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El enigma del laboratorio secreto
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Lauren Magaziner
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El enigma del laboratorio secreto
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Primera edición: mayo de 2024© 2024, Lauren MagazinerCon la colaboración de Carlos Gómez Gurpegui© 2024, Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 BarcelonaImágenes del interior: © PeterHermesFurian / istockphoto; © photosynthesis / istockphoto; © Serhii Brovko / istockphoto; © BananYlia / istockphoto; © Veronika Oliinyk / istockphoto; © Bohdan Kotoshchuk / istockphoto; © tibori / istockphoto; © vectorwin / istockphoto; © redchocolatte / istockphoto; © matsabe / istockphoto; © Sudowoodo / istockphoto; © diane555 / istockphoto Resto de las imagénes del interior: Grafime S. L.© 2024, Carolina Roda Pérez, por la ilustración de la portadaDiseño de la portada y del interior: CompañíaPenguin Random House Grupo Editorial apoya la protección de la propiedad intelectual. La propiedad intelectual estimula la creatividad, defiende la diversidad en el ámbito de las ideas y el conocimiento, promueve la libre expresión y favorece una cultura viva. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y por respetar las leyes de propiedad intelectual al no reproducir ni distribuir ninguna parte de esta obra por ningún medio sin permiso. Al hacerlo está respaldando a los autores y permitiendo que PRHGE continúe publicando libros para todos los lectores. De conformidad con lo dispuesto en el art. 67.3 del Real Decreto Ley 24/2021, de 2 de noviembre, nos reservamos expresamente la reproducción y el uso de esta obra y de todos sus elementos mediante medios de lectura mecánica y otros medios adecuados a tal fin. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, http://www.cedro.org) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra.ISBN: 978-84-272-4370-5 Compuesto en Grafime S. L.Composición digital: www.acatia.es
AMarta Becerril,mi maravillosa editora.Gracias porserla mezcla perfecta de todas estas cualidades:inteligenciainnovaciónamabilidadcreatividadapoyoesfuerzo
7PRIMER DÍA¡ME DUELE TODO!Nosé cuántas horas llevamos metidos en elco-che.Aunque las cosas le van mejora Las Pistas,la agencia de detectives que comparten mi madre ysu socioCole,aún mantenemos eldiminutocoche familiar.—¿Falta mucho? —pregunto con un suspiro.—Faltan… ¡DIEZ MILLONES DE AÑOS! —grita Frank mientras mira por la ventana.Nosé qué mira con tanta atención,la verdad.Estamos rodeados de arena,cactus yalguna gran-ja a lolejos.Si me soltasen aquí,notendría ni idea de dónde estoy.—Un poquito menos —responde mi madre.
88—¡DIEZ MIL AÑOS! Franksigue mirandoporla ventana.Eliza,su hermana,nodice ni mu.Está leyendoun libroque debe de pesar,porlomenos,dos kilos.Nosé cómoes capaz de leeren elcoche,ymuchomenos de leer algo taaaaaan aburrido. —¿Algo interesante? —le pregunto.—Esto… Bueno, supongo que sí... —contesta ella.—¡Es un libroaburrido,notiene dibujos! —gri-ta Frank—.Odebería decirque… ¡NO TENÍA DI-BUJOS!—Frank,nohabrás garabateadoen las páginas,¿verdad? —pregunta Eliza,ycierra ellibrode golpe.—¡Nopuedopararde crear! —responde su her-mano.—Frank,¡es de la biblioteca! Mi madre nopuede evitarreírse ante la ocu-rrencia de Frank.—Noestéis nerviosos,loharéis bien.Como si fuera tan fácil…Nopuedonoestarnervioso.Ya hemos resueltocasi seis casos (digoseis porque cuentoelnefastocasode prueba en elque Eliza yyonos peleamos),peroesta es la primera vez que nos contratan a nosotros… ¡solos!

9Hace unos días,un comandante delejércitolla-móa Las Pistas para contratarnos específicamente a nosotros tres:a Eliza,a Frankya mí.Cuandomi madre le dijoque éramos júnioryque ella era la de-tective principal—juntoa Cole—,elmilitarinsistió.Quería contratarnos a nosotros.Nos costóhorrores convencera mi madre para que aceptase.Nole hacía ni pizca de gracia dejar-nos investigarun casopara elejército.Peronues-tra insistencia,yelque elhombre le asegurase que estaríamos en unode los lugares más seguros delmundo,consiguióque cambiase de idea.¡Yya casi estamos allí!Miroa mis amigos.Eliza repasa unas notas yahora Frankestá lamiendoelcristalpara,según él,«saborearlas rocas a distancia».Nopuedoevi-tarsonreíra pesarde lonerviosoque estoy.¡Se podría decirque ya somos casi casi expertos! Aun así,me resulta imposible nosentirun nudoen elestómago.—Mamá,¿seguroque ese talRígidonote dijonada más?—Nada,cariño.Fue muyreservadocon los deta-lles,debe de serimportante.¡Importante! Tratode nopensaren ello,peroel
1010nudose me cierra un pocomás en elestómago.Mi madre sigue hablando.—Perosi ha confiadoen vosotros es porque sabe que podéis ayudarlo.Créeme,los militares nole piden ayuda a cualquiera.Podéis estartran-quilos, ¡no pasará nada!Nocabe duda de que también está nerviosa.¡Vaya dos! Porlogeneral,cuandoestoynerviosoantes de una investigación,me tranquiliza repasarla ficha delcaso,peroesta vez notenemos nada de nada.Solosabemos una cosa:vamos a estarence-rrados en una instalación secreta.¡Como si eso me tranquilizase! Repasomentalmente los casos que hemos re-sueltohasta ahora:encontramos un tesoroen unamansión,rescatamos a una actriz desaparecida,fui-mos a una excavación de Grecia yencontramos uncollarmitológico,yhasta nos enfrentamos a fantas-mas… ¡dos veces! Vale,resultóque noeran fan- tasmas, pero moló mogollón. Tenemos experiencia suficiente comopara afrontareste nuevocasolos tres solos.Me lorepi-touna yotra vez con los ojos cerrados,pero,de pronto, Frank grita.—¡NOOO! ¡VAMOS A CHOCAR!
11Elcorazón me da un vuelco.Alabrirlos ojos loúnicoque veoes que hemos frenadofrente a una barrera de madera.Después de unos segundos,observoque la barrera se levanta sola.—Ah, pues no chocamos… —Frank,aquí dentrote tienes que comportar,¿vale? —dice mi madre.—Comportaro… ¡Molestar!—Comportar —insiste mi madre.—¡Molestar! ¡Arrasar! ¡Gritar! ¡Saltar! ¡Meren-dar! ¡Trastear! Es capaz de estarasí hasta quedarse sin pala-bras que terminen en -aroencontraralgomás in-teresante.Porsuerte,sucede antes losegundo.Se calla en cuantoaparcamos juntoa un edificiode cementoque haypasada la barrera de madera,yvemos una figura rectangular que espera, al sol.—¿Es una estatua? —pregunta Frank.—Debe de serelcomandante Rígido—aventura mi madre.Nos quedamos dentrodelcoche.Fuera tiene que hacerun calorhorrible porque estamos en mitaddeldesiertoy,aunque elcoche de mi madre está viejo,porsuerte su aire acondicionadoaún funciona.
1212—Irá bien,ya loveréis.¡Sois los mejores detec-tives de Las Pistas! Sé que loque dice mi madre noes cierto,los mejores son ella yCole,perotambién sé que con-fía en nosotros yque estode resolvermisterios se nos da bien,¡muybien! La figura nose mueve.¿Ysi es una estatua? Ni siquiera reacciona cuandonos acercamos.Me re-sulta inevitable bajarla mirada,pues elcomandan-te Rígidoimpresiona.Nunca había estadocerca de un soldado,ymuchomenos de un comandante.—Catalina, Carlos, Eliza y Frank, ¿correcto? La voz delmilitares grave ycasi nomueve los labios alhablar.Se mantiene firme con su unifor-me impoluto(ni siquiera tiene arena en las botas) y su pelo con gomina y peinado a un lado.—¡Yusteddebe de sereljefe jefísimode los sol-dados! ¿Tiene un tanque? ¿Puedo conducirlo? Frankse mueve a su alrededora toda velocidad,peroelsoldadonole hace ni caso.¡Aesolollamoyoentrenamientomilitar!—Sí,soy… soyeljefe de esta operación,pormás que le pese al equipo.—¿Alequipo? —pregunta mi madre con ese tono de detective que le sale al trabajar.
13—Me temo,señora Serrano,que nopuedocom-partiresa información con usted.—Ya veo, comandante Rígido. Lo entiendo.Mi madre está tensa.Losé porla manera en que se recoloca elpeloyme mira de refilón.Todos estamos un poconerviosos,inclusoelmilitar,así que tengo que hacer algo…—¡Esta roca se parece a ti! —grita Frankde re-pente.Señala una roca muypulida que,en efecto,tie-ne un aire alperfildelcomandante.Ni mi madre ni Eliza ni yopodemos reprimiruna sonrisa,yes-toycasi segurode que elmilitar,en elfondo,peromuy en el fondo, también ha sonreído. —Detectives,creoque es momentode entraren elcomplejo.Elcomandante Rígidogira sobre los talones comosi estuviera en un desfile militarycamina hasta elpequeñoedificiode cemento.Si ese es elcomplejo,novamos a tardarni cincominutos en revisarcada centímetro.Mi madre se agacha ynos mira.—Tened mucho cuidado, ¿vale?—Lotendremos,mamá.Además,¿recuerdas porqué aceptaste que viniéramos solos? —pregunto.
1414—Sí —suspira—,porque nohayni intentos de asesinato,ni secuestros,ni fantasmas,ni nada pa-recido de por medio…, ¡que sepamos! —Y… —insisto.—Estaréis en una base militar…—Y…—Elcomandante Rígidoes un soldadoconde-coradoyestará pendiente de vosotros —dice mi madre,suspirandootra vez—,perome da algode miedo.Puedocancelarmi casoyesperarcerca.—¡Ni se te ocurra! Aunque ahora a Las Pistas le va mejorque nun-ca,mi madre nopuede rechazartrabajos así comoasí.Además,este va a serelprimermisterioen elque actuaremos solos… Almenos de manera ofi-cial,mi madre todavía me recuerda que nos salta-mos todas las reglas habidas yporhaberalinves-tigarelcasode Guinevere pornuestra cuenta.—Cat,podemos hacerlosin problema.—Eliza intenta tranquilizara mi madre—.Carlos lolleva en la sangre,yFrank… Frankprometerá ahora mismo no hacernos volar por los aires, ¿verdad?—Puedoprometer… ¡HACERLO!—grita Frank,yactoseguidoempieza a imitara un helicópteroydar vueltas a nuestro alrededor.
15—Bueno—añade Eliza—,yopuedoprometervi-gilarlo. Los tres nos reímos yFranksigue haciendoelhelicóptero.Estamos más tranquilos,aunque sé que mi madre se pasará todoelratopreocupada.Nos da un abrazomuyfuerte,pero,antes de que se vaya,elmilitarse dirige a ella.—Señora Serrano,nose preocupe,aquí abajoestarán seguros.Además,tenemos un teléfonode emergencia con elque podríamos contactarcon usteden casode que fuera necesario.Bajoelsolabrasador,esperamos a que mi ma-dre abandone elrecinto.Cuandovemos alejarse elcoche en elhorizonte,elmilitarempieza a cami-narhacia elpequeñoedificioynosotros vamos detrás.—¿Cómoque abajo? —pregunto.Ahí he estadoun poco lento. Elmilitarnos ha llevado,sin que nos demos cuenta,a una pequeña plataforma.Ni siquiera he acabadode formularla pregunta cuandouna pe-sada reja metálica se cierra delante de nosotros yempezamos a descender.Ya descender.Ya descender…
1616—Detectives,elProyectoAgujerode Gusanoes un secretode estado.Soloseis personas en todoelpaís yelpresidente saben que existe…—¿Qué es un agujerode gusano? ¿Su culo? —pre- gunta Frank.La pregunta descoloca almilitar,que detiene su discurso.—Eh…—No,Frank,un agujerode gusanonoes eso—dice Eliza.—Ah, ¿no? ¿Y qué es? —replica su hermano.—Es una teoría sobre la posibilidadde queexistan túneles a través delespacioyeltiempoporlos que la materia podría viajar,¿verdad,co-mandante?—Entiendo… —dice elpequeño,que salta a la vista que noentiende nada.El militar mira a Eliza sorprendido.—Afirmativo.De manera muyresumida,esoes un agujerode gusano…,oesoentendí cuandome loexplicaron… —Carraspea antes de continuar—.Comoos decía,esta instalación es secreta,oesocreíamos.—¿Creían? —pregunto.Porfin información so-bre elcaso.
17—Alguien ha intentadoenviarun mensaje alexterior. —¿Algún sospechoso? —Ami lado,Eliza anota todoloque dice elmilitar.—Todos.—Vaya… —La respuesta me deja un pocopatidi-fuso—.¿Yesocuánta gente es? —Seis, si me contáis a mi…—Locontamos,locontamos —dice Eliza—.Porahora, todo el mundo es sospechoso.—Ajá —¿Es una sonrisa loque asoma en la caradelmilitar?—.Así me gusta.Detectives,si me hejugadoelpuestollamándoos noes soloporquealguien haya contactadocon elexterior,sinoporque,además,alguien ha robadonuestropro-totipo.—¿Logotipo? —pregunta Frank—.Os puedodi-bujarotro,sería un,un… ¡Un rectángulocon un culo! ¡UN RECTÁNGULO CON UN CULO!—Prototipo—corrige Eliza—.¿Qué prototipo,comandante Rígido?—Nuestra máquina teletransportadora,porsu-puesto. Elmilitarlodice comosi nada,ynada más ter-minarla frase las puertas delascensorse abren de
1818paren par.¡Comonuestras bocas! ¿Acaba de decirque han robado una máquina teletransportadora?—Pero, pero… ¡Eso es imposible! —digo.—Era imposible hasta hace unas semanas —co-rrige Rígido—.ElProyectoAgujerode Gusanoreú-ne a las mentes más dotadas delpaís para desen-trañar los misterios de la teletransportación.Frente a nosotros se extiende un estrechopasi-llode cementoiluminadoporunos fluorescentesblancos.Parece un búnkerde película.Nohayde-coración de ningún tipo.RicardoRígidoecha a an-dar por el pasillo mientras habla.—Hace unas semanas conseguimos teletrans-portarpequeñas cantidades de materia hasta cier-ta distancia.Estoes un hitode la ciencia.Sin em-bargo…—Sin embargo,alguien ha robadoelprototipo—susurra Eliza.—Afirmativo.Dos días después de saberque al-guien había intentadocontactarcon elexteriormediante un mensaje codificado,la máquina desa- pareció.Se supone que estamos en una burbuja estanca,perosi alguien ha conseguidomandarun mensaje,quizá también podría sacarla máquina alexterior.

19—¿Una burbuja? ¿ESTAMOS DEBAJO DEL AGUA? —Frank coge aire y aguanta la respiración.—No,Frank,se refiere a que nada entra ni sale de aquí sin su permiso.—Y,dirigiéndose alcoman-dante—:¿Poresonos ha llamado? —Eliza se para un segundoyse corrige—.ALas Pistas,me refiero.Baja un pocola mirada,comosi nose sintieraparte de la agencia alcien porcien.Aunque conse-guimos arreglarnuestras diferencias en Grecia,to-davía hayalgunos momentos así,raros… Tampoco ha ayudadoelque nuestros padres se peleasen tan-toen Blocktown… Puede que la agencia sea de mimadre yde su socioCole,peronosotros tres somostan detectives comoellos (bueno,quizá notanto,pero somos parte de la agencia).—Afirmativo.Deboinsistiren losecreta que es esta investigación. La más secreta que existe.—Bueno,quizá haya otras más secretas aún,¿no? Ustednosabría nada de ellas si fueran tan secretas…—Afirmativo,Carlos.Este es eltipode razona-mientoque esperode vosotros.—Sonríoporelha-lagodelmilitar:notodos los días se recibe uno—.Loque nos traemos entre manos es un asuntode vida omuerte.
2020Esta última frase me borra la sonrisa de la cara.—¿Cómoque de vida omuerte? —pregunta Eliza.—Si la máquina cae en malas manos,tendría-mos un problema.Debéis descubrirelparaderode la máquina y encontrar al topo. —¿Vamos a ver topos? —pregunta Frank.—No,Frank,un topoes alguien que cuenta un secreto—corrige Eliza.—Ah,comocuandole dije a mamá que fue papá elque manchóelsofá sin querer.—Algoasí.SeñorRígido,perdón,comandante Rígido,si este asuntoes tan importante,¿porqué no ha contratado a la madre de Carlos?—Podéis llamarme Ricardo.Os seré sincero… Si alguien descubre que la máquina ha desaparecido,mi carrera será historia.Poresoos he escogidoa vosotros,porque si os fuerais de la lengua nadie os creería. Solo sois niños.—¡Oiga! Somos detectives,hemos resueltoya me-dia docena de casos…,ocasi —replico.—Nome malinterpretéis —dice Ricardo—,sé lolistos que podéis llegara ser… ¡Unode nuestros científicos es más pequeñoque vosotros! —¿Cómoes posible? —Casi puedonotarla envi-dia de Eliza,ynola culpo,porque yotambién

21sientoalgode envidia… ¿Cómopuede sertan inte-ligente alguien más pequeño?—¡Es un genio! Unode los principales respon-sables delprototipo.Hemos contratadoa los me-jores,soloasí hemos podidoteletransportarpe-queñas cantidades de masa.Aún nos falta para podertransportaruna cantidadde masa tan gran-de como un adulto, pero ya me entendéis.Nodeltodo.Aunque puedover,porla mirada de ilusión de Eliza,que ella sí que entiende algo.No tenemos mucho por donde empezar.—Recapitulemos.Tenemos un mensaje codifi-cadoque casi llega alexterioryun prototipoper-dido, ¿cierto?—Afirmativo.—Y ningún sospechoso, ¿verdad?—Negativo.Todos son sospechosos.¡Alguien tiene que saberdónde está la dichosa maquinita! Elmilitarse altera un poco,ynoloculpo.Tiene que serestresante estaralfrente de una investiga-ción así.Nos detenemos frente a una puerta metá-lica.Durante todoeste tiempohemos caminadoporelpasillointerminable.En la puerta hayun cartelen elque se puede leer:«Nopasar».—Alotroladoestá elcomplejo.Os haré un pe-
2222queñotouryos presentaré alequipo.Confíoen vosotros.Elmundoenteroconfía en vosotros.No se le da bien animar a la gente.La puerta delcomplejose abre con un chirridoyante nosotros se extiende… ¡otropasillode cemen-to! Aunque en este sí que hayalgunas puertas ycris-tales.Una cosa está clara:un laboratoriode máximaseguridad no es un sitio agradable a la vista.—Bienvenidos alProyectoAgujerode Gusano.Como veréis, no hemos reparado en gastos.Elmilitarcamina mientras hace resonarsus im-polutas botas sobre elcemento.Paramos frente a una puerta de la que emana un extrañoolor.—¡Huele a mi desayunocuandome loolvidoen la mochila durante elfin de semana! —exclama Frank.—Esta es nuestra cafetería;éles Adam Quin-tus… y está… ¡despierto!, ¿verdad? Ricardoladra las últimas palabras para desper-taraldesaliñadocientíficoque descansa,odes-cansaba,sobre una mesa.Elhombre nos mira des-de debajode una larga mata de pelorubio.Tiene una barbilla con un hoyuelotan marcadoque,en palabras de Frank,es igualitoa un culo.
23La cafetería es minúscula yparece un campode batalla;manchas de comida en las paredes,platos sin lavarpordoquier,cajas de pizza ytodotipode comida basura cubren parte delsuelo...Noparec
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