El camino del artista. Kit de herramientas

Julia Cameron

Fragmento

Introducción

INTRODUCCIÓN

Hace un día radiante en Santa Fe, ideal para usar las cuatro herramientas esenciales del camino del artista que encontrarás en este manual. Las herramientas se presentan en el orden en que aparecieron en mi vida y, usándolas en combinación, proporcionan un camino seguro hacia la recuperación del poder creativo.

Es temprano y el sol brilla sobre las cumbres nevadas. El viento mece las ramas del pino piñonero. Esta mañana estoy contenta de presentar la primera herramienta; es una que pongo en práctica a diario: las páginas matutinas. Las páginas son la herramienta más conocida del curso de El camino del artista y requieren nuestra atención plena. Me dirijo a la cocina y saco de la nevera una jarra de café frío. Tras servirme un vaso, me acomodo para escribir.

«Buenos días —anuncio sobre el papel—. Hace un día radiante, casi festivo». Estoy de buen humor, emocionada por estar compartiendo mi práctica matutina, aunque sin desvelar demasiado puesto que las páginas son privadas. Escribo a mano tres hojas, estableciendo las prioridades del día que comienza. Tengo planes para la jornada y los pongo por escrito. Entre ellos, mi prioridad es hacer una salida a una tienda de tarjetas esotéricas, The Ark.

Así es como utilizaré la segunda herramienta básica, la cita con el artista. Se trata de una herramienta que consta de dos partes; tiene mitad de artista y mitad de cita. La empleo en solitario una vez por semana con la intención de «agasajar» mi consciencia creativa, y me da la sensación de que surte efecto. En los rincones más íntimos de la tienda, las tarjetas de vivos colores llaman mi atención y me cautivan. Tras curiosear durante una hora, selecciono un puñado. Escribiré a mis amigos que viven lejos.

Ha llegado el momento de poner en práctica la tercera herramienta: el paseo. Me da por ponerme en marcha con brío. Tan solo dispongo de veinte minutos y, por tanto, quiero aprovecharlos al máximo. Al pasar por un bosquecillo de enebros, me topo con un grupo de cuervos descarados. Avanzan pavoneándose delante de mí, sin inmutarse ante mi presencia. Cuando llego al

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