Mujer sin vergüenza / Woman Without Shame

Sandra Cisneros

Fragmento

Mujer sin vergüenza

Elogios para Mujer sin vergüenza

“Estas exuberantes narrativas líricas están escritas con un vívido espíritu de chica salvaje, ¡llenas de amor desenfrenado, angustia y alegría! Este es un libro apasionante, ¡no te lo puedes perder!”.

—Marilyn Chin, autora de Portrait of the Self as Nation

“Mujer sin vergüenza es un libro maravilloso, que inspira de la mejor manera, recordándome de nuevo por qué la poesía es tan vital. Necesitamos palabras de sustancia expresadas con pasión y visión en estos días desalentadores”.

—Dorothy Allison, autora de Bastard Out of Carolina

“Un arremolinado mar de sentimientos, historias y sonidos. Al final, me sentí alegremente reabastecido”.

—Luis J. Rodríguez, autor de Borrowed Bones y ex Poeta Laureado de Los Ángeles

“La sinigual Sandra Cisneros, con su distintiva voz chispeante de humor, sus palabras perspicaces, sorprendentes y siempre en sintonía con las conmovedoras canciones de nuestras vidas, nos entrega un retrato poderoso de una mujer en su travesía por un mundo roto y aun así hermoso. Mujer sin vergüenza deslumbra con una energía desinhibida. ¡Que Cisneros siga inspirándonos con su corazón de poeta!”.

—Rigoberto González, autor de The Book of Ruin

“Estos nuevos poemas de Sandra Cisneros comprueban que un poeta místico puede ser una mujer madura de piel morena carente de vergüenza en su ser. En este camino donde lo sagrado y lo profano van de la mano, luchan e incluso bailan un poco debajo de millones y billones de estrellas, incluso ser mujer es considerado un pecado. Estos poemas son oraciones para la comprensión en este viaje terrenal de misterio y belleza. Estos poemas cruzan el camino con impunidad. La impunidad usa sombrero de fieltro y fuma un puro. Estos poemas nos mandan luz. Los extraños se vuelven familia. Nos sentamos y comemos algo juntos, tomamos algo y escuchamos poesía. Quiero vivir en este libro, dejar las puertas y las ventanas abiertas, aun cuando pasen por ahí perros callejeros y mendigos”.

—Joy Harjo, 23.a Poeta Laureada de Estados Unidos

“La escritura de Sandra Cisneros es un fuego bajo tierra que corre por cañones de aguas profundas. Su lenguaje está en movimiento en su propio tiempo y lo sentimos como cuerpos frotándose uno contra el otro, como la luz elevándose. Ella escribe el sonido de lo imposible, como sonaría en el tiempo presente: Ella es una mujer sin vergüenza… gloriosa en su propia piel. Sandra Cisneros está escribiendo fuegos de la vida, dentro del tiempo de otros mundos. Somos muy afortunados de tener estos brillantes poemas”.

—Jan Beatty, autora de American Bastard

“Mahalo ã nui, Sista, por convertir la sátira del envejecimiento en una risa retro desenfadada, una rareza tan benévola. Sandra Cisneros todavía ve vendedores callejeros flotar con nubes de algodón de azúcar, la extirpación intencional de la gente tóxica, el romance de besar perritos chihuahueños y la absoluta necesidad de ponerlos a todos en poemas. La poeta nos implora: ‘Coraje, qué coraje. Para nada este recato / en blanco o beige sensato’. Cariño, ella declara, esto quiere decir tú”.

—Lois-Ann Yamanaka, autora de Behold the Many

“En Mujer sin vergüenza, la siempre feroz Sandra Cisneros nos toma de la mano y nos guía por las décadas que ha habitado. Cubriendo la gama de odas, listas, instrucciones, elegías y ofrendas, cada sílaba canta como ‘En árboles temblorosos: urracas urracando’. Crecemos a un lado de una Cisneros sin vergüenza, siendo testigos de lo que significa madurar y amar, pertenecer y anhelar, en una vida que abarca dos países. Con un lirismo ‘sólido como Teotihuacán’, Cisneros arrasa con su pluma sin censura”.

—Javier Zamora, autor de Solito: A Memoir

“Sandra Cisneros no le tiene miedo a absolutamente nada. Es capaz de decir cualquier cosa. Esa feroz independencia de espíritu destellea con una claridad incandescente en esta colección de poemas, desde sus confrontaciones con el envejecimiento y la mortalidad hasta las contradicciones del romance y la sexualidad, desde su condena de la corrupción e injusticia en México, donde vive, hasta el inventario de su propia vida. La poeta habla con valentía, honestidad, empatía y humor. Sandra admite que algunas palabras la hacen ‘tropezar’ en español; el resultado es una jocosa contemplación de la palabra ‘higos’. Sin embargo, hay música en estos poemas, que cantan en español, pero también en las lenguas indígenas que encuentra a diario. Esta es una poeta de los sentidos, escribiendo el cuerpo, abrazando al antiguo yo en el espejo, pero sin nunca olvidar los cuerpos de los muertos, la niña sorda que paseaba a su perro en el parque hallada asesinada, su cuerpo, ‘una caracola’. Hay ternura para los otros seres que habitan su mundo, para las hormigas en su ducha, incluso para los chicos con metralletas, uno de los cuales saluda con la mano a la poeta. ‘Mándanos luz’, implora Sandra Cisneros, rodeada de sufrimiento. ‘Send us all light’. Estos poemas hacen precisamente eso. Nos mandan luz”.

—Martín Espada, autor de Floaters, ganador del National Book Award

Mujer sin vergüenza

OTRAS OBRAS DE SANDRA CISNEROS

FICCIÓN

Martita, I Remember You / Martita, te recuerdo

¿Has visto a María?

Caramelo

El arroyo de la Llorona

La casa en Mango Street

Hairs / Pelitos

Vintage Cisneros

Bravo, Bruno

Puro amor

 

POESÍA

Loose Woman

My Wicked Wicked Ways

Bad Boys

 

MEMORIAS / ENSAYOS

Una casa propia

Mujer sin vergüenza

Para Norma Alarcón, mi aliada en la poesía

Mujer sin vergüenza

Mujer
sin
vergüenza

Mujer sin vergüenza

Tardeada, Provincetown, 1982

En el bar de los chicos

nadie

bailaba conmigo.

Yo bailaba con

cada

uno.

Todo el

salón.

Cada canción.

Eso era

lo mejor

de los bares de chicos

entonces.

El salón vibraba.

Temblaba.

Se convulsionaba.

En un

colectivo

zoológico

frenesí.

Técnicamente,

yo era

la única mujer

ahí.

¿Qué importaba?

En el Boatslip,

yo era bienvenida.

¿El bar de las chicas

calle abajo?

¡Uff!

Sin brillo como un estropajo.

Pero las tardeadas palpitaban,

milagrosas como el mercurio.

Peste de sudor acre y

picor de cloro del semen.

Resbalosa energía masculina.

Algo parecido a

ver caballos pelear.

Algo excitante.

Mi amante,

el último verano en que fue bi,

me inició en las tardeadas.

A menudo él se perdía de vista,

distraído por los bellos

junto a la piscina, mientras yo bailaba

contenta / inocente

con un salón de hombres.

Era un cometa asustadizo, ese.

Los cometas viran y caen en picada y ululan.

Era cuestión de tiempo, yo lo sabía.

A propósito, lo llamaba

“mi cachito de cuerda”.

Y eso es lo que los cometas

te dejan al final.

El verano tenía fecha

de expiración. Entendido.

Esa temporada

yo experimentaba ser

la mujer que quería ser.

Me enseñé a asolearme

toples en la playa gay,

donde los bañistas

gritaban “guarda”,

una advertencia retransmitida,

anunciando a la autoridad,

en ruta a caballo,

que venía a inspeccionar

si estábamos vestidos.

Si no, multa. Cincuenta

dólares de la cintura para abajo.

Cien, de la cintura para arriba.

A cincuenta la teta, bromeaba yo.

Era fácil estar medio desnuda

en una playa gay donde los hombres

no se molestaban en mirar.

Ensayaba ser

una mujer sin vergüenza.

No una sinvergüenza, sino

una sin vergüenza

gloriosa en su propia piel.

La carne parecida al orgullo.

Boté ese verano

no solo el top del bikini sino

a la Eva impulsada por la culpa

y a la Fátima auto inmolada.

Practicaba para

mis días minoicos por venir.

Cabello de Medusa y pechos

esp

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