
Cuando empecé a pintar murales, también lo hice porque sentía la necesidad de salir de la soledad y del control que te da trabajar la pintura en el taller. Todo el tiempo nos bombardean contándonos sobre el peligro y la negatividad que se viven en las calles de casi todas las grandes ciudades. Sin embargo, hay algo de la calle que me inspira: no hay control, siempre está presente la posibilidad de que pasen un montón de cosas (buenas o malas) y eso les da un movimiento y un sentido a las obras que jamás aparecerán si las encerrás entre paredes.
El street art busca que más gente pueda acercarse al arte, que sea más accesible, que las personas y las expresiones de los artistas se encuentren sin buscarse.
Me interesaba provocar algo en el espectador, un impacto que lo llevara a un lugar profundo de sí mismo, que lo hiciera pensar, recordar, generar ideas y cuestionar otras. Me encantaría que mis obras sólo despertaran sentimientos positivos, pero como en la calle no hay control, tampoco lo hay en las sensaciones que una obra produce en otra persona.
Tengo la certeza de que el arte (como el amor) es transformador. Con arte se puede cambiar el día, la vida, el barrio, el hogar de cualquier persona.



Para mí el amor es una banda, un montón de cosas.
Al escuchar la palabra amor solemos relacionarla directamente con el amor de pareja, pero no es solo eso. Cuando pinto y escribo, trato de ir más allá y me refiero al amor que uno puede tener por un hermano, un amigo, un hijo, incluso el amor por hacer lo que uno elige y disfruta. Suelen ser cosas en las que no reparamos porque están todo el tiempo, porque están muy cerca. Pero un día eso puede cambiar.

La primera frase que empecé a pintar en la calle fue Amar garpa, y nació del amor desinteresado que tuve con Den Rosas. Den es mi compañera, la persona con la que nos elegimos para vivir la vida juntos, en las buenas y en las malas. Cuando nos conocimos, yo estaba pasando un momento muy malo, no ganaba dinero para poder seguir creando y había recibido la noticia de que mi madre estaba enferma de cáncer.

Fue una etapa muy complicada, pero conté con Den en todo momento. Aunque recién nos estábamos conociendo, su amor desinteresado me ayudó a seguir adelante, a ponerle la mejor a cada una de las situaciones que me tocaba atravesar. Gracias a ella reafirmé que todo va a estar bien y que el amor es lo único que vale la pena en este mundo.




