Deja de ser tú

Joe Dispenza

Fragmento

Prólogo del doctor Daniel G. Amen

Prólogo

Tu cerebro participa en todo cuanto haces, incluido lo que piensas, lo que sientes, cómo actúas y cómo te llevas con los demás. Es el órgano de la personalidad, el carácter, la inteligencia y de cada decisión que tomas. Los más de veinte años que llevo examinando imágenes del cerebro de decenas de miles de pacientes de todo el mundo me han enseñado que cuando el cerebro nos funciona bien nosotros también funcionamos bien y que cuando experimenta alteraciones lo más probable es que tengamos problemas en nuestra vida.

Cuando nuestro cerebro no sufre desarreglos, somos más felices, más saludables, más ricos, más sabios y también tomamos mejores decisiones, lo que nos ayuda a tener más éxitos y a vivir más años. Pero cuando el cerebro no está sano por cualquier razón —como una lesión en la cabeza o un trauma emocional del pasado—, estamos más tristes y más enfermos, y somos más pobres, menos sabios y menos exitosos.

Es fácil entender que los traumas dañan el cerebro, pero los investigadores también han descubierto que los pensamientos negativos y la mala programación del pasado también lo afectan.

Por ejemplo, yo crecí con un hermano mayor empeñado en zurrarme. La tensión y el miedo que sentía constantemente me produjeron mucha angustia, unas pautas mentales marcadas por la ansiedad y estar siempre en guardia, porque no sabía cuándo me iba a pasar algo malo. El temor en el que yo vivía me causó una hiperactividad en los centros del miedo del cerebro durante mucho tiempo, hasta que pude resolver este problema más tarde en la vida.

En Deja de ser tú, mi colega el doctor Joe Dispenza te guía para que alcances un nuevo estado mental al optimizar tanto el hardware como el software de tu cerebro. Este nuevo libro se basa en unos sólidos conocimientos científicos, y su autor nos habla con el mismo afecto y la misma sabiduría que expresa en la película premiada ¿¡Y tú qué sabes!? y en su primer libro, Desarrolla tu cerebro.

Aunque yo considere el cerebro como un ordenador, el hardware (el funcionamiento físico del cerebro) no está separado del software o de la constante programación y reestructuración que se da a lo largo de nuestra vida. Ambos se influyen mutuamente una barbaridad.

La mayoría de las personas hemos padecido alguna clase de trauma en nuestra vida y vivimos a diario con las cicatrices que ese trauma nos dejó. Eliminar las experiencias que se han convertido en una parte de la estructura del cerebro puede ser increíblemente curativo. Por supuesto, adquirir hábitos saludables para el cerebro, como seguir una dieta adecuada, hacer ejercicio y tomar determinados nutrientes para el cerebro, es esencial para que este órgano funcione bien. Pero los pensamientos que tienes a cada momento también pueden ser sumamente sanadores para el cerebro o muy malos para ti. Lo mismo ocurre con las experiencias del pasado grabadas en él.

El estudio que estamos llevando a cabo en la Amen Clinics se llama «Escaneo del cerebro por SPECT». La SPECT o tomografía computarizada por emisión de fotón simple es una técnica de la medicina nuclear que permite observar la circulación sanguínea y los patrones de actividad. Es distinta de las imágenes de la tomografía computarizada (TC) o de la resonancia magnética (RM), que examinan la anatomía cerebral, ya que la SPECT observa el funcionamiento del cerebro. El estudio que estamos realizando con la SPECT, en este momento disponemos de más de setenta mil imágenes, nos ha proporcionado datos muy importantes sobre el cerebro, como:

Las lesiones cerebrales pueden arruinarnos la vida.

El alcohol no es sano, lo demuestran las lesiones graves que se aprecian en las imágenes de SPECT.

Algunos medicamentos que solemos tomar, como los ansiolíticos comunes, no son buenos para el cerebro.

Enfermedades como el alzhéimer empiezan en el cerebro décadas antes de que se manifiesten los síntomas.

Las imágenes obtenidas por medio de la SPECT también nos han enseñado que, como sociedad, necesitamos sentir mucho más amor y respeto por el cerebro, y que dejar que nuestros hijos hagan deportes de contacto, como el fútbol americano y el hockey, no es una buena idea.

Una de las lecciones más apasionantes que he aprendido es que podemos cambiar nuestro cerebro literalmente y, por lo tanto, cambiar nuestra vida, al adquirir hábitos saludables para él, como, por ejemplo, corregir nuestras creencias negativas y utilizar herramientas meditativas como las que describe el doctor Dispenza.

En una serie de estudios que hemos publicado, la práctica de la meditación, como la que el doctor Dispenza aconseja, aumentó considerablemente la circulación sanguínea en la corteza prefrontal, la parte más pensante del cerebro humano. Después de meditar a diario durante ocho semanas, a los sujetos del estudio se les fortaleció la corteza prefrontal en reposo y la memoria. Hay muchas formas de curar y optimizar el cerebro.

Espero que tú también desees, como yo, tener un cerebro sano y que te funcione mejor. La investigación que estamos llevando a cabo con el estudio de las imágenes obtenidas mediante el escaneo del cerebro me cambió la vida. Al poco tiempo de haber empezado el proyecto SPECT en 1991, decidí observar mi propio cerebro. En aquella época tenía treinta y siete años. Al ver su aspecto tóxico y lleno de bultitos, supe que no estaba sano. Apenas he bebido y nunca he fumado ni consumido ninguna droga ilegal. ¿Por qué tenía entonces tan mal aspecto mi cerebro? Antes de saber lo que es importante para la salud del cerebro, tenía muchos malos hábitos. Consumía mucha comida basura, bebía refrescos carbonatados, no dormía más de cuatro o cinco horas diarias y acarreaba heridas emocionales del pasado sin analizar. No hacía ejercicio, me sentía siempre estresado y pesaba quince kilos de más. Lo que no sabía es que todo esto no era bueno para mi cerebro…, en absoluto.

En la última imagen, mi cerebro se ve mucho más joven que veinte años atrás. Se ha rejuvenecido, y tu cerebro puede rejuvenecerse tanto como el mío si decides cuidarlo bien. Cuando vi la primera imagen de mi cerebro, quise que mejorara. Este libro también te ayudará a mejorar el tuyo.

Espero que disfrutes con su lectura tanto como yo.

Dr. Daniel G. Amen, autor de

Cambia tu cerebro, cambia tu vida

Introducción

El hábito clave que puedes suprimir es el de ser tú

Cuando pienso en los libros publicados sobre cómo crear la vida que deseamos, me doy cuenta de que muchas personas seguimos buscando métodos respaldados por sólidos conocimientos científicos que funcionen de verdad. Pero las últimas investigaciones sobre el cerebro y el cuerpo, la mente y la conciencia —que constituyen un salto cuántico en relación con nuestros conocimientos de física—, señalan mayores posibilidades sobre cómo alcanzar lo que de manera innata conocemos como nuestro auténtico potencial.

En mi calidad de quiropráctico que dirige una concurrida clínica integral de salud y de educador en el campo de la neurociencia, la función cerebral, la biología y la química del cerebro, he tenido el privilegio de estar al frente de algunas de estas investigaciones, no solamente estudiando los campos que acabo de citar, sino observando los efectos de esta nueva ciencia cuando la aplican personas corrientes como tú y como yo. Ha llegado el momento de que las posibilidades de esta nueva ciencia se hagan realidad.

Por esta razón he podido apreciar algunos cambios asombrosos en la salud y la calidad de vida que los pacientes experimentaron al cambiar su mente. Durante los últimos años he tenido la oportunidad de entrevistar a muchas personas que habían superado graves enfermedades terminales o crónicas. El modelo imperante de medicina catalogó estas recuperaciones de «remisiones espontáneas».

Pero tras examinar extensamente los viajes interiores de esos sujetos, descubrí que la mente había desempeñado un papel muy importante en ello… y que sus cambios físicos no habían sido tan espontáneos después de todo. Este hallazgo me motivó a seguir con mis estudios de posgrado sobre las imágenes del cerebro, la neuroplasticidad, la epigenética y la psiconeuroinmunología. Así, concluí que era posible descubrir y, luego reproducir, lo que había estado ocurriendo en el cerebro y en el cuerpo de esas personas. En este libro quiero compartir algunas de las cosas que aprendí y mostrarte, al analizar la interrelación entre mente y materia, cómo aplicar estos principios no solo a tu cuerpo, sino a cualquier aspecto de tu vida.

Ve más allá de lo que sabes… para saber cómo hacerlo

Muchos lectores de mi primer libro, Desarrolla tu cerebro: la ciencia de cambiar tu mente, me hicieron la misma sincera y franca pregunta (junto con una positiva valoración) que la persona que me escribió lo siguiente: «Su libro me ha encantado, lo he leído dos veces. Me ha parecido muy científico, completo e inspirador, pero ¿podría decirme cómo desarrollo mi cerebro?».

Para responder a esta pregunta empecé a impartir una serie de talleres sobre los pasos prácticos que cualquier persona podía dar para hacer cambios en la mente y el cuerpo que produjeran resultados duraderos. Por consiguiente, he visto curaciones inexplicables, la desaparición de heridas mentales y emocionales del pasado, la resolución de problemas «imposibles», la creación de nuevas oportunidades y la experiencia de una salud envidiable, por nombrar algunos casos. (En estas páginas conocerás a algunas de estas personas).

No es necesario leer mi primer libro para asimilar el material de este. Pero si ya conoces su contenido, he escrito Deja de ser tú para que sirva de compañero práctico de Desarrolla tu cerebro. Si bien mi principal objetivo es que este nuevo libro sea sencillo y fácil de leer, también toco algunos aspectos científicos para ayudarte a entender el concepto que desarrollo. Mi propósito ha sido crear un modelo práctico y realista de transformación personal que te ayude a comprender cómo puedes cambiar.

Deja de ser tú es producto de una de mis pasiones: un sincero esfuerzo por desmitificar ciertos tópicos místicos para que todo el mundo entienda que tenemos a nuestro alcance todo cuanto necesitamos para hacer un cambio importante en nuestra vida. Es un momento en el que además de querer «saber», queremos «saber cómo» hacerlo. ¿Cómo podemos aplicar y personalizar tanto los conceptos científicos que están apareciendo como la antiquísima sabiduría para llevar una vida más enriquecida? Cuando tú y yo nos damos cuenta de lo que la ciencia está descubriendo sobre la naturaleza de la realidad y aplicamos estos principios a nuestra vida cotidiana, nos estamos convirtiendo en místicos y científicos en nuestra vida.

Por consiguiente, te invito a experimentar con todo lo que aprendas en este libro y a observar objetivamente los resultados. Me refiero a que, si te esfuerzas por cambiar el mundo interior de tus pensamientos y sentimientos, tu entorno exterior también empezará a cambiar, lo que te demostrará que tu mente ha tenido un efecto en tu mundo «exterior». ¿Por qué si no ibas a hacerlo?

Si tomas la información intelectual aprendida como filosofía e integras estos conocimientos en tu vida aplicándolos lo suficiente hasta dominarlos, pasarás de ser un filósofo a ser un principiante y luego un experto. Sigue leyendo…, existen sólidas evidencias científicas de que esto es posible.

Pero te pido que mantengas la mente abierta para ir asimilando los conceptos que presentaré paso a paso en este libro. Toda esta información es para que hagas algo con ella, de lo contrario no sería más que una buena conversación mantenida durante la cena, ¿verdad? En cuanto te abras a cómo son las cosas realmente y dejes las ideas condicionadas con las que estás acostumbrado a interpretar la realidad, verás los frutos de tus esfuerzos. Es lo que te deseo.

El fin de la información que contienen estas páginas es inspirarte a comprobar que eres un creador divino.

No debemos esperar nunca que la ciencia nos dé permiso para hacer algo inusual, de lo contrario estaremos convirtiéndola en otra religión más. Seamos lo bastante valientes como para contemplar nuestra vida, hacer algo «inaudito» y repetirlo una y otra vez. De este modo llegaremos a alcanzar un mayor poder personal.

El verdadero empoderamiento llega cuando empezamos a analizar a fondo nuestras creencias. Tal vez descubramos que sus raíces se hunden en condicionamientos religiosos, culturales, sociales, educativos, familiares, mediáticos e incluso genéticos (los últimos están causados por experiencias sensoriales de nuestra vida actual y por las de las incalculables generaciones que nos precedieron). Compararé luego estas antiguas ideas con algunos de los paradigmas nuevos que quizá nos sean más útiles.

Los tiempos están cambiando. Conforme despertamos a una mejor realidad, formamos parte de un mar de transformaciones mucho mayor. Nuestros sistemas y modelos actuales de la realidad se están desmoronando y es hora de que surja algo nuevo. En general, nuestros modelos en cuanto a la política, la economía, la religión, la ciencia, la educación, la medicina y nuestra relación con el medioambiente nos están mostrando un paisaje distinto del de diez años atrás.

Dejar lo viejo y acoger lo nuevo parece fácil, pero, como señalé en Desarrolla tu cerebro, la mayor parte de lo que hemos aprendido y experimentado se ha incorporado a nuestro «yo» biológico y ya se ha convertido en nuestra segunda piel. Pero también sabemos que lo que hoy es cierto podría no serlo mañana. Al igual que hemos empezado a cuestionarnos que los átomos estén hechos de materia sólida, la realidad y nuestra interacción con ella es una progresión de ideas y creencias.

Sabemos que dejar la vida a la que nos hemos acostumbrado y pasar a otra nueva es algo comparable a un salmón nadando a contracorriente: exige esfuerzo y francamente resulta incómodo. Y por si esto fuera poco, los que se aferran a lo que creen saber nos reciben ridiculizándonos, marginándonos, atacándonos y menospreciándonos.

¿Quién con unas inclinaciones tan poco convencionales está dispuesto a afrontar tales adversidades en nombre de algún concepto que no puede percibir con los sentidos por más que crea en él? ¿Cuántas veces en la historia personas tachadas de herejes e insensatas que sufrieron el menosprecio de los demás acabaron convirtiéndose en genios, santos o maestros?

¿Te atreves a ser original?

El cambio como elección y no como reacción

Por lo visto, está en la naturaleza humana evitar cambiar hasta que las cosas se ponen tan feas y nos sentimos tan mal que ya no podemos seguir como de costumbre. Esto es cierto tanto a nivel individual como social. Tenemos que sufrir una crisis, un trauma, una pérdida, una enfermedad o una tragedia para ponernos a analizar quién somos, qué estamos haciendo, cómo estamos viviendo, qué estamos sintiendo y en qué creemos o qué sabemos para cambiar de verdad. A menudo tiene que darse la peor situación posible para que empecemos a hacer cambios positivos para nuestra salud, relaciones, profesión, familia y futuro. Pero mi mensaje es: ¿por qué esperar a que esto ocurra?

Podemos aprender y cambiar en un estado de dolor y sufrimiento, o evolucionar en un estado de felicidad e inspiración. La mayoría hacemos lo primero. Para elegir lo segundo debemos concienciarnos de que el cambio seguramente conllevará una cierta incomodidad, algunos inconvenientes, una alteración en nuestra rutina habitual y una etapa de desconocimiento.

La mayoría de nosotros ya conocemos la incómoda sensación de ser novatos en algo. De pequeños pasamos por varias etapas hasta aprender a leer con fluidez. Cuando aprendíamos a tocar el violín o la batería, nuestros padres desearon con la cabeza hecha un bombo podernos mandar a una habitación insonorizada. Me compadezco del pobre paciente al que para extraerle sangre le toque un estudiante de medicina al que, pese a tener los conocimientos requeridos, aún le falte práctica.

Asimilar conocimientos (saber) y adquirir luego la experiencia práctica aplicando lo aprendido hasta que la habilidad se convierta en tu segunda naturaleza (saber cómo) es seguramente el proceso que seguiste para adquirir la mayoría de las facultades que ahora forman parte de ti (el conocimiento). Del mismo modo, aprender a cambiar tu vida conlleva unos conocimientos y la aplicación de estos. Por esta razón el libro está dividido en tres partes fundamentales.

En la primera y la segunda parte, explicaré las ideas que presento para que adquieras un modelo de conocimiento más profundo y amplio y lo personalices. A veces te parecerá que repito demasiado algunas ideas, pero insisto en ellas porque no quiero que las olvides. La repetición refuerza los circuitos de tu cerebro y crea más conexiones neurales para que en tus peores momentos del día no renuncies a tu grandeza. Los sólidos conocimientos básicos que habrás adquirido cuando llegues a la tercera parte del libro te permitirán experimentar por ti mismo que lo que has aprendido es «verdad».

Primera parte: La ciencia de tu ser

Esta parte se inicia con un resumen de los paradigmas filosóficos y científicos relativos a las últimas investigaciones sobre la naturaleza de la realidad, quién eres, por qué cambiar nos cuesta tanto a muchas personas y lo que es posible realizar como ser humano. Es muy amena, te lo prometo.

El capítulo 1, «Tu yo cuántico», es una introducción a la física cuántica, pero no te asustes, la presento porque es importante que empieces a aceptar el concepto de que tu mente (subjetiva) tiene un efecto sobre tu mundo (objetivo). En la física cuántica, el efecto observador afirma que allí donde pones la atención pones la energía. Por lo tanto, afectas al mundo material (que por cierto está hecho en su mayor parte de energía). Si consideras esta idea, aunque sea solo por un instante, empezarás a centrarte en lo que quieres, en lugar de en lo que no quieres. E incluso es posible que te descubras pensando: «Si un átomo se compone de un 99,99999 por ciento de energía y de un 0,00001 por ciento de materia física,[1] ¡yo soy más nada que algo! ¿Por qué pongo entonces mi atención en el pequeño porcentaje del mundo físico cuando soy mucho más lo otro? ¿Es definir mi realidad presente a través de lo que percibo con los sentidos mi mayor limitación?».

Del capítulo 2 al 4 describo qué significa cambiar, ir más allá del entorno, el cuerpo y el tiempo.

Seguramente has contemplado la idea de que tus pensamientos crean tu vida. Pero en el capítulo 2, «Ve más allá del entorno», analizo que si dejas que el mundo exterior controle lo que piensas y sientes, este te está creando unos circuitos en el cerebro que te hacen pensar «como» todo lo que conoces. Por eso creas más de lo mismo, la arquitectura neurológica de tu cerebro refleja los problemas, las condiciones personales y las circunstancias de tu vida. Así que para cambiar debes ir más allá de lo físico de tu vida.

En el capítulo 3, «Ve más allá del cuerpo», sigo hablando de cómo vivimos dejándonos llevar sin darnos cuenta por una serie de conductas, pensamientos y reacciones emocionales memorizadas que funcionan como programas informáticos instalados en el subconsciente. Por esta razón los «pensamientos positivos» no bastan, ya que la mayor parte de quien somos reside a nivel subconsciente como negatividad en el cuerpo. Pero no te preocupes, al terminar el libro ya habrás aprendido a entrar en el sistema operativo del subconsciente y a hacer cambios permanentes donde residen estos programas.

En el capítulo 4, «Ve más allá del tiempo», analizo cómo vivimos anticipando situaciones futuras o rememorando de forma repetida recuerdos (o ambas cosas) hasta que el cuerpo empieza a creer que vivimos en el pasado en vez de en el presente. Las investigaciones más recientes respaldan la idea de que tenemos una capacidad natural para cambiar el cerebro y el cuerpo con los pensamientos, o sea, que biológicamente el cuerpo cree que ya ha ocurrido alguna situación futura. Como podemos hacer que un pensamiento sea más real que ninguna otra cosa, podemos cambiar quien somos, desde las neuronas hasta los genes, si adquirimos los conocimientos necesarios. Cuando aprendes a usar tu atención y a vivir en el presente, cruzas la puerta que lleva al campo cuántico, donde existen todas las posibilidades.

El capítulo 5, «Supervivencia frente a creación», ilustra la diferencia

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