Capítulo I
Ramón Ruiz Alonso, enemigo mortal del socialismo
DE SALAMANCA A GRANADA
Ramón Urbano Lorenzo Ruiz Alonso nació el 14 de noviembre de 1903, a las dos de la tarde, en el pueblo salmantino de Villaflores, situado en plena meseta castellana a unos veinte kilómetros de Madrigal de las Altas Torres y a treinta de la capital provincial.[1] Tenía, es decir, cinco años y medio menos que Federico García Lorca, que había venido al mundo el 5 de junio de 1898 en otro pueblo, Fuente Vaqueros, ubicado, como al poeta le gustaba subrayar, en «el corazón de la Vega de Granada».
Los padres de Ramón, Ricardo Ruiz Hernández y Francisca Alonso Fraile, eran —como los de Lorca— acomodados labradores. «Nací en una familia a la que el bienestar sonreía y la vida agasajaba», escribió en su manual fascista Corporativismo, publicado en 1937.[2]
Como sus hermanos José, Ángel y Ricardo, fue educado durante algunos años por los salesianos del colegio de María Auxiliadora de Salamanca.[3] Allí coincidió, al parecer, con José María Gil Robles, quien, cuatro años mayor que él, sería más tarde su orientador y jefe político.
En 1977 unos vecinos de Villaflores nos aseguraron, durante una visita al pueblo, que los padres de Ramón perdieron mucho dinero con los juegos de azar y que, en consecuencia, la familia pasó por una etapa muy difícil. Ruiz Alonso se refiere a ello, evitando explicaciones, en Corporativismo. En los felices tiempos, escribe, las gentes llamaban a su padre «don Ricardo» y a su madre «doña Francisca». Luego vino el derrumbe y nacieron, según el autor, sus «rebeldías»: rebeldías muy tenaces. «Yo no las pude vencer jamás —relata—, porque venidos mis padres a menos, empobrecidos totalmente, aunque enriquecidos moral y espiritualmente más que nunca, yo vi a aquellas mismas gentes llamar a mi padre “el señor Ruiz” y a mi madre “la señora Paca”.»[4]
No cabe duda, pues, de que hubo un período de penuria. En su libro recuerda, además, cómo «años atrás, las primeras veces mi madre, y después yo mismo, iba con un pucherito a un Colegio salesiano de Galicia a buscar comida para todos».[5]
Según dijo en 1933, sus padres se vieron forzados a emigrar, no sabemos en qué año, a Argentina.[6] No tardaron mucho en regresar e instalarse en Madrid, donde Ramón ingresó en el Colegio de Segunda Enseñanza del Sagrado Corazón de Jesús de Carabanchel Alto, también regido por los salesianos. Allí, según un documento conservado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada, estudió francés durante los cursos 1921-1922 y 1922-1923 y recibió un sobresaliente.[7]
En Madrid una «buhardilla» de la calle del Barco, número seis, albergó por un tiempo a la familia. «Recuerdo de una noche —sigue apuntando el autor de Corporativismo— que la cena para cinco personas consistió en dos grandes patatas cocidas con agua y sal».[8]
En el padrón municipal de 1924 correspondiente a dicha dirección no consta la presencia de la familia Ruiz, pero sí en el siguiente, el de diciembre de 1930. Viven entonces en el piso tercero exterior del inmueble los padres de Ramón, dos de sus hermanos —Ángel y Ricardo— y su hermana María de la Fuenciscla.[9]
Falta el futuro diputado de la CEDA, que en una fecha no determinada se había mudado a Barcelona donde volvió a ser alumno de los salesianos, esta vez en sus Escuelas Profesionales, así llamadas. Pero «las necesidades de la vida —escribió en 1932—, cruel también conmigo como con los demás», le obligaron a abandonar aquel establecimiento, donde los hijos de don Bosco lo «enseñaron a saber rezar entre el repiqueteo del yunque herido por el martillo». Luego consiguió trabajo en su primer taller. Allí, como obrero fervorosamente católico entre tantos no creyentes, se sintió «solo en el mundo, desamparado, huérfano».[10]
En 1967 Ruiz Alonso recordaba con gran cariño a los salesianos, que tanto le habían ayudado durante su juventud, inculcándole en catolicismo fervoroso, y nos explicó que durante varios años presidió su Asociación de Antiguos Alumnos.[11]
Poco antes de la llegada de la República en abril de 1931, trabajaba como delineante en la Compañía de Trabajos Fotogramétricos de Madrid, fundada por el aviador Julio Ruiz de Alda (luego uno de los primeros colaboradores falangistas de José Antonio Primo de Rivera). Las cosas iban mejorando.[12]
Nuestro hombre era alto, bien parecido, fornido, arrogante y enfático, con una mata de pelo negrísimo y una risa estentórea. En 1929 se casó con Magdalena Penella Silva, hija del famosísimo compositor valenciano Manuel Penella (1850-1939), descubridor de Concha Piquer y autor, entre otras obras de gran éxito, de las zarzuelas El gato montés (1916) y Don Gil de Alcalá (1932), así como de la popular canción Amapola, hecha famosa en todo el mundo, décadas después, por Plácido Domingo. El 2 de marzo de 1930 nació en Madrid la primera hija de la pareja, Manuela —nombrada así en honor del abuelo—, que, con el correr de los años, iba a ser la célebre actriz Emma Penella.[13]
Nada más inaugurada la República cambió radicalmente a peor la situación laboral de Ruiz Alonso, por su negativa a afiliarse al sindicato socialista del Arte de Imprimir, presidido por Ramón Lamoneda. No sólo no pudo seguir practicando su profesión, que ya era de «obrero tipógrafo», sino que hasta se vio convertido en peón de albañil.[14]
No olvidaría nunca aquella experiencia humillante, que le provocó un visceral resentimiento contra los socialistas de la Casa del Pueblo. En Corporativismo leemos:
SEIS empresas… conservadoras (?)… católicas (?)… de derechas (?) ME ECHARON a la calle porque así lo exigía la Casa del Pueblo de Madrid.
¡¡Qué asco!!
Pasé hambre, mucha hambre… yo… ¡¡y los míos!![15]
Su situación mejoró, sin embargo, en 1932 al conseguir trabajo en El Debate, el periódico católico más influyente del país, dirigido por Ángel Herrera Oria, uno de los fundadores del partido derechista Acción Popular. En los talleres del rotativo sólo estuvo unos meses. Impresionados por su fervor antimarxista, los dirigentes del partido, quizás aconsejados por Gil Robles, le enviaron a Granada para trabajar en los talleres del nuevo diario Ideal —propiedad, así como El Debate, de Editorial Católica—, cuyo número inaugural salió el 8 de mayo.[16]
«Vibrante, ameno, movido, confeccionado con arte… un periódico moderno, en fin, con todo lo que el adelanto del periodismo exige hoy a un buen órgano de opinión»: así celebró El Debate la epifanía de su hermano pequeño de provincias, con un elogio especial para su flamante director, Pedro Gómez Aparicio, antiguo alumno de los cursos de periodismo del gran diario madrileño.[17]
El Debate no dudaba que Ideal estaba llamado «a figurar en primera línea entre la Prensa de provincias de España». No se equivocaba. Lo empezó a hacer nada más nacer, y muy pronto cobró una tremenda fuerza como diario predilecto de los católicos granadinos. Eran momentos en que se debatían en las Cortes, con intensa crispación, el proyecto del Estatut Català y la Reforma Agraria. Ideal, como El Debate, se opuso vigorosamente a ambos proyectos, suscitando con ello la acérrima hostilidad de las izquierdas. Ambos rotalinos estaban también, cómo no, muy en contra de la escuela pública laica («Escuela católica para el niño católico» era uno de los lemas de El Debate). Las caricaturas publicadas por Ideal satirizaban sobre todo a Manuel Azaña, bestia negra de las derechas (con Fernando de los Ríos). El diario dedicaba poquísimo espacio a la cultura, y, cuando excepcionalmente lo hacía, se fijaba de manera casi exclusiva en artistas o escritores locales de derechas.
PRIMEROS PASOS DE RUIZ ALONSO EN LA POLÍTICA
Ruiz Alonso, muy ambicioso, muy empeñado en ser algo importante en la vida, en recuperar el status social que había perdido su familia, no sólo iba a trabajar en Ideal como tipógrafo o linotipista. Llegó a Granada, según no duda en afirmar Gabriel Pozo Felguera, «en calidad de comisario político de Gil Robles con la intención de ser su hombre de confianza en la provincia». Su trabajo como linotipista del diario, es decir, era poco más que una tapadera. De ello no tardaron en darse cuenta los demás empleados del rotativo, sorprendidos por sus constantes idas y venidas. Daba la impresión de que mandaba más que el director, de que tenía plenos poderes.[18]
Convencido, al parecer, de que su misión en la vida era contribuir a la «redención» o «reconquista» de los obreros católicos españoles —embaucados y envenenados, a su juicio, por los dirigentes de los sindicatos socialistas—, empezó pronto a escribir en el diario. Primero, una serie de siete artículos agrupados bajo la rúbrica general de «Temas de Acción Social». Los cuatro iniciales se publicaron el 10, 20 y 27 de julio y el 5 de agosto de 1932, o sea justo antes de la abortada sublevación sevillana del general Sanjurjo el 10 agosto, acontecimiento que provocó disturbios en Granada, entre ellos el incendio del Casino —símbolo, para la izquierda, de la burguesía más rancia de la ciudad—, y, durante un mes, el cierre gubernamental de Ideal.
El tema de los cuatro artículos es el desamparo del trabajador católico en una España donde los líderes socialistas —«reptiles y charlatanes, embaucadores del obrero»— se empeñan en quitar a Dios de las escuelas públicas y en engañar a sus afiliados con falsas promesas de redención social. La situación es muy grave. Hay que reaccionar y ya se está reaccionando. Las organizaciones sindicales católicas no son un mito, están dispuestas a dar la batalla, y atraerán a cada vez más desilusionados del otro bando. Ruiz Alonso se dice convencido de ello. Los cuatro siguientes artículos de la serie, iguales en tono y contenido, saldrán en Ideal entre septiembre y octubre de 1932.[19]
El 1 de diciembre de 1932 Ruiz Alonso solicitó una matrícula gratuita —por su condición de «obrero»— en la Escuela Social del Trabajo de Granada. Le fue otorgada. Redactada con cuidadosa caligrafía de delineante (se preciaba de dibujar bien, pero en realidad su talento artístico era más bien mínimo, como demuestran las ilustraciones de Corporativismo), la solicitud revela que vivía entonces en la placeta de las Chirimías, número 16, situada a orillas del pequeño río Darro debajo de la Alhambra. Estaba decidido, evidentemente, a mejorar todo lo posible su posición laboral y social. Durante su primer curso en la Escuela Social estudió Legislación del Trabajo (1º), Geografía Económica, Economía Política, Derecho Público y Política Social. Recibió tres notables y dos aprobados.[20]
El 1 de enero de 1933 publicó en Ideal un resumen de los numerosos desórdenes ocurridos en Granada y su provincia desde la inauguración del diario. Se titulaba «Actividades sociales en ocho meses» y así comenzaré: «Triste y desastroso es el balance social del año que ayer murió». Luego venía el largo recuento de abusos, atropellos, huelgas y hasta muertes producto, a juicio del autor, de las «insanas y corruptoras doctrinas» que envenenaban el ambiente. Es significativo que el autor del resumen fuera Ruiz Alonso y no otro redactor del diario o incluso el director del mismo: demostraba el peso que, como enviado desde El Debate, ya tenía en la casa.[21]
Si añadimos que en este mismo mes de enero de 1933 es elegido vicepresidente del Sindicato Católico de Comercio, Banca, Seguro y Oficinas de Granada, iremos teniendo una idea del peso que iba consiguiendo nuestro hombre entre las «fuerzas vivas» de la ciudad de la Alhambra.[22]
ACCIÓN OBRERISTA Y, QUIZÁS, LAS JONS
Unos meses antes, en junio de 1932, el toledano Dimas Madariaga, diputado a Cortes por el Partido Agrario, y tan fanático como Ruiz Alonso, había empezado a preparar el lanzamiento de un nuevo partido, Acción Obrerista, con la pretensión de atraer hacia él a los obreros católicos y antimarxistas. «En estos momentos —dijo entonces en un mitin de la Juventud de Acción Popular— en que, destrozada España, el obrero no come y las cloacas masónicas dominan, y los españoles dignos viven en la emigración; en estos momento en que se abre España a aquella raza maldita y decidida, Acción Obrerista, que por mi voz toma parte en este acto, quiere expresar su actuación con el grito subversivo de abajo la tiranía y viva la libertad».[23]
El proyecto cobró cierta fuerza a lo largo de los siguientes meses y, en febrero de 1933, Ideal publicaba el manifiesto del partido y elogiaba la iniciativa de Dimas Madariaga y sus correligionarios. Unas semanas después ensalzaba la revista de la flamante organización, Ideas.[24]
Ruiz Alonso se adhiere enseguida al partido, y el 3 de mayo de 1933, publica en Ideal un artículo titulado «Acción Obrerista, en marcha». El escrito no deja lugar a dudas acerca de la personalidad enfática del personaje, al año de llegar a Granada, así como su ultracatolicismo, su maniqueísmo y el absoluto desprecio que le merecen los líderes socialistas. Se trata, una vez más, de la «redención» de los obreros católicos. Vale la pena reproducirlo en parte, pues nos muestra al Ruiz Alonso apocalíptico «en estado puro»:
Está ya Acción Obrerista, cuya bandera trae envuelto un programa social redentor, a las puertas de Granada. He aquí un nuevo partido político-social cuya presentación oficial en Madrid produjo ruido en la calle. Algo pasa en las Casas del Pueblo que no es el suceso vulgar de todos los días. En ellas empieza a hablarse de Acción Obrerista y se suceden los comentarios y las discusiones sobre el programa social cristiano que enfrenta a los resquebrajados preceptos del enchufe…
Son muchachos jóvenes, de gran corazón, gente nueva; obreros y trabajadores de todas clases, a los cuales no importó jamás la política y que hoy se lanzan, reclamando para sí el puesto de vanguardia, a la conquista de tantos otros compañeros que encuentran en sus almas un vacío inmenso y en las doctrinas y «acciones» de los «leaders» de sus partidos un desengaño y una desilusión de los más grandes de su vida.
En acto grandioso y solemne, se ha presentado Acción Obrerista a la opinión pública. Todos lo sabéis ya, pues la Prensa lo ha divulgado por toda España; fue en el teatro de la Comedia donde se celebró el acto, al que no faltaron obreros de partidos enemigos, enviados por hábiles e «inteligentes» emboscados a los cuales cegaba la luz y engreía la polémica. Hablaba Madariaga sobre las doctrinas sociales predicadas por Cristo, eje de nuestro programa, y se levantó un obrero, un hijo del trabajo; un hombre, el que quizá siempre oyó decir que Cristo defendió toda su vida a los ricos y que la Religión era la única culpable de que en el hogar del pobre escaseara el pan. Se encaró con nuestro Dimas y le dijo:
—¿Qué ha hecho Cristo en diecinueve siglos y medio?
—Hacerse obrero, siendo Dios —contestó Madariaga.
Al revés que todo «leader» socialista —digo yoque, siendo obrero, cuando lo es, deja de serlo, primero, y trata después de convertirse en dios…
He aquí la diferencia que existe entre Acción Obrerista y el programa socialista: Para éstos es imprescindible la lucha de clases, reconocen obreros y «señoricos», pero luchan y se afanan por abandonar el traje de mecánico, cuya limpia suciedad no mancha el alma, para vivir la vida muelle de sus encumbramientos adonde no llega el recuerdo de los que por el ideal cayeron. Acción Obrerista, por el contrario, detesta la lucha de clases. Todos iguales a los ojos de Cristo y así como Cristo se hizo obrero siendo Dios, sean también hijos del trabajo los que hoy se llaman «señoricos» y comparten las luchas de la vida, cada cual desde su esfera con los que, hasta aquí, la sociedad llamó criados…[25]
Quedaba clarísimo. Para Ruiz Alonso había en el mundo contemporáneo una lucha a muerte entre el «socialcomunismo» ateo y revolucionario por un lado y, por otro, los valores representados por el cristianismo. La palabra democracia no figura en su discurso… y cuando figure más adelante será para despreciarla.
Unos días después Ideal recibe la visita de Ángel Herrera Oria. En medio del banquete que le ofrecen los trabajadores del diario, Ruiz Alonso pronuncia, en representación de éstos, un breve y efusivo discurso de agradecimiento hacia quien le había acogido en los talleres de El Debate cuando los socialistas le negaban el pan y la sal. Fue calurosamente ovacionado... y muy agradecido por el propio Herrera. No sin razón. Ruiz Alonso era ya un orador considerable, carismático y peleón, con una voz muy poderosa («el fuerte vozarrón con que Dios me favoreció»).[26]
Dado el odio que le suscitaban el socialismo y el comunismo (entre los cuales apenas distingue en su libro), su desprecio por la obra de los sindicatos de izquierdas y su agresiva personalidad, no es sorprendente constatar que a Ruiz Alonso ya le atraía fuertemente el fascismo. ¿Se afilió a las JONS? ¿Es el «Ramón Ruiz» a quien se refiere Ramiro Ledesma Ramos (bajo el seudónimo de Roberto Lanzas) en su libro ¿Fascismo en España?, publicado en 1935? No se ha podido demostrar, pero vale le pena tener en cuenta la posibilidad. Escribe Ledesma Ramos:
Además de penetrar en zonas sociales más amplias, preocupaba al Partido conseguir una efectiva capacidad para la violencia, y ello, tanto por constituir la acción directa y la acción revolucionaria uno de los postulados tácticos del jonsismo, como por propia y elemental necesidad defensiva. A fines de julio [de 1933], esos propósitos estaban en Madrid resueltos. Ramiro Ledesma, con un lugarteniente eficaz, el camarada Ramón Ruiz, logró organizar y seleccionar un centenar de militantes, en patrullas de a cinco, que ofrecían todas las garantías apetecibles para la acción. Eran, pues, veinte grupos, algunos de ellos de formidable ímpetu y poder agresivo.[27]
En mayo de 1933 se había publicado en la prensa el manifiesto de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, con una larga lista de adhesiones que incluían la de Lorca. Provocó la reacción furibunda y desdeñosa de varios diarios ultraderechistas. Las JONS decidieron actuar y, el 14 de julio, saquearon el local del ente, ubicado en el número 9 de la madrileña Avenida de Eduardo Dato. Parece ser que participó el tal Ramón Ruiz. Tras atar a los dos directivos de la entidad que se encontraban allí, los jonsistas examinaron y procedieron luego a la destrucción de gran cantidad de documentos. Luego se hicieron con los ficheros relativos a las entidades provinciales y locales de la agrupación.[28] Participara o no Ruiz Alonso en el allanamiento, lo cierto es que se enteraría de la pertenencia a la Asociación del poeta, que, además de socio sería, no sabemos a partir de qué fecha, miembro de su Comité Internacional. Como veremos, su afiliación sería una de las cargas relacionadas en la denuncia responsable de su muerte.[29]
Durante los siguientes meses perdemos de vista a Ruiz Alonso. También, aunque no tanto a Lorca, que a principios de octubre embarca para la que será una triunfal estancia de seis meses en Buenos Aires y Montevideo. Antes de embarcar, vuelve a casa para despedirse de los suyos. «El domingo llegó a Granada el gran poeta granadino Federico García Lorca», anunciaba El Defensor de Granada el 26 de septiembre. Añadía que se preparaba en la capital argentina «una excepcional escenificación de “Bodas de sangre”». Era cierto. En Buenos Aires Lorca se iba a convertir en el poeta y dramaturgo escritor español más famoso que hubiera pisado aquellas tierras. Y, para más envidia de los miserables, a ganar mucho dinero con su obra. Nada de allí constaría en la páginas de Ideal.[30]
Ruiz Alonso reaparece en ellas el 15 de octubre de 1933 —ya se presagia la próxima disolución de las Cortes— con otro artículo sobre «Acción Obrerista». Se colige que ha estado entregado durante los últimos meses a su misión de redentor de las masas obreras. El tono antimarxista del discurso ya va subiendo:
Ante el altar de la Patria
Por Ramón Ruiz Alonso
(Obrero tipógrafo)
Cuando se desencadenó la tempestad sobre nuestra querida España y el marxismo atracó las conciencias proletarias convirtiendo a sus leaders en salteadores del Poder, surgió en Toledo un obrero cristiano, Dimas Madariaga, que, sin estar manchado por la labor asquerosa del odio, les declaró guerra sin cuartel. Para extirpar a las sanguijuelas que chupan la sangre noble de los trabajadores, se unió a él una legión obrera diseminada por toda España; también a Granada llegó el conjuro de su grito de guerra, guerra noble y generosa, que coincidió en las faldas de la Alhambra con el estallido de las bombas que pasearon por nuestra ciudad un guiñapo empapado en lágrimas de sangre. Aquel grito de guerra, aquel guiñapo, aquellas bombas, sacudieron todo mi ser y resucitaron en mi conciencia adormecida las enseñanzas puras y santas que mi madre, primero, y los Salesianos, después, inculcaron en mi alma.[*]
Como la mía, despertaron muchas conciencias más, y nació en España «Acción Obrerista» y, al verterse sus doctrinas redentoras, obreros de los pueblos de Granada las aplaudieron y aceptaron, dando un mentís rotundo a quien les ofendió en la blasfemia de que los obreros de Granada tenían, en vez de corazón, un amasijo de hiel y de vinagre. Con todo el esfuerzo de nuestros músculos fue enarbolada nuestra bandera en las avanzadas de la C.E.D.A., porque, obreros cristianos y españoles, entendemos que, en la defensa de la Religión y en la defensa de la Patria, los de arriba, los de en medio y los de abajo tenemos las mismas cosas que defender, tenemos los mismos deberes que cumplir. A partir de entonces, recorrimos todos los ámbitos de España, pregonando por esos campos de Dios la paz de Aquel que un día, colgado en un madero, no tenía en sus labios una maldición para sus verdugos, sino de amor para todos los hombres.
Para despertar el patriotismo dormido y para forjar en el proletariado español una conciencia sana, acudimos a la cantera del pueblo y se extendió nuestro programa de lo social a lo político. Porque la cuestión social, que tan vivamente preocupa a nuestro país, adquiere una importancia mayor cada día porque ya ha traspasado los límites estrictos de un círculo económico para entrar dentro del campo de la política. Y así, hasta hace poco, las clases trabajadoras, organizadas en movimientos de fuerzas nacidos de esas mismas organizaciones, se manifiestan para solicitar, para pedir y para exigir determinadas ventajas de orden material. Pero hoy ya no es eso; hoy, después de asaltar los puestos de la gobernación del Estado, se pretende implantar desde ellos doctrinas, procedimientos y criterios nacidos de una clase para ir en contra de todas las demás. Y, en la primera parte, en el primer impulso, en el primer movimiento, en cuanto redundase en beneficio de la clase trabajadora, ahí teníamos que estar todos los que reconociésemos la injusticia social; pero cuando se pasa de ahí y se hace de todas las aspiraciones un escabel político, cuando la pezuña marxista se sienta sobre las honradas espaldas de la clase trabajadora para conseguir, no un programa social ni político, sino la destrucción misma de la Religión y de la Patria… contra eso, «Acción Obrerista» está alerta para dar la batalla a esos desdichados que explotan la causa de los obreros y luego les abandonan porque estorban sus plácidas digestiones.[31]
Gil Robles, jefe incontestado de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), que aglutina a muchos partidos de derechas, está ya manejando una retórica explícitamente antirrevolucionaria. El 20 de octubre se celebra en Guadix un magno acto de propaganda en el cual participa Ruiz Alonso como representante de Acción Obrerista, ahora integrada en la coalición. Contribuye con un discurso vibrante y maniqueo contra los «falsos apóstoles» socialistas que engañan a los obreros para «elevarse a costo de ellos» —su tema de siempre—, y anuncia que él y sus correligionarios están dispuestos a hacerles frente. El orador, que se confiesa «rebelde por naturaleza», es calurosamente ovacionado.[32]
Unos días después repite en Loja. Manifiesta que Acción Obrerista ha nacido para condenar y combatir la lucha de clases que a su juicio ha postrado a España. Para los cristianos no puede haber tal lucha. Puesto que todos somos hijos del mismo Dios, cada uno tiene la obligación de cumplir honradamente con su deber, tanto el capitalista como quien cobra un sueldo. Acción Obrerista, insiste, es revolucionaria en el sentido de que aplica la enseñanza social de Cristo.[33]
CANDIDATO DE LAS DERECHAS
El 4 de noviembre de 1933 la prensa granadina anuncia que ha habido una modificación en la candidatura electoral de la Coalición de Radicales, Agrarios y Derechas. Queda fuera el catedrático granadino Alfonso García Valdecasas (amigo de juventud de García Lorca), personaje muy conocido en Granada, y toma su lugar el «obrero tipógrafo» Ramón Ruiz Alonso. La exclusión de García Valdecasas se debe, según El Defensor de Granada, a «sus manifestaciones de tipo fascista en el mitin del teatro de la Comedia de Madrid». O sea, a las manifestaciones suyas hechas durante el acto fundacional de Falange Española de las JONS, celebrado en dicho coliseo madrileño el domingo anterior, 29 de octubre de 1933.[34]
Según escribirá el propio Ruiz Alonso en Corporativismo, no estuvo ajeno a su designación como candidato de la coalición de derechas el director de Ideal, Pedro Gómez Aparicio, «mi amigo, mi hermano…, y el padrino de aquel angelote que Dios me dio y que Dios me quitó…[*] Seguramente por él llegué a ser diputado a Cortes. Por lo menos fue de los que más me ayudaron».[35] En un editorial del diario publicado el mismo 4 de noviembre se aprobaba calurosamente la candidatura del tipógrafo: «Su labor propagandística en nuestra provincia, ardorosa y sincera, ha provocado en todas partes, aun entre los auditorios adversos, adhesiones y entusiasmos. Hombre de formación sólidamente cristiana, de verbo fácil y persuasivo, imbuido de un hondo sentido socialmente obrerista, moderno y culto, tenemos la evidencia de que ha de ostentar con toda dignidad la representación de Granada, en general, y la de nuestras clases modestas, en particular».[36]
El 6 de noviembre el candidato se dirigió con aquel «verbo fácil y persuasivo» a las mujeres del pueblo de Jeres del Marquesado. Les dijo que había llegado a Granada para defender la causa de Cristo (a quien en otra ocasión llamará «el Divino Obrero que murió crucificado por salvar a los pobres»). Y, si podemos fiarnos del reportaje de Ideal, declaró, cuando fue objeto de una ovación: «Pedisteis a Dios un hombre y demostráis con orgullo vuestra alegría al ver que os envía este obrero». Está claro que Ruiz Alonso se va viendo ya como redentor investido con la misión divina de salvar a los obreros españoles.[37]
Habló con tanto fervor en Jerez del Marquesado y otros pueblos cercanos que estuvo afónico hasta el 10 de noviembre, cuando reapareció en Santa Fe.[38] Dos días antes había solicitado la matrícula de su segundo curso en la Escuela Social de Granada. Como en 1932, consigue que se la concedan gratuitamente «por su calidad de obrero». Esta vez las asignaturas son Legislación del Trabajo (2º curso), Previsión y Seguros Sociales, Mutualidad y Cooperación, Historia Social de España, Tecnología y Organización Industrial.[39]
Durante los pocos días que quedan para los comicios, en los cuales van a votar por primera vez las mujeres, Ruiz Alonso hace uso de su «fuerte vozarrón» en numerosos mítines celebrados en la provincia. En Salobreña ataca con saña al ministro socialista Fernando de los Ríos, llamándolo «hombre funesto para España» y «traidor» (en otras ocasiones le tildará de «nefasto» y «maléfico»). Declara que, si sale elegido, «os espera el obrero católico Ruiz Alonso, que ha sido como vosotros vilmente engañado y traicionado por los líderes socialistas». A lo largo de los siguientes días —y años— nunca dejará pasar la ocasión de recordar sus sufrimientos a manos de la Casa del Pueblo madrileño.[40]
Especialidad del hombre era invitar a los adversarios presentes en sus mítines a discutir con él. Otra era insistir, una y otra vez, en la calumnia de que los socialistas habían sido los responsables de los asesinatos de campesinos cometidos aquel enero en el pueblo gaditano de Casas Viejas. Se negaba a conceder que un dirigente socialista pudiera ser valiente y honrado. Todos eran serpientes y tiburones.[41]
Con tales modales se granjeó, naturalmente, la abierta hostilidad de muchos republicanos. El 14 de noviembre de 1933 leemos en El Defensor de Granada, que muy pronto se convierte en acérrimo adversario suyo:
Suspensión de un mitin derechista en Almuñécar
En la noche del pasado sábado se presentaron en Almuñécar, con ánimo de celebrar un mitin, los candidatos derechistas La Chica Damas y Ruiz Alonso. Cuando hablaba éste se produjeron numerosos incidentes por interrumpir los obreros al orador.
En vista del cariz que tomaba el acto, la autoridad local dispuso que fuera suspendido. Así se hizo, sin que ocurrieran más incidentes.[42]
Unas pocas horas después volvieron a producirse hechos similares en Lanjarón, donde también fue interrumpido el flamante candidato «obrero» de las derechas por unos trabajadores de verdad.[43]
Las elecciones se celebraron el domingo 19 de noviembre de 1933. Durante la jornada Ruiz Alonso, vistiendo gorra y mono de obrero, visitó el pueblo de Santa Fe en la Vega de Granada, acompañado, según el pie de una foto publicada en Ideal cuatro días después, por «un grupo de correligionarios» suyos de Acción Popular (ilustración 3). Entre éstos, muy elegantemente trajeados, iba el abogado Juan Luis Trescastro Medina, rico terrateniente de Santa Fe casado con Amanda Rosales Rosales, prima lejana de Federico García Rodríguez, el padre del poeta. Célebre en Granada (donde naciera en 1883) por sus modales de señorito machista, Trescastro había ocupado varios cargos en el ayuntamiento de Santa Fe, y entre 1907 y 1922 fue diputado provincial por el partido conservador. Se jactaría de haber sido uno de los que mataron a Federico García Lorca.[44]
«LAS DERECHAS OBTIENEN EN TODA ESPAÑA UNA ARROLLADORA MAYORÍA» proclamaba Ideal, jubiloso, el 21 de noviembre. No fue Granada excepción a la regla. De la noche a la mañana Ruiz Alonso se encontró con la inmensa satisfacción de ser diputado de Acción Obrerista por la provincia. Su euforia no conocía límites. ¡A los treinta años había empezado a ganarle el pulso a la adversidad, pese a los esfuerzos de sus muchos enemigos que, enquistados en los sindicatos de izquierdas, habían tratado de hundirlo en el lodo! No tardaría en visitar su patria chica salmantina de Villaflores, donde, para celebrar el feliz acontecimiento, se organizó por todo lo alto un banquete y se dio su nombre a dos de las calles del pueblo, que aun lo siguen luciendo.[45]
Según escribirá después el ya ex diputado, Granada —la Granada de derechas, claro— estaba encantada con su éxito: «Pero yo no puedo olvidar […] que salí de un taller granadino para ir a un parlamento y que Granada me aplaudía con frenesí al ver que, gracias a ella, comencé a triunfar en la vida».[46]
Lo de frenesí no dejaba de ser una exageración, aunque era cierto que las derechas granadinas estaban muy satisfechas con su «obrero amaestrado», apodo despreciativo atribuido a José Antonio Primo de Rivera. Ello se notó en el banquete celebrado aquel 4 de diciembre en el teatro Isabel la Católica. Allí un enfervorizado Ruiz Alonso prometió que, después de «los dos años de penitencia» de Manuel Azaña —que las derechas pronto denominarán con sorna «el bienio»—, los socialistas iban a ver ahora quiénes eran los auténticos hombres de España. Prometió que no haría nada sin encomendarse primero a la Virgen de las Angustias, patrona de Granada, y que, cuando Dios quisiera, él y sus correligionarios estarían en la calle para hacerle frente al enemigo. Aquel momento, añadió, no había llegado todavía.[47]
EL DIPUTADO «OBRERO» DE LA CEDA
El 10 de diciembre de 1933 salieron en Blanco y Negro unas declaraciones de Ruiz Alonso que no dejaban lugar a dudas acerca de sus ideas políticas ni, en concreto, de su abogacía a favor de una futura España de corte mussoliniano. «Yo salí del taller para efectuar la campaña electoral —explicó, repitiendo lo de siempre—; me atrajo la cuestión política desde que observé la labor de los socialistas, que me indignó. Poco a poco se fue demostrando que únicamente dictaban leyes para beneficiar a las Casas del Pueblo, pero no para la redención del proletariado. Nosotros aspiramos a un régimen corporativo, y en Granada se ha despertado la esperanza en las masas populares al escuchar este afán nuestro. Yo vengo aquí a hacer labor obrera para todos los obreros, sean la C. N. T, de U. G. T. o de la F. A. I. No hay que preguntarle al obrero su filiación, sino únicamente si es explotado». El periodista, R. Ortega Lissón, le pidió a continuación qué leyes, en su opinión, merecían ser derogadas. Respuesta contundente: «Todas las dictadas por los socialistas: la de Términos municipales, revisar la de Jurados mixtos, que hoy constituyen un arma en manos de las Casas del Pueblo; las presidencias de esos Jurados mixtos deberán ir a elementos de la Escuela Social; revisar también la ley de Arrendamientos».
Al lado de Ruiz Alonso durante la entrevista, celebrada en un salón de las Cortes, estaba otro «obrero», esta vez ferroviario, Ginés Martínez Rubio, diputado tradicionalista por Sevilla, que expresó opiniones parecidas. Blanco y Negro tenía una difusión masiva entre la clase media y alta, con lo cual el artículo, titulado «Los obreros auténticos, diputados», ayudó considerablemente a divulgar el nombre del Ruiz Alonso alrededor del país, así como sus pretensiones de «redimir» a la clase trabajadora.[48]
Por lo que tocaba a Granada, para principios de 1934 el vehemente diputado de la CEDA iba siendo ya un personaje muy conocido en la ciudad y su provincia.
Ruiz Alonso narra en su libro un episodio que por estas fechas le atrajo más enemistades políticas. A finales de febrero, cuando ya llevaba tres meses como diputado, el diario ABC admitió en sus talleres tipográficos madrileños, como suplente, a un obrero minervista no afiliado a un sindicato de izquierdas. Como se trataba de un coto cerrado, la Casa del Pueblo declaró la huelga. La situación le hizo recordar