INTRODUCCIÓN
Lo que decimos y cómo lo decimos se convierte en el núcleo central de nuestra comunicación cotidiana. Ya sea en el ámbito de la familia, de la pareja o a nivel de nuestro trabajo, expresar claramente lo que pensamos y lo que sentimos se torna fundamental.
En el siglo XXI, cuando podemos tomar contacto con quien se nos ocurra en forma casi instantánea a través de todos los avances tecnológicos a nuestra disposición, cada vez nos resulta más difícil exteriorizar aquello que verdaderamente queremos que los demás sepan de nosotros, y eso puede deberse, entre otras cosas, a una autoestima deficitaria.
En otras obras hemos analizado exhaustivamente lo que significa la autoestima, cuáles son sus pilares y cuáles son algunas de las pautas para su desarrollo.
Es interesante repasar someramente algunos de aquellos conceptos para poder comprender cabalmente cómo afecta nuestras relaciones interpersonales una carencia en ese sentido.
Y veremos no solo cómo repercute negativamente sobre quien es portador del problema, sino también cómo su rápida detección por parte de quienes nos rodean es utilizada habitualmente para manipularnos y para lograr que pensemos y que actuemos como ellos desean.
Este será el eje central alrededor del cual desarrollaremos esta obra, para que podamos percibir cuando nos dispongamos a hacerlo cómo nos comunicamos con los demás, pero sobre todo cómo lo hacen quienes comparten con nosotros nuestra vida, y cuáles son sus objetivos reales cuando nos envían mensajes que nos llegan profundamente.
Por diversos motivos, no nos detenemos a analizar los mensajes que enviamos en la interacción con nuestro entorno, desde aquellos que son intrascendentes hasta los que pueden llevarnos a tomar decisiones que cambien radicalmente el rumbo de nuestra vida.
En general hablamos y enviamos miles de señales diariamente que son el reflejo fiel de cuál es nuestra autoestima y de cuál es el juicio que nos merece nuestra propia persona.
Solo nos falta saber y discernir con claridad si todo ese lenguaje que utilizamos y que supuestamente proyecta sobre nuestros interlocutores aquello que pensamos y sentimos es lo que realmente queremos decir o, por diversas circunstancias que trataremos de descubrir en este libro, estamos condicionados a enviar siempre conceptos estereotipados que no se corresponden con lo que habita en nuestro interior.
¿Qué es lo que nos está sucediendo? La falta de autoestima que no es detectada precozmente nos hace actuar tratando siempre de conformar a los demás, nos relega a planos absolutamente secundarios y nos hace depender de la opinión de quienes comparten nuestra vida, a quienes les otorgamos el poder de decidir o aconsejarnos acerca de nuestros conflictos.
Esto es extremadamente peligroso ya que siempre que cedemos un espacio encontraremos alguien que lo toma y que luego exige cada vez más y, en la mayoría de los casos, llegamos a perder totalmente nuestra identidad por no respetar nuestras ideas. Aunque sean erróneas, continúan siendo nuestras ideas y debemos asumir el derecho a equivocarnos, que es lo único que legitima nuestra condición de seres humanos.
La comunicación no se establece, como podría pensarse, en forma lineal, con un emisor y un receptor que claramente se envían mensajes mutuos y que les permiten tanto a uno como a otro tener la certeza de que la recepción y la comprensión han sido perfectas.
En la práctica las cosas son bien diferentes y quien exhibe una personalidad fuerte trata de imponerse sobre el más débil, manipulando e intentando que el otro cumpla con sus designios.
En algunas circunstancias este mecanismo se da en forma tan sutil que suele pasar desapercibido para quien sufre este tipo de acoso en forma diaria, hasta que un día siente y advierte que no puede seguir viviendo así y estalla reclamando su espacio e intentando por todos los medios hacer crecer su autoestima, que será el antídoto fundamental para que estas situaciones no se repitan.
Demás está decir que esta no es la situación ideal ni mucho menos, porque sentir que tenemos casi la obligación de satisfacer las exigencias de quienes ejercen un control sobre nuestra existencia es un proceso que lleva implícito un deterioro importante del respeto por nuestros deseos y necesidades, anulándonos e impidiendo que podamos crecer con metas y objetivos concretos a cumplir.
Así como existen momentos clave para realizar balances de nuestra actuación en la vida, también los hay para analizar en profundidad cómo nos comunicamos y hasta dónde lo que vivimos y lo que hacemos responde a lo que verdaderamente deseamos.
Suele suceder que, para lograr una armonía que nunca termina de establecerse, entregamos espacios fundamentales hasta llegar a perder el mínimo derecho a defender nuestros genuinos intereses.
La pregunta que surge espontáneamente es ¿cómo hacer para detectar cuál es la forma en que nos estamos relacionando con nuestro mundo exterior? Porque no solo hablamos de comunicación sino de todas las formas que permiten una interrelación personal y social que ejercemos cotidianamente.
Lo primero será ubicar las piezas correctamente en el tablero donde está transcurriendo nuestra realidad, al solo efecto de realizar un reconocimiento de cuál es nuestra situación al día de hoy.
Una vez que hemos aceptado que los hechos son como son, recién estaremos en condiciones de establecer cuáles son nuestros puntos débiles y qué situaciones son las que nos provocan más dolor. Esto despertará un torbellino en nuestro interior, que no será otra cosa que la manifestación a nivel de nuestra conciencia de un sentimiento de rebeldía frente a lo ya vivido, a lo que estamos viviendo actualmente y a lo que no queremos que nos suceda en el futuro.
Reconocer lo que nos pasa ya es un avance muy importante pero, como usted comprenderá, es absolutamente insuficiente desde el punto de vista de la voluntad de emerger indemnes de este modo de vivir, que ha colmado ya nuestra paciencia, pero del cual también somos responsables en buena medida. Porque quienes toman nuestros espacios no nos los están robando, sino que hemos sido nosotros quienes se los hemos entregado en forma voluntaria o involuntaria, pero entregado al fin, y es nuestro deber a partir de este momento averiguar por qué lo hemos hecho.
¿Qué fue lo que nos pasó? ¿Qué esperábamos que sucediera con esta actitud? Quizá usted pensó que, dejando que los demás pensaran y actuaran resolviendo por usted desde las pequeñas cosas de la vida hasta aquellas de gran trascendencia, le quedaría más tiempo útil para generar ideas o para dedicarlo a otra actividad.
Lo cierto es que seguramente usted no logró lo que aspiraba, porque la manipulación y el acoso permanente de quien o quienes le requieren y demandan cada vez más su atención hicieron trizas su autoestima llevándolo a convertirse en un ser cuya actividad principal ha sido estar al servicio de quienes se lo han solicitado o exigido.
Presiento que es muy duro aceptar esto, pero yo le convoco y le invito a acompañarme en este nuevo evento, no para mostrarle solamente los aspectos positivos de la vida, porque no me cabe duda de que usted ya los apreció y los sigue apreciando y valorando, sino para que juntos abordemos con la seriedad que se merece este tema tan crucial para nuestro desarrollo personal.
Podemos hoy con total libertad, al haber decidido cambiar nuestro proceder, recordar qué ha sucedido cuando por alguna razón nos hemos negado a aceptar las demandas de quienes ejercen un poder autoritario sobre nosotros.
La agresión en sus más sofisticados modos —desde la violencia psicológica, atravesando la amenaza del abandono, el apremio económico hasta la violencia física— es solamente una de las manifestaciones más frecuentes de esta forma patológica de comunicación y de convivencia humana. Estas son las armas de quienes intentan por todos los medios manipular nuestra actitud y nuestra conducta ante la vida para ponerla al servicio de sus más oscuros designios.
Comprendemos ahora con mayor claridad por qué desarrollar una autoestima sana se convierte en la herramienta fundamental para enfrentar este tipo de situaciones. Desde el mismo instante en que nos sentimos capaces de salir airosos de los desafíos a los que la vida nos expone como seres adultos, establecemos una barrera de contención frente a este tipo de agresión que observamos cada día con mayor frecuencia.
El arma del mediocre, el arma del ignorante, el arma de quien intenta ejercer el poder sea como sea, recurriendo a cualquier argumento que justifique su proceder, es vulnerar la autoestima de quien desea someter, haciéndole creer en un trabajo muy lento, pero seguro, de su incapacidad para sobrevivir sin su apoyo y sin su consejo.
Nada más alejado de la realidad. ¡Hasta aquí hemos llegado!, y a partir de ahora pongamos coto a estas conductas que solamente benefician a quienes las ponen en práctica, en detrimento de quienes las sufren diariamente. Pero también será honesto de nuestra parte evaluar si alguna de nuestras formas de vincularnos con nuestros semejantes no contienen algo de lo que venimos analizando.
Seamos víctimas de un trato indigno o seamos nosotros los que ofrecemos ese trato, ha llegado el momento de hacer un alto en el camino para rever una forma de relacionarse totalmente alejada de los más elementales principios de una convivencia pacífica y armónica, más allá de las diferencias naturales que tenemos los seres humanos en lo que tiene que ver con la visión que cada uno va elaborando del mundo.
Únicamente podremos oponer resistencia a estas conductas elevando nuestra autoestima, y curiosamente tamb
