Introducción
Hablar en público no es solo para los demás; también es para ti.
No hay nada fundamental que te distinga de las personas que te parecen buenos oradores, ni siquiera de los más grandes. Yo lo sé mejor que la mayoría. Me dedico a transformar algunas de las ideas más ambiciosas, complejas, provocadoras e importantes del mundo en historias de gran impacto para todo tipo de públicos. Trabajo con todo el mundo, desde filántropos multimillonarios y académicos galardonados hasta líderes empresariales y estudiantes. He asesorado a oradores expertos, pero también a personas que jamás habían hecho nada parecido.
Incluso ahora me cuesta creer que sea coach de oratoria: no soy uno de esos «oradores natos» que quizá te hayas convencido de que existen. Es cierto que de niña era una cotorra. Me encantaba hablar con la gente y hacer preguntas. Crecí con las historias que me contaba mi abuela y todas las noches me maravillaba de su capacidad para entrelazar personajes, comedia, intriga y suspense. Cuando me hice mayor, mis padres me dejaban sentarme con sus amigos mientras mantenían acaloradas discusiones sobre política en las que me animaban a participar.
No obstante, también recuerdo que, de pequeña, me decían que hablaba demasiado. Recuerdo que jamás me integré en la escuela, que me acosaron durante años por ser distinta: gorda, pobre, de piel morena…, tú eliges. Recuerdo que un compañero de clase me dijo que escribía fatal, tras lo cual me pasé la mayor parte de mi vida evitando hacerlo a toda costa. A medida que iba interiorizando todas esas críticas, mi voz fue silenciándose, mis inseguridades aumentaron y me volví callada. Esperaba que así pudiera caerle mejor a la gente o, al menos, ser menos visible, un blanco menos fácil.
De igual modo, en mi vida profesional me pasé años intentando encontrar mi voz. Siempre me sentía, o bien demasiado vehemente y enfadada (y, por lo tanto, demasiado visible), o bien ignorada y pasada por alto (y, por lo tanto, deficiente). Recuerdo haber reunido el valor para decirle a mi jefe que un compañero de más antigüedad había tenido actitudes racistas conmigo, solo para que él me respondiera: «Maryam, te han enseñado a ver cosas donde no las hay». Recuerdo haber compartido ideas de las que se reían, hasta que las proponía otra persona, una experiencia con la que muchas mujeres se pueden identificar.
Con cada incidente, me hacía más pequeña. Ocultaba mi trabajo, no expresaba mis ideas y evitaba por completo hablar en público y escribir. Me limitaba a seguir adelante, aceptando que probablemente sería invisible para siempre.
Sin embargo, no llegué donde estoy hoy aparentando confianza y perseverando hasta que alguien se fijó en mí. Optar por «fingirlo hasta serlo» no es una solución a largo plazo, ya que no aborda las razones profundas por las que nos sentimos inseguros. Al contrario de lo que te hayan podido decir, la confianza no es en absoluto el punto de partida para convertirte en un gran orador, e incluso los ponentes con más experiencia pueden sentirse nerviosos o preocupados antes de su intervención.
Cuando fundé TEDxEastEnd en 2011, jamás imaginé que apoyar a nuestros oradores se convertiría en mi medio de vida. No obstante, con el tiempo empecé a darme cuenta de que muchas de las personas con las que trabajaba se sentían igual que yo. Años después, un amigo mío me pidió que organizara un taller para su equipo y, cuando me puse a sintetizar en una serie de herramientas todo lo que había aprendido apoyando a los oradores de TEDx, me quedó claro que, para ser un gran orador, no hay atajos. No hay un secreto oculto ni una fórmula mágica, ni tampoco hay una única manera de hablar bien en público. Todos podemos aprender valiéndonos del storytelling con tiempo, esfuerzo y práctica. Cada vez que lo hagas, serás un poco mejor que la vez anterior.
También me di cuenta de que me había convertido en una narradora de historias.
Hablaré más de storytelling a medida que avancemos, pero, en mi caso, es la base sobre la que se apoyan todas mis intervenciones en público. Tal como yo lo veo, hablar bien delante de otras personas consiste en saber contar buenas historias.
El primer paso es desarrollar tus habilidades, porque el storytelling y hablar en público, como todo, son capacidades que pueden mejorarse con tiempo, práctica y un poco de ayuda.
Si hubieras abierto un libro sobre cómo hablar delante de otras personas hace cuarenta años, habrías leído que es uno de los temores más comunes de la gente, y nuestro miedo no ha disminuido un ápice desde entonces. Después de trabajar con cientos de oradores, puedo dar fe de que la mayoría de las personas no disfrutan hablando en público ni creen que se les dé bien. Sin embargo, mejorar tu relación con la oratoria te permitirá afrontar esas situaciones con menos ansiedad y puede que algún día incluso las disfrutes.
Hablar en público no es solo algo que ocurre en un escenario, ante una gran audiencia o en una tribuna ante la prensa. En mi opinión, consiste en hablar con un propósito, lo que puede suceder en cualquier parte y momento y con cualquier persona, por ejemplo, cuando nos presentan a gente nueva en una fiesta o intervenimos en una reunión profesional.
Llevo más de diez años trabajando con oradores, desde directores generales y filántropos hasta estudiantes y activistas, y quiero compartir esos conocimientos contigo. En esa labor, así como en mi papel de directora y curadora[1] de TEDxLondon, y curadora de la iniciativa Countdown de TED para frenar el cambio climático, he ayudado a cientos de personas a desarrollar sus ideas para convertirlas en charlas y presentaciones apasionantes. Mi enfoque se puede aplicar a todo tipo de contextos, desde espacios minúsculos e íntimos hasta lo que se entiende clásicamente por «hablar en público», cuando estamos solos sobre un escenario ante centenares o millares de personas.
Las técnicas que voy a compartir contigo en este libro son las mismas que utilizo para asesorar a esos oradores (sobre algunos de los cuales también te hablaré). En ocasiones, sus charlas han llegado a millones de oyentes, pero a mí no me importa, y a ti tampoco debería, si el público es una sola persona o son millones. Estas técnicas pueden ayudarte a influir y persuadir de maneras sencillas pero eficaces.
«Sencillo pero eficaz» es el principio al que quiero atenerme a lo largo de todo el libro. Mi intención es proporcionarte un recurso práctico, no una teoría abstracta. Pretendo que sea una guía a la que puedas recurrir en un momento de necesidad o simplemente cuando te haga falta recordar cómo aprovechar al máximo tu oportunidad de hablar en público.
Estamos en un momento en el que es crucial que más personas sean capaces de expresarse de manera eficaz y de contar mejores historias que tengan un mayor impacto. ¿Por qué? Porque las ideas que nos han traído al presente no pueden ser las mismas que nos lleven al futuro. Es fundamental que esas nuevas ideas radicales llenas de potencial se expongan de una forma que la gente las escuche, y no pasa nada si necesitas un poco de ayuda para lograrlo.
Otro tema que quiero abordar en este libro, como persona con una identidad marginada, son los factores estructurales que pueden hacerte sentir que no eres un orador nato. ¿Quién tiene la posibilidad de hablar en público? Pero, más aún, ¿quién la tiene de hablar y de que lo escuchen? ¿A quién perciben como una autoridad en su campo? Es lógico: cuando echas un vistazo a los ejemplos de oradores que se consideran mejores y más cautivadores, en su mayoría son hombres blancos maduros: Steve Jobs, John Fitzgerald Kennedy, Winston Churchill…
Es totalmente natural que si tienes una identidad marginada o tu aspecto no se ajusta a nuestro concepto cultural de autoridad, hayas interiorizado mensajes que te dicen que tu voz no merece ser escuchada, que no tiene fuerza ni transmite un mensaje importante. De hecho, en una etapa anterior de mi carrera dediqué tiempo a investigar el síndrome del impostor, que he acabado rechazando como concepto en favor de un análisis más estructural de la exclusión. Lo trataré en detalle más adelante, pero un elemento clave de Haz que te escuchen es reconocer esos factores estructurales en vez de presentarlos como inseguridades personales.
Hay muchísimas razones por las que cualquiera de nosotros puede sentir que no tiene voz, por muy preparados que estemos. Trabajé con una científica brillante que pensaba que tenía que imitar a sus colegas varones maduros para que la tomaran en serio, motivo por el cual renunció a su talento para contar historias y a su vulnerabilidad. El discurso feminista contemporáneo a menudo anima a las mujeres a «comunicarse como los hombres» para ganarse el respeto de una sociedad sexista, eliminando frases que suavizan los emails o expresándose de un modo que no deja lugar a dudas. Sin embargo, yo no puedo evitar pensar que, quizá, lo que un mundo duro, dividido y absolutista necesita a veces son más dudas, más delicadeza. Y, si esa es tu manera de comunicarte sea cual sea tu género, es poco probable que ganes nada intentando adaptarte a un estilo distinto.
Un importante empresario con el que trabajé pensaba que nadie iba a entenderlo porque tenía acento extranjero, por lo que no aceptaba ninguna invitación para dar charlas. Y también lo hice con una joven emprendedora que creía que su voz auténtica no era suficientemente profesional. Hay muchísimas historias de personas que he conocido que han encontrado razones para pensar que no valían para hablar en público. Casi siempre, sin excepción, esas creencias tienen sus raíces en la discriminación estructural. No puedo resolver eso, pero sí puedo tranquilizarte asegurándote que he ayudado a oradores a sortear algunos de esos obstáculos que les impedían avanzar.
La confianza tan solo es una pieza del rompecabezas. Sería inexacto decir que no es un factor básico para ser buen orador, pero, desde luego, no lo es todo. Cuando nos encontramos en esas situaciones, cuando nos cuestionan, hacen suposiciones sobre nosotros o tenemos que superar más obstáculos que otros, es aún más importante que nuestra historia y nuestra forma de contarla y de expresarnos no tengan fisuras, porque así son irrefutables.
Este libro no pretende ofrecerte consejos y trucos superficiales y no contrastados sobre la manera de «fingirlo hasta serlo» y parecer un gran orador. Con demasiada frecuencia se nos dice que hablar en público es más cuestión de forma que de fondo. Esos tiempos, si es que alguna vez existieron, han quedado atrás. El público actual está bien informado. Puede acceder a muchísimo contenido de calidad, por lo que tu mensaje es infinitamente más relevante que cualquier aspecto superficial, como el estilo o la manera de expresarlo.
Lo que importa es lo que dices. En mi experiencia, una vez que te apasione lo que cuentas, empezarás a sentirte más seguro gracias a ello y esa confianza se asentará sobre una base sólida. A lo largo de estas páginas, te iré mostrando todo lo demás que necesitas saber. Cómo decidir lo que vas a decir, cómo construir una narrativa que hile tus ideas y cómo mantener la atención de tu público. Existen estructuras, formatos y métodos claros que puedes practicar y perfeccionar para ser un orador excelente, te dirijas a una sola persona o a todo un auditorio.
Durante el proceso de investigación y redacción de este libro, hablé con muchas personas a las que considero expertas en la materia. Una de ellas es Alana Drew, jefa de personal de TEDxLondon. Ella me contó que, cuando tenía ocho años, le encantaba hablar en público y se presentó a varios concursos de oratoria para dar discursos preparados. Todo iba bien… hasta que ya no lo fue. «Y entonces tuvimos que improvisar unas palabras. Lo recuerdo como si fuera ayer. Nos metieron en un aula con todos los niños que competían y nos dieron cinco minutos para escribir un discurso sobre los sueños, y después había que darlo delante de toda la escuela. Recuerdo estar en esa aula y pensar: “No se me ocurre nada”. Todos los demás niños estaban escribiendo y yo tenía la mente en blanco. Así que salimos, yo me subí al escenario, mi madre estaba entre el público, y lo único que se me había ocurrido era: “Los sueños son fantásticos”. Me eché a llorar y bajé corriendo del escenario porque no podía más». A Alana le encantaba hablar en público, pero arrojarla a un contexto nuevo sin ningún apoyo y esperar que lo hiciera igual de bien le quitó toda la confianza que tenía. Creo que esta es la experiencia de muchas personas en relación con hablar en público: si estás habituado a hacer presentaciones en reuniones de trabajo internas, no tienes por qué sentirte igual de seguro cuando las haces para captar nuevos clientes; y defenderte bien en las conversaciones de tú a tú no se traduce forzosamente en saber dar una charla TEDx. Si sientes que te han arrojado a una situación nueva sin apoyo ni herramientas, espero que estas páginas te sirvan de ayuda.
Al trabajar con cientos de oradores a lo largo de los años, he descubierto que hay un enfoque que funciona bien en todos los casos y que utilizo como base para este libro. Consiste en dividir la experiencia de hablar en público en tres fases: planificación, preparación y presentación. Puede que solo necesites ayuda con una de ellas, en cuyo caso no dudes en remitirte únicamente a esa parte. Como he dicho, esta obra está pensada para ser un recurso práctico que puedas consultar siempre que lo necesites. No obstante, si la idea de hablar en público te intimida o tienes que prepararte para un evento importante, espero que todas las partes contengan información que te resulte útil y te brinde tranquilidad. Quiero que, al terminar este libro, sientas que dominas el arte del storytelling o que, si aún no estás en ese punto, lo estarás con la práctica. No queda fuera de tu alcance, no es para otras personas: es para ti tanto como lo es para cualquiera. Quizá te sorprenda saber que, de hecho, creo que este libro es igual de útil para personas que no son principiantes: aquellas con una base sólida en su campo, que ya han hablado en público en alguna ocasión y sienten que quieren mejorar y aprender habilidades y estructuras que las ayuden a compartir sus conocimientos con más gente de formas nuevas y más eficaces.
Lo único que verdaderamente necesitas son las herramientas prácticas y la confianza emocional que te permitirán desenvolverte con éxito en tu intervención, sea una entrevista de trabajo, una mesa redonda, una ponencia o un discurso de clausura de un curso académico. A lo largo de estas páginas, compartiré reflexiones e ideas de colegas y amigos míos de distintos sectores, desde la sanidad hasta el activismo, todos los cuales tienen que hablar en público de temas distintos por razones distintas. A menudo, se trata de personas que no nacieron con un talento natural para el storytelling o la oratoria, sino que lo desarrollaron para transmitir mejor su mensaje único.
Aunque este libro no trata de forma específica cómo prepararte para dar una charla TED o TEDx, conforme avances en su lectura descubrirás que se basa en los tres elementos que han hecho que TED tenga tanto éxito: concreción, storytelling y autenticidad. Todos ellos están por completo a tu alcance tal y como eres ahora mismo.
Así pues, para recapitular, estás a punto de descubrir que:
1. Hablar en público es una habilidad que se puede aprender.
2. El storytelling puede hacer que tus intervenciones en público sean lo más eficaces posible.
3. Lo importante es el contenido, no el estilo.
4. Y yo te voy a ayudar a estructurar ese contenido para lograr el máximo impacto.
5. No tienes que sacrificar tu autenticidad para que la gente te escuche.
Sea cual sea tu motivo para leer este libro, tienes algo que decir y yo quiero que seas capaz de expresarte para que los demás te escuchen.
Tres pasos para dar una gran charla (o cómo está organizado este libro)
Imagina que intentas preparar una comida de restaurante de lujo sacando todo lo que tienes en la nevera, echándolo en una sartén y calentándolo al fuego, y que luego te sorprendes cuando te queda fatal. No se te ocurriría, ¿verdad? Sin embargo, muy a menudo, cuando trabajo con personas que tienen que hablar en público, me da la impresión de que es así como intentan abordar la tarea.
Estoy aquí para decirte que eso no tiene ningún sentido y para ayudarte a encontrar una manera mejor. No puedes lograr el resultado que buscas soltándole a tu público todo lo que sabes al buen tuntún y viendo con qué se queda.
El bloque principal de este libro se divide en tres partes: planificación, preparación y presentación. Las tres fases del proceso son fundamentales y no se puede tener una sin las otras. Estos pasos son igual de importantes y útiles hables en un contexto formal o informal o ante montones de personas o solo unas pocas.
Volviendo a nuestra analogía de la cena, si quieres ofrecer una comida deliciosa, lo más probable es que sigas una receta. Pero ¿cuál? Y, ya que estamos, ¿has decidido siquiera qué vas a preparar? ¿Para cuántos comensales tienes que cocinar? ¿Alguno de ellos tiene alergias? Así que, claramente, primero necesitas saber cuál quieres que sea el resultado y a quién se lo vas a servir. Entonces podrás elegir la receta que te permita lograrlo. Pongamos que decides que la respuesta es preparar macarrones con queso (¡como suele ser el caso!). Hay miles de recetas, ¿cuál vas a seguir? Una vez que lo sepas, puedes ir al supermercado a comprar los ingredientes para los macarrones con queso que te dispones a preparar. ¿Vas a usar pasta integral o normal? ¿Cuántos tipos de queso incluirás? ¿Vas a ponerles pan rallado por encima? Solo cuando hayas tomado todas esas decisiones y resuelto todas esas consideraciones, podrás regresar a casa con tus bolsas d