El filósofo interior

Lou Marinoff
Daisaku Ikeda

Fragmento

FilosofoInterior.html

Elogios a El filósofo interior

Hoy en día, cuando la incertidumbre se suma a otros retos que ponen a prueba cada ámbito del quehacer humano, es esencial que El filósofo interior sea parte de la literatura y del diálogo mundiales. Al proponer un coloquio abierto y revelador, que nos ayuda a aclarar el misterio del «nosotros», su contenido nos sitúa en la vanguardia de la gran aventura de la vida y la condición humanas.

WAYNE SHORTER, compositor y

saxofonista de jazz, galardonado con

nueve premios Grammy y distinguido

como Maestro del Jazz por el

Fondo Nacional de las Artes (EE.UU.)

Estas conversaciones, tan amenas como interesantes, demuestran la importancia de la filosofía en nuestra vida y nuestro mundo. Daisaku Ikeda y Lou Marinoff nos guían magistralmente hacia la naturaleza y la función de la sabiduría, desde los tiempos antiguos hasta los problemas de hoy. Es un libro que deberían leer dirigentes, profesores, estudiantes y adultos de todas las edades.

TOM MORRIS, autor de

Los superhéroes y la filosofía,

Si Aristóteles dirigiera General Motors

y Si Harry Potter dirigiera General Electric

En este estimulante diálogo, Daisaku Ikeda y Lou Marinoff demuestran el enorme potencial de la filosofía práctica y comprometida. Incitan a sus lectores a romper las cadenas de la autoridad para que desarrollen sus propios recursos interiores y abracen las preguntas más difíciles de la vida con sinceridad emocional e intelectual, valentía, disciplina y generosidad.

LARRY A. HICKMAN,

Center for Dewey Studies,

Southern Illinois University, Carbondale

¡No comience este libro sin un rotulador a mano, pues, sin falta, querrá releer muchas de sus reflexiones! O, mejor aún, planifique la lectura previendo una pausa después de cada conversación, dejando reposar el libro en su regazo mientras cavila sobre sus pasajes. En las sencillas frases que intercambian Lou Marinoff y Daisaku Ikeda se expresan brillantes complejidades que iluminan la mente y conducen al lector hacia la reflexión contemplativa que constituye el entorno de la filosofía. Cada contrapunto ofrece numerosas llaves para abrir las puertas al «filósofo interior» que habita en cada lector e ilustra que la auténtica búsqueda de la verdad es una característica permanente del pensamiento humano; que el conocimiento no es una mercancía que deban monopolizar los poderosos. Se nos enseña que la filosofía comienza por hacer preguntas, y en esta cuestión coincidirán quienes educan para la paz adoptando la pedagogía crítica como medio para guiar a los estudiantes hacia lo que Daisaku Ikeda denomina «creación de valor», haciéndose eco de lo que los educadores llamamos «consolidación de la paz».

Lou Marinoff nos recuerda que la investigación abierta es fundamental en la educación para la paz, al aseverar que nadie controla la verdad. Las conversaciones nos invitan a todos a ser indagadores de la verdad, asegurándonos que podemos y debemos involucrarnos en la reflexión filosófica sobre los asuntos que afectan a nuestra vida individual y a la sociedad en general. La sabiduría que ambos comparten con nosotros nos alienta a activar al filósofo interior para liberar al actor social. Este libro es una buena «lectura para la paz».

BETTY A. REARDON,

Directora fundadora emérita del

International Institute on Peace Education

[Instituto Internacional de Educación para la Paz]

EL FILÓSOFO INTERIOR

PRIMERA CONVERSACIÓN

La filosofía comienza a partir

de nuestras preguntas

IKEDA: Me siento profundamente honrado de emprender este diálogo1 con un gran filósofo de acción como usted, doctor Marinoff, que ha aportado nuevas ideas y enfoques al mundo de la filosofía.

No quiero dejar pasar esta oportunidad sin reiterarle mi gratitud por el sincero mensaje que me envió en enero de 2008, con motivo de mi octogésimo cumpleaños.

MARINOFF: No hay nada que agradecer, presidente Ikeda. Tal como dije en ese mensaje, usted ha hecho más en sus ochenta años de lo que la mayoría de nosotros podría llevar a cabo en ochenta vidas. Ha fundado universidades y un sistema escolar, asociaciones musicales y centros culturales. Ha publicado libros y diálogos, alentando a las personas a llevar vidas más maravillosas de lo que jamás se atrevieron a soñar.

También es un socrático implacable que busca sin tregua la verdad. Sus asombrosos logros como educador y activo practicante budista son un faro para toda la humanidad. Sin duda, el honor es mío al participar en un diálogo con usted.

IKEDA: Aunque mucho me temo que sus elogios sean excesivos, le agradezco su generosa presentación.

Para entrar en tema, no creo exagerado señalar que el estancamiento de nuestro mundo actual se remonta, fundamentalmente, a la falta de orientación filosófica. Una sociedad sin filosofía es como un edificio sin una firme estructura: aunque su fachada tenga ricos adornos y se vea espléndida por fuera, la construcción terminará sucumbiendo a las tormentas y a los terremotos. Cuando pienso en la prosperidad de nuestra civilización moderna, muy a mi pesar siento que es igualmente vulnerable.

MARINOFF: Coincido sin reservas con su valoración de que el mundo contemporáneo padece una terrible carencia de filosofía. Solo activaremos nuestro pleno potencial humano cuando consagremos nuestra fuerza vital a investigar los misterios más profundos de la vida.

IKEDA: Efectivamente. Y esta es una época propicia para que la humanidad despliegue sus capacidades latentes. Una sociedad sin filosofía produce una educación sin contenido filosófico, y esta, a su vez, forma individuos desprovistos de filosofía, lo cual es un aciago presagio para el futuro de nuestro mundo.

Por tal razón, el siglo XXI debe ser una centuria enfocada en la educación y la filosofía; es decir, un siglo de la vida. Mi esperanza es que este intercambio represente un nuevo punto de partida en esta dirección.

Su labor precursora en el campo de la filosofía, doctor Marinoff, ha convertido en sencilla y comprensible una disciplina que muchos consideraban difícil y distante. Creo, entonces, que ambos estaremos de acuerdo en elegir para este diálogo un lenguaje lo más claro y llano posible.

MARINOFF: Sí, por supuesto que estoy de acuerdo. Nuestro reto consiste en arrebatar la filosofía de las manos de los teóricos puros —cuyas meditaciones son abundantes, pero de difícil aplicación práctica— y devolverla al hombre de la calle. Me propongo dar lo mejor de mí mismo en este diálogo, con pasión y entusiasmo.

EL ASESORAMIENTO FILOSÓFICO

IKEDA: Me alegra mucho saberlo. Una de sus innovaciones, doctor Marinoff, ha sido ofrecer servicios profesionales de asesoramiento filosófico, aplicando a la vida cotidiana conceptos antiguos y modernos, orientales y occidentales. Esta experiencia lo condujo, en 1998, a fundar la Asociación Norteamericana de Consejeros Filosóficos [American Philosophical Practitioners Association, APPA por sus siglas en inglés].

Tanto en el Japón como en otros países, existe una creciente demanda de parte de la gente de atención psicoterapéutica y de asesoramiento profesional experto, que la ayude a resolver sus diversos problemas de relaciones personales, familiares y sociales.

En los Estados Unidos, el asesoramiento psicológico [counseling] es una práctica muy difundida desde hace varias décadas. Sin embargo, la consulta de asesoramiento filosófico que usted ha desarrollado probablemente sea desconocida para muchas personas. ¿Podría explicar a nuestros lectores en qué consiste?

MARINOFF: En términos generales, en la vida nos topamos con diversas dificultades. En mayor o menor medida, todo el mundo se preocupa, sufre o está inquieto. Siempre ha sido así. Pero cuando esto sucede en una cultura tan proclive al diagnóstico como la nuestra, la gente confía demasiado en la psiquiatría, la psicología y los medicamentos. Los consejeros nos esforzamos en emplear sabidurías tradicionales para transmitir a la gente maneras de pensar y manejar sus problemas. La meta de todo consejero filosófico es despertar en sus clientes ideas más positivas sobre la vida, ayudarlos a confrontar sus asuntos poniendo de manifiesto su fortaleza interior.

IKEDA: Este es uno de los aspectos más valiosos de la filosofía. Usted es autor de libros muy reveladores sobre esta cuestión; uno de ellos, Más Platón y menos Prozac, ha sido un gran éxito de ventas en muchos países del mundo.2

El título alude, por un lado, al popular antidepresivo Prozac, y, por el otro, a Platón, emblema de la reflexión filosófica. En esta obra, usted analiza las distintas formas de abordar los problemas cotidianos y propone que es posible superar las dificultades de la vida empleando los recursos del saber filosófico.

El propósito de la filosofía, a mi entender, es permitir a los seres humanos manifestar su fortaleza interior. Y un medio importante para cumplir este propósito es la orientación filosófica; es decir, el asesoramiento y el diálogo. En la Soka Gakkai Internacional se recalca la importancia del diálogo interpersonal, basado en una filosofía de respeto a la dignidad de la vida.

MARINOFF: La filosofía de vida de la Soka Gakkai Internacional me parece muy saludable. En la APPA somos muchos los que estamos cobrando mayor conciencia de la función que desempeña el diálogo en el budismo y ponemos en práctica planteamientos budistas en el diálogo con algunos de nuestros clientes.

Como adolescente que sintió la influencia del movimiento contracultural de los años sesenta, tuve ocasión de descubrir las filosofías asiáticas —hinduismo, taoísmo, budismo— y, poco a poco, empecé a incorporar sus enseñanzas a mi vida. Terminé por emplear la filosofía como guía para mi propia vida durante varias décadas, sin siquiera plantearme ofrecer asesoramiento filosófico a los demás.

IKEDA: ¿Y qué lo hizo inclinarse en esta dirección?

MARINOFF: A principios de los años noventa trabajaba en el Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá. Como expertos en Ética, con cierta frecuencia concedíamos entrevistas a los medios de comunicación —periódicos, radio, televisión— sobre diversos asuntos que revestían importancia social. Al cabo de poco tiempo, hubo personas que empezaron a contactar regularmente con el centro para solicitar consejo filosófico sobre distintas cuestiones personales y profesionales.

Por lo general telefoneaban y pedían hablar con un filósofo. Así conseguí mi primer cliente, un director de instituto que necesitaba resolver una crisis ética. Mi segundo cliente fue un estudiante de posgrado que buscaba la mejor manera de cuidar a su madre enferma sin interrumpir sus estudios.

IKEDA: Ambos se hallaban frente a problemas delicados... Me interesa saber cuál fue el asesoramiento filosófico que les ofreció...

MARINOFF: En el caso del director de instituto, buscamos la solución a un conflicto entre varias partes fundamentándonos más en razones morales que legales. La disparidad entre puntos de vista legales solo había conseguido agravar el conflicto, mientras que recurriendo a la intuición moral universal se resolvió en buena medida. En el caso del estudiante, buscamos priorizar sus numerosas obligaciones de manera que pudiera cumplir con ellas de forma satisfactoria sin que la prevalencia de una fuese en detrimento de otra.

IKEDA: En ambos casos, recurrió al pensamiento filosófico para proponer soluciones que superaran el conflicto en cuestión...

MARINOFF: Así es. E intenté desarrollar protocolos para ocuparme de tales casos. Al mismo tiempo caí en la cuenta de que había una necesidad social importante que no estaba satisfaciendo la asistencia sanitaria universal de una socialdemocracia orientada al Estado de bienestar, como lo es Canadá. Se hizo patente que algunas personas necesitaban filósofos en sus vidas, al menos en determinados momentos críticos.

IKEDA: Y veo que usted respondió a tal necesidad con una acción sincera. Desde entonces, basado en la filosofía antigua y contemporánea, ha venido ofreciendo a la gente un tipo de orientación que pone en juego la sabiduría y la esperanza para resolver sus conflictos.

La forma de interpretar un problema —cualquiera sea su naturaleza— puede tener un efecto positivo o negativo en nuestra vida. Si nuestra interpretación es positiva, la dificultad puede obrar como un estímulo del crecimiento personal.

Así y todo, y aun cuando se trata de un propósito sumamente noble, no es nada sencillo utilizar los recursos de la sabiduría y el diálogo para alentar y apoyar a los semejantes. Justamente, Sócrates, Platón y Shakyamuni fueron maestros en este tipo de diálogo.

MARINOFF: Grandes maestros, sin duda. Muchos libros imperecederos del mundo antiguo se escribieron en forma de diálogo.

Para mí, el asesoramiento filosófico se origina en las bases de la sociedad. Lo iniciaron ciudadanos, no filósofos. La gente corriente sacó una conclusión brillante: puesto que la filosofía podía tratar cuestiones sociales, también podía tratar cuestiones personales. Así pues, el asesoramiento filosófico surgió como respuesta a una demanda de la ciudadanía. Con los años, esa demanda ha aumentado en todo el mundo. Mi motivación, entonces como ahora, ha sido simplemente responder con el convencimiento de que puedo ayudar.

MANIFESTAR NUESTRA NOBLEZA INHERENTE

IKEDA: La gente corriente como punto de origen... ¡Qué relato sublime...!

No hay nadie que viva exento de problemas; todos, tarde o temprano, experimentamos algún tipo de sufrimiento o de dolor. Incluso las personas aparentemente felices o despreocupadas suelen tener alguna aflicción interior que no se ve a simple vista. Victor Hugo ha dicho: «Hasta la vida del más próspero tiene, en verdad, más días de tristeza que de alegría; por eso, tenemos afinidad con los cielos nublados.»3

En cierto sentido, la vida es una sucesión de penurias y desdichas. Lo importante es hallar el modo de superarlas y de convertir cada adversidad en ímpetu para avanzar. Cuando logramos cambiar nuestro punto de vista, descubrimos que los problemas son, justamente, lo que nos ayuda a crecer como personas. Son el combustible que impulsa y acelera nuestro motor interior.

Una enseñanza budista postula que los deseos mundanos pueden ser un trampolín que nos proyecte hacia la iluminación. El fuego de la sabiduría solo se puede encender con los leños de las aflicciones humanas; su luz es lo que nos motiva a buscar la felicidad interior.

Por ende, lo esencial es aprender a alimentar con los leños del sufrimiento el proceso que, en la Soka Gakkai Internacional, llamamos «revolución humana». Es allí donde se tornan indispensables la indagación y la práctica basadas en una sólida filosofía.

MARINOFF: Las doctrinas budistas son convincentes y eficaces para ayudar a las personas a transformar su sufrimiento. Estas enseñanzas deben presentarse más concienzudamente a las personas que han estado sobreexpuestas a la psicología o la ideología, y poco expuestas a la filosofía.

Doy consejo a clientes de toda clase y condición. Todos comparten el deseo de remediar sus dificultades y aprender el valor, el propósito y el significado de su vida.

IKEDA: De manera consciente o inconsciente, todos vivimos en busca de plenitud y de sentido. Pero, por mucho empeño que pongamos en la búsqueda, nunca hallaremos estos valores fuera de nosotros mismos. La clave se encuentra en el interior del ser humano. Como dice el aforismo: «Ponte a cavar en el lugar donde tienes los pies. Allí encontrarás la vertiente.»

Me parece muy noble su afán de emplear el diálogo para esclarecer las inquietudes más profundas de las personas; para infundir en sus clientes una fresca brisa de aliento que les permita descubrir su fuerza interior y confrontar sus dificultades.

MARINOFF: Muchas gracias. En realidad, este trabajo me ha enseñado que la nobleza es inherente al hombre. En mi consulta, el objetivo último del diálogo es ayudar a mis clientes a poner de manifiesto su nobleza inherente. Esto, a su vez, les permite trabajar hacia la plenitud con mayor claridad, renovadas energías y una determinación duradera.

¿Esta concepción del asesoramiento filosófico tiene un equivalente en el budismo Mahayana?

IKEDA: Así es. El budismo Mahayana enseña la práctica de la ofrenda, una de las tres prácticas que realizan los bodhisattvas.4 Hay tres clases de ofrenda: las dos primeras consisten en dar ayuda material y en brindar la Ley o las enseñanzas que conducen a la iluminación. La ofrenda, entonces, es una práctica que permite a los bodhisattvas cumplir el noble juramento de lograr la Budeidad en forma personal, ayudando simultáneamente a otros a que también se iluminen.

Por extensión, es razonable considerar que la prescripción de tratamientos o remedios por parte de la ciencia médica es una forma de ofrenda material. No hay modo de negar la importancia de la atención médica a la hora de superar las enfermedades. El asesoramiento filosófico que usted proporciona es afín con el espíritu de ofrendar la Ley, porque lo que usted hace es enseñar a las personas el camino hacia la felicidad.

El tipo restante de ofrenda consiste en infundir valentía a los semejantes; es decir, eliminar sus temores e impartir serenidad espiritual. Esta práctica da a las personas el valor de confrontar y superar sus dificultades, idealmente sin el más mínimo temor, tanto en la vida cotidiana como en los negocios y en cualquier otro campo del quehacer humano.

El budismo Mahayana enseña que la práctica del bodhisattva abarca estas tres clases de ofrenda. En verdad, esta debería ser la inclinación primordial de todos los líderes y educadores.

El propósito del budismo es cultivar un estado interior en el cual cada persona, trascendiendo todo temor y manifestando supremo valor y sabiduría infalible, trabaje por la paz y el bienestar de los demás.

MARINOFF: Su explicación de las prácticas del bodhisattva resulta instructiva y esclarecedora, sobre todo para los occidentales, ya que nos proporciona un contexto ennoblecedor, en lugar de estigmatizador, para lidiar con las preocupaciones de la vida. ¿No es cierto que Nichiren arrojó luz sobre este camino?

IKEDA: Como usted sabe, Nichiren5 —en cuyas enseñanzas se basa el movimiento de la Soka Gakkai Internacional— expone reiteradamente que las dificultades ennoblecen y elevan al ser humano:

«Surgirán dificultades, que deberán considerarse prácticas “pacíficas”.»6

«Uno solo puede demostrar su verdadera fortaleza cuando vence a un enemigo poderoso.»7

«El hierro se convierte en una magnífica espada cuando es sometido al fuego y a los golpes. Los venerables y sabios son puestos a prueba ante el insulto.»8

«En lugar de esperar buenas épocas, den los malos tiempos por sentados.»9

OBRAR BIEN EN LA VIDA COTIDIANA

MARINOFF: ¡Maravillosos mensajes de aliento! Según lo entienden la filosofía india antigua y después el budismo, nuestros peores enemigos son los estados mentales ilusorios y las expectativas poco realistas. El bienestar económico y la complacencia han llevado a muchos occidentales a esperar una vida sin dificultades. Por consiguiente, han quedado inermes ante la tormenta de la existencia. Las enseñanzas budistas de Nichiren ofrecen un buen refugio contra esta tormenta, aunque muchas personas no están preparadas para comprenderlas y llevarlas a la práctica; a menudo necesitan una instrucción gradual, paso a paso.

IKEDA: Es un princip

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