideas sobre la ciudad de los 15 minutos. Se trata de un conjunto de nociones y herramientas fáciles de concebir, que se pueden aplicar con sencillez. Finalmente, la atención se ha desplazado a los barrios, los lugares en los que vivimos y trabajamos, en oposición a los muchos años en los que la atención se centraba en cómo ir desde el punto A hasta el punto B sin poner mucho cuidado en la calidad de A ni de B. La ciudad de los 15 minutos es un concepto nuevo y, sin embargo, comprobado. En los «buenos viejos tiempos», todas las urbes, grandes y pequeñas, eran ciudades de los 15 minutos. Cuando las examinamos de cerca, es posible observar que la mayoría de los centros de las ciudades de todo el mundo tienden a tener un área de alrededor de un kilómetro cuadrado (1.000 × 1.000 metros). Esta es la mayor distancia que puede caminar la población general mientras se desplaza diariamente de un sitio a otro, y si observáis vuestro reloj mientras camináis este kilómetro cuadrado veréis algo mágico: es una distancia que se puede hacer en, más o menos, 15 minutos.
Disfrutad, entonces, de vuestras caminatas, de vuestros trayectos en bicicleta y de la vitalidad de la ciudad de los 15 minutos.
JAN GEHL, Copenhague, septiembre de 2023
INTRODUCCIÓN
La redacción de este libro ha sido un largo proceso. Después de describir, en el verano de 2020, cómo sería la revolución de la proximidad, he visto cómo esta idea se ha extendido por todas partes. He conocido a gobernantes locales, diseñadores de políticas públicas y políticos del mundo entero que la han puesto en práctica; a investigadores que la han analizado con mayor profundidad y a ciudadanos que se han involucrado en el proceso. Se ha creado un movimiento inmenso. Quisiera darles las gracias a todos ellos por animarme a seguir adelante. Es a ellos a quienes les debo mi gratitud por hacer que esta idea se hiciera realidad, por encarnarla y ponerla en práctica, y también por defenderla cuando he recibido ataques infundados.
Es a ellos a quienes les doy las gracias en muchos idiomas distintos, porque la ciudad de los 15 minutos es hoy universal. Aquí describo la forma en que surgió la idea, sus raíces, mis fuentes de inspiración, cómo ha sido el recorrido y, luego, la forma en que se ha convertido en una realidad en todos los continentes y en todos los contextos.
En los años cincuenta, durante la posguerra, las autopistas se adueñaron de las ciudades, atravesándolas como si fueran largas llagas, y los coches se convirtieron en el centro de nuestros deseos (masculinos) y en la esencia misma de la vida urbana. El objetivo era ir cada vez más lejos y más rápido. Como resultado de ello, las calles se han vuelto peligrosas para los peatones; el coche se ha convertido en el rey, la gasolina y el petróleo, en elementos fundamentales y todopoderosos, y nuestras vidas han quedado patas arriba. Nuevos centauros han invadido nuestras urbes; mitad humanos y mitad coches. Las autopistas están desfigurando nuestras ciudades. Hay carriles rápidos por doquier y nos desplazamos a toda velocidad. Adiós a la idea de proximidad, a los mercados locales, a la costumbre de hacer las compras a pie, de pasear; y adiós, también, a la sensación de bienestar que produce refugiarse a la sombra de un árbol.
Este libro nos invita a hacer un viaje diferente —a lo largo del cual seré vuestro guía— en dirección a un tipo de ciudad que ya no quiere tener que recorrer largas distancias por medio de un sistema de transporte inhumano; una ciudad que se niega a perjudicar su salud debido a la contaminación, que se está volviendo casi permanente; una ciudad que quiere redescubrir su humanidad. Es un viaje a lugares en los que es bueno olvidarse del reloj y en los que —ya sea en Europa, Asia, América Latina, Norteamérica o África— la gente quiere vivir de una manera diferente y cerrar el capítulo de hacer trayectos de dos horas para llegar al trabajo. Visitaremos calles que se han vuelto peatonales, escuelas con patios de recreo en lugar de calles llenas de coches, y espacios que ahora se utilizan para un amplio abanico de actividades, cuando antes solían tener un solo propósito. Bajo cielos distintos, veremos cómo podemos cambiar el aquí y el ahora para tener una mejor calidad de vida. Que no haya más muertes por accidentes ni más calles que solo sean lugares por los que circulan los vehículos mientras les roban su alma.
Para navegar por el complejo entramado del urbanismo, este libro empieza sumergiéndose en los principios básicos que les dan forma a las ciudades modernas. Los primeros siete capítulos analizan la evolución histórica de la planificación urbana, anclada principalmente en torno al innovador funcionalismo de Le Corbusier. Estos capítulos sirven al mismo tiempo de crónica y crítica y registran el recorrido de las transformaciones que han sufrido los paisajes urbanos.
En concreto, el capítulo 1 incluye un categórico llamamiento a la acción al establecer lo urgente que es reinventar los ecosistemas urbanos a la luz de los desafíos contemporáneos. Invita a los lectores a no ser solo testigos, sino a participar en la próxima revolución urbana.
Los capítulos 2 a 4 examinan la fragmentación de la ciudad a lo largo del tiempo, analizando la intrincada madeja de historias y geografías del mundo. Estos capítulos ofrecen a los lectores una vista panorámica del paisaje urbano, fragmentado por zonas de tiempo, cronologías y dinámicas sociopolíticas en evolución. El relato tiende un puente entre el pasado y el presente, subrayando cómo los grandes hitos históricos han creado el escenario para las realidades urbanas actuales.
Cuando lleguemos al capítulo 5, el discurso abandonará los análisis retrospectivos para centrarse en la planificación proactiva, al tiempo que nos insta a aprovechar las lecciones de los años anteriores para crear un futuro urbano más inclusivo.
Los capítulos 6 y 7 examinan la anatomía misma de las urbes y sondean las complejas relaciones entre la forma física de una ciudad, su ritmo inherente y las realidades temporales que la gobiernan. El colofón de estos primeros capítulos constituye una panorámica de las metamorfosis urbanas desde la crisis del petróleo de 1973 hasta los desafíos y logros en 2020.
En los capítulos 8 a 11, la narrativa centra la mirada en París, el crisol en el que se forjó el concepto radical de la ciudad de los 15 minutos. Esta idea transformadora promete abandonar las grandes extensiones urbanas dispersas para crear diseños urbanos más compactos, accesibles y sostenibles que establecen la proximidad como el concepto central del renacimiento urbano.
A partir de este punto, el libro se convierte en una aventura a escala mundial que comparte las historias de distintas ciudades de todo el mundo, mientras luchan, se adaptan y evolucionan, cada una a su manera, a lo largo de la búsqueda de un nuevo equilibrio urbano. Cada uno de los capítulos que siguen, desde Milán hasta Melbourne y desde Cleveland hasta Busan, ofrece ejemplos de desafíos urbanos, innovaciones y éxitos que ilustran la forma en que se han adoptado los principios de la proximidad en los cinco continentes.
El capítulo 12 nos lleva a Milán, donde la noción de «vivir cerca» refleja la forma en que la ciudad ha integrado la proximidad urbana. Ya en Norteamérica, el capítulo 13 analiza el carácter único de Portland, y el capítulo 14 contrasta el pasado industrial de Cleveland con sus aspiraciones a materializar la noción de cercanía.
El capítulo 15 destaca la visión que tiene Buenos Aires de un futuro sostenible marcado por la proximidad. Susa, en Túnez, en el norte de África, ilustra en el capítulo 16 cómo es una metrópolis centrada en la noción de «cercanía». Melbourne, en la costa del Pacífico, se presenta ante nosotros en el capítulo 17 como una «ciudad de los 20 minutos», que combina el trabajo con el tiempo libre.
La vibrante ciudad de Busan, en Asia, pasa de ser un centro de tecnología a convertirse en un modelo de «proximidad feliz» en el capítulo 18. El capítulo 19 ensalza las aspiraciones de proximidad de localidades pequeñas de todo el mundo. El capítulo 20 relaciona las ambiciones de Escocia y de la región parisina de Île-de-France, dos defensoras del ideal de un territorio de los 20 minutos.
Terminamos este viaje en el capítulo 21, donde analizamos el nexo entre la tecnología y las tendencias de los habitantes urbanos.
En conjunto, estos capítulos destacan ciudades y territorios que luchan por un mismo objetivo: crear entornos urbanos en los que las cosas esenciales de la vida se encuentren a solo unos minutos. En este viaje, presento un horizonte esperanzador, en el que las ciudades —rebosantes de esencia histórica, pero animadas por aspiraciones contemporáneas— les ofrecen a sus residentes una poderosa síntesis de cercanía, interconexión y plenitud.
Nuestro viaje por estas ciudades es también una exploración de nosotros mismos. Al ofrecer un entorno urbano que favorece la convivencia y la proximidad, podemos redescubrir el valor de la comunidad, la cooperación mutua y el intercambio. Nos nutrimos de la interacción auténtica y de la solidaridad de una vida urbana reinventada.
Así que, queridos viajeros de un mundo de ciudades que necesitan reparación, ¿estáis listos para recrear la vida en vuestras ciudades de modo que estas sean mucho más que un conjunto de rascacielos anónimos y arterias congestionadas? ¿Estáis listos para participar en este nuevo relato, esta nueva historia de vida urbana? Si es así, entonces La ciudad de los 15 minutos es para vosotros.
1
AQUÍ Y AHORA: TENEMOS QUE CAMBIAR
Los informes sobre el crecimiento urbano a escala mundial van en la misma dirección, como muestra la revisión de 2018 de las perspectivas de urbanización mundial («2018 Revision of World Urbanization Prospects») del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (DAES). Según el DAES, la población urbana mundial experimentará un crecimiento notable, pasando de mil quinientos millones en 1950 a cerca de diez mil millones de personas en 2050. Entre hoy y esta última fecha, el número de habitantes que vivirán en ciudades de todo el mundo debería crecer entre dos mil quinientos y tres mil millones. Esta rápida transición transformará nuestro mundo, antes esencialmente rural, en uno urbanizado en un 68% (https://www. un.org/en/desa/2018-revision-world-urbanization-prospects/).
Dichas áreas urbanas son las responsables de una gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, tal como destaca con claridad el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). En su informe de 2022, «Cambio climático 2022: mitigación del cambio climático», el Grupo de Trabajo III del IPCC estableció los diversos mecanismos a través de los cuales las actividades urbanas producen aproximadamente el 70% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (https://www.ipcc.ch/report/ ar6/wg3/).
Además, en su informe de 2021 titulado «Empowering Cities for a Net Zero Future», la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) ponía énfasis en que las zonas urbanas albergan más de dos tercios de la movilidad motorizada y por lo menos el 75% de las construcciones residenciales y comerciales. Estos factores han sido identificados como las principales fuentes de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y el consiguiente deterioro en la calidad del aire (https://www.iea. org/reports/empowering-cities-for-a-net-zero-future).
A fin de afrontar estos desafíos, es preciso repensar el urbanismo y la movilidad urbana, así como el estilo de vida que se lleva en las ciudades. Las medidas encaminadas a promover un transporte sostenible, tales como diseñar un transporte público eficiente y construir infraestructuras para bicicletas y zonas peatonales, pueden ayudar a reducir las emisiones relacionadas con la movilidad. Asimismo, para afrontar los desafíos de la urbanización es esencial lograr una mayor eficiencia energética en las construcciones tanto residenciales como públicas y adoptar fuentes de energía renovable.
EL DESAFÍO DE LA URBANIZACIÓN Y EL IMPACTO AMBIENTAL
El cambio climático continúa imparable día tras día, mes tras mes y año tras año, alimentado por los hábitos de la vida urbana que llevamos, y que nos negamos a cambiar. ¿En nombre de qué nos negamos a cambiarla? ¿De nuestra felicidad? ¿De nuestra prosperidad? No se trata en absoluto de eso. Se debe simplemente a que no queremos cambiar lo que siempre hemos conocido. Otras civilizaciones humanas han desaparecido a causa del hambre y la guerra, al ser incapaces de adaptarse a nuevas situaciones. ¿Y qué pasa con nosotros hoy, en este siglo XXI de ciudades, tecnología y modernidad? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Acaso somos conscientes de lo grave que será la situación para nuestros hijos y nietos, a quienes les estamos dejando este desastre? Sí, la vida urbana es el meollo del problema, pero también puede ser la solución si hacemos lo necesario para que así sea. Es la primera vez en la historia de la humanidad que la supervivencia se ve tan comprometida por nuestro estilo de vida.
Para entenderlo, retrocedamos un poco. Nací en 1959, cuando la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de 316 ppm (partes por millón); 64 años más tarde, mientras escribo este libro, en abril de 2023, hemos superado el umbral de las 425 ppm de CO2 en la atmósfera, lo cual amenaza seriamente nuestro futuro (como muestra la ilustración 1.1). Este fenómeno va acompañado de un aumento constante de las temperaturas y de las catástrofes naturales.
El desafío climático
Durante el mismo periodo, la temperatura media se elevó de 26,44 a 27,28 ºC. ¿Por qué este incremento de 0,84 ºC es tan grave? Aunque a primera vista puede parecer insignificante, es un aumento promedio a escala global que afecta a enormes y complejos sistemas climáticos. Históricamente, habían sido necesarios miles de años para que se manifestara una variación de temperatura de esta magnitud, de modo que el hecho de que se haya producido un cambio tan pronunciado en menos de un siglo es algo que no tiene precedentes y que resulta alarmante. La rápida elevación de la temperatura está perturbando los ecosistemas naturales, muchos de los cuales no tienen tiempo de adaptarse, y eso plantea una amenaza directa a la biodiversidad, algo que lleva a la pérdida de especies que no se pueden adaptar o no pueden migrar lo suficientemente rápido para hacer frente a los cambios. Al mismo tiempo, el calentamiento global está intensificando el deshielo y haciendo que se eleve el nivel de los mares, lo cual supone un riesgo para las regiones costeras y las islas pequeñas.
De acuerdo con el informe de 2022 del IPCC, varios de los episodios de calor extremo que se han observado durante la última década habrían sido improbables sin la influencia humana sobre el sistema climático. Cualquier otro aumento de la temperatura media global, ya sean solo unas décimas de grado, incrementará la intensidad y la frecuencia de estos eventos extremos. Las barreras de coral, por ejemplo, ya han alcanzado el límite de su capacidad de adaptación y podrían desaparecer si se supera el umbral de +1,5 ºC. Es más, el aumento de la temperatura tiene efectos colaterales, ya que algunos de los impactos del cambio climático aceleran, a su vez, el proceso de calentamiento.
1.1. El impacto de la urbanización y del cambio climático es mundial.
Si queremos seguir teniendo ciudades habitables, el estilo de vida del siglo XX ya no es posible. Si continuamos siendo habitantes de entornos urbanos que no se preocupan por el aire, el agua y la atmósfera, estos elementos se nos escaparán definitivamente de las manos, lo que provocará un desastre. Con la construcción de grandes metrópolis, el agotamiento de los recursos naturales, la contaminación casi permanente de las ciudades, el estrés hídrico y los efectos sistémicos, se está amenazando la calidad de vida, poniendo en peligro la salud y, más allá de eso, comprometiendo todo el ciclo de la vida.
Veamos, por ejemplo, lo que ocurrió en América del Norte en la primavera de 2023. En Canadá, el oeste del país padeció una multitud de incendios forestales devastadores. Alberta sufrió 62 incendios y la Columbia Británica, 76. El centro del país, en la provincia de Saskatchewan, experimentó a su vez 24 incendios que arrasaron la región. Quebec también sufrió la amenaza de las llamas y el humo. Para octubre de 2023, el país había soportado 424 incendios, una cifra que superó de largo el promedio de los diez años anteriores para la misma época.
Debido a su posición geográfica única, Canadá ha venido sintiendo los efectos del calentamiento global con más intensidad que el resto del mundo. Las consecuencias han sido devastadoras, con fenómenos climáticos extremadamente violentos, cuya escala y frecuencia se han visto exacerbadas por la alteración climática. Examinemos ahora cómo ha afectado esto a las ciudades. Arrastrado por los vientos, el humo de los incendios que ardían en el oeste del país se propagó por la masa continental hasta llegar a Montreal, donde impregnó las calles, y a Ottawa, la capital, que quedó sumida en una niebla oscura. Las autoridades alertaron al público sobre un «altísimo riesgo» para su salud debido a la mala calidad del aire y se aconsejó a los ciudadanos que limitaran sus actividades físicas al aire libre, mientras que el horizonte permaneció lleno de esmog durante casi una semana.
La neblina color naranja que envolvió a las principales ciudades canadienses se extendió a lo largo de cientos de kilómetros y llegó incluso a cruzar la frontera para entrar en Estados Unidos y alcanzar la legendaria metrópoli neoyorquina. El majestuoso perfil de Manhattan quedó reducido durante varios días a una sombra lejana, apenas distinguible tras una niebla oscura. Las agitadas calles de la ciudad que nunca duerme se tiñeron de un extraño resplandor que reflejaba la mala calidad del aire. Las mascarillas que se habían vuelto algo cotidiano durante la pandemia de la COVID-19 regresaron. Se cerraron puertas y ventanas con la esperanza de proteger los espacios interiores y mantenerlos sanos y habitables. Los más jóvenes, los ancianos y todos los que sufrían alguna afección recibieron la recomendación de quedarse en casa. Las actividades al aire libre se limitaron, lo cual dejó las calles desiertas y los parques, silenciosos, privados del dichoso bullicio que por lo general los anima.
Cuando un resplandor amarillento envolvió a la ciudad de Nueva York, en junio de 2023, se vivió un momento casi apocalíptico. La atmósfera se había impregnado del olor acre de la leña quemada. Las nubes de humo que se elevaban en el aire y rodeaban edificios y calles desiertas crearon un paisaje digno de una lúgubre película de ciencia ficción. Era como si las calles se hubiesen hundido en las sombras de un futuro distópico que evocaba imágenes de la película Blade Runner.
LO URBANO: UN ARMA DE DOBLE FILO
La película Blade Runner está basada en la novela de 1989 de Philip K. Dick titulada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? La trama evoca un sentimiento de impotencia alimentado por el comportamiento suicida de la humanidad, generado a su vez por la devastación posterior a una guerra nuclear. Entre los pocos supervivientes que luchan por no morir en una Tierra en ruinas, impera la necesidad apremiante de forjar relaciones empáticas y encontrarle, a pesar de todo, un significado a la existencia. En el centro de esta indagación se halla la pregunta fundamental sobre la esencia humana y cómo vivir al máximo nuestra humanidad.
De manera similar, hoy nos preguntamos con preocupación adónde llevarán todos esos incendios forestales devastadores que nos hacen pensar en cómo se verán afectadas nuestras vidas urbanas por esta clase de perturbaciones, tan presentes y visibles hoy.
Impacto global sobre la salud
Ahora veamos cómo fue la primavera de 2023 en Asia, cuando los cerezos empiezan a florecer en las ciudades japonesas y todos nos maravillamos con la belleza de las sakuras. Lamentablemente, no fue mucho mejor que lo que estaba ocurriendo en el otro extremo del mundo, en Canadá y Nueva York.
El cambio climático también está teniendo efectos devastadores en Asia. El Sexto Informe de Evaluación del IPCC (AR6), elaborado por el Grupo de Trabajo I, evaluó las posibilidades futuras de que ocurran eventos como tormentas, sequías y olas de calor en el contexto de los siguientes escenarios de calentamiento: 1,5 ºC, 2 ºC y 4 ºC (véase la ilustración 1.2). Los climas extremos se están volviendo cada vez más frecuentes e intensos debido al cambio climático. Estas predicciones científicas han sido confirmadas, tal como pone de manifiesto la intensa ola de calor que azotó a Asia en 2023, la cual trajo consigo nuevas temperaturas récord en varios países.
La región fue asolada por un calor asfixiante que no dio tregua a sus habitantes. En Japón, las temperaturas superaron los récords desde el inicio mismo de la primavera, muy a comienzos de marzo, lo que hizo que los cerezos florecieran más temprano.
De hecho, el mes de marzo de 2023 fue el más caluroso de la historia del país. El año anterior, Japón ya había registrado doscientas temperaturas máximas, lo cual mandó al hospital a setenta y una personas, afectadas por enfermedades relacionadas con el calor, en particular niños y ancianos.
1.2. Aumento de la temperatura media mundial desde 1995 (junio-julio-agosto) y predicciones meteorológicas.
En Tailandia, Bangko
