La historia de la literatura es una historia de manos tendidas sobre algún tipo de abismo. Oh, sí. Los escritores son también exploradores. Con sus lecturas, siempre al margen de lo que sea que esté pasando en el mundo del que forman parte, iluminan un pasado de injusticias en el que las piezas clave tienden a permanecer ocultas a simple vista, como las huellas borradas de un antepasado mastodóntico, vital para entender la Obra en Marcha de la Humanidad —en su versión literaria—, pero lamentablemente perdido. La primera mano que alguien le tendió a Lucia Berlin ni siquiera fue una mano que pudiese alcanzar. No porque llevase casi una década muerta —a la Historia, con mayúsculas, de la Literatura, le trae sin cuidado el escritor, se ocupa de la Obra— sino porque no se dirigía explícitamente a ella. Ocurrió el año 2013. Alice Munro ganó el Nobel de Literatura con una obra hecha de, únicamente, historias cortas. Era mujer y cuentista, y de repente, las librerías se llenaron de lectoras y lectores curiosos por eso que tanto valor ha tenido siempre pero que tiende a tratarse como un hermano menor: el relato. Las editoriales salieron de caza al pasado en busca de otras Munro, o, como la consideraron, otras «Chéjovs» de, no Canadá, pero sí Estados Unidos, y, al principio, resto del mundo anglosajón. Fue en ese momento cuando alguien levantó un teléfono en la editorial neoyorquina Farrar, Straus and Giroux y llamó a Lydia Davis para pedirle consejo. Lydia Davis, ya saben, la escritora, autora de la imposiblemente perfecta «El final de la historia» y toda una exploradora lectora. Lydia Davis no lo dudó. Cuando quien había al otro lado del teléfono le preguntó si se le ocurría alguna cuentista cuya obra jamás hubiese sido tratada como debía, ella, sin dudar, contestó: «Por supuesto, Lucia Berlin». En 2015, «Manual para Mujeres de la Limpieza» se publicaba en Estados Unidos, y un año después, en marzo de 2016, llegaba a España y se convertía en un éxito sin precedentes —cientos de miles de ejemplares vendidos— para una obra eminentemente literaria.