¿Existe la felicidad?

Toño Fraguas

Fragmento

cap-1

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Felicidad = Fertilidad + Felación. Ésta es la Ecuación de la Felicidad, tal cual. Porque etimológicamente «felicidad» tiene la misma raíz que «fertilidad» y «felación». ¿Casualidad? No lo creo... Me explico: desde pequeños nos enseñan que la felicidad está en consumir cosas, comprarlas, poseerlas y acumularlas. Pero si existe algo parecido a la felicidad, creo que está más bien en el segundo término de la ecuación: ser fértiles, o sea, en crear y hacer cosas (niños, libros, muñecas fofucha, casi lo que sea). ¿Y la felación qué pinta aquí? Pues es un concepto que sirve para aludir al bienestar subjetivo, que es el otro gran ingrediente de eso que llamamos felicidad... y vaya: ¡es un gran concepto! (ojo, quien dice felación, dice cunnilingus, romper con las uñas esas burbujas de los plásticos de embalar, o cualquier otra práctica que nos proporcione bienestar físico). Ésta es, en resumidas cuentas, toda la tesis que inspira este libro. Ya está. Si no quieres seguir leyendo, ciérralo y déjalo en la mesa de novedades o en el estante de autoayuda. No gastes tu dinero en él (aunque a lo mejor sí quieres saber por qué saboteo mi propio libro...).

Me saboteo a mí mismo precisamente porque lo que me mueve a escribir es el hecho de que la felicidad se haya convertido en un negocio. En las siguientes páginas, además de explicar con más detalle qué es eso de la felicidad, me propongo desenmascarar a los charlatanes, gurús y demás «vendemotos» que se están forrando a costa de nuestra frustración, nuestra baja autoestima y nuestra insatisfacción crónica. Nos han inoculado el ansia de ser felices, o de parecerlo. Ya no distinguimos demasiado bien entre una cosa y la otra.

Decir que uno es feliz está de moda, es trendy. También está de moda dar morcilla a los demás enseñando en las redes sociales lo felices que somos. Cada día en el móvil y en el correo electrónico recibimos fotos de gatos, perritos y bebés con frases célebres, pensamientos profundos del tipo: «Si quieres ser feliz piensa por ti mismo. Es una orden», todo ello con tipografías hipster. «¡A por el lunes con ilusión!», dicen una legión de descerebrados en twitter a las seis de la mañana. Los conferenciantes fashion (ésos de micro a lo Madonna y presentaciones en PowerPoint que ya las quisiera Spielberg) son los nuevos vendedores de la religión de la felicidad. Ha llegado el felicismo y cada vez gana más adeptos. Nos dicen que hay que ser optimistas y los adalides de la llamada psicología positiva arrasan en las listas de libros más vendidos...

Pero ¿existe la felicidad? Muy bien podría ser como esos otros grandes términos (Dios, Amor, Salud...) que todo el mundo maneja a la ligera pero que en realidad nadie sabe muy bien qué significan o cómo explicarlos. Tampoco estoy seguro de que sepan la respuesta a esa pregunta los que viven de enseñar a los demás a ser felices. Reconozco que siempre he creído más en nuestra capacidad para estar alegres que en la de ser felices. Pero soy de los pocos, porque cuando el Centro de Investigaciones Sociólogicas (CIS) pregunta a los españoles si son felices, los que dicen que sí son una abrumadora mayoría (el 88,1 % en el último barómetro publicado, cuando escribo esto, en febrero de 2015). Lo cual me lleva a pensar que, o bien no sabemos qué es ser feliz de verdad, o que nos conformamos con muy poco, o que nos da vergüenza reconocer que no somos felices.

Porque queremos estar a la moda de la felicidad. Y por eso nos lanzamos a consumir el último grito en este negocio: infinidad de métodos, cursos, ejercicios, alimentos y técnicas para ser felices. Hoy será muy trendy lo de hacer running, practicar el mindfulness o comer quinoa, pero ser feliz no es una moda y, por tanto, en realidad no hay nada nuevo. La humanidad lleva toda su existencia preguntándose qué es la felicidad e inventando métodos para alcanzarla. Si ya lo hubiéramos averiguado, si se pudiera conseguir ser feliz simplemente siguiendo tal método o tal dieta, hace tiempo que la felicidad habría dejado de ser un negocio.

Este libro está lleno de conceptos y palabras que antes o después quedarán obsoletos, pero quiero pensar que su intención principal perdurará algún tiempo y que el texto será legible y comprensible dentro de unos años. Lo que pretendo con esta obra es evitar

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