Prólogo
¿UNA CIENCIA DEL AMOR?
En el universo existen personas, plantas, animales, piedras, bichos bolita y hasta ornitorrincos. Existen glaciares, montañas, paisajes hermosos. Existen ciudades magníficas, culturas ancestrales y miles de años de historia. Existe la música, la escritura, la ciencia, el teatro. Existen también el lenguaje y las señas. Existen los recuerdos y los olvidos. Existen el deseo y las ganas inmensas de aprender. Existen miles de millones de cosas que conocemos y otros miles de millones que quizás algún día podremos conocer. Existen misterios e islas desiertas que nunca nadie pisó.
Casi todas las especies viven en esa realidad increíble, compleja y misteriosa sin hacerse problemas. Nacen, crecen, se reproducen y mueren. Las plantas se nutren del sol y en ningún momento se preguntan a qué distancia se encuentra. Los girasoles lo persiguen, pero no les preocupa si giran alrededor de él, o si son el centro de un mundo chiquitito.
Los animales se reproducen, cada especie a su manera, con sus tiempos y sus rituales. Experimentan estrés, miedo y ansiedad; pero también alegría, interés y placer. ¿Sienten odio? ¿Pueden sentir amor? ¿Escriben poemas, publican stories vergonzosas en redes sociales? ¿Se tatúan el nombre del amor de su vida sólo para tener que taparlo con unas flores horribles seis meses más tarde porque lo encontraste chateando con otra? ¿Escriben libros, inventan metodologías, van a terapia para superar un desengaño?
La especie humana es probablemente la única que, equipada con un aparato biológico bastante parecido al de otros animales, se hace preguntas acerca de sí misma y de su entorno que ninguna otra especie se hace. No nos alcanza con sobrevivir en este mundo, sino que además queremos entenderlo. Para eso, los seres humanos desarrollamos una inteligencia colectiva miles de veces más potente, compleja y duradera que la de cada individuo por separado. Gracias a ella tenemos religión, arte, historia y tecnología. Y algo muy especial, a lo que los autores de este libro dedicamos nuestra vida: ciencia.
No siempre es posible explicar todo científicamente.
Para que una parte de la realidad pueda ser analizada y explicada científicamente, necesitamos “traducirla” en términos comprensibles para el conocimiento científico.
Pongamos un ejemplo: Dios. ¿Podemos explicar científicamente a Dios? Depende. Una parte de esa realidad depende exclusivamente de la creencia individual: personas que creen o no creen en la existencia de Dios (o, como la mayoría, personas que creen un poco, pero tampoco la pavada). Sobre el contenido de esa creencia, la ciencia no puede decir mucho: no podemos afirmar si tiene barba, si es mujer o usa bermudas. O si son muchos dioses, o les gusta molestar a los mortales para no aburrirse tanto.
Hay otra parte de esa realidad, sin embargo, que sí es observable y comprensible por fuera de la creencia de cada individuo: ¿qué efectos genera la creencia en Dios en la conducta de una persona o los valores de una comunidad? ¿Qué fuentes históricas tienen esas creencias, cómo se relacionan con la sociedad? ¿Qué áreas del cerebro se activan cuando una persona está rezando, qué hormonas genera? La respuesta a cada una de estas preguntas nos va a decir algo acerca de Dios (como forma de organización social, como fenómeno histórico, como estímulo neurológico, etc.) pero, a la vez, nos va a ocultar otra cosa. Ese es el gran tema con el conocimiento científico: siempre es parcial, siempre es provisorio.
EL CONTENIDO DE ESTE LIBRO
En este libro, como habrás visto en la tapa, vamos a hablar científicamente del amor. No del amor a la camiseta; no del amor a tus mascotas; no del amor al trabajo o a la música. Vamos a hablar del amor romántico. Es que el amor nos mueve, nos hace mejores, nos llena de buenos pensamientos… y de celos, obsesiones y tristezas. ¿Cómo convertimos un mecanismo reproductivo en lo mejor (y lo peor) de nuestras vidas? ¿Por qué nos besamos, nos tomamos de la mano y nos ponemos medio tontos cuando estamos enamorados? Te proponemos hacer un viaje para entender el amor romántico desde diferentes formas de conocimiento científico: la neurociencia, la biología, la psicología, la antropología y hasta la lingüística.
Como en todo viaje, vamos a comenzar por el paisaje más general: las emociones. Es que el amor no es un fenómeno aislado; forma parte de una compleja red de emociones y procesos cognitivos. En el capítulo 1 vamos a explorar la idea de que somos una especie profundamente emocional. Examinaremos cómo funciona nuestro cerebro a la hora de experimentar emociones, cuál es su papel en nuestras relaciones afectivas y cuáles son las emociones básicas que todas y todos experimentamos.
En el segundo capítulo vamos a tratar de definir lo indefinible. ¿Es el amor un instinto? ¿Un sentimiento? ¿Una estrategia evolutiva? ¿Cómo encajan las distintas formas de amor —pasional, filial, de amistad— dentro de nuestra biología y nuestra cultura?
Después de tantas definiciones, en el capítulo 3 nos ponemos calientes. Es que, aunque el amor se asocia con la ternura y el compromiso, una parte fundamental de nuestras relaciones es la atracción física y el deseo. Acá encontramos un montón de información curiosa: ¿qué nos atrae sexualmente?, ¿por qué nos besamos?, ¿qué significa tener sexo sin amor? Si el sexo no es más que una necesidad reproductiva de la especie, ¿por qué nos gusta tanto?
El amor no solo se experimenta; también se dice. En el cuarto capítulo, analizaremos cómo la lengua que hablamos moldea nuestra manera de concebir y vivir el amor. ¿Es igual en todas las culturas o depende
