INTRODUCCIÓN
La alimentación
que «programa»
¿Sabías que la alimentación infantil empieza mucho antes del primer puré o trozo de fruta? De hecho, empieza incluso antes del nacimiento. La etapa desde la concepción hasta los 2 años de vida —lo que conocemos como «los primeros 1.000 días»— es una ventana clave para establecer las bases de la salud presente y futura del bebé.
Durante estos 1.000 días (los 9 meses de embarazo más los primeros 2 años de vida), el cuerpo del bebé crece a un ritmo increíble. Es un periodo en el que se forman los órganos vitales, se desarrolla el cerebro, se configura el sistema inmunitario y, además, se establecen muchas de las preferencias y los hábitos alimentarios que tendrá en el futuro. En estos primeros 1.000 días, la comida tiene un impacto directo en el crecimiento físico, el desarrollo cognitivo y la salud a largo plazo del bebé. De esta etapa dependerá, en gran medida, su predisposición a enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2 o incluso a enfermedades cardiovasculares en la vida adulta.
Por todo esto, la alimentación y los cuidados que recibe el bebé desde el embarazo hasta que cumple los 2 años se consideran «programadores» de salud. Cuando hablamos de programación metabólica nos referimos a que, según lo que reciba el bebé en esta etapa, su organismo se adaptará y responderá de una u otra manera, es decir, se «programará». Estos programadores metabólicos incluyen no solo lo que come el bebé cuando empieza la alimentación complementaria, sino también lo que come la madre durante el embarazo, el tipo de lactancia (lactancia materna o leche de fórmula), el entorno emocional, la microbiota intestinal que se va formando…; todo suma.
Sin embargo, no nos alarmemos. ¿Qué ocurre si no ha sido todo perfecto? A menudo, escucho en consulta a madres angustiadas que me transmiten su preocupación con preguntas como «Nuria, no me alimenté bien durante el embarazo, ¿ya no hay nada que hacer?» o «Le di triturados hasta el año…, ¿ya no hay vuelta atrás?». La respuesta es que nunca es tarde para mejorar. Cada etapa trae oportunidades nuevas, así que si un bebé, por ejemplo, no ha recibido lactancia materna, puede establecer igualmente una relación positiva con la comida a través de la alimentación complementaria, y si no se ha cuidado la dieta durante el embarazo, se puede mejorar la alimentación familiar desde hoy.
Como todo en la vida, también aquí lo más importante es tener la información y el acompañamiento adecuados para tomar las decisiones apropiadas. En mis redes sociales digo a menudo esta frase: «La información es poder, pero la formación también». Con este libro espero conseguir ambas cosas: informarte y formarte. En estas páginas aprenderás a: