ADVERTENCIA PRELIMINAR
Ni mi manera de escribir es académica ni los versos de las letras de las canciones que voy a ir recordando e intercalando entre mi abrupta y tosca prosa son poemas que respeten reglas ni encierren sublimes pensamientos; es aquélla salvaje impulso y éstas simples palabras medidas, sentimientos rimados, ripios la mayoría de las veces; letrillas para expresar alegrías y pesares; margaritas, jaramagos, que sirvieron para acompañar simples y desvalidas melodías desprendidas de las vibraciones sonoras que se hallan al alcance de todos en el Espacio Infinito, esparcidas por el Éter, y con las que construí simples canciones también repletas de melodías y versillos comunes. No conozco la técnica elemental de la gramática y me ahogo en ese mar de la oración, del aserto, del mandato, del imperativo o el optativo; ni el porqué de los sonidos de esa, también, bella ciencia exacta de números armónicos llamada música. Siempre he escrito los renglones a ciegas y torcidos, y fuera de tono he ido dibujando corcheas y fusas en los pentagramas según iba escuchando e intentando emular, o calcar, al ruiseñor o al jilguero; definitivamente soy un intruso en ambos oficios; como literato, un paria, y como músico, apenas un escribidor de canciones; un mal escritor y muy distante de componer nada valioso que respete la memoria de tanto maestro. Pero, de todas formas, y contando con la benevolencia de aquel que ocasionalmente se acerque a estas páginas, y valiéndome de mi irresponsable audacia, entre vibraciones y elucubraciones, les voy a contar y a cantar mi vida.
Antes,
mucho antes
de enamorarles,
mucho antes
de encadenarles,
les voy a contar
y a cantar
mi vida;
ahora,
con la aurora
de este romance,